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jueves, 20 de octubre de 2016

CONEJO ASADO A LAS FINAS HIERBAS (En el campo)

La carne de conejo está muy de moda en la actualidad. Son infinidad las recetas que sacan provecho de esta fantástica materia prima, ya que se trata de una carne muy agradecida y que es divertida de comer. Lleva su tiempo, lo disfrutas, mordisco a mordisco, a tu ritmo...

Nos encontramos ante una carne blanca deliciosa y tremendamente sana, debido a su bajo contenido en grasa. Sumemos a todo esto que además es económica. Podemos alimentarnos por muy poco dinero y nuestra imaginación culinaria se verá intacta. 


Para extraer todo su potencial conviene llenarla de personajes secundarios que realcen su sabor. Lo ideal y clásico - soy muy de eso, ya lo sabéis - es juguetear con especias de campo: tomillo, romero, laurel... Y ya si lo acompañamos de buen aceite de oliva y unas patatas tendremos un plato diez. Pero que seguid probando: al ajillo, estofado, con tomate, en un arroz... No hay límites. Os dejo otras opciones hitchcookianas "Conejo asado con patatas" y "Conejo con miel y soja"

Una receta de lo más sencilla y de lo más socorrida que espero que hagáis más pronto que tarde. ¡Mandiles arriba!



Ingredientes (4 personas)

  • 1 conejo limpio y troceado
  • 4 dientes de ajo
  • Tomillo, romero, perejil... 
  • Unas hojas de laurel
  • Vinagre, vino blanco y Aceite de Oliva
  • 2-3 patatas
  • Sal y granos de pimienta
Tiempo


  • 40 minutos


Entendiendo que vuestro carnicero del barrio es gentil, le pedimos que nos trocee un conejo fresco para asar. Trabajo que nos ahorramos en casa y, seamos sinceros, lo hará infinitamente mejor.

Una vez en casa lo limpiamos bien con papel de cocina y lo secamos. NOTA: Si vemos alguna parte que se le haya "pasado", la retiramos. Salpimentamos con alegría todas las piezas y lo vamos colocando en una bandeja de horno, que estará precalentado a unos 180-190º

El majado

En este punto hacemos el majado. Con ayuda del mortero (bendita herramienta culinaria) trituramos los ajos, el tomillo, el perejil y el romero. Que sean frescos, que se nota la diferencia. Añadimos aceite de oliva Virgen Extra, un poco de vinagre y buen vino blanco. NOTA: Ya lo sabéis, el vino que os bebáis es con el que cocináis. 



Horneado

Impregnamos bien todas las piezas del conejo con la mezcla, añadimos unas hojitas de laurel y para el horno. Lo dejaremos cocinar unos 30 minutos. Podemos ir regando con parte del majado para que no se nos seque demasiado.


Mientras el conejo sufre los calores del horno, vamos a preparar la guarnición. Pelamos unas patatas y las cocemos durante 20 minutos. NOTA: Lo mejor siempre es arrancar con el agua fría y llevar a ebullición. Y procurad que cada tubérculo sea más o menos del mismo tamaño, para no llevarnos sorpresas de "una patata cocida y otra no". 

Colamos las patatas, las cortamos en rodajas gruesas y las pasamos por una sartén con un poco de aceite caliente. Les damos caña hasta que se doren bien por ambas caras.

Emplatado 

Disponemos en el centro del plato unas piezas de conejo - dependerá del hambre voraz que tengáis - y regamos con un poco de la salsa resultante de la bandeja. Trazamos un línea de patatas a un lado y espolvoreamos sal gorda y granos de pimienta variada. Una hojita de perejil nos dará un punto de frescor a la vista. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

lunes, 18 de mayo de 2015

ALBÓNDIGAS EN SALSA CON PATATAS A LAS FINAS HIERBAS

Albóndigas. Tal vez uno de los platos más socorridos y agradecidos de toda nuestra cocina. En pocas mesas no habrá estado coronando el centro y siendo pasto de estómagos hambrientos. Entre su infinidad de variantes (tanto de relleno como de salsas) siempre va a predominar una: el aroma casero. Todos/as tenemos ese rastro olfativo generado en los fogones del hogar que nos catapulta de inmediato a tiempos pasados. Abuelas, madres, la casa del pueblo... Da igual donde se haya gestado ese "sabor único e inconfundible", lo difícil es reproducirlo. Aunque no por ello dejaremos de intentarlo. Esta es mi versión clásica. ¡Mandiles arriba!




  • INGREDIENTES (4 personas)

  • 1/2 kg de carne picada de ternera
  • 1 huevo 
  • 50 g de miga de pan 
  • 100 ml de leche 
  • 1 diente de ajo
  • Harina 
  • Salsa Inglesa (un chorrito)
  • Perejil fresco picado
  • Sal, pimienta y Aceite de Oliva

  • Para la salsa 
  • 2 cebollas 
  • 1 zanahoria 
  • 1 pimiento verde
  • 2 dientes de ajo 
  • 1 cucharada de harina 
  • 1 vaso de vino blanco 
  • Sal, pimienta y Aceite de Oliva

  • Patatas a las finas hierbas
  • 3-4 patatas medianas
  • Hierbas: tomillo, romero, orégano, perejil...
  • Tomatitos cherry
  • Sal, pimienta y Aceite de oliva

  • Tiempo: 40 minutos
  • Película comparada: "Senderos de gloria" (Tras receta)

  • Haciendo albóndigas

    Lo primero de todo es poner en remojo la miga de pan en la leche. 

    En un bol echamos la carne picada y agregamos el ajo bien picado, el huevo, la miga de pan remojada en leche, perejil fresco, la salsa Inglesa, sal, pimienta y un chorrito de buen aceite de oliva.

    Mezclamos todo bien. Vamos sacando porciones del tamaño deseado, les damos forma de "pelotilla", las pasamos por harina y freímos en abundante aceite caliente. Sacamos y reservamos.

    A por la salsa

    En una cacerola o sartén sofreímos la cebolla y la zanahoria en brunoise y el ajo picado en un par de cucharadas de aceite de oliva. Rehogamos a fuego moderado hasta que se ablanden.

    Incorporamos una cucharada de harina y removemos para que se tueste ligeramente.

    Añadimos el vino blanco y dejamos evaporar. NOTA: Rascamos bien la base de la sartén (desglasamos) para sacar los jugos de las verduras. Salpimentamos al gusto y echamos un poco de agua o caldo (si hiciera falta) y dejamos cocinar unos 20 minutos.

    Pasado ese tiempo trituramos la salsa (con batidora y luego, si queremos, la pasamos por un chino, para dejar la salsa más fina) La volvemos a poner al fuego y añadimos las albóndigas.

    Dejamos cocinar todo el conjunto 10 minutos a fuego suave.

    Las patatas

    Cocemos las patatas con piel unos 20 minutos (el tiempo dependerá del tamaño) Refrescamos y pelamos con cuidado.

    Las troceamos en cuartos y las salteamos con un poco de aceite, unos tomatitos cherry y las especias que mas os plazcan: hierbabuena, romero, tomillo, orégano, perejil... Ahí ya, vosotros mandáis.  ¡Que aproveche, hitchcookianos!


    Película ideal para degustar este plato

    PATHS OF GLORY 
    ("Senderos de gloria" de Stanley Kubrick, 1957)

    La guerra en el cine es, sin duda alguna, una de las fuentes de inspiración más trilladas y exprimidas por los cineastas a lo largo de los años. Vietnam, la Segunda Guerra Mundial, Corea, la guerra Civil española, Roma, Grecia, Oriente Medio, las colonias asiáticas o las guerrillas sudamericanas, son solo algunos ejemplos que han servido para mostrar al mundo los terrores de la lucha. Pero la Gran Guerra no ha tenido tantos narradores como otras contiendas. Y es aquí donde surge "Senderos de gloria" revalidándose como una obra suprema de las miserias y límites del ser humano en tiempos bélicos.

    Kubrick era un valor en alza a mediados de los años 50. Su visión única todavía estaba por despuntar pero ya se había hecho un hueco en el cine, gracias a su pericia narrativa en obras de corte policíaco tan aplaudidas como "Atraco perfecto" o "El beso del asesino". Antes de abordar grandes superproducciones ("Espartaco", "2001, una odisea en el espacio" o "Barry Lindon") se mete de lleno en el bando francés para realizar un milimétrico estudio del terror, la frustración y la tiranía del oficial sobre el soldado. "Senderos de gloria" es una joya, por la gran destreza técnica (inolvidables los travellings por las trincheras) y por el tema tan espinoso que critica. 
    Sus dardos se centran en la terrible historia de tres soldados condenados por cobardía, tras sobrevivir a un ataque casi suicida ordenado por un "acomodado" oficial galo. A su lado sólo contarán con el ímpetu de su superior Kirk Douglas (también productor y co-alma de la cinta) que entregará su sudor y energía por liberar a este trío desdichado de un fatal e injusto destino. Este alegato contra los poderes de los señores de la guerra, nos estalla en la cara como una granada. Y Kubrick realiza, tal vez, el mejor panfleto anti-belicista de la historia del cine. El fusilamiento es en realidad, el que hace él contra el egoismo, la burocracia, la demagogia, la supremacía...

    Nuestra receta nos muestra dos bandos claramente diferenciados: en materia prima, color y sabor. Las patatas se coronan limpias, nítidas, impolutas sobre el "barro" de la salsa que tiñe la cara de nuestras albóndigas-soldados.

    Por un lado el tubérculo se asemeja a ese grupo de oficiales que observan todo desde la distancia, desde la comodidad de un placido cuartel, sin mancharse las manos... Las finas hierbas surgen aquí como ingredientes suaves, coloristas, que les asean el aspecto y chocan frontalmente contra el espíritu sacrificado de la soldadesca.

    Las albóndigas emergen de la crudeza de la carne picada: jóvenes alistados en una contienda cruel. Por delante les espera el terror de la guerra, del cocinado... y poco a poco se irán "amoldando" (o dando forma de pelota) hasta convertirse poco menos que en robots teledirigidos que, bayoneta en mano, sólo entienden el código de "matar para no ser matado". 

    La salsa de verduras encuentra el paralelismo en el lodo que inunda cada trinchera y que va cubriendo su piel hasta casi hacerla desaparecer. Unas albóndigas que terminarán por ser devoradas, culpables de su propia existencia. A ellas nos se les condena por su cobardía, tal vez, si acaso, por su increíble sabor. Todo un sendero de gloria...

    El juicio lo haremos nosotros y la sentencia correrá a cargo de nuestro paladar. Aunque mucho me temo, que como los tres desgraciados soldados franceses, terminarán atados a un poste (o a un tenedor) y esperando entre el desasosiego y la ira el inevitable ejecutamiento...

    sábado, 14 de junio de 2014

    CARRÉ DE CORDERO CON COSTRA DE FINAS HIERBAS (El noveno pasajero)

    CARRÉ DE CORDERO CON COSTRA DE FINAS HIERBAS
    INGREDIENTES
    1 carré de cordero recental
    1 vaso de vino blanco
    Mostaza de Dijon
    Hierbas (tomillo, romero, orégano, perejil...)
    1 diente de ajo
    Pan duro tostado
    Sal, pimienta y aceite de oliva
    Unos piñones

    Para la tosta de patata
    1 patata
    Sal y aceite de oliva

    Para las cebollitas francesas glaseadas
    6-8 cebollitas francesas
    1 vaso de agua
    2 cucharadas de azúcar
    2-3 cucharadas de mantequilla

    Tiempo: 40 minutos
    Película comparada: ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO (Ridley Scott - 1979)


    Le pedimos a nuestro carnicero (que entendemos es majo) que nos limpie y corte el carré para que nosotros podamos manipularlo en nuestra cocina con la mayor facilidad posible. 

    Lo primero es atar bien la falda del cordero a las chuletas con una cuerda de cocina. La metemos entre los huesos y nos aseguramos bien que quede compacta, de esa manera evitaremos que se nos deshaga. Salpimentamos bien por todas sus caras y las colocamos en una bandeja de barro o de horno.

    Añadimos las hierbas aromáticas: tomillo, romero, perejil, orégano... Y por último incorporamos a la bandeja el vino blanco. Lo horneamos unos 20 minutos a 180º.

    Carré antes del horneado...
    Mientras se hornea vamos a ir con el majado. En un mortero añadimos el diente de ajo y unos granos de sal. Machacamos bien. Incorporamos tomillo, orégano, romero, perejil y seguimos machacando. 

    Luego añadimos un chorro de aceite de oliva y unos trozos de pan duro (puede ser tostado o incluso pan rallado, si no tenemos) Unos últimos golpes y listo.

    Majado de hierbas y ajo
    Aprovechamos que todavía tenemos el carré en el horno y vamos preparando las cebollitas francesas glaseadas. En una cazuela colocamos las cebollas, el agua, el azúcar y la mantequilla. Dejamos que hierva a fuego medio hasta que se consuma casi todo el agua.

    A fuego suave vamos dejando que se caramelice con el azúcar y la mantequilla. Vigilamos con cuidado para que se doren pero no se quemen. Doradito, sí. Negro, no. ;) 



    Sacamos del horno el carré con cuidado. Con la ayuda de un pincel de cocina, pintamos sobre ellas con la mostaza, que hará de "pegamento" para nuestro majado y además le aportará un potente sabor. Acto seguido pincelamos el majado sobre la mostaza. Impregnadlo bien, que se vea y se note. La mezcla de sabores resultará espectacular, os lo aseguro.

    Pincelando el carré...
    Volvemos a meter la bandeja en el horno y terminamos de hornear unos 2-3 minutos. Mientras se remata la jugada, vamos con el último elemento.

    Para la tosta de patata: rallamos una patata, la salpimentamos y la colocamos en una sartén con un poco de aceite. Dejamos que se vaya friendo por una cara y le damos la vuelta. Terminamos de hacer.


    Doramos unos piñones unos segundos en una sartén y ya lo tenemos todo preparado para emplatar.

    En un plato de pizarra (en mi caso) disponemos la tosta de patata para que haga de cama o base. Sobre ella colocamos el carré de cordero con nuestra costra de finas hierbas. Yo lo puse entero pero se puede servir ya troceado. Ahí ya, como siempre, mandáis vosotros cocineros/as. Decoramos con las cebollitas glaseadas y desperdigamos con gracia los piñones por el plato. 


    Maravilloso, delicioso, vistoso, lo disfrutarás en cada bocado. ¡Que aproveche, hitchcookianos!


    Película ideal para degustar este plato

    ALIEN
    ("Alien, el octavo pasajero" de Ridley Scott - 1979)

    Al mirar el plato en su imagen final, con esos huesos sobresaliendo a modo de extraña garra, enseguida mi mente (rocambolesca e inquieta a partes iguales) ha visualizado algún tipo de criatura. Un monstruo con carisma y personalidad cinematográfica que se camufla para luego emerger de entre las sombras y darle el día a los protagonistas o comensales. No se trata de amargar la existencia a nadie, más bien todo lo contrario, y es ahí cuando la lucha cine-culinaria por comparar receta con película se hace grande. Vista la fisionomía del "enemigo" en cuestión, me ha parecido acertado fijarme en una de las más inquietantes, sorprendentes y asfixiantes cintas de suspense (futuristas o no) de los tiempos. Hablo Alien, el octavo pasajero.

    En 1979, Ridley Scott (famoso director de publicidad que únicamente había realizado para el cine la notable Los Duelistas) configura un ejemplar cuento de terror gótico que sobrecoge y clava al espectador en la butaca. El oscurantismo, el agobio, las sombras, los interminables y amenazantes pasillos de la nave Nostromo, son sólo algunas de las virtudes de esta odisea. Una historia aterradora y opresiva que encierra a un grupo de tripulantes en una jaula espacial (sin huida posible) y que serán perseguidos y aniquilados por una extraña presencia, que se gesta en las entrañas de uno de ellos para luego salir de caza. Sólo la heroína de la época, la teniente Ripley (una casi desconocida y estupenda Sigourney Weaver) logrará sobrevivir ante su saciedad, su brutalidad marciana, su gula infinita... 

    Nuestra receta destaca por encima de todo al gran personaje: el alien, o el carré de cordero, claro está. Su protagonismo en el plato es total, como también lo es en la película. Todo gira en torno a él: desde que la larva se pega al casco de uno de ellos, pasando por su aparición en escena a través del estómago de un jovencísimo John Hurt (El hombre elefante, a más señas) y terminando por su transformación en ese bicho babeante y deforme que ya forma parte de nuestra memoria cinéfila. 

    El carré de cordero goza de esa presencia amenazadora, con los huesos emergiendo de la carne, como si fuesen esas letales garras de la criatura. La nave Nostromo se nos muestra aquí como el oscuro plato pizarra que sirve de base para encerrar a todos los personajes: limita la huida, y más allá de ella se abre el espacio infinito... o la encimera. 

    Nuestro alien particular además goza de una virtud propia del personaje de la película: su capacidad de camuflaje. Alien aprovechaba su oscura coraza para adentrarse en las sombras y recovecos de los pasillos o venas de la nave. Esa cualidad le hacía aún más mortífero y terrorífico si cabe. El carré se oculta bajo una capa de mostaza y majado de hierbas, y confunde su presencia ante la tosta de patata. Se convierte así en una continua sorpresa su aparición. 

    Agazapados en una esquina están los tripulantes o cebollitas glaseadas. Acorralados por la feroz criatura. Guerreando por su vida. Esperando el momento ideal para abalanzarse sobre él y partirle las costillas (nunca mejor dicho). Ripley simboliza nuestra verdura especial: un ser que despierta del letargo en crudo, sin ningún tipo de experiencia en la batalla, y que poco a poco (lo que dura un glaseado) se va haciendo más fuerte (o dorando con la mantequilla y el azúcar) para acabar siendo el gran enemigo a batir por el alien. 

    La lucha de sabores, intensos, potentes, muy definidos (la contundencia de la mostaza vs. el dulzor de las cebollitas) culmina en el gran encuentro final. Nosotros somos los únicos testigos de esa encarnizada batalla que se libra en nuestro paladar. Somos, por tanto, el noveno pasajero...