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jueves, 20 de octubre de 2016

CONEJO ASADO A LAS FINAS HIERBAS (En el campo)

La carne de conejo está muy de moda en la actualidad. Son infinidad las recetas que sacan provecho de esta fantástica materia prima, ya que se trata de una carne muy agradecida y que es divertida de comer. Lleva su tiempo, lo disfrutas, mordisco a mordisco, a tu ritmo...

Nos encontramos ante una carne blanca deliciosa y tremendamente sana, debido a su bajo contenido en grasa. Sumemos a todo esto que además es económica. Podemos alimentarnos por muy poco dinero y nuestra imaginación culinaria se verá intacta. 


Para extraer todo su potencial conviene llenarla de personajes secundarios que realcen su sabor. Lo ideal y clásico - soy muy de eso, ya lo sabéis - es juguetear con especias de campo: tomillo, romero, laurel... Y ya si lo acompañamos de buen aceite de oliva y unas patatas tendremos un plato diez. Pero que seguid probando: al ajillo, estofado, con tomate, en un arroz... No hay límites. Os dejo otras opciones hitchcookianas "Conejo asado con patatas" y "Conejo con miel y soja"

Una receta de lo más sencilla y de lo más socorrida que espero que hagáis más pronto que tarde. ¡Mandiles arriba!



Ingredientes (4 personas)

  • 1 conejo limpio y troceado
  • 4 dientes de ajo
  • Tomillo, romero, perejil... 
  • Unas hojas de laurel
  • Vinagre, vino blanco y Aceite de Oliva
  • 2-3 patatas
  • Sal y granos de pimienta
Tiempo


  • 40 minutos


Entendiendo que vuestro carnicero del barrio es gentil, le pedimos que nos trocee un conejo fresco para asar. Trabajo que nos ahorramos en casa y, seamos sinceros, lo hará infinitamente mejor.

Una vez en casa lo limpiamos bien con papel de cocina y lo secamos. NOTA: Si vemos alguna parte que se le haya "pasado", la retiramos. Salpimentamos con alegría todas las piezas y lo vamos colocando en una bandeja de horno, que estará precalentado a unos 180-190º

El majado

En este punto hacemos el majado. Con ayuda del mortero (bendita herramienta culinaria) trituramos los ajos, el tomillo, el perejil y el romero. Que sean frescos, que se nota la diferencia. Añadimos aceite de oliva Virgen Extra, un poco de vinagre y buen vino blanco. NOTA: Ya lo sabéis, el vino que os bebáis es con el que cocináis. 



Horneado

Impregnamos bien todas las piezas del conejo con la mezcla, añadimos unas hojitas de laurel y para el horno. Lo dejaremos cocinar unos 30 minutos. Podemos ir regando con parte del majado para que no se nos seque demasiado.


Mientras el conejo sufre los calores del horno, vamos a preparar la guarnición. Pelamos unas patatas y las cocemos durante 20 minutos. NOTA: Lo mejor siempre es arrancar con el agua fría y llevar a ebullición. Y procurad que cada tubérculo sea más o menos del mismo tamaño, para no llevarnos sorpresas de "una patata cocida y otra no". 

Colamos las patatas, las cortamos en rodajas gruesas y las pasamos por una sartén con un poco de aceite caliente. Les damos caña hasta que se doren bien por ambas caras.

Emplatado 

Disponemos en el centro del plato unas piezas de conejo - dependerá del hambre voraz que tengáis - y regamos con un poco de la salsa resultante de la bandeja. Trazamos un línea de patatas a un lado y espolvoreamos sal gorda y granos de pimienta variada. Una hojita de perejil nos dará un punto de frescor a la vista. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

lunes, 16 de mayo de 2016

BIZCOCHO DE NARANJA Y CHOCOLATE

Siempre lo digo, no soy muy ducho para esto de la repostería. Pero de vez en cuando conviene dejarse caer por la tentación más dulce y ponerse a prueba, que es la única manera de aprender las cosas. Así que en esta ocasión aprovecho unas maravillosas naranjas de Naranjas Lu para convertirlas en un pecado de lo más goloso.

Este bizcocho aromatizado con ralladura y perlas de chocolate os servirá para un buen desayuno, una merienda, o simplemente para ir picoteándolo sin compasión y sin motivo aparente, solo gula. Sólo necesitaréis un poco de paciencia y un horno dispuesto a haceros el trabajo duro. 

Yo no soy especialmente de dulces. Pero os reconozco que toda la fragancia de las naranjas queda impregnada en este bizcocho y lo hace muy pero que muy tentador. Pues venga, que cuanto menos tiempo perdáis leyendo mejor para vuestro estómago. ¡Mandiles arriba!


Ingredientes 
  • 3 huevos
  • 200 grs de azúcar
  • 200 grs de harina
  • 100 grs de mantequilla
  • 1 yogur natural 
  • 10 grs de levadura en polvo
  • 1 naranja grande (su zumo)
  • Ralladura de naranja 
  • Pepitas o perlas de chocolate
  • 1 pizca de sal
Tiempo
  • 50 minutos

En un bol añadimos la harina y la levadura. Mezclamos y vamos a tamizarla sobre otro bol con ayuda de un colador grande. 

Precalentamos el horno a 180º con calor arriba y abajo. Por otro lado derretimos la mantequilla ligeramente en el microondas sin que llegue en ningún caso a hervir. 

Añadimos en el bol el azúcar, el zumo de la naranja, el yogur, la ralladura y la mantequilla derretida. Ahora toca mezclar con paciencia hasta conseguir una masa homogénea. 

Embadurnamos un molde de horno (tipo Plumcake) con aceite o mantequilla - también podéis usar papel de horno para evitar que se pegue - y vertemos la mezcla dentro. Espolvoreamos las gotas de chocolate por la parte superior, hundiéndolas ligeramente en la masa.

Introducimos el molde en el horno a media altura durante 40 minutos, aproximadamente. Siempre conviene comprobar si está hecho metiendo una pincho o brocheta, si sale limpio, ya tenéis el bizcocho en su punto. NOTA: No abráis el horno durante la cocción.

Sacamos del horno, dejamos reposar y desmoldamos con cuidado. Ya sólo queda disfrutar de esta tentación para los más golosos. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

martes, 3 de mayo de 2016

TRUCHA AL HORNO CON COSTRA DE VERDURAS Y PARMESANO (Delicia de mar y huerto)


Amantes del pescado en general y de la trucha en concreto, estáis de enhorabuena. Esta receta es un auténtico lujo que os llevará muy poco tiempo preparar y os aseguro que es una delicia. Un plato de pescado rápido, divertido y que fantasea con diferentes texturas en boca.

Lo único que vamos a necesitar es tener el horno a punto, que es el protagonista de la cocción. Más allá se abre un universo de sabores, aromas, colores... todo un tarro de esencias mediterráneas y saludables para dotar a una solitaria trucha de una vistosidad y jugosidad incomparable. Todo un juego de mar y huerta en la mesa.

Ni qué decir tiene que los elementos de la receta corren a vuestro gusto. Yo os planteo aquí una opción para que cojáis ideas y os soltéis la melena en la cocina. ¡Mandiles arriba! 




Ingredientes (2 personas)
  • 2 filetes de trucha
  • 2 patatas medianas 
  • 1 cebolla morada
  • 1 zanahoria
  • Alcaparras 
  • 1 tomate 
  • 1 bulbo de hinojo 
  • 1 limón 
  • Perejil fresco picado
  • Pan rallado 
  • Queso Parmesano rallado 
  • Sal, pimienta negra y Aceite de Oliva
Tiempo
  • 20 minutos

Lo primero de todo es blanquear las patatas laminadas. Puedes sacar las rodajas finas a cuchillo o con ayuda de una mandolina, teniendo extremo cuidado para no tener accidentes sangrantes. Blanquear es una técnica culinaria que consiste en una semi-cocción de algunos alimentos que luego terminarán de hacerse en otro proceso de cocción más largo (asado, braseado...) 

En una bandeja extendemos papel de horno y echamos un poco de aceite de oliva. Vamos disponiendo las patatas (a modo de repartir naipes de una baraja) por la superficie. Salpimentamos y regamos con otro poco de aceite. Metemos al horno a 200º y dejamos que vaya cogiendo un punto crujiente mientras seguimos con la receta. 


En un bol amplio añadimos la cebolla, la zanahoria, las alcaparras, el tomate y el hinojo. Todo picado muy finamente. Añadimos el zumo de un limón, sal y pimienta al gusto y 2 cucharadas de aceite de oliva. Mezclamos todo bien. Probamos y reservamos. 

Por otro lado mezclamos en un bol el pan rallado, el Parmesano rallado, el perejil picado y un chorrito de Aceite de oliva. NOTA: Si os sobra, podéis reutilizar esa mezcla para rebozados o para albóndigas. Aquí no se tira nada nunca...  

Sacamos las patatas del horno. Colocamos sobre ellas los filetes de trucha ligeramente salpimentados. Vamos a "napar" o cubrir con la mezcla de verduras el pescado. 


Introducimos en el horno de nuevo unos 3-4 minutos.

Por último volvemos a sacar la bandeja y espolvoreamos una cantidad generosa de nuestro pan rallado aromatizado con Parmesano. Volvemos a meter al horno durante 1 minuto. Lo suficiente para que coja color y crocante, no queremos sobre-cocinar el pescado. 

Para emplatar servimos los filetes de trucha y rociamos un poco más de limón y de aceite de oliva por encima. Decoramos con unas hojas frescas de perejil y listo. ¡Que aproveche, hitchookian@s! 

miércoles, 24 de febrero de 2016

ALITAS DE POLLO CON MIEL Y JENGIBRE (Fast Home Food)

Estas alitas de pollo son una delicia y facilísimas de preparar. Tienen un toque dulzón increíble y todos los aromas del jengibre, la cebolla y la soja impregnadas en su jugosa carne. Toda esa mezcla de fragancias exóticas os van a dar un resultado espectacular. Creedme. 

Hay que dejarlas macerar unas 2 horas para que absorban bien todos los sabores. Ese, tal vez, sea el único ""obstáculo", pero os garantizará el éxito. Además usamos jengibre en crudo (del que soy tan admirador) porque es una maravilla de la naturaleza en cuestiones medicinales y beneficiosas para la salud: es un antiinflamatorio natural, facilita la digestión, es anticancerígeno, disminuye las migrañas, ayuda eliminar vértigos y mareos... Todo un compendio de virtudes encerrados en una planta.

Os animo encarecidamente a que incluyáis todo lo posible el jengibre en vuestra cocina. O, sin ir más lejos, en estas fantásticas alitas de pollo que devoraréis sin compasión. Es hora de meterse en faena, así que ya sabéis...

¡Mandiles arriba!

ALITAS DE POLLO ASADAS CON MIEL Y JENGIBRE

Ingredientes 
  • 10 alitas de pollo partidas
  • 1 cda de miel
  • 1 cda de Salsa de Soja
  • 1/2 cebolla
  • Jengibre fresco
  • 1 cda de agua
  • Sal y pimienta blanca
  • Salsa Barbacoa Casera
Tiempo
  • 35 minutos + 2 horas de macerado

Limpiamos las alitas de plumas y las partimos por la zona de unión del hueso. NOTA: No tires las puntas, te pueden servir para aromatizar un buen caldo de pollo casero. 

En un bol amplio añadimos las alitas troceadas. Incorporamos pimienta blanca, sal, salsa de soja, la cebolla troceada y el jengibre. Mezclamos bien y dejamos reposar tapado en la nevera 2 horas, más o menos. Si puedes dejarlas la noche anterior, mejor que mejor.


En un bol echamos la cucharada de miel y la cucharada de agua. Removemos y reservamos.

Precalentamos el horno a 180-190º. Ahora vamos a fabricar un "rack" (rejilla para asar). En mi caso forré de papel de plata la bandeja del horno y coloqué la rejilla dada la vuelta sobre ella.


En la rejilla colocamos las alitas de pollo. Vamos a ir pintando con ayuda de un pincel de cocina cada una con la mezcla de miel y agua. Esa "lacado" les dará luego un toque dulce y un aspecto vibrante.


Las asamos durante 15 minutos.


Pasado el tiempo las sacamos con cuidado, les damos la vuelta y volvemos a untar con la mezcla. Introducimos de vuelta en el horno y las asamos durante 20 minutos más.

Y no hay más. Podemos servir nuestras alitas acompañadas con una buena salsa Barbacoa (tienes el link en los ingredientes) o una salsa de mostaza, o de yogur y menta... Todo casa a la perfección con estas sencillísimas y deliciosas piezas. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

lunes, 12 de octubre de 2015

TOSTA DE HUEVO Y PANCETA AL HORNO

Aperitivo, cena o hasta desayuno contundente. Elige tu ocasión para preparar esta deliciosa y facilísima tosta al horno. Yo te sugiero unos ingredientes, tú puedes eliminar los que quieras y añadir los que más te plazcan: hazlo más vegetariano con unos espárragos trigueros, o más carnívoro con unas lonchitas de salami, o más francés cambiando el Parmesano por un queso Brie... Lo digo y lo diré siempre, es tu cocina, son tus normas, son tus platos, hazlos tuyos. ¡Mandiles arriba!

TOSTA DE HUEVO Y PANCETA AL HORNO
INGREDIENTES (2 personas)2 rebanadas de pan de molde rústico
2 huevos L o XL
50 grs de panceta
Salsa de tomate
Queso Parmesano rallado
Orégano y albahaca
Sal, pimienta y Aceite de Oliva


Tiempo: 10 minutos

Precalentamos el horno a 180º. 

Freímos en una sartén con una gota de aceite la panceta cortada en tiras. Hasta que nos quede crujiente y dorada. Sacamos a papel absorbente y reservamos.

Cogemos cada rebanada de pan de molde y la disponemos en una bandeja de horno, ligeramente untada de aceite.

En cada rebanada hacemos una leve hendidura (sin romper nunca la miga) a modo de "nido". En los laterales sobrantes extendemos una buena capa de salsa de tomate. 

En cada hoyito echamos un huevo (no importa si se sale de la costa, al cuajarse quedará de vicio) y salpimentamos la yema. Incorporamos la panceta reservada y rallamos queso Parmesano por encima. NOTA: Aquí puedes añadirle unos tomatitos cherry, unos champiñones, un poco de calabacín sofrito, atún desmigado... Tu imaginación manda.


Metemos en el horno de 5 a 7 minutos. NOTA: Id vigilando para dar con la textura ansiada: yema más o menos cuajada. Vuestro horno es vuestro amigo pero... hay que estar encima de él para que no nos la líe.

Sacamos y servimos en platos individuales. Espolvoreamos orégano y un hilillo de un buen Aceite de Oliva Virgen Extra y decoramos con una hoja de albahaca. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

jueves, 1 de octubre de 2015

POLLO TANDOORI (Paso a Paso con Indy)

Esta espectacular receta trata de asemejarse al clásico de la cocina india, y ha sido posible gracias a la inestimable ayuda de Anmol Manghnani y su maravillosa tienda Sabores del Mundo, que recomiendo encarecidamente. El pollo Tandoori (que significa "horno") es un plato tradicional plagado de aromas y que lleva su tiempo preparar. Pero os aseguro que una vez que os metáis "en faena" repetiréis. Que no os asuste el número de ingredientes, en esta ocasión hay que explotar el sabor. De ahí que la película elegida haya sido una peripecia de Indiana Jones, porque hablamos de una aventura cine-culinaria con alma hindú. Esto comienza ya... ¡Mandiles arriba!

POLLO TANDOORI

INGREDIENTES (4 personas)
1 kg de pollo (yo usé contramuslos y jamoncitos), 4 yogures naturales, 1 cada de harina de trigo, 1 cda de Maizena, 1-2 cdas de zumo de limón o lima, 2 cdas de Patak's Tandoori Paste,
1 cda de Shaan Tandoori Mix Powder (potenciador), 1 cda de Garam Masala, 2 cdas de jengibre fresco picado, 2 cdas de ajo picado, 1 cdita de colorante rojo, 1 cdita de colorante amarillo, hierbabuena y cilantro picado, 2 cdas de Aceite de Oliva, Sal


Tiempo: 2 horas + 24 horas de macerado
Película comparada: "Indiana Jones y el Templo Maldito" (TRAS RECETA)

Se trata de una preparación de lo más entretenida. Es cierto que lleva infinidad de ingredientes pero que eso JAMÁS os tiré para atrás. Si no dais con alguno, NO PASA NADA, tirad con vuestros recursos y lo que tenga a bien disponer vuestra despensa.

Lo importante es "asemejar" el sabor y textura al "tandoori", y la mayoría de ingredientes se pueden adquirir sin problemas en la tienda Sabores del Mundo en Madrid o en cualquier gran superficie.

Macerado

En un bol amplio introducimos los yogures, el jengibre y el ajo picado (o en puré con ayuda de un machaca-ajos), el aceite, los colorantes (no pasa nada si no tenéis, sólo variará el color pero el sabor permanecerá intacto) y todas las especias.



Añadimos la Pasta Tandoori, las hojas de cilantro y hierbabuena picadas, el zumo del limón y sal. Mezclamos todo bien hasta conseguir una pasta homogénea.

Incorporamos la harina y la Maizena, que podemos "tamizar" con ayuda de un colador pequeño para que así nos salga bien fina. Volvemos a mezclar todo el conjunto bien.


Limpiamos, lavamos y secamos los trozos de pollo. Les practicamos unos cortes con un cuchillo afilado en la piel para que el macerado se integre bien con el pollo.



Los incorporamos al bol. NOTA: Si no queremos mancharnos podemos colocarnos unos guantes de látex (de usar y tirar) para mezclar el pollo con el macerado.


Tapamos el bol con papel film y dejamos reposar en la nevera 24 horas. De esa forma garantizamos que el pollo salga mucho más jugoso.

Al día siguiente...

Ponemos a calentar el horno a 150-160º

Untamos con un poco de aceite una bandeja de horno y colocamos encima el pollo bien impregnado de la salsa del macerado. Cocinamos el pollo durante 2 horas. Así tendremos una carne mucho más tierna.


NOTA: El "tandoori" debe quedar seco y bien dorado. Podemos calentar en una sartén la salsa del macerado y servirla aparte.

Por otro lado cocemos un poco de arroz basmati en agua.

Picamos un poco más de cilantro fresco y nos preparamos para el emplatado.

En un plato disponemos un contramuslo y un jamoncito de pollo por comensal. Acompañamos con el arroz basmati servido sobre un molde y espolvoreamos un poco de cilantro fresco picado.

Todo un viaje culinario que despertará vuestros sentidos, creedme. ¡Que aproveche, hitcookian@s! 


Película ideal para degustar este plato
"INDIANA JONES AND THE TEMPLE OF DOOM"
("Indiana Jones y el templo maldito" de Steven Spielberg - 1984)

Está claro que esta receta supone toda una aventura en la cocina. Desde el macerado, la mezcla de especias hasta la consumación en el horno. Es una odisea de lo más entretenida plagada de "baches" y retos. 

Allá por los 80, Steven Spielberg (que ya se había ganado el beneplácito de crítica y público con sus joyas setenteras como "Tiburón", "Encuentros en la tercera fase" o "El diablo sobre ruedas") se había planteado revitalizar el género de aventuras en toda regla. De esa forma emerge en el colectivo celuloide Indiana Jones. Un imposible e inquieto arqueólogo que surca el globo terráqueo salvaguardando tesoros, combatiendo enemigos (en su mayoría nazis) y rehaciendo injusticias a  latigazo limpio. "En busca del arca perdida" fue el pistoletazo de salida a este héroe de acción, conocido por todos y cuya presencia es diversión en estado puro.

Mirando el trepidante ritmo de la receta y sus origenes indios, no podía posar mi alocada mirada en otro lado más que "en el templo maldito". La segunda entrega de Spielberg que hizo en 1984 tras alcanzar la cima total del éxito con "E.T". Para muchos esta "andanza" es la "menor" de la trilogía (no contemplo la infumable cuarta) pero eso no significa que esté carente de emoción, de antológicas secuencias, del clásico humor socarrón de Indy y de una narración vertiginosa. Quizás los elementos infantiles (por primera y única vez usa de co-protagonista a un niño, Tapón) le resten algo de valor. Aún así "En el templo maldito" se erige como una fantástica carrera en las entrañas de India, sembrada de piruetas imposibles, de pasión cinematográfica, de cariño por el género, de entretenimiento endiablado...

Nuestra receta se mueve en el ámbito de la aventura. Su procedimiento se me antoja un divertimento cine-culinario frenético y muy parecido a esta andanza de un aguerrido Indiana (Harrison Ford), la histriónica y pusilánime cantante de club (Kate Capshaw) y su fiel secuaz Tapón (Johnatan Ke Quan, aquel ingenioso niño de la tropa de Los Goonies).

Por un lado nos encontramos en un club de Shanghai, donde empezarán a entremezclarse la vida del trío protagonista. Indy se ve inmerso en un turbio negocio y acaba (como tiene que ser) enfrentado a la mafia china en una pelea maravillosa. Un antídoto, un veneno, una piedra preciosa y una alocada cantante ansiosa de joyas se suman a esta ecuación. En nuestro bol (o club) los ingredientes van juntándose y mezclándose en una batalla orquestada por nuestro sentido del gusto. Y poco a poco vamos siendo testigos de cómo sus caminos acaban por entrelazarse para un destino común. La cantante e Indy saltan por la ventana (parapetados tras un gigantesco Gong) y, tras atravesar varios toldos en la caída, terminan en el coche pilotado por Tapón. Los ingredientes se han unido...

A partir de aquí la odisea de nuestro macerado protagonista deambula por apasionantes paisajes (llegando hasta una aldea india gris y vacía de niños) y vertiginosos obstáculos que salvar: saltos en avión con una lancha hinchable, caídas por precipicios, túneles infestados de insectos, trampas letales... Es decir, se le van sumando especias, pasta Tandoori, harina, ajo, jengibre, etc. Elementos que hacen evolucionar la historia, que la llenan de emoción, de sabor, de vibrante energía.

Y así es cómo el pollo (tal vez ejemplificado en el tridente aventurero) se ve sumergido de lleno en la petición del anciano jefe del pueblo: recuperar las piedras sagradas robadas y traer de vuelta a sus hijos, esclavizados en un maldito templo. Indy y compañía se empapan en el macerado indio y entran, de inicio, en el palacio (o frigorífico) gobernado por un sádico infante en calidad de invitados. Y se dejan convidar por una cena (mundialmente famosa) de sesos de mono y serpientes rellenas. Por suerte, nada tiene que ver con nuestra receta...

Pero una vez que la sospecha se cierne sobre Indy, descubre las terribles catacumbas de niños-mineros, de rituales maléficos (con "ataques al corazón" incluidos) y de fosos de lava. Lo que en nuestra mente se asemeja a ese incandescente horno. El pollo se mete de lleno en las entrañas del templo y es ahí donde se desata la aventura. Durante el horneado nuestro plato va sufriendo diversos procesos (se dora, se seca, se consume el macerado, se cocina...) como los sufre el arqueólogo, que cae preso de una maldición para luego ser traído de vuelta por su joven acompañante. El fuego o el calor son los elementos clave... Más semejanza imposible.

Y llega la contienda final. La liberación de los niños y la apasionante y brillante huida por los túneles a lomos de una vagoneta. Nuestro pollo acelera su cocción para evitar la tromba de agua que pretende ahogarlo. Y en su carrera acaba en medio de ese puente colgante (o plato). A un lado enemigos (tu cuchillo), al otro lado más enemigos (tu tenedor). A Indy (o a ti) no le queda otra que partirlo por la mitad...

Finalemente la vida de la aldea vuelve a brillar, la naturaleza emerge y lo que antes era oscuridad ahora es vida. El pollo en su resultado final es el ejemplo de ello: un dorado maravilloso, el verde color del cilantro fresco, el aroma del arroz basmati... Se acabó el templo maldito. Sólo os queda besar a la chica o al héroe y que una cría de elefante os bañe de agua para beneplácito de los comensales... 

martes, 18 de agosto de 2015

PECHUGA DE PAVO CON SALSA DE NARANJA Y VERDURAS AL HORNO (Misery)

Plato sano, vistoso, aromático, jugoso y mucho más fácil de preparar de lo que pueda parecer. Esta pechuga de pavo tiene todos los elementos para ser un clásico de vuestra cocina. Sinceramente, hay veces en las que a uno le apetece salirse de la "era del pollo" y probar otras aves. La carne de pavo es especialmente nutritiva y digestiva, pero conviene alegrarla un poco para sacarle el mayor partido posible. Aquí vamos a aromatizar con especias y jugo de naranja y a acompañar a esta estrella de la gran pantalla culinaria con unas verduritas asadas para completar la jugada maestra... ¡Mandiles arriba!

PECHUGA DE PAVO CON SALSA DE NARANJA Y VERDURAS AL HORNO
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INGREDIENTES (4 personas)
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2 pechugas de pavo (o 1 si es grande)
300 grs de patatas pequeñas (de guarnecíón)
16 zanahorias tiernas (o baby)
5 dientes de ajo
2 naranjas
1 cda de granos de pimienta negra
3 clavos de olor
Perejil fresco
Sal y Aceite de Oliva Virgen Extra

Tiempo: 50 minutos + 1 hora (mínimo) de marinado

Película comparada: "MISERY" (Tras receta)



Empezamos la odisea.

Limpiamos bien la pechuga de pavo y la disponemos en una bandeja de horno. En mi caso era una Señora Pechuga, así que había más que de sobra para 4 comensales más la guarnición.

En un mortero echamos los granos de pimienta negra, los clavos de olor, 1 diente de ajo y un pellizco de sal. Machacamos bien hasta triturar todo mientras añadimos aceite de oliva. 

Vamos a embadurnar la pechuga de pavo completamente con la mezcla de especias.


Acto seguido exprimimos dos naranjas y añadimos su zumo a la bandeja. Dejamos reposar en la nevera una hora por lo menos. Iremos regando con el zumo de vez en cuando para que coja el sabor. 


Una hora después lavamos y pelamos las verduras (salvo los ajos, que los dejaremos con piel y ligeramente machacados) y ponemos a precalentar el horno (calor arriba y abajo) a 180º. 

Primero metemos la pechuga de pavo sola en el horno durante 20 minutos añadiéndole un chorrito extra de aceite de oliva. 


Tras pasar los 20 minutos, sacamos con cuidado y colocamos todas las verduras alrededor de la pechuga de pavo e introducimos al horno unos 30-35 minutos más. (Podemos añadir un hilo de aceite sobre las verduras y sal) NOTA: La pechuga nos tiene que quedar doradita por fuera y muy jugosa por dentro, por lo que la deberemos ir regando cada 10 minutos con la salsa.


Ya sólo nos queda emplatar. Yo opto por "lonchear" la pechuga, que queda más vistoso y es más cómodo de comer y servir. Disponemos en un plato 3-4 trozos y acompañamos con nuestras verduras asadas. Regamos con un poco de la salsa de naranja de la bandeja y decoramos con unas hojas de perejil fresco. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 



Película ideal para degustar este plato
"MISERY" 
(Rob Reiner, 1990)
Sé que la comparación no parece muy nítida a simple vista. Pero en este ejercicio de cine-cocina o co-cinefilia hay que ir siempre un poco más allá de las primeras apariencias y dejarse llevar... La extraña sensación de ver ese "trozo de carne" tendido sobre la bandeja y el plato me han evocado de forma irremediable a ese escritor desquiciado que acaba sufriendo las artes psicópatas de su "fan número uno". En efecto, mi mente se ha ido a la gran obra del terror psicológico de los 90 , se ha ido a  a la claustrofobia y asfixiante"Misery".

Rob Reiner (ejecutor de obras clave como "Cuando Harry encontró a Sally", "Algunos hombres buenos" o "Cuenta conmigo") llevó a la gran pantalla la popular novela del no menos popular Stephen King, en la buena pluma del gran William Goldman (que entre otras ha firmado el guión de "La princesa prometida", "Dos hombres y un destino" o "Marathon man", casi nada). El tridente confecciona una terrorífica pieza que se mueve entre el minimalismo del espacio (una casa en el bosque y poco más) y un duelo interpretativo a un nivel superior.

Y es que tanto James Caan como el sufrido escritor accidentado como Kathy Bates (justísima merecedora de un Oscar por su papel de Annie Wilkes, una admiradora cruel y despiadada) desempeñan unas interpretaciones colosales: el temor del cazado y la frialdad temible de la cazadora. El suspense, la ira, la claustrofobia, la angustia, la calma y la cólera desatada que inundan cada una de las secuencias nos sumergen en un estado de continuo desasosiego. En "Misery" (nombre del personaje ficticio de las novelas de Paul Sheldon, papel de Caan) sufrimos los martillazos en los tobillos, sudamos con la figurita del pingüino, queremos huir pero no podemos... Reiner y su elenco consiguen maniatarnos en esa espiral de agonía, de impotencia, de frustración, de pánico absoluto. Annie quiere que resucite a su personaje favorito, le obliga a reescribir la historia a su antojo. Paul debe teclear para sobrevivir. Simple premisa, impredecible desarrollo.

Nuestra receta goza de un protagonista total y absoluto como la pechuga de pollo. Que en nuestra perturbada mente se desdobla en los dos personajes de "Misery". Por un lado, como decía unas líneas antes, se me asemeja a ese escritor de éxito que tras sufrir un accidente de coche se ve postrado en una cama bajo los cuidados de su "amable" salvadora. La pechuga de pollo en este caso se nos tumba sobre el plato-cama, atendido por la guarnición, y que poco a poco (a medida que se proceso el cocinado) ve cómo se "oscurece" o "dora" su destino fatal.  Todas esas verduras coloristas van tostándose con el calor del horno (o de la curación por parte de la enfermera) y van mostrando sus zonas más negras: lo que antes era gentileza, se trastorna en locura. Y en hambre de venganza...

Por otro lado podemos tomar la pechuga de pavo en el doble gesto de Annie Wilkes, esa enfermera solitaria y retraída, que oculta bajo su rostro de amabilidad, una perversa intención criminal. En un inicio (cuando le saca de los amasijos del coche y le lleva a su hogar para curarle) Annie es una mujer afable, simpática, algo tímida y vergonzosa, y para colmo, admiradora en ciernes de la obra "Misery" de Sheldon. Es decir, se nos muestra sonrosada, impoluta, sin un ápice de maldad o grasa, como la pechuga de pavo.

Su conducta empieza a virar cuando elementos como el clavo, la pimienta o el ajo se impregnan en ella. Cuando recibe la información que "Misery" no va a volver a la vida, le supone un varapalo tremendo, puesto que sus novelas la mantienen viva, apasionada... Es ahí donde la oscuridad del macerado se cierne sobre Annie. Sus respuestas a su ídolo empiezan a ser más ácidas (tal vez proporcionadas por la naranja) y lo que antes era una situación calmada, ahora es inquietud. 

El horno, el calor de la ira, terminan por nublar y ennegrecer su personalidad. Llegando hasta límites tan desproporcionados como violentos: los martillazos en los tobillos para evitar que escape, el suministro de pastillas, los pinchazos, los gritos coléricos, la amenaza constante... Al final, Annie ya no es esa pechuga de pavo tímida y sin sal. En los últimos coletazos su locura llega a los límites más inhumanas posibles. Recubierta por una corteza proporcionada por el asado, enloquecerá por mantener a su lado a su gran ídolo. 

Nosotros somos Annie. Nosotros somos Sheldon. La pechuga de pavo es nuestra particular "Misery". Y haremos lo imposible por mantenerla a nuestro lado... o en nuestro estómago.

jueves, 21 de mayo de 2015

PECHUGA DE POLLO RELLENA (Psicosis)

Sin duda, uno de mis mejores "experimentos" culinarios. También hay que señalar que el nivelazo de ingredientes aventuraba un buen resultado, pero la combinación de todos, me ha traído una receta deliciosa y cargada de texturas. Como siempre digo, aquí lo único que vale es que cada uno tire de su intuición (y de su despensa) para realizar el plato a su gusto. El relleno puede ser de lo que queramos: verduras, jamón serrano y queso (a modo de "cachopo" improvisado), incluso frío se me ocurre, rellenándolo de una buena ensalada y dejando atemperar el pollo... Como veis no hay límites para esto de la cocina, mientras sea de vuestro agrado. Así que... ¡Mandiles arriba!

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INGREDIENTES (2 personas)


Para el maridaje
2 pechugas de pollo limpias
Aceite de Oliva Virgen Extra
Ajo en polvo
1 limón (zumo y ralladura)
Especias: orégano, albahaca, perejil...


Para el relleno y la salsa
6 lonchas de queso francés cremoso (tipo Brie)
4 tomates secos en aceite de oliva
100 grs de champiñones
Rúcula
1 limón
Un poco de agua
1 cda de miel
1 cda de salsa de soja


Para la ensalada
Rúcula lavada
Lascas de queso Parmesano
Vinagre de Módena
Sal, pimienta y Aceite de oliva Virgen Extra

Tiempo: 30 minutos + 30 minutos de marinado
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Película comparada: PSICOSIS (Tras receta)


Marinado

Lo primero de todo es dejar marinando el pollo. Para ello limpiamos bien las pechugas y las secamos con papel absorbente. Las salpimentamos al gusto y las disponemos en una bandeja. Espolvoreamos ajo en polvo (también podría ser un diente de ajo machacado), las especias y rallamos la piel del limón (sin coger nada de parte blanca, que amarga).

Rociamos bien con el zumo del limón y un chorro generoso de aceite de oliva Virgen Extra, y tapamos y dejamos reposar en la nevera unos 30 minutos.

Mientras tanto...

Lavamos los champiñones bajo el chorro de agua fría y secamos frotando un paño húmedo. De esa manera nos aseguramos de quitar restos de tierra. 

Troceamos en láminas y salteamos en una sartén con un chorrito de aceite. Salpimentamos al gusto y reservamos. No es su momento todavía...

Relleno y salsa

Precalentamos el horno a 200º

Sacamos las pechugas de la nevera y calentamos un par de cucharadas de aceite en una sartén (NOTA: Nos vale la sartén de los champiñones). Vamos a sellar el pollo, NO TIENE QUE HACERSE, ya que luego terminará su cocción en el horno. Nos vale con darle un bonito color dorado. Con tres minutos por cada lado bastará. OJO QUE NO SE QUEME, así que controlad la potencia del fuego.

Sacamos a una bandeja de horno las pechugas. Y aprovechamos los jugos que han quedado en la sartén para hacer la salsa. Para ello, vertemos todo el líquido que nos quede del marinado en la sartén y lo calentamos para que reduzca. Añadimos la miel y la salsa de soja y dejamos que hierva un par de minutos. Apartamos del fuego.

Cuando las pechugas se hayan enfriado un poco, les haremos un corte en el medio "a modo de libro" para poder meter el relleno. NOTA: No hay que llegar al fondo, basta con un poco más de la mitad, espacio más que suficiente para introducir el resto de ingredientes. 

Vamos rellenando las pechugas con la rúcula, los tomates secos, las lonchas de queso cremoso y por último los champiñones salteados. Lo "cerramos" con la ayuda de unos palillos o brochetas para evitar que se nos salga durante el horneado. 

Por último regamos con la salsa de reducida con miel y soja por encima de las pechugas. Esto le dará una cobertura dulzona y crujiente que le viene de maravilla. Metemos en el horno unos 10 minutos.

Emplatado

Pasado el tiempo sacamos las pechugas con cuidado y retiramos los palillos. Las colocamos en un plato y acompañamos con una ensalada de rúcula y Parmesano (yo saqué las lascas con ayuda de una mandolina) y aliñamos con aceite, vinagre de Módena y sal. 

De verdad que este "experimento" resultó todo un éxito, así que no dudéis en acometerlo y comentarme la jugada. ¡Que aproveche, hitchcookianos!

Película ideal para degustar este plato

PSYCHO
("Psicosis" de Alfred Hitchcock, 1960)


Si hay alguien en el cine, cuya cabeza está "rellena" de matices, personalidades, turbulencias e ingredientes psicológicos, ese es Norman Bates. 

En su atormentada existencia coexisten dos personas en un mismo cerebro: el tímido dueño de un motel de carretera y su posesiva y celosa madre. De ese modo, asemejamos nuestra receta de hoy con la difícil convivencia mental del personaje. Así surge en la comparación cine-culinaria la archiconocida, maravillosa y descomunal obra maestra "Psicosis".

Pocos no conocerán esta pieza del maestro Hitchcock. En la retina cinéfila siempre quedarán la escena de la ducha, la música chirriante, el monólogo final de la madre, el asesinato del investigador escaleras abajo... pero "Psicosis" es mucho más. El maestro del suspense acomete la década de los 60 dejando tras él una ristra gigante de piezas fundamentales para el entendimiento del "cine" como espectáculo y técnica narrativa.

Cuando en 1960 un director tan asentado y respetado decide adaptar la polémica novela de Robert Block, se encuentra con un sinfin de problemas de producción. Así que decide echarse a las espaldas todo el proyecto y tirar de su equipo de televisión para acometer esta obra, que a la postre, se convertiría en su película más rentable y de las más aplaudidas. Rodada en blanco y negro (cosa rara ya en la época), Hitchcock aterroriza a medio mundo gracias a su destreza técnica y a sus dotes para cargar de potencia visual cada plano, aparentemente, insignificante. Todos los detalles cuentan y aquí consigue dotar de una intensidad emocional única este baile de asesinatos anónimos, de fantasmas maternos, de investigaciones, de torbellinos psicológicos, de miedos cotidianos...

"Psicosis" tal vez sea la obra más terrorífica del director, nunca antes se había mostrado tan abierto a "asustar" al espectador. Pero no por ello deja a un lado las señas de su cine: investigación policíaca, madres posesivas, falsos culpables, mujeres desprotegidas, sexo, romanticismo obsesivo... Por primera vez añade el terror a la ecuación y lo hace de una manera directa, frontal, sin tapujos, recreándose en el asesinato, en una sombra en la ventana, en una puerta que se abre, en un ojo que espía a través de un agujero en la pared... Todos esos detalles que le hacían inconfundible y único.

Nuestra receta parte del hecho de tener un ave como elemento principal. De ese mismo modo Norman Bates (un Anthony Perkins descomunal en su inquietante timidez) goza del hobby de la taxidermia, y diseca aves como pasatiempo para soportar la soledad de un motel semi-abandonado. Nuestra pechuga de pollo se muestra "fosilizada", inmóvil, cosida por brochetas y rellena (no de serrín) pero sí de ingredientes que la mantienen firme y erguida ante el ojo humano.

Pero pongámonos un poco más psicoanalistas. Tomemos la pechuga de pollo como paralelismo de la mente de Norman. Es una pieza cruda, blanda, moldeable... como lo era él antaño. A medida que la muerte de su madre le va sometiendo, su cabeza va "cocinándose" y endureciéndose. Lejos queda ese chaval tímido y afable; lejos queda esa pieza rosácea e inmaculada. Ahora se ha "ennegrecido". 

Y en su mente, ya desprovista de mecanismos de defensa, va penetrando la influencia de la madre. Tomate seco, rúcula, champiñones o queso, son los ingredientes que dominan su voluntad, que a nuestros ojos son: celos, posesión, sobreprotección y asesinato. Cuando la improvisada ladrona Marion Crane (Janet Leigh) se establece por casualidad en el motel, estalla la cólera materna. La mitad de Norman que la desea compasivamente, desata el deseo de la mitad de la madre por quitársela de en medio y seguir siendo "la única mujer de su vida". 

La salsa, esas gotas de salsa que tiñen el plato blanco (o la bañera) se nos antojan como ese reguero de sangre que va salpicando la ducha del terror. El cuchillo hace su función (como lo hará con nuestra pechuga) para acabar con la amenaza de la sexualidad y sensualidad que supone la "rubia". Nosotros entramos en una "Psicosis" para afrontar este recetón con las ansias de Norman. Y en nuestra mente no hay dos mitades: solo una voz que lo gobierna todo (como la madre en el final) y que nos susurra en la caverna del cerebro: "cómetelo, no dejes nada". Malo sería si no le hiciésemos caso...


miércoles, 11 de marzo de 2015

SARDINAS AL HORNO CON COSTRA DE AJO Y ROMERO (Cena#76)


Siempre hay problemas para cocinar sardinas en casa. Sobre todo por el olor que desprenden y que, probablemente, hace que se arrimen a nuestra puerta todos los gatos del barrio. Para ello la mejor solución es prepararlas al horno. Más fácil, manchamos menos y, ya puestos, son más sanas. En esta ocasión os traigo una receta inspirada en una que vi en www.lacocinadelechuza.com. Me encantó su propuesta y he aquí mi "hitchcookiano" homenaje o versión a cámara rápida. Os aseguro un resultado espectacular y así ya tenéis otra idea para asaltar este sabroso pescado. ¡Mandiles arriba!

INGREDIENTES (2 patatas)
8-10 sardinillas abiertas y limpias
2 patatas
1 cebolla
2 dientes de ajo
Romero
Sal, pimienta y aceite
Panko (pan rallado japonés)

Tiempo: 20 minutos

Vamos precalentando el horno a unos 200º con calor arriba y abajo.

Preparando todo

Como nuestro pescadero es generoso y eficiente (o eso espero), nos habrá preparado ya las sardinas para cocinar nuestra receta sin tiempo que perder. Si no, os toca la ardua tarea de limpiarlas a conciencia, quitarle la cabeza y las espinas y lavarlas bien. Eso por un lado.

En una sartén con abundante aceite caliente, echamos las patatas cortadas en láminas (como para tortilla de patata) y la cebolla en juliana. Lo vamos a ir pochando todo unos 10 minutos vigilando que no se nos quemen.

Una vez listas las sacamos sobre papel absorbente para escurrir el exceso de grasa.

En un bol echamos los dientes de ajo muy picados, el romero picado y el Panko (podéis usar otro tipo de pan rallado, aunque éste le da una textura bastante crocante) Lo mezclamos todo.

Hora del horno

En una bandeja ponemos una "cama" con las patatas y la cebolla. Sobre ella disponemos las sardinas con la piel hacia arriba y espolvoreamos nuestra mezcla de pan rallado, ajo y romero por encima hasta cubrirlas por completo.

Metemos en el horno y dejamos cocinar unos 5-7 minutos. 

Sacamos con cuidado y emplatamos. Terminamos decorando con una ramita de romero fresco y listo. ¡Que aproveche, hitchcookianos!