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miércoles, 4 de enero de 2017

DEGUSTANDO EL CALLEJÓN DEL GATO. Paso 5: La Fragua de Vulcano


 Taberna La Fragua de Vulcano

Tras sucumbir al cruce de caminos culinarios de la Taberna Espartana y Las Brasas, seguimos surcando los adoquines del callejón del Gato en busca y captura de buena materia prima, de ambientes auténticos y de viandas caseras que nos alegren el estómago y, ya puestos, la vida. Que de eso va esta degustación callejera.

A pocos pasos - si acaso-, llegamos ya a la esquina de Álvarez Gato con la calle Nuñez de Arce donde se erige esta suerte de "herrería" de la cocina, cuyo nombre, "La fragua de Vulcano", hace honor al óleo del maestro Velázquez.

Este lienzo cuenta el instante en el que Apolo, flamante dios del sol, fue al taller del herrero de los dioses del Olimpo, Vulcano, para notificarle que su esposa Venus le estaba siendo infiel con Marte, el dios de la guerra. En sus trazos se observa la reacción de Vulcano ante la noticia de "los cuernos", al tiempo que el hiperrealismo velazquiano recrea con extremada precisión los cuerpos de sus cíclopes míticos a los que el pintor les concede un segundo ojo...

Vista de la fachada de "La fragua de Vulcano", flanqueda por azulejos ornamentales numerados uno a uno...

Y nosotros, con ambos ojos bien abiertos, nos adentramos más allá de la representación pictórica, pues "La fragua de Vulcano" es, ante todo, una taberna de reunión, comandada por Miguel - que traza las pinceladas de todo lo que ahí acontece cada día - y donde fraguaremos una excelente vivencia, bañada en su sangría casera, en su vermú de grifo Zarro, en sus cañas perfectamente tiradas y siempre acompañadas de una generosa tapa casera (alitas de pollo, mejillones en salsa americana, tortilla de patata, taquitos de ibérico o unas buenas lentejas para entonar el estómago)

Tirando la caña con precisión casi quirúrgica...
Sirviendo sangría casera para iniciar la aventura...
El jamón ibérico se corta a cuchillo en el momento...

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La "Fragua de Vulcano" es una taberna con una amplia oferta gastronómica tanto para el turista que quiere descubrir el casticismo puro y perderse en pleno centro de la capital, como para el cliente asiduo que quiere sentirse como en casa. O como en su segunda casa... De un lado o de otro siempre vuelven a la Fragua. Y eso dice mucho de una taberna.

Aquí se respira aroma tradicional que emana de la cocina y que se materializa en su amplia barra curvada de mármol, en los elementos decorativos de las paredes, en los productos expuestos al gran público y en el murmullo constante que se respira en el ambiente. Ese murmullo nos dice una cosa: estamos en un local desenfadado, de conversaciones múltiples, de buen rollo en general...







Hablamos de una estancia auténtica, que sabe transmitir su seña de identidad. Atrás quedan entornos más "imperiales" e históricos, para adentrarnos de lleno en un mundo español, con adornos festivos y azulejos artesanales en su fachada realizados a la vieja usanza, al horno y con tintes originales. Todo un espectáculo para el objetivo de la cámara más inquieta... 


En su amplia oferta gastronómica prima siempre una cosa: el cliente. Su bienestar estomacal y su satisfacción espiritual es la búsqueda incansable de "La fragua de Vulcano". Se trata de comer bien, de disfrutar de la experiencia y de formar parte de esta amigable comunidad.


Y una vez que hayas disfrutado de unos primeros tragos secundados de aperitivos de la casa, toca el momento de abrir la mente y el paladar a otros placeres gastronómicos.

En su carta nos encontramos con sus "cosas de cocina" como: empanadas caseras, tortillas de patatas, jamón ibérico cortado a cuchillo en el momento o callos a la madrileña. Aunque podemos dejarnos seducir por un suculento menú del día a 10 euros. 





Más allá podemos sentarnos en su comedor interior, donde la informalidad de las mesas sin mantel, nos sigue invitando a disfrutar desenfadados de la aventura. Aquí nos topamos con pesos pesados como el rabo de toro, la paella mixta, la fritura de pescado, las albóndigas caseras o el Gran Cocido Madrileño servido en una olla de barro, donde explota tu gula hasta límites insospechados. Y todo aderezado con vinos excelentes y con buena relación calidad-precio. ¿Se puede pedir más?


Y ya cae la noche. El paseo llega a su fin con nuestros estómagos saciados, es hora de que los gatos se recojan o se sirvan un último trago en la terraza. Las luces de esa espectacular fachada (portada en tiempos de National Geographic) nos muestran el camino de casa. Y es que "La fragua", de una manera o de otra, se acabará convirtiendo en un lugar clave en tu ruta culinaria. 

Y saldrás con la extraña y maravillosa sensación de plenitud, pues sabes que vas a volver. La conexión ya se ha fraguado. Velázquez ya te ha incluido en su lienzo. Y Vulcano te esperará con una caña y una tapa en la barra...


Esa mesa vacía lleva tu nombre... ¿A qué esperas para adentrarte en "La fragua"?

martes, 13 de diciembre de 2016

DEGUSTANDO EL CALLEJÓN DEL GATO Pasos 3 y 4: Taberna Espartana y Las Brasas de Vulcano


Nuestros pasos siguen avanzando por este castizo callejón de Álvarez Gato, al tiempo que nuestros estómagos siguen rugiendo, pidiendo más, reclamando más. Una vez que salimos de la esencia de Roma en la Taberna Pompeyana, nos topamos enseguida con un cruce de caminos. Dos flechas que nos invitan a elegir: a la izquierda Esparta, a la derecha Vulcano. En ambos casos, una nueva experiencia culinaria, una parada obligatoria en nuestro gastronómico deambular felino. 

Dos entradas a mundos diferentes pero que comparten carta. Desde cada uno puedes asomarte al otro universo, Esparta huele a brasas de Vulcano. Y Vulcano arde con el clamor espartano. Un concepto sugerente que sigue manteniendo el emblema del Callejón del gato: excelente comida, buen trato, ambiente sociable y unos ambientes peculiares como telón de fondo.

Taberna Espartana

Fachada de Taberna Espartana con mesas en pleno callejón
Detalle del interior de la Espartana
Sidra Natural "Trabanco" y Sangría casera con silla flotante al fondo
Sin perder la esencia por la historia clásica, la Taberna Espartana - la última creación del callejón, erigida este año 2016  - nos catapulta de nuevo a un entorno especial y único. Una vez que cruzas su fachada, te vuelves un guerrero del yantar. Porque así eran los espartanos o espartiatas o lacedonios, milicianos prestos al combate, a morir por la causa, a comer hasta reventar... 

Una barra de mármol macizo te acompaña a tu vera mientras te adentras en Esparta. Un local de tenebrosa ambientación, por cuyas paredes serpentean grietas y pinturas vapuleadas por el paso del tiempo y las guerras.

En cada rincón se arremolinan tipo de artilugios decorativos de lo más variopinto: calaveras, cascos de batalla, sillas, material de la época, cuerdas trenzadas, cadenas oxidadas, brazos que sujetan jarras de cerveza - tal vez brindando a tu salud - y pintadas que rezan "miseria, sequía, hambruna, peste..." 


Esa ambientación es una de las señas de identidad de la Taberna Espartana. No sólo se trata de una experiencia gastronómica, sino de inmiscuirte en la esencia de una época, adentrarte en las tripas de una civilización mientras satisfaces gaznate y estómago.

Puedes disfrutar de una buena sidra nartural Trabanco o una sangría casera en la barra acompañadas de un sugerente tapa, perderte en una mesa del interior o en la terraza al tiempo que ves pasar la fluida vida castiza del callejón. La elección es tuya. Hagas lo que hagas Esparta será tu nuevo hogar.

La carta es amplia y potente, y comparte oferta con 
las Brasas de Vulcano. Una cocina para gobernar dos mundos 


Pescaíto frito, ibéricos, queso, tortillas de patatas, paellas, rabo de toro, albóndigas caseras, Gran Canapé Don Paco (tosta gigante, tomate, lacón, queso, pimentón orégano y aceite de Oliva), callos, lentejas, fabada y, por supuesto el GRAN COCIDO MADRILEÑO 
al tentador y sugerente precio de 12 Euros. 

La alta calidad de la materia prima encuentra un aliado perfecto en sus precios asequibles, aptos para cualquier bolsillo "espartano".


Las Brasas de Vulcano

Codo con codo a la Taberna Espartana nos topamos con el fuego, la parrilla, el infierno de Vulcano. Se abren las puertas a otro universo, que mantiene mucho en común con su fiel aliado pero que se erige como el gran "local de la carne". 


De nuevo nos encontramos con una ambientación ejemplar, paredes y techos pintados, motivos históricos por doquier y aroma a taberna castiza. Tus ojos te dicen que estás en otra era, tu nariz te sitúa en el Barrio de Las Letras. Es el sentido del gusto el que ahora va a mandar sobre el resto.


Las Brasas de Vulcano es un acogedor local con una gran barra central en la que se exhibe el género que tu estómago está demandando: langostinos cocidos, tostas, anchoas, jamón ibérico, chorizo, lomo... son algunos de los protagonistas que acompañarán gustosos a tu caña perfectamente tirada. 


La barra de Vulcano en pleno fragor 
Exterior de la fachada de Las Brasas de Vulcano
En el interior  hay varias mesas a las que llega un inconfundible aroma a parrilla. Esa es la esencia, el gran elemento diferenciador y diferente de este local del callejón del gato. Se trata de cocina tradicional pero enfocada hacia las carnes a la brasa.

En los entresijos de su misterio nos topamos con 2 parrillas de cocina con piedra volcánica, lo que otorga un sabor y una fragancia a la carne incomparable. Único. El placer absoluto para los gatos carnívoros... En su amplia oferta se encuentra podemos encontrar desde parrilladas de verduras hasta el festival cárnico: entraña, chuletón de buey para dos personas, costillar de cerdo, pollo asado, entrecot de 300 gramos, tiras de asado, secreto ibérico...


Y por supuesto la gran joya de la corona para los más ávidos y depredadores comensales: la PARRILLADA DE CARNES para 2 personas. Según en el mundo en el que estés, podrás elegir...

Parrillada Vulcano: 1/2 pollo, tira de asado, costillar de cerdo, criollo y morcilla.

Parrillada Espartana: 1/2 pollo, tira de asado, costillar de
cerdo, criollo y panceta. 


Casi nada. Toda una orgía gastronómica para gozo y disfrute de tu paladar. Así que ya sabes, sigue la estela del gato y degusta este callejón hasta sus últimas consecuencias. La oferta tanto de la Taberna Espartana como de Las Brasas de Vulcano es económica, de inmejorable calidad y saciante. Además disfrutarás de un entorno de lo más curioso y de un trato sensacional. No hay excusas. Hay hambre. ¿Y tú? ¿Eres de Esparta o de Vulcano?


Puedes leer más pasos por el Callejón del Gato aquí...


jueves, 8 de septiembre de 2016

DEGUSTANDO EL CALLEJÓN DEL GATO. Paso 2: Taberna Pompeyana



Tras salir de La tía Cebolla, seguimos caminando por el callejón de Álvarez Gato (Número 5) hasta toparnos de bruces con un lugar peculiar. Su fachada rocambolesca, de maderas trilladas, colores gastados, y con una oronda mujer desnuda mirándote con ojos entre cómicos y viciosos. Te pica la curiosidad y no puedes resistir la tentación de adentrarte en La Taberna Pompeyana.

Pila bautismal de cacahuetes en la entrada...
Declaración de intenciones. ¿Te atreves a pasar?

La taberna Pompeyana o "La Pompe" - como se la conoce en el barrio - es una taberna temática, la única del callejón, y respira originalidad por cada uno de sus recodos. Una vez que penetras en sus paredes te sientes catapultado a otro lugar, a otra época, a otro tiempo.


La decoración de este lugar es una ilustración de la cultura romana. No estás en cualquier sitio, estás en todo un local gastronómico que emana virtuosismo y preciosismo. 

Roma en todo su esplendor y dividida en dos: la Roma imperial, de la suntuosidad, el dinero, el exceso y la opulencia. Y el Lupanar, la otra Roma: la del pueblo, la pagana, de la lujuria, del oscurantismo y misticismo. 

La idea es recrear para el cliente - que es lo único que les importa - una taberna desenterrada de Pompeya. Prueba más que conseguida.


Cada mínimo detalle captará tu atención por su alto nivel. Solo con pasear la vista irás descubriendo todo tipo de elementos peculiares: calaveras, pinturas paganas, esculturas de diosas, fuentes, barras de mármol macizo, Cristos invertidos, dibujos provocadores en paredes...


Una vez que te asientas con el sano propósito de llenar el buche, llega la oferta culinaria. Podrás elegir entre posicionarte como un romano imperial o un romano pagano, pero la comida y la bebida serán las mismas. Pese a proponer pizzas cabe destacar que no son una pizzería ni son un local italiano. Su amplio abanico les da el poder de consolidarse como una Taberna multi-gastronómica dentro de un escenario temático.

Eso sí, puedes arrancar probando sus pizzas 100% artesanas. Desde la masa hasta la materia prima. Su preocupación por dotar a este producto de calidad italiana, les hace importar la harina y la mozzarella de "la bota". 

De ahí también salen otros clásicos como la pasta o la lasaña. No dejes de sumergirte en sus creaciones en horno de piedra y elige entre sus 10 variantes de pizzas con auténtico sabor italiano, jugosas y vibrantes. Y apunta que también las tienen para llevar...

Horno de piedra "la Pompe", especial para pizzas artesanas...


Acompaña estos primeros momentos catando su sidra natural asturiana. Aquí prima que el cliente se divierta y sea interactivo con el entorno, por lo que te enseñarán a escanciar la sidra. El resto ya dependerá de ti: prueba, líala, no te importe, al final serás un experto escanciador. Para ellos "ensuciar" forma parte del espíritu de la taberna, rescatada de las ruinas de la bella Pompeya. 




La propuesta continua con un menú estable de 10 euros - también en fines de semana - y con una oferta acorde con cada estación del año

Todo continua con una deliciosa carta de raciones: setas, gambas al ajillo, paella, croquetas caseras, rabo de toro, jamón ibérico, empanadas, tortilla de patatas, albóndigas... Y su gran cocido madrileño. Grande por sabor y por tamaño, que hará las delicias de los amantes de la cocina casera y de los turistas ávidos de los aromas castizos.


 

Sin duda una parada obligatoria, por variedad y originalidad. La Taberna Pompeyana despertará tus sentidos en muchos aspectos y no te dejará indiferente. Es tu turno, ha llegado el momento de entrar en los dominios de Roma sin salir de un diminuto callejón en el centro de Madrid. Te puedo asegurar que no te arrepentirás. Es hora de comer. Es hora de ser un pompeyano más...