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lunes, 4 de abril de 2016

COOKIES DE NUECES Y CHOCOLATE (Bocados caseros)

Llegamos a otro lunes sin carne, pero en esta ocasión me voy a poner "dulce". Hacía tiempo que tenía esta receta pululando por mi ordenador y parece que ha llegado el momento de darle salida. No soy una persona especialmente golosa, aunque debo reconocer que las galletas me privan. Ideales para desayunos, meriendas o para acompañar un buen café con leche caliente en estos tiempos de frío. 

Aquí os dejo la preparación sin Thermomix, es decir, a mano. No lleva mucho tiempo, ni mucho esfuerzo, pero si os va la robótica, trabajo que os ahorraréis. Para dotarles de personalidad las he añadido chocolate y nueces (de Nueces de California, por supuesto), una combinación clásica pero que siempre funcionará en el paladar. Os animo a que os arranquéis con este bocado, nada como unas buenas galletas caseras, controlando tú los ingredientes, dominando la técnica, aromatizando a tu antojo... It's cookie time! ¡Mandiles arriba!

COOKIES DE NUECES Y CHOCOLATE
Ingredientes (25 galletas)
  • 200 g de azúcar moreno
  • 100 g de mantequilla en pomada
  • 170 g de chocolate negro (o pepitas)
  • 220 g harina
  • 1 huevo
  • 100 g de nueces
  • 1 cdita de extracto de vainilla
  • 1/2 cdita de levadura en polvo
  • 1/2 cdita de sal
Tiempo
  • 45 minutos 

Con ayuda de la Thermomix, trituradora o a golpe de cuchillo, vamos a ir troceando el chocolate (si es que lo tenemos entero) y las nueces. Que queden trozos visibles, que se noten en el bocado...

Trabajamos en un bol la mantequilla en pomada con ayuda de una espátula o lengua.

Añadimos el azúcar moreno y la sal. Batimos hasta que la mezcla se blanquee.

Incorporamos el huevo y el extracto de vainilla y removemos de nuevo.

Tamizamos la harina con ayuda de un colador y la vertemos sobre la mezcla. NOTA: La levadura la mezclaremos antes con la harina.

Por último añadimos el chocolate y las nueces y removemos una última vez con energía para mezclar bien todos los ingredientes. Dejamos reposar en la nevera unos 20 minutos.

Precalentamos el horno a 180º (durante 10 minutos)

Vamos formando bolitas con la mezcla y las disponemos en una bandeja de horno con un poco de papel sulfurizado (papel de horno) NOTA: Que haya separación entre ellas, ya que la masa tenderá a expandirse con el calor.

Vamos cocinando por tandas de 10 minutos. 

Dejamos enfriar sobre una rejilla y a disfrutar. La clave está en que queden un poco blanditas en el centro y crujientes por fuera. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

miércoles, 26 de agosto de 2015

BARRITAS DE MANTEQUILLA DE CACAHUETE, CHOCOLATE Y GALLETA (Lolita)

Se acerca el pecado. Es momento de lanzarnos a la aventura pasional de preparar un postre o merienda (o simplemente bocado) tan maravilloso y sencillo de preparar que no te lo vas a creer. Para amantes del dulce, del chocolate, de los sabores intensos y, sobre todo, para los que no tengáis horno y queráis sorprender con un trabajo de repostería de altura. Muy pocos ingredientes (tal vez el más complicado de conseguir sea la mantequilla de cacahuete) y muy poco tiempo de elaboración son los mejores aliados de esta receta que fascinará por su "look" marmolado y su potencia de sabor. Hoy nos ponemos reposteros... ¡Mandiles arriba!

INGREDIENTES

200 grs de galletas tipo Digestive
70 grs de matenquilla derretida (sin sal)
120 grs de Mantequilla de cacahuete

Para la cobertura de chocolate
200 grs de chocolate (50%-60% cacao)
60 grs de mantequilla de cacahuete


Tiempo: 20 minutos (+ 2 horas en frigorífico)
Película comparada: "LOLITA" (Tras receta)

Para poder llevar a cabo este dulce debemos tener a mano una buena trituradora o la Thermomix. Así nos garantizaremos que todo el tema del triturado y la mezcla nos salga lo más homogénea posible.

Lo primero de todo será derretir la mantequilla. Para ello la pesamos y la metemos unos 20 segundos en el microondas a máxima potencia. Sacamos y reservamos.

Introducimos las galletas en el vaso y las trituramos bien. Añadimos la mantequilla derretida y los 120 grs de mantequilla de cacahuete. Mezclamos de nuevo todo hasta conseguir una masa bien mezclada y manejable. 


En un recipiente cuadrado extendemos una tira de papel de horno (podemos engrasar ligeramente la base para hacer que "se pegue" bien) Colocamos la masa preparada y extendemos con cuidado con una lengua hasta cubrir toda la base (tal cual os muestro en la foto)


A continuación vamos a derretir el chocolate al baño María. Para ello colocamos una pequeña olla o cazo al fuego con un poco de agua. Cuando hierva (a fuego moderado) ponemos encima un bol de cristal y echamos las onzas de chocolate. Vamos removiendo suavemente hasta que se derrita por completo. Con cariño, que no hay prisa... 


Cuando lo tengamos listo apartamos y cubrimos toda la capa de galleta con el chocolate derretido. Ahora colocamos una sartén al fuego y echamos la mantequilla de cacahuete restante (60 grs) Removemos hasta derretirla por completo. Ahora llega la parte divertida y creativa.


Con una cuchara vamos vertiendo líneas por todo el chocolate. Un poco a lo loco pero con gracia. Cogemos un cuchillo pequeño o puntilla y vamos "dibujando" la mantequilla sobre el chocolate. Ahí tirad de imaginación, dejaos llevar, sin miedo... 


Llevamos nuestro molde ya preparado al frigorífico y dejamos que se endurezca durante 2 horas. Al sacarlo dejamos unos 15 minutos a temperatura ambiente antes de cortarlo. Este es el resultado:




Todo un espectáculo para la vista y para el paladar ya ni os cuento. Una manera sencilla y muy lucida de preparar un dulce en tiempo mínimo y sin enloquecer con tiempos de horno y demás. Espero, deseo, ansío que lo hayáis disfrutado y que estas barritas caigan próximamente en vuestras cocinas. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
"LOLITA" 
(Stanley Kubrick, 1962)

Deseo. Pasión. Tentación. Pecado. Lujuria. Apetito. Estos son algunos adjetivos que podrían definir este dulce plagado de "pecados culinarios". Pero, obviamente, también hay que echar la vista hacia su comparación cinéfila y dar con la tecla adecuada.

En el séptimo arte se han plasmado infinidad de "tentaciones femeninas" que, generalmente, han llevado a hombres a la desesperación más absoluta. "Gilda" (Rita Hayworth), "Forajidos" (Ava Gardner), "Perdición" (Barbara Stanwyck), "La tentación vive arriba" (Marilyn Monroe) o hasta Jessica Rabbitt (por ponernos ya locos perdidos) son algunos ejemplos de cómo una mirada sensual, un giro de cabeza o un leve contoneo al andar pueden llevar a la locura a cualquier desdichado.

En esta ocasión todo el elemento de "dulce naïf" le va que ni pintado a la más polémica y controvertida pasión oculta que ha dado la literatura y el cine. Una obsesión que roza lo ilegal, hablamos de "Lolita".

La magistral novela homónima de Nabokov (que también se encargó de la adaptación) encontró en el talento del maestro Kubrick el aliado perfecto para consumar visualmente su pieza literaria. En el año 62 Kubrick ya se había consolidado como una de las mentes más despiertas, atractivas, audaces y sugerentes del panorama hollywoodiense. Tras cosechar éxitos internacionales como "Senderos de gloria", "Espartaco" o "Atraco perfecto", el genio se lanza a un melodrama de corte sexual.

"Lolita" abarca un abanico de sentimientos humanos y los lleva al extremo máximo. La historia se centra en la obsesión enfermiza de un hombre maduro (James Mason magnífico como el profesor Humbert Humbert) por una adolescente frágil e inexperta (Sue Lyon, sensual a más no poder). Es tal su locura que accede a casarse con la madre (Shelley Winters) de la chica por poder estar más cerca de su joven deseo. A partir de ese momento se desatan los celos, las pasiones frustradas, las ansias, la locura, el ardiente anhelo de una posesión imposible, casi inhumana... 

"Lolita" es pura sexualidad (pese a lo poco que se muestra; lo que se sugiere es lo apasionado, a saber los créditos mientras pintan las uñas de los pies: fetichismo en toda regla) aderezada con romance, comedia (impresionante el contrapunto que nos da durante toda la película el personaje verborreico de Peter Sellers) y cine negro. Una mezcla de comportamientos humanos que desencadenan todas las pasiones ocultas de los personajes. Kubrick quería eso: desatar la tormenta emocional de inseguridades y frustraciones. Y vaya si lo consigue...

Nuestra receta tiene de inicio ese "toque kubrickiano" de fascinación por un ser (o plato) de corte adolescente. De alguna forma esquizoide nos convertimos en ese cuarentón fascinado por la dulzura que hay ante nuestros ojos, por ese "bocado" pecaminoso que nos morimos por dar.

Como en la película, nosotros realizamos una mezcla contundente de ingredientes que se nos antojan como pura tentación. El chocolate, la galleta, la mantequilla de cacahuete... son destellos de esa pasión inicial que se va gestando en la mente del desdichado profesor. Poco a poco, lo que parecía una simple fijación, se va convirtiendo en todo un torbellino de pasión, de líbido culinario...

Humbert decide inmiscuirse en esa familia casándose con la madre de Lolita. Se integra dentro del proceso de preparación, casi como la mantequilla derretida, que pasa desapercibida, pero ahí está, formando parte del grueso de la base. Cuando la capa de chocolate (que en nuestra cabeza chiflada parece casi como una materialización de la oscuridad que se va ciñendo sobre Humbert) cubre toda la superficie, sabemos que se ha cruzado la línea de la cordura y que, a partir de ahí, sólo puede venir tragedia, confusión, celos irrefrenables, amor enfermizo...

Y he aquí donde vemos ese símil emocional en las múltiples líneas que la mantequilla de cacahuete va produciendo en el chocolate. La mente del profesor se emborrona por completo, se tiñe de latigazos de deseo incontrolable. Es como ver la representación de esa caída a los infiernos, donde todo es caos pero, de alguna forma, mantiene la belleza de la mirada diablesca y angelical de Lolita bajo sus gafas de corazón...

Llegó la hora de pecar... 

miércoles, 23 de octubre de 2013

COOKIES AMERICANAS (Aquellos maravillosos años)


INGREDIENTES (Unas 12-14 cookies)
(@TheHitchcook)

40 grs de azúcar blanco
40 grs de azúcar moreno
1 huevo
180 grs de harina
60 grs de mantequilla (en punto de pomada)
1 sobre de levadura Royal (levadura química)
Azúcar vainillado
1 cucharadita de sal
100 grs de pepitas de chocolate (o perlas de chocolate)

Duración: 30 minutos + 1 hora de nevera

Soy un novato pizpireto en los confines de la repostería. Lo reconozco. Pero poco a poco me voy dejando llevar por los dulces placeres y, aunque yo no sea un ávido consumidor, veo que el mundo sí, y siempre es una satisfacción complacer los paladares ajenos. Esta receta es un clásico y el resultado siempre es triunfal. Os animo a que probéis a hacerlas porque es fácil, recurrente y el desayuno sabe mejor si lo hace uno mismo. Ataos el mandil que vamos.

Cogemos la mantequilla, que estará en punto de pomada (vamos, que la hemos dejado un rato a temperatura ambiente para que se reblandezca y podamos manipularla) y la mezclamos en un bol con los dos tipos de azúcar. Se puede hacer sólo con uno, ahí ya a gustos.

Batimos ligeramente un huevo con un puntito de sal y lo añadimos al bol. Removemos o ligamos bien todos los ingredientes.

Con la ayuda de un tamizador (o un colador pequeño si no tenéis) vamos echando la harina tamizada, que no tenga grumos. Por último echamos las perlas de chocolate y mezclamos una vez más. Ya huele a pastelería, ¿eh? Dejamos refrigerar la masa una hora en la nevera.

Calentamos el horno a unos 200º (calor arriba y abajo) y vamos formando pequeñas bolitas (a modo de albóndigas) con las manos. Si se os queda algo pegada la masa, cosa que no debería suceder, os las podéis enharinar un pelín.

Vamos disponiendo las bolitas en una bandeja de horno con papel sulfurizado y ligeramente pintado de mantequilla líquida. Las aplastamos un poco. Dejamos algo de espacio entre ellas porque se expanden con el calor y las horneamos unos 12 minutos. Este tiempo puede variar, dependerá del tipo de horno y del tamaño de la galleta.

El truco está en que queden levemente tostadas por la superficie pero todavía blandas al tacto, puesto que luego al sacarlas se endurecerán. Y listo. Unas auténticas cookies americanas para decorar un buen bote de cristal de la cocina y, por supuesto, para devorar sin compasión. ¡Qué aproveche!

Película ideal para degustar este plato
STAND BY ME
("Cuenta conmigo" de Rob Reiner - 1986)

Estaba claro, una receta de este calibre y significado, me tenía que teletransportar de manera obligada de vuelta a la niñez. A una época donde reinaba el compañerismo, la unión, la aventura, el desparpajo, la inocencia, la ignorancia y las ansias por descubrir nuevos mundos y tensar tus habilidades hasta límites desconocidos. Con todo esto mi mente rebuscó en el baúl de los recuerdos para atrapar un referente ejemplar, y entonces se topó con "Cuenta conmigo". Una odisea adolescente, que marca el fin de una época (la de ser niños) a través de las andanzas de una panda de amigos. La obra corre de la cuenta de Rob Reiner, un artesano que se ha sabido manejar en todo tipo de géneros, desde el terror de "Misery", la comedia romántica de "Cuando Harry encontró a Sally" o el drama militar-judicial de "Algunos hombres buenos". La película que hoy nos ocupa es un clásico de los 80, una de esas piezas del movimiento teen-movies pero que, al contrario que otras de menos calado, ahonda un poco más en los conflictos de los personajes y se transforma en una mirada agridulce, pues según avanza la historia la inocencia de la niñez, como el verano (época dorada), van muriendo con ella. Nos encontramos ante una aventura pura y dura en la que cuatro amigos deciden invertir los resquicios de las vacaciones en busca de un cadáver. Su periplo les lleva por todo tipo de situaciones, obstáculos, peligros e, inevitablemente, la convivencia va aflorando sus grandes dramas y conflictos emocionales. Hay humor, por supuesto, hay exaltación de la amistad, pero también hay enormes dosis (y esto engrandece la obra) de sueños rotos, de fracasos, de frustraciones familiares... Nuestra receta goza de muchos de estos elementos. Por un lado las cookies o chocolate chips me llevan de una manera u otra a la década de los 50, donde los coffee shops adornaban sus vitrinas con tarteras llenas de ellas. También surge el elemento "pandilla". Las galletas conforman una banda inseparable. Cada uno puede ser distinto en la apariencia (el obseso militar, el gordito, el rebelde, el intelectual...) pero en su interior están hechos con los mismos ingredientes (compañerismo, amistad, lealtad... o dicho de otro modo culinario, de mantequilla, azúcar, harina, huevo...) La empresa que ellos se marcan, esa búsqueda del cuerpo, que en realidad simboliza ese huir hacia delante de su hogar o de una niñez que no quieren abandonar, se me antoja un poco mi batalla con la repostería: un elemento extraordinario que quiero ver, tocar, y que necesito demostrarme a mí mismo que puedo alcanzar... La pandilla, como yo, se enfrentará a infinidad de trabas pero sólo con el deseo y las ganas por evolucionar y sobreponerse, darán con su gran objetivo final. Ellos, un cadáver. Yo, unas cookies... Y lo mejor de todo es que un bocado a ellas, y tu también volverás a ese momento de tu vida en el que soñar despierto era la mejor realidad.