miércoles, 7 de agosto de 2019

ENSALADA DE CALAMARES (Calamari salad)

Receta fácil, vertiginosa, refrescante, sana y que acepta tantas versiones o remakes como te dé la gana. Se trata de preparar una buena ensalada y que sea divertida, apetecible. Para ello usamos calamares que cocemos rápidamente y que secundamos con hierbas aromáticas y una excitante vinagreta para potenciar todos los sabores. 

Tú puedes tirar de otros elementos, faltaría más: añadir pulpo cocido, unos mejillones al vapor, berberechos, zamburiñas... Uno sólo o varios a tropel. Ahí manda tu paladar, como siempre. Lo único que te pido es que tires siempre de producto fresco, que la diferencia es abismal y tu estómago merece que lo mimes, no que la pereza gobierne tu cocina. ¿Estamos? 

Pues hala... ¡mandiles arriba!



Ingredientes (2 personas) 

  • 2 calamares frescos 
  • 1 pepino
  • Mezclum de lechugas 
  • 1 taza de perejil picado y cilantro picado 
  • Maíz dulce 
Para la vinagreta 
  • Aceite de Oliva Virgen Extra 
  • 1 limón y su ralladura 
  • Sal y pimienta blanca 
  • Chili flakes (guindilla seca) 
Tiempo: 5 minutos

ELABORACIÓN

Pide a tu gentil pescadero que te dé limpios los calamares. Si no lo hace, cambia de pescadero.

Separamos los tentáculos, las aletas y la tinta. Estos elementos los podremos utilizar para un arroz negro más adelante. Nosotros ahora sólo vamos a necesitar los cuerpos.

Cortamos en anillas los calamares. Las lavamos bien.

Ponemos agua a hervir y añadimos los calamares. Cocemos durante 1 MINUTO. Sacamos enseguida a un bol con agua y hielo para cortar la cocción y mantener su tersura. 

Picamos las mezclas de ensalada o lechuga, las hierbas aromáticas - todo fino - y el pepino en rodajas. Lo echamos todo en un cuenco amplio. Añadimos el maíz dulce bien enjuagado y colado. Por último colocamos las anillas de calamar

Emulsionamos todos los ingredientes de la vinagreta y la volcamos en la ensalada. 

¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

jueves, 11 de julio de 2019

BUTTER CHICKEN CON ARROZ JAZMIN AL CILANTRO (Paso a paso)

Hoy nos embarcamos de nuevo en una de mis cocinas favoritas: la india. Su tratamiento de las especias, el picante, los infinitos sabores, me hacen salivar cada vez más. Y tal vez uno de sus platos más famosos y socorridos sea este Indian Butter Chicken o Murgh Makhani. Es decir, pollo a la mantequilla al estilo hindú. 

Yo os ofrezco una versión sencilla, que lleva su tiempo y que requiere que tengáis la despensa bien dispuesta de ingredientes. Esta cocina se basa en jugar con las especias, y por suerte hoy en día, no hay que irse muy lejos para poder adquirir todo lo necesario. Y dejarán un aroma de vicio en vuestras cocinas...

Este Butter Chicken se cocina con tomates y anacardos, y por supuesto mantequilla. Hay que dotarle de sabores exóticos y cremosidad, para que tu paladar se vaya de viaje. El Garam Masala o el fenogreco ayudan a ello. Luego está el tema del picante, yo pongo mis cantidades - como buen amante de la hot-food - pero de vosotros depende el nivel de picor. Hay que darle caña a esta cocina, no lo olvidéis.

Acompañad este fantástico pollo con arroz jazmín o basmati con hierbas frescas y si tenéis a mano un pan naan, pues bordáis el trabajo. Animaos a probarlo, me lo agradeceréis. ¡Mandiles arriba!


INGREDIENTES 

Para el pollo

  • 300 g de pechuga de pollo
  • 1 cucharada de pasta de ajo y jengibre
  • 1 cucharada de chili molido (guindilla)
  • Sal
  • Aceite de girasol 
Para la salsa
  • 500 g de tomates troceados 
  • 100 g de cebolla roja
  • 1 cucharada de pasta de ajo
  • 50 g de anacardos 
  • 1 cucharada de semillas de fenogreco (o de cilantro)
  • 1 cucharada de Garam Masala
  • 2 cucharadas de chili molido
  • 5 cucharadas de mantequilla
  • 3-4 cucharadas de azúcar moreno
  • 3 cucharadas de crema fresca o nata 
  • 2 cucharadas de vinagre de vino tinto
  • Sal
Tiempo
  • 30 minutos + maridaje

El pollo a escena

Limpiamos a conciencia las pechugas, las secamos con un poco de papel absorbente y las vamos troceando en porciones de un bocado. Las vamos echando en un bol amplio.

 

Añadimos la pasta de ajo y jengibre (si no tienes tritura ajo y jengibre con un pelín de agua), el chili molido y la sal. Mezclamos todo bien, tapamos y dejamos reposar durante 30 minutos. 

Ponemos una sartén al fuego con aceite de girasol. Vamos friendo el pollo hasta que esté bien hecho por todas sus caras. Al ser pequeños trozos no tardará mucho...

Sacamos y reservamos.

Nos metemos con la salsa (gravy) 

En la misma sartén donde hemos hecho el pollo añadimos la cebolla troceada (no os compliquéis la vida con este paso, luego irá todo triturado) y una cucharada de mantequilla. Sofreímos bien.


Añadimos en este punto el tomate troceado y los anacardos. Echamos un poco de agua, la pasta ajo, el Garam Masala, el chili molido, el azúcar y el fenogreco. 

Detalle del fenogreco...

Mezclamos todo bien en la sartén y dejamos cocinar y reducir durante 20 minutos. Pasado ese tiempo trituramos todo bien con ayuda de la batidora, de la Thermomix o del aparato triturador que tengáis por casa. Y luego volvemos a echar la salsa resultante en la sartén pasándola por un colador. Así nos ahorramos restos de piel del tomate, pepitas y demás historias que nos puedan molestar.


Ponemos al fuego y añadimos la crema fresca, el pollo reservado y lo más importante, lo que da sentido a este planto: la mantequilla. Cocinamos 5-7 minutos. 


Servimos caliente en platos individuales acompañados de arroz jazmín o basmati cocido con cilantro y lima. Decoramos con un poco más de crema fresca en hilo por encima.

¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Sugerencia de presentación

jueves, 4 de julio de 2019

PASTEL DE CARNE CON PURÉ DE PATATAS (El diablo sobre ruedas)

Vuelven las cine-recetas al blog. Tras un parón o un descanso, acometo esta chifladura gastrocinéfila para vuestro deleite, quien lo tenga. En esta ocasión nos vamos a los años 70 para construir un Pastel de Carne frío ("meatloaf") comparado con la monumental opera prima de Steven Spielberg, "El diablo sobre ruedas". Todo un duelo de sabores, matices, violencia, locura...

Aquí te muestro el paso a paso de esta receta para que puedas lanzarte a esta odisea. Sé que hoy en día encender un horno es casi un castigo, pero merece la pena que lo probéis. Siempre se puede ir uno a otra habitación mientras se va escribiendo-horneando esta cine-receta. 

Además servimos una cama de puré de patatas casero. Nada que ver con los copos esos que inundan algunas despensas. Es vital que os lo preparéis vosotr@s, notaréis la inmensa diferencia. Ya no sólo de sabor, también de textura y de aroma. 

Pues sin más nos vamos a esa inhóspita carretera del demonio para tratar de sobrevivir a las continuas   embestidas de ese camión encolerizado. ¿Te subes, hitchoockian@? Entonces, ya sabes... ¡Mandiles arriba!



Ingredientes (4 personas)


Para el pastel de carne
  • 1 kg ternera picada
  • 150 g de mortadela de Bolonia picada
  • 1 rama de apio picado
  • 4 dientes de ajo picados
  • 2 Cebolletas picadas
  • Perejil fresco picado
  • 2-3 Huevos
  • ½ vaso de leche
  • ½ vaso de pan rallado
  • 1 cda de Salsa de soja y otra de kétchup
  • 1 cda de Salsa Inglesa (Perrins)
  • Tomillo, Orégano, Sal y pimienta
  • Salsa Barbacoa (la que más te plazca, yo usé a la cerveza negra)
Para el puré de patatas
  • 1 kg de patatas para cocer, harinosas (tipo Kennebec o Monalisa)
  • 50 g de mantequilla 
  • 60-70 ml de leche
  • Sal, pimienta negra y aceite de oliva Virgen Extra
Tiempo: 80 minutos
Película comparada: "El diablo sobre ruedas" (Steven Spielberg, 1971)

Tras la receta tienes la comparación cinematográfica, hitchcookian@...

Elaboración


En una sartén con un poco de aceite de oliva, sofreímos las cebolletas, el ajo y el apio. Todo troceado muy menudo. Dejamos que se cocinen 10 minutos a fuego moderado.

Mientras tanto en un bol grande añadimos la carne picada, la mortadela (o jamón York o bacon, si no tienes), las especias secas y frescas, la leche, el ketchup, la salsa de soja, la salsa inglesa, el pan rallado y los huevos. Mezclamos todo a conciencia. 

Vertemos las verduras sofritas y removemos para que se integren bien con el resto. 

Precalentamos el horno a 180º. Que vaya cogiendo calor sofocante esta carretera...

Nos hacemos con un molde tipo plum-cake y lo untamos de mantequilla o aceite, con el fin de evitar que se nos pegue el pastel durante el horneado.

Echamos de base una capa de salsa barbacoa. Volcamos toda nuestra mezcla dentro y aplanamos bien la superficie con ayuda de una espátula. Untamos la capa superior con más salsa barbacoa. Metemos al horno cubierto con papel de plata (sólo la parte de arriba, para que no se nos haga demasiado o se seque) y horneamos durante 50-60 minutos.

Mientras tanto...


Añadimos las patatas a una olla con agua (2 litros más o menos) y ponemos a cocer.


Cuando rompa el hervor bajamos para que cueza a fuego moderado (no a borbotones) durante 25-30 minutos, aunque dependerá del tamaño de las patatas. Se sabrá su punto cuando metamos una brocheta o el tenedor y notemos que están blandas. 

Las pelamos, con extremo cuidado de no acabar en urgencias con quemaduras, y las pasamos o bien por un pasa-purés o por una prensador de patatas, incluso un tenedor nos valdría. El toque más o menos rústico se lo tendréis que dar vosotr@s. 

Le añadimos sal, pimienta negra, mantequilla y leche. Darle la untuosidad que os plazca. Pero es altamente recomendable que lo hagáis todo con la patata aún caliente.

NOTA: El puré lo podéis preparar cuando vayáis a servir el pastel ya frío. Será mejor.

Terminamos...

Pasado el tiempo de horneado, sacamos el molde y dejamos enfriar. NOTA: No lo metáis caliente en la nevera. Esperad, sed pacientes, tomaos vuestro tiempo... Llevará como 1 hora.

Colocamos un plato hondo y hacemos una base con una buena cantidad de puré de patatas. Servimos encima unas rodajas del pastel, echamos un hilo de aceite de oliva Virgen Extra alrededor y decoramos con unas hojas frescas de perejil.

¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
DUEL
("El diablo sobre ruedas" - Steven Spielberg, 1971)


En 1971 un desconocido director que respondía al nombre de Steven Spielberg, perpetró para la televisión americana una obra de sencilla apariencia que encerraba un monstruoso duelo a muerte entre un hombre de negocios y un camión diabólico. El film era "El diablo sobre ruedas", la primera muestra del innegable talento de un cineasta por explotar. No podíamos ser menos que dotar a su comparación gastro-cinéfila de un portentoso "meatloaf", de rasgos oxidados, temible.

Hablamos de thriller agónico y asfixiante, que pese a estar rodado a plena luz del día en exteriores, nos adentra en los miedos más oscuros del ser humano. Huir para sobrevivir, tratar de comprender lo incomprensible, batirse en duelo con la locura en estado puro. Todo confeccionado con una estética apabullante y un pulso narrativo a la altura de muy pocos, esta obra de la carretera se nos antoja un ejercicio de suspense y terror imprescindible. Amén de ser el trampolín definitivo para que el bueno de Spielberg arrancase su prolífica e icónica carrera.

Empieza la caza...

Nuestra receta es un clásico americano, un contundente “meatloaf”, que en nuestra alocada mente, se materializa en ese asesino del asfalto, monumental y letal. Pisaremos el acelerador, trataremos de escapar, de refugiarnos, de pedir auxilio… Nada nos servirá, una vez que encendamos los motores-fogones, nuestro destino estará escrito. Y sólo de nosotros dependerá sobrevivir a la implacable voracidad de ese diablo sobre ruedas.

David Mann conduce ajeno a todo por una carretera cercana a la frontera de Méjico pisando el acelerador. El sol azota y la temperatura sube lo suficiente, y nosotros lo materializamos precalentando el horno a 180 grados. Pasa a un camión cisterna que tiene delante, el conductor del mismo parece molesto por el adelantamiento. La locura se desata…

Mann trata de despegarse del morro del camión y acaba por casi chocarse con un valla en su desesperado intento. No lo sabe, pero ya está inmerso en la creación de un “meatloaf” que le hará la vida imposible. Todo empieza a chisporrotear como las cebolletas, el ajo y el apio saltando en el aceite hirviendo de la sartén. Se cocina la tragedia.

La tensión aumenta. Mann llega a una cafetería de carretera. Cuando ve que el camión está allí estacionado empieza a sospechar de todos los presentes, que le toman por loco. No es de extrañar. Es como ese bol en el que se mezcla la carne picada con el resto de ingredientes, una suerte de  grupo de personajes-ingredientes que conforman una ristra de sospechosos. Todos son inocentes, todos son asesinos…

Mann vuelve a huir. Pero el camión sigue al acecho. Cada vez con más virulencia y más contundencia, ya que en esta ocasión toda su maldad (o relleno) se ha aglomerado en un molde para horno (tipo Plum-cake)la. Ahora es más fuerte que nunca, está más acorazado y es más despiadado su ataque. La capa de salsa barbacoa con la que cubrimos la parte de arriba del molde no hace sino remitirnos a la virulencia de cómo arrolla al coche de Mann en las vías del tren esperando ser arrollado. Pero logra zafarse… 

En un último intento de salvación, Mann se encierra en una cabina telefónica (u horno) para llamar a la policía. Para él son minutos de agonía. Para el pastel de carne son 60 minutos de cocinado. Durante los cuales embiste la caseta, trata de aniquilar al desgraciado Mann… El calor del horno desata su furia como nunca antes.

Pasado casi todo el metraje de este terrible telefilme, llega el momento de la verdad. El último duelo. Sacamos del horno a nuestro “monstruo” y esperamos que se enfríe. En esa tensa espera llega la gran confrontación. Sólo puede quedar uno. 

Cortamos en rodajas el pastel de carne (que es probablemente lo que quisiera hacer el camionero con Mann) y servimos acompañado con la salsa barbacoa. Con esa sangre derramada en el original y sorprendente final. La carretera de tonos ocres, amarillentos, es ese puré de patatas que se extiende bajo las ruedas de los vehículos. Una especie de alfombra de asfalto seca, árida, agreste, que manda nuestra mente al desértico paraje, donde apenas hay brotes verdes, salvo alguna hoja de perejil.  Hemos sobrevivido al enfrentamiento. 

"El diablo sobre ruedas" fue sin duda un hito en la televisión de los años 70. Está plagada de energía y dinamismo narrativo, y logra encerrarnos en ese coche sofocante, continuamente perseguido por el mal. Nosotros hemos tratado de condensar ese espíritu en un plato muy americano que ensalza las virtudes del villano y protagonista casi total: su forma, su aspecto, su grandiosidad, su violencia... y ese relleno que no se ve, como al conductor (si es que lo hay).  

Hemos vencido al diablo. Ahora toca devorarlo… que nos lo hemos ganado.

martes, 12 de marzo de 2019

TARTAR DE SALMÓN CON CAVIAR DE CARACOL

Mi buen amigo Carmelo de Hitcooking me hizo llegar una muestra de Caviar de Caracol (Barcelona Pearls, por si queréis meteros en su web, cosa que recomiendo efusivamente) para que lo catase, lo juzgase y lo manipulase a mi antojo en una receta propia. Dicho y hecho, o cocinado. Aquí la propuesta de un fantástico Tartar de salmón fresco con aguacate coronado mezclado con estas huevos de notas campestres. Un mar y montaña de manual. Un bocado exclusivo.

Debo señalar que este pequeño manjar llama la atención por su extrema suavidad y delicadeza. Me da que combina con bastantes platos puesto que resalta pero no aniquila lo sabores. Además, echando un ojo a su web, destacan por una infinidad de beneficios para la salud: proteínas, vitaminas, calcio, hierro, magnesio y tienen un bajo aporte en grasas. Parece mentira que algo tan pequeño, tenga unas propiedades nutritivas tan grandes. 

Os animo encarecidamente a que os dejéis seducir por este producto - es maravillosa la historia de la obtención de los huevos y su tratamiento - y catéis cosas nuevas, originales, divertidas, interesantes. Yo os dejo mi oferta pero que vuestra imaginación os gobierne y catapulte vuestras ideas acorde con vuestros gustos. De eso va esto. De comer bien, de divertirse en la cocina, de gozar masticando...

¡Mandiles arriba! 

INGREDIENTES (2 personas)

  • 250 g de salmón fresco
  • 1/2 aguacate maduro
  • 1/2 cebolleta 
  • 1 puñado de alcaparras 
  • 1 cda de Mostaza de Dijon
  • 1 chispazo de Salsa Perrins
  • 1 cda de Salsa de soja
  • Salsa Tabasco (opcional)
  • 1 limón
  • Sal, Aceite de Oliva Virgen Extra
  • 1 cda de Caviar de Caracol Barcelona Pearls
  • Salsa Pesto para pintar el plato (opcional)
Tiempo: 10 minutos + Tiempo del congelado del pescado

  1. Congelamos el pescado durante 48 horas para evitar sustos de anisakis. Pasado ese tiempo descongelamos de forma natural. Sin acelerar el proceso en el microondas ni pamplinas parecidas. 
  2. Limpiamos lo mejor que podamos los lomos del salmón de posibles espinas. Retiramos la piel (si es que la tiene) con un cuchillo bien afilado. Procedemos a cortar en taquitos el pescado. NOTA: Que se noten en boca, nada de picarlos y hacer un puré, son protagonistas del plato, así que tienen que estar a la vista. 
  3. Colocamos el pescado en un bol. Añadimos la mitad de un aguacate troceado. TRUCO: La otra mitad untarla con aceite de oliva, cubrir con film y a la nevera, así no se oxidará. 
  4. Picamos la cebolleta y las alcaparras y las mezclamos con el salmón y el aguacate.
  5. Turno de los líquidos: soja, salsa Perrins, un poco de Tabasco o Wasabi, limón exprimido y aceite de Oliva Virgen Extra. NOTA: Aquí todo depende de vuestro gusto, así que habrá que ir probando. Añadid sal si lo necesita, pero ojo con la soja... 
  6. Pintamos con un pincel de cocina el fondo del plato con un poco de salsa Pesto. Rellenamos un molde circular apretando bien para que el tartar coja bien la forma. Desmoldamos. Coronamos con una buena cucharada de Caviar de Caracol y una hojita de cilantro. 
  7. Por último regamos con un chorro de Aceite de Oliva Virgen Extra. Y listo. 
¡Que aproveche, hitchcookian@s! 



martes, 12 de febrero de 2019

BERENJENAS RELLENAS DE CARNE (Alguien voló sobre el nido del cuco)

Hora de retomar las cine-recetas y de volver a esas extrañas y peculiares mezclas gastrocinéfilas que tantos buenos ratos me han dado. Y lo hacemos con una receta clásica, fundamental, necesaria, sencilla en apariencia pero que esconde pequeños matices técnicos. Hablamos, cómo no, de unas berenjenas rellenas de carne. 

Ni qué decir tiene que aquí os muestro una de las opciones más básicas, pero que en vuestro saber hacer dejo la imaginación del relleno: de verduras, de atún, de quinoa salteada, de pollo, con bechamel, con varios tipos de queso... Realmente están de morirse de cualquier manera, lo único que tenemos que tener en cuenta es mimar bien el producto. Como siempre, vaya. 

Para la ocasión le he pedido al fallecido Milos Forman, que me preste su obra maestra "Alguien voló sobre el nido del cuco" para la comparación chiflada. Tras la receta encontraréis ese maridaje de cine y cocina para vuestro deleite. Sin más, nos despojamos de las camisas de fuerza, nos unimos a la cuadrilla de Jack Nicholson y gritamos como locos... ¡mandiles arriba!


Ingredientes (4 personas) 

  • 2 berenjenas grandes 
  • 300 g de carne de ternera picada 
  • 1 cebolla
  • 1 puerro (parte blanca, el resto para caldo)
  • 1 rama de apio
  • 1 zanahoria
  • 6 tomatitos cherry
  • Queso para fundir 
  • Cilantro o perejil fresco picado
  • Sal, pimienta negra y Aceite de Oliva Virgen Extra 
Tiempo: 40 minutos 

Película comparada: "Alguien voló sobre el nido del cuco" (Milos Forman, 1975)

Asando las berenjenas

Lo primero de todo será cortar longitudinalmente las berenjenas. Espolvoreamos sal sobre la "carne" y dejamos que suden durante 20 minutos para quitarles el amargor. Pasado ese tiempo las secamos bien con papel de cocina.

Precalentamos el horno a 180º.

Practicamos unos cortes en las berenjenas y rociamos con un poco de aceite de oliva virgen extra. Metemos a nuestras protagonistas en el horno y dejamos cocinar unos 20 minutos.


El relleno

Mientras tanto vamos adelantando trabajo. En una sartén con aceite sofreímos la cebolla picada, la zanahoria, el puerro y el apio. Unos 10-12 minutos serán suficientes.

Añadimos la carne picada y la cocinamos bien, a  fuego vivo. Salpimentamos en este momento, más tarde no servirá de nada. Por último incorporamos los tomates cherry y damos un último arreón a todo el conjunto para que se integren los sabores. 


Cuando tengamos las berenjenas asadas, vaciamos la carne con ayuda de una cuchara, y la incorporamos al relleno anterior. Mezclamos todo una vez más.


Ponemos el horno en modo "gratinador" y rellenamos las berenjenas con toda la mezcla. Coronamos con queso para fundir o queso rallado al gusto y las dejamos en el horno unos minutos. Sabréis que ya están cuando el aspecto del queso sea dorado y estéis salivando a más no poder.

Presentamos nuestros plato con un poco de perejil o cilantro fresco picado por encima. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato

ONE FLEW OVER THE CUCKOO'S NEST
("Alguien voló sobre el nido del cuco" de Milos Forman - 1975)


Volvemos a la locura de las comparaciones gastro-cinéfilas y lo hacemos con una obra que es, tal vez, el mayor escaparate de la demencia: "Alguien voló sobre el nido del cuco" del todopoderoso Milos Forman ("Amadeus", "Hair", "Man on the moon"...) Una película demoledora, plagada de metáforas, de puñetazos al estómago, de dignidad humana, de frustraciones y de libertad más allá de las jaulas mentales de cada ser. Una obra cómica, emotiva, dramática, brutal, esperanzadora...

Toda ella soportada por un elenco sobresaliente en el que destaca de manera brutal un Jack Nicholson que hace gala de una de sus mejores interpretaciones; un delincuente socarrón, mordaz, canalla, provocador... que enreda al sistema para no acabar en la cárcel sino en un centro psiquiátrico, escenario de su nueva condición de "alma libre" que desatará las correas de los desdichados enfermos. Y que pondrá contra las cuerdas a la temible enfermera (gloriosa Louise Fletcher) y a un sistema que trata de imponer el bien y el mal a su antojo. Él cambiará la vida de todos y de todas. Él es un soplo fresco en un mundo de normas, horarios y disciplina totalitaria.

Nuestra receta primero se encierra fotográficamente en una habitación blanca, de paredes acolchadas, asemejándose a las habitaciones y a la blanquecina-enfermiza decoración del psiquiátrico. Es ahí donde nuestros personajes-berenjenas se ven atrapados, en la pura rutina, deseando salir al exterior de la mesa y respirar aire puro.

La comparativa con "Alguien voló sobre el nido del cuco" encuentra un buen apoyo en el propio concepto en sí de la receta y el relleno. Las cabezas de los personajes están inicialmente sometidas a un protocolo feroz, pero la llegada de Murphy (Nicholson) supone una ruptura que poco a poco va llenando sus mentes con todo tipo de acciones: fiestas, salidas en barco, sexo, juegos con apuestas... Un sofrito de nuevas ideas, de nuevos ingredientes, de nuevos conceptos vitales, de nuevas mezclas de sabores y texturas para afrontar la cruda realidad.  

Asimismo nos topamos con el terrorífico elemento del orden institucional que supone una lobotomía. Un proceso radical para aplacar a los descarriados y borrarles mentalmente de la tierra. Nosotros hacemos lo propio al practicar esos cortes en la piel de la berenjena, la despojamos de su esencia para luego "abrasarla" en el calor del horno. 

Y al final nos encontramos con un elenco que simboliza la libertad y la represión: berenjenas abiertas en canal, con un relleno que tan pronto las puede dejar tendidas en una cama de psiquiátrico como puede motivarlas a romper con todo, libertarte con una almohada, levantar una fuente de agua y atravesar una ventana para huir, para vivir de nuevo, tal y como hace el indio en los últimos fotogramas de la película. El frescor de las hierbas de la receta nos recuerda ese tono de esperanza por encima de todo, por encima de nuestras mentes tan picadas como la carne.

"Alguien voló sobre el nido del cuco" consiguió 5 óscars del momento. Ese abanico de premio avala una obra que se sale de los rangos establecidos, y sobre todo, del cine de los 70. Pocas veces se ha igualado esa altura de miras hacia un sistema enfermo que robotiza a sus inquilinos para manejarlos a su antojo. Nuestra receta ha pretendido meterse en ese centro psiquiátrico, jugar con los elementos atroces y con los coloristas para otorgar a unas simples berenjenas el don de la libertad.