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miércoles, 18 de mayo de 2016

POLLO EN SALSA DE LIMÓN SOBRE QUINOA (Cítricamente tuyo)

POLLO EN SALSA DE LIMON SOBRE QUINOA

Como ferviente admirador de la quinoa y del pollo, toda mezcla que haga con ambos ingredientes siempre será un éxito arrollador. En esta ocasión le dejamos todo el protagonismo al limón, para que domine a su antojo el macerado y la salsa. 

Os va a encantar esta receta porque el pollo se carameliza con la salsa y queda muy jugoso. Si a esto le añadimos los beneficios nutritivos de la quinoa (que ya sabéis que son muchísimos) y un punto picante, tenemos una receta sencilla, potente, aromática y muy pintona. Si no tenéis quinoa a mano siempre podréis usar arroz basmati o cus cus. Yo os ofrezco la idea con paso a paso para que no perdáis detalle, vosotros la ejecutáis a vuestro antojo. ¡Mandiles arriba! 

POLLO EN SALSA DE LIMON SOBRE QUINOA

Ingredientes (2 personas)

  • 350 grs de pechuga de pollo troceada 
  • 2 cdas de Salsa de Soja
  • 1 cda de Vinagre de Arroz 
  • 1 limón exprimido
  • 1 cda de Aceite de Oliva
  • Sal y pimienta negra 
  • Cilantro fresco y guindilla seca (opcional)
  • 100 grs de quinoa 
  • 200 grs de agua o caldo de pollo
Para la salsa de limón

  • 1/2 taza de caldo de pollo
  • 1 limón exprimido
  • 2 cdas de miel
  • Piel del limón
  • 1 cda de Maicena (harina de maíz) 
  • Jengibre en polvo 
Tiempo
  • 25 minutos

La quinoa 

La lavamos con cuidado y la ponemos en un cazo. Añadimos el doble del líquido que elijáis y llevamos a ebullición. Dejamos hervir a fuego suave durante 15 minutos con la tapa puesta.

Las mezclas 

En un bol incorporamos el pollo - bien limpio y seco -  y añadimos la salsa de soja y el vinagre de arroz. Mezclamos bien para que la carne se impregne bien. Tapamos y dejamos macerar en la nevera unos 10 minutos. NOTA: Cuanto más tiempo mejor, pero a veces la prisa nos persigue...


Pasado ese tiempo lo colamos y lo pasamos a un plato. Lo salpimentamos bien pero midiendo, que al llevar soja nos podemos pasar de sal. Una idea sería usar Salsa de soja Baja en sal.

Exprimimos un limón en la mezcla de pollo y lo removemos todo.

Por otro lado preparamos la salsa de limón. Para ello incorporamos todos los ingredientes y removemos bien. Ya tenemos todo listos para salir a escena.

A la sartén

Calentamos un poco de aceite en la sartén y salteamos el pollo unos 5 minutos, hasta que no tenga ningún color rosado en ninguna de sus caras. Pasamos el pollo a un plato y reservamos.


En esa misma sartén vertemos la salsa de limón que teníamos reservada. Cocinamos durante 2-3 minutos a fuego medio-alto, que vaya reduciendo y espesando. 


Reincorporamos el pollo a la sartén y removemos con cuidado para mezclarlo con la salsa. Que vaya caramelizándose.


Ya sólo nos queda emplatar. Colocamos en bola individuales la quinoa cocinada. Sobre ella incorporamos el pollo glaseado y vertemos un poco más de esa salsa. Terminamos espolvoreando cilantro fresco picado, guindilla seca (u otra salsa picante que te guste) y decoramos con unos gajos de limón, que para eso es el protagonista. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

sábado, 8 de junio de 2013

POLLO AL LIMÓN ESTILO CHINO

INGREDIENTES (2 personas)

4 filetes de contramuslo deshuesado
2-3 cucharadas de Salsa de soja

Para el rebozado
2 huevos
2 cucharadas de Maizena
1 cucharada de Levadura Royal
Sal y pimienta negra
Aceite para freír

Para la salsa de limón
300 ml de caldo de Pollo
80 grs de azúcar
1 cda de Maizena
Zumo de 1 limón
4 rodajas de limón

Duración: 30 minutos (+ 1 hora de maceración mínima)
Película comparada: 55 DÍAS EN PEKIN (Al final de la receta)

Uno siempre tiene la curiosidad y la osadía por ver si es capaz que sus platos logren asemejarse a sabores ya conocidos. El pollo al limón clásico de los locales chinos ha sido siempre de mis favoritos y era cuestión de tiempo intentar plagiarlo. Miré recetas, vídeos, me faltó asaltar una cocina oriental y amenazar al chef de turno para que escupiese el secreto. Al final hice una mezcla de trucos y consejos y sorprendentemente di con una fórmula bastante parecida. Se acabaron las llamadas infinitas al tele-chino. Llegó la hora de hacerles la competencia. He aquí el proceso. Silencio... se cocina.

Marinado

Limpiamos de telillas y nervios el pollo y lo troceamos  (o los dejamos enteros y los troceamos al final de la receta, al gusto) y los salpimentamos ligeramente. 


Ponemos los trozos en un bol y añadimos la soja. Revolvemos bien para que se impregne todo, tapamos con papel film y dejamos en la nevera 1 hora.

Rebozado y fritura

En un bol añadimos la maizena, la cucharadita de levadura (tipo Royal), 2 huevos, sal y abundante pimienta negra molida. Removemos con ayuda de unas varillas hasta conseguir que espese. Es una especie de tempura que da al rebozado una textura muy buena y crujiente.

Pasado el tiempo de maceración, sacamos el pollo y dejamos que se atempere unos minutos. En una sartén echamos bastante aceite de girasol o de oliva (el que más os plazca) y calentamos. Pasamos el pollo marinado por la mezcla del rebozado y freímos a fuego medio (así nos aseguramos que el pollo se nos cocine por dentro) por tandas. Sólo hay que echarle paciencia para conseguir ese caparazón dorado y bien crujiente a nuestro pollo...



Sacamos a un plato con papel absorvente y seguimos hasta terminar con toda la materia.

NOTA: Si dejamos el pollo dentro del horno precalentado, nos garantizamos que se mantenga caliente y no se ablande el rebozado mientras hacemos la salsa.

La salsa

En un cazo grande echamos el caldo de pollo, el azúcar, otro poco de Maizena y el zumo de un limón.  Dejamos que vaya calentándose a fuego medio. Poco a poco irá cobrando una textura gelatinosa (si queda demasiado espesa se puede añadir algo de agua, lo suyo es ir mirando la textura hasta que demos con la que nos haga salivar). Una vez que la salsa haya cogido el aspecto físico deseado, apartamos del fuego y reservamos unos minutos.

NOTA: Si no tenéis caldo de pollo, bastará con calentar la misma cantidad de agua y añadirle una pastilla de caldo de ave.

A emplatar. Sacamos los filetes y los disponemos en una fuente o plato. Rociamos bien con la salsa y colocamos las rodajas de limón coronando la cima. Como acompañamiento un arroz frito con huevo (mi opción) o unos tallarines le van niquelados. Palillos en mano y al abordaje. ¡Que aproveche, hitchcookianos!

Película ideal para degustar este plato
55 DAYS AT PEKING
("55 días en Pekín"de Nicholas Ray - 1963)

La grandilocuencia que ha envuelto el proceso de este plato tenía que tener, por narices, una repercusión cinematográfica de la misma escala. Ciertamente, la empresa en la que me metí tenía los visos de superproducción puesto que había muchas etapas que cubrir: macerado, rebozado, preparación de salsa y el arroz... De ahí que no sea raro (del todo) que el espejo cinéfilo tuviese el aspecto de una de esas mega-cruzadas del productor Samuel Bronston (grandes decorados, innumerables extras, cartón-piedra a mansalva...) Súmale un argumento oriental y nos topamos de bruces con "55 días en Pekín".

Esta épica historia de presupuesto estratosférico tiene la firma de Nicholas Ray (maestro hacedor de diamantes como "Johnny Guitar", "Llamad a cualquier puerta" o "Rebelde sin causa") y en sus manos la aventura, la megalomanía y la destreza narrativa se unen con fuerza. La historia gira alrededor de una embajada anclada en la China de 1900, que sufre y resiste los embistes de los "boxers": revolucionarios nacionalistas que arrasan con todo rasgo cristiano que se cruce ante sus rasgados ojos.

El edificio se convierte en una suerte de "el Álamo" que trata de aguantar el asedio con la inteligencia británica (en forma de David Niven), el rudo activismo americano (en forma de Charlton Heston) y la inmortal belleza femenina (en curvas de Ava Gardner; le habría faltado algo de vino a la receta para ejemplificar el duro momento alcohólico que pasaba "el animal más bello del mundo"). Nuestro plato, o la disposición del mismo, se nos antoja como un bloque (embajada) cubierto de esos elementos.

La sutileza de la salsa, el rudo rebozado, el brillante esplendor del limón... pueden ser comparados con el tridente interpretativo y sus variadas (y perfectamente conjugadas) personalidades. Si encima ya nos ponemos rocambolescos, intuimos a esos violentos "boxers" (o el arroz) rodeando la fortaleza de pollo.

Y como no podía ser de otra forma, el clímax visual se alcanza en cuanto rompen las murallas y la batalla cuerpo a cuerpo sirve para que los sabores se mezclen y explote todo el espíritu chino en nuestros paladares...