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miércoles, 26 de agosto de 2015

BARRITAS DE MANTEQUILLA DE CACAHUETE, CHOCOLATE Y GALLETA (Lolita)

Se acerca el pecado. Es momento de lanzarnos a la aventura pasional de preparar un postre o merienda (o simplemente bocado) tan maravilloso y sencillo de preparar que no te lo vas a creer. Para amantes del dulce, del chocolate, de los sabores intensos y, sobre todo, para los que no tengáis horno y queráis sorprender con un trabajo de repostería de altura. Muy pocos ingredientes (tal vez el más complicado de conseguir sea la mantequilla de cacahuete) y muy poco tiempo de elaboración son los mejores aliados de esta receta que fascinará por su "look" marmolado y su potencia de sabor. Hoy nos ponemos reposteros... ¡Mandiles arriba!

INGREDIENTES

200 grs de galletas tipo Digestive
70 grs de matenquilla derretida (sin sal)
120 grs de Mantequilla de cacahuete

Para la cobertura de chocolate
200 grs de chocolate (50%-60% cacao)
60 grs de mantequilla de cacahuete


Tiempo: 20 minutos (+ 2 horas en frigorífico)
Película comparada: "LOLITA" (Tras receta)

Para poder llevar a cabo este dulce debemos tener a mano una buena trituradora o la Thermomix. Así nos garantizaremos que todo el tema del triturado y la mezcla nos salga lo más homogénea posible.

Lo primero de todo será derretir la mantequilla. Para ello la pesamos y la metemos unos 20 segundos en el microondas a máxima potencia. Sacamos y reservamos.

Introducimos las galletas en el vaso y las trituramos bien. Añadimos la mantequilla derretida y los 120 grs de mantequilla de cacahuete. Mezclamos de nuevo todo hasta conseguir una masa bien mezclada y manejable. 


En un recipiente cuadrado extendemos una tira de papel de horno (podemos engrasar ligeramente la base para hacer que "se pegue" bien) Colocamos la masa preparada y extendemos con cuidado con una lengua hasta cubrir toda la base (tal cual os muestro en la foto)


A continuación vamos a derretir el chocolate al baño María. Para ello colocamos una pequeña olla o cazo al fuego con un poco de agua. Cuando hierva (a fuego moderado) ponemos encima un bol de cristal y echamos las onzas de chocolate. Vamos removiendo suavemente hasta que se derrita por completo. Con cariño, que no hay prisa... 


Cuando lo tengamos listo apartamos y cubrimos toda la capa de galleta con el chocolate derretido. Ahora colocamos una sartén al fuego y echamos la mantequilla de cacahuete restante (60 grs) Removemos hasta derretirla por completo. Ahora llega la parte divertida y creativa.


Con una cuchara vamos vertiendo líneas por todo el chocolate. Un poco a lo loco pero con gracia. Cogemos un cuchillo pequeño o puntilla y vamos "dibujando" la mantequilla sobre el chocolate. Ahí tirad de imaginación, dejaos llevar, sin miedo... 


Llevamos nuestro molde ya preparado al frigorífico y dejamos que se endurezca durante 2 horas. Al sacarlo dejamos unos 15 minutos a temperatura ambiente antes de cortarlo. Este es el resultado:




Todo un espectáculo para la vista y para el paladar ya ni os cuento. Una manera sencilla y muy lucida de preparar un dulce en tiempo mínimo y sin enloquecer con tiempos de horno y demás. Espero, deseo, ansío que lo hayáis disfrutado y que estas barritas caigan próximamente en vuestras cocinas. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
"LOLITA" 
(Stanley Kubrick, 1962)

Deseo. Pasión. Tentación. Pecado. Lujuria. Apetito. Estos son algunos adjetivos que podrían definir este dulce plagado de "pecados culinarios". Pero, obviamente, también hay que echar la vista hacia su comparación cinéfila y dar con la tecla adecuada.

En el séptimo arte se han plasmado infinidad de "tentaciones femeninas" que, generalmente, han llevado a hombres a la desesperación más absoluta. "Gilda" (Rita Hayworth), "Forajidos" (Ava Gardner), "Perdición" (Barbara Stanwyck), "La tentación vive arriba" (Marilyn Monroe) o hasta Jessica Rabbitt (por ponernos ya locos perdidos) son algunos ejemplos de cómo una mirada sensual, un giro de cabeza o un leve contoneo al andar pueden llevar a la locura a cualquier desdichado.

En esta ocasión todo el elemento de "dulce naïf" le va que ni pintado a la más polémica y controvertida pasión oculta que ha dado la literatura y el cine. Una obsesión que roza lo ilegal, hablamos de "Lolita".

La magistral novela homónima de Nabokov (que también se encargó de la adaptación) encontró en el talento del maestro Kubrick el aliado perfecto para consumar visualmente su pieza literaria. En el año 62 Kubrick ya se había consolidado como una de las mentes más despiertas, atractivas, audaces y sugerentes del panorama hollywoodiense. Tras cosechar éxitos internacionales como "Senderos de gloria", "Espartaco" o "Atraco perfecto", el genio se lanza a un melodrama de corte sexual.

"Lolita" abarca un abanico de sentimientos humanos y los lleva al extremo máximo. La historia se centra en la obsesión enfermiza de un hombre maduro (James Mason magnífico como el profesor Humbert Humbert) por una adolescente frágil e inexperta (Sue Lyon, sensual a más no poder). Es tal su locura que accede a casarse con la madre (Shelley Winters) de la chica por poder estar más cerca de su joven deseo. A partir de ese momento se desatan los celos, las pasiones frustradas, las ansias, la locura, el ardiente anhelo de una posesión imposible, casi inhumana... 

"Lolita" es pura sexualidad (pese a lo poco que se muestra; lo que se sugiere es lo apasionado, a saber los créditos mientras pintan las uñas de los pies: fetichismo en toda regla) aderezada con romance, comedia (impresionante el contrapunto que nos da durante toda la película el personaje verborreico de Peter Sellers) y cine negro. Una mezcla de comportamientos humanos que desencadenan todas las pasiones ocultas de los personajes. Kubrick quería eso: desatar la tormenta emocional de inseguridades y frustraciones. Y vaya si lo consigue...

Nuestra receta tiene de inicio ese "toque kubrickiano" de fascinación por un ser (o plato) de corte adolescente. De alguna forma esquizoide nos convertimos en ese cuarentón fascinado por la dulzura que hay ante nuestros ojos, por ese "bocado" pecaminoso que nos morimos por dar.

Como en la película, nosotros realizamos una mezcla contundente de ingredientes que se nos antojan como pura tentación. El chocolate, la galleta, la mantequilla de cacahuete... son destellos de esa pasión inicial que se va gestando en la mente del desdichado profesor. Poco a poco, lo que parecía una simple fijación, se va convirtiendo en todo un torbellino de pasión, de líbido culinario...

Humbert decide inmiscuirse en esa familia casándose con la madre de Lolita. Se integra dentro del proceso de preparación, casi como la mantequilla derretida, que pasa desapercibida, pero ahí está, formando parte del grueso de la base. Cuando la capa de chocolate (que en nuestra cabeza chiflada parece casi como una materialización de la oscuridad que se va ciñendo sobre Humbert) cubre toda la superficie, sabemos que se ha cruzado la línea de la cordura y que, a partir de ahí, sólo puede venir tragedia, confusión, celos irrefrenables, amor enfermizo...

Y he aquí donde vemos ese símil emocional en las múltiples líneas que la mantequilla de cacahuete va produciendo en el chocolate. La mente del profesor se emborrona por completo, se tiñe de latigazos de deseo incontrolable. Es como ver la representación de esa caída a los infiernos, donde todo es caos pero, de alguna forma, mantiene la belleza de la mirada diablesca y angelical de Lolita bajo sus gafas de corazón...

Llegó la hora de pecar... 

viernes, 25 de abril de 2014

TARTA DE QUESO MASCARPONE (Tentación pelirroja)

INGREDIENTES 

200 grs de galletas Napolitanas 
70 grs de mantequilla a temperatura ambiente 
400 grs de Queso Mascarpone
1 sobre de gelatina de limón
200 grs de nata líquida
40 grs de azúcar
200 grs de agua
Chocolate líquido

Para la cobertura de mermelada

200 grs de mermelada (yo mezclé de fresa y de higos, espectacular)
50 grs de agua
4 láminas de gelatina

Duración: 30 minutos + 2 horas de reposo (por lo menos)
Película comparada: GILDA (1946)

Lamentablemente, en esta ocasión no he podido hacer fotos del proceso (me culpa) Así que intentaré no enrollarme demasiado para que sigáis los pasos sin problema. Esta receta es original del libro de la Thermomix, pero daré las pautas para hacerla sin ella. Sale igual pero lleva más tiempo, como es lógico.  Para los golosos está tarta es un clásico imprescindible. Y yo, que no soy lo que se dice un tío de dulces, no pude resistirme y me rendí a los encantos de este postre. Silencio... se cocina.

1. Cogemos las galletas y las rompemos un poco con los dedos. Las pasamos por una trituradora hasta que queden en polvo. Añadimos entonces la mantequilla (que habremos sacado de la nevera antes para que se atempere y se reblandezca) y la mezclamos bien con las galletas. 

2. En un molde redondo y desmontable de 24 cms (el que usé yo) echamos la mezcla en el fondo. Apretamos bien con las manos para que quede todo bien apelmazado. Y lo metemos en el congelador mientras seguimos con la receta. Esto hace que se compacte todo mucho más. 

3. Echamos en una olla el agua (200 grs, se puede echar más, pero a mí me sirvió) y la calentamos. Cuando haya cogido una temperatura alta (no hace falta que hierva enloquecidamente) echamos la gelatina de limón, el queso Mascarpone, la nata y el azúcar. Removemos bien un par de minutos.

4. Sacamos el molde del congelador y vertemos la mezcla sobre la base de galletas. Repartimos bien por toda la superficie. Esperamos unos minutos a que solidifique y lo metemos en la nevera.

Para la cobertura de mermelada se pueden usar todo tipo de sabores. Yo mezclé una de fresas y otra de higos, que eran las que habitaban en mi cocina, pero hay ya se puede tirar de gustos (cereza, ciruela, albaricoque... o mezclar varios tipos, igual surge el Gran Sabor) Para hacerla: 

1. Ponemos en remojo las láminas de gelatina según el fabricante (las mías, de Mercadona, estuvieron 5 minutos) 

2. En un cazo echamos la mermelada, el agua y las láminas. Calentamos y vamos removiendo hasta que espese la mezcla y se integren bien todos los ingredientes. Apagamos el fuego y esperamos unos minutos sin que cuaje.

3. Volcamos la cobertura en el molde ya cuajado y lo metemos en la nevera. Dejamos enfriar durante un par de horas (por lo menos). 

Pasado el tiempo de espera, que seguro se os ha hecho eterno, sacamos la tarta y cortamos las porciones que necesitemos. Disponemos en un plato chulo y decoramos con un poco de chocolate líquido. La pinta habla por sí sola... pero su sabor, ¡ay, su sabor...! ¡Que aproveche, hithcookianos! 

Película ideal para degustar este postre

GILDA
("Gilda" de Charles Vidor - 1946)

En esta ocasión había que ponerse un poco pícaro para ofrecer a este postre, un digno y, sobre todo, sensual referente cinematográfico. Una receta con tanta carga de dulzura y sugestión necesitaba que su espejo tuviese fuerza visual, que captase la atención y fuese un ardiente objeto de deseo. La tentación roja que nos indica el plato parecía encaminada hacia alguna actriz pelirroja y ardiente. Y como no podía ser de otra forma, esa definición en el séptimo arte, se llamará siempre Gilda

Corría los mediados años cuarenta cuando Charles Vidor (que nunca alcanzaría ni el éxito ni la calidad como en esta obra) exponía ante el mundo a esta mujer curvilínea de rojiza cabellera (pese al blanco y negro, claro está) que deslumbró a todo el planeta: Gilda. Una femme fatale de pasado turbio y mano larga, que automáticamente se transformó en un icono cinematográfico y artístico. 

Rita Hayworth se alzó con el sello de "mito erótico", para su fortuna y desgracia (ella solía decir: "Los hombres se acuestan con Gilda, pero se levantan conmigo"). Para la historia quedará, por supuesto, ese fantástico número musical de "Put the blame on Mame", en el que sólo le bastó deshacerse de un guante para explosionar la moral conservadora norteamericana, y ya puestos, del mundo entero. Un desnudo de brazo sensual y tórrido, todo un escándalo en la época. Una imagen inmortal para la posteridad.

A esto además hay que sumarle que Gilda es muy buen drama pasional, un film-noir de categoría y modélico, que supo sacar partido del magnetismo de la Hayworth y de un Glenn Ford fantástico. Entre ellos hay una química pocas veces vista en el cine, una constante atracción prohibida y fatal que culmina en una de las bofetadas más famosas del celuloide: la que él le propina a ella presa del deseo contenido y el odio. Otra imagen para la historia. 

Nuestra receta se basa abiertamente en el tono rojizo que corona la tarta. La mermelada de fresa e higos juega el papel de la larga melena pelirroja de Gilda (puro simbolismo de que no era una mujer como esas rubias que asediaban las películas de cine negro). Es ese toque de distinción que otorga originalidad al plato y al personaje. 

La película centra su historia en un triángulo amoroso: la turbia y bella Gilda, su acaudalado y cínico marido y el jugador de fortuna Johnny que pasa a formar parte de su vida. Ese tridente de pasión, odio, amistad y dolor se refleja en las tres capas que conforman nuestra tarta: la cobertura, la mezcla de queso y la base de galletas. Tres elementos que se funden en un mismo drama, que se complementan y se anulan, que se desean y se repelen. Tanto las galletas como el queso desean formar parte del bocado con la mermelada (con Gilda), que es el ingrediente ansiado. La fruta prohibida. La sensualidad dulce en estado puro.

La tentación que vivimos al tener delante nuestra tarta de queso Mascarpone es exactamente la misma que el mundo padeció en 1946. Es peligrosa, sugerente, demasiado atractiva, distinta, sabrosa... Tiene todos los ingredientes necesarios para hacernos salivar. Y, seamos claros, si no nos abalanzamos sobre nuestra receta, mereceríamos una bofetada de dimensiones épicas. Como Gilda...