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martes, 7 de marzo de 2017

POLLO KUNG PAO CON ARROZ BASMATI (Mulan)

Hoy tengo la sana intención de llevaros de viaje gastro-cinéfilo a las lejanas tierras de China. En concreto a la región de Sichuán, de donde es originario este bocado maestro llamado Pollo Kung Pao o Pollo Palaciego, siendo éste último término una técnica culinaria que consiste en freír productos a fuego fuerte y a gran velocidad

Pollo kung pao con arroz basmati

Según cuentan todo provino de un oficial chino de nombre Ding Baozhen, cuya pasión por el pollo, los cacahuetes y las salsas picantes, le hizo desarrollar un plato que mezclase todos los ingredientes en una sartén. El resultado es una explosión de sabores vivos, que combinan perfectamente con la suavidad y frescor de un arroz basmati aromatizado. 

Para la ocasión mi mente se ha posado en la joya de animación "Mulan" y podrás ver la comparación tras la receta. Así que hoy toca viajar a Oriente, dejarnos llevar por la supremacía e inventiva de Disney y preparar un fantástico plato chino. Afilad los palillos y... ¡mandiles arriba! 

Pollo Kung Pao con arroz basmati

Ingredientes (4 personas)

Para el marinado del pollo
  • 500 grs de pollo (pechuga o contramuslos deshuesados y limpios)
  • 1 cda de Maicena 
  • 2 cdas de Salsa de Soja 
  • 1 cda de Vinagre de arroz 
  • 1 cdita de Aceite de Sésamo
Para la salsa
  • 2 cebolletas (y sus tallos verdes)
  • 1 zanahoria 
  • 3 dientes de ajo
  • 1 trozo de jengibre fresco y picado (como 2 cucharadas)
  • 1 cda de pimienta de Sichuán 
  • 1 cdita de guindilla seca 
  • 40 grs de Salsa de Soja
  • 40 grs de Caldo de pollo
  • 80 grs de cacahuetes o anacardos 
  • 1 cdita de azúcar 
  • Aceite de Oliva y aceite de sésamo
  • Cebollino fresco picado
Para el arroz 
  • 200-250 grs de arroz Basmati
  • 1 estrella de anís 
  • 2 semillas de cardamomo 
  • 1 hoja de laurel
  • Agua y sal
  • Un poco de aceite de oliva Virgen Extra
Tiempo: 25 minutos + 30 minutos de macerado
Película comparada: "Mulan" (Barry Cook y Tony Bancroft, 1998)


Cómete la comparación cinematografica tras la receta...
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Macerando 

Lo primero de todo es dejar macerando el pollo. Para ello limpiamos bien la pieza que hayamos escogido y la secamos con papel de cocina. NOTA: Es importante asegurarnos que no haya huesecillos o tendones, nos arruinarían el bocado y todo el esfuerzo se irá al garete. Una vez "adecentado" nuestro pollo, lo cortamos en trozos grandes o tacos y las echamos en un bol.  


Le añadimos el resto de ingredientes del macerado y removemos bien con una cuchara para que se integren bien los sabores e impregnen el pollo. Dejamos reposar al menos 30 minutos en la nevera, tapado con papel film.

Vamos con la salsa

Primer paso, picamos muy finamente - sin llevarnos la yema del dedo - los ajos y el jengibre. 


Segundo paso, le damos al mortero. Echamos la pimienta de Sichuán y la guindilla (si es que has decidido añadirla) y machacamos bien sacando bíceps y eliminando estrés.


Tercer paso, picamos la cebolleta y la zanahoria en juliana (en tiras). Ya tenemos toda nuestra materia prima dispuesta a salir a escena, "mise en place" lista.

En un wok doramos el pollo con un poco de aceite de oliva. No tiene que hacerse por dentro, sólo coger color por fuera. Una vez que lo tengamos lo sacamos y reservamos.

Añadimos al aceite restante (si hiciera falta, echamos un poco más) y lo aromatizamos con la pimienta de Sichuán y la guindilla bajando el fuego.

Incorporamos la cebolleta, la zanahoria, el ajo y el jengibre y sofreímos todo removiendo unos 4-5 minutos, vigilantes siempre que no se nos queme nada.


Reincorporamos el pollo a escena con un chorrito de aceite de sésamo (lo justo, que se lo puede llevar todo por delante), la salsa de soja, el azúcar y el caldo de pollo. Subimos el fuego y removemos bien todo. La idea es que la salsa reduzca bastante y "caramelice" el pollo.

Por último vertemos los cacahuetes o los anacardos antes de que reduzca del todo y damos el golpe final a nuestra gran obra.

El arroz basmati

Piensa que este arroz tarda unos 12 minutos y no hay que tocarlo, así que calcula más o menos los tiempos. O bien puedes hacerlo durante el macerado del pollo o durante la preparación de la salsa.

Lavamos bien el arroz con agua fría para eliminarle el almidón (el agua debe salir cristalina, no borrosa) y lo echamos en un cazo. Lo cubrimos de agua. NOTA: Tiene que cubrir muy poco el arroz, hunde el dedo y que te asome la primera falange. 


Añadimos por encima la estrella de anís, la hoja de laurel, el cardamomo levemente machacado y un poco de aceite de oliva. Ponemos a fuego fuerte sin tapar durante 3-4 minutos (hasta que aparezcan unos hoyos en el arroz) y luego bajamos el fuego al mínimo, tapamos y dejamos cocer 8 minutos más. NOTA: ¡¡No destapes en ningún momento la cazuela!! NOTA 2: Si quieres darle más aroma, puedes tostar unas semillas de cilantro o comino en una sartén y mezclarlas luego con el arroz.

Emplatado: montaje final

En bols individuales echamos en una mitad el arroz y en la otra el pollo Kung Pao. Espolvoreamos cebollino fresco picado y unas ruedas finas de la parte verde del tallo de la cebolleta. Cogemos unos buenos palillos y nos disponemos a disfrutar, que de eso se trata y de nada más. ¡Que aproveche, hitchcookian@s!

Película ideal para degustar este plato 
MULAN
("Mulan" de Barry Cook y Tony Bancroft, 1998)

Los elementos orientales y la procedencia de este plato, así como los vivaces colores que lo gobiernan, han catapultado enseguida mi imaginación hacia tierras chinas. Su cine - de siempre - ha sido uno de los mayores exponentes en cuanto a cromatismo y belleza plástica, por lo que era fácil irme a cualquier exponente de su cultura cinematográfica. 

Unos pocos antecedentes...

Pero como soy mente inquieta, me he dejado llevar por el fantástico colorido y ver en él pura animación. China. Dibujos. Fantasía. Tenía que caer en el saco "Mulan".

La década de los 90 fue para Disney toda una revolución porque ya había emergido con fuerza el 3D (con la monumental "Toy Story" en 1995) y parecía haber tocado techo con obras clave como "La bella y la bestia", "Aladdin" y, sobre todo, "El rey león". La presencia de personajes femeninos fuertes, independientes, que luchan por su propio sueño al margen del elemento varonil, que tomaban sus propias decisiones, brillaba por su ausencia. Había que hacer algo más allá de las princesas...

De ese modo emerge "Mulan", no ya como todo un espectáculo visual o un entretenimiento familiar, sino como una reivindicación y un golpe en la mesa para dar el protagonismo total a una chica con ansias de combatir al enemigo opresor (los hunos) y a la propia tradición machista que le impide hacerlo (el propio ejército chino). Conviene saber que se enmarca entre las obras "Hércules" y "Tarzán" de claro dominio masculino. Todavía le costaría a Disney... 

Pero "Mulan" es arriesgada en animación (que rememoran a las acuarelas chinas) y sobre todo en temática, ya que propone batallas a tumba abierta y basa todo su mensaje en que una mujer se tenga que hacer pasar por un hombre para poder acceder al ejército imperial y así evitar que su anciano padre tenga que acudir al combate. Tendrá que someterse a un duro entrenamiento, a mantener intacta su farsa y a demostrar la valía de cualquier ser humano, más allá de su sexo. 

En su personal cruzada surgen los clásicos secundarios amigables y cómicos (aquí las veces de conciencia y protector las hace el dragón Mushu) y el romance propio de Disney. Aún así la película se atreve a plasmar terror (la llegada a la muralla de Shan Yu es escalofriante), la tristeza (la despedida de Mulan de sus padres) o el sobrecogimiento que proporciona la gran escena del alud.

Nuestra cine-receta...

Claramente se empieza a fusionar con la película, como decía antes, debido a la paleta cromática. La imagen del plato con los colores vivos de la caramelización del pollo, los toques verdes del cebollino y la cebolleta, el blanco puro del arroz o el rojo vibrante del mantel o telón de fondo, evocan el milimétrico trabajo visual de la obra.

Así mismo se me antoja que la disposición de los elementos pudiera recordar al símbolo del "yin" y el "yang" (dos conceptos del taoísmo), que en la filosofía china significa que dos energías opuestas se necesitan y se complementan. Pues algo semejante le sucede al personaje de Mulan. Sus dos caras (la real femenina y la falsa masculina) simbolizan dos modos diferentes de enfrentarse a la vida, y que se necesitan para cumplir sus deseos. Sólo cuando ambas conjugan, puede hacer prevalecer su destino. Así como el pollo macerado y salteado necesita del arroz para que el bocado se mantenga en perfecto equilibrio. En absoluta armonía culinaria. 

También intuyo el argumento de la película en el plato. Fijemonos en la diferencia de colores y de ingredientes, que se asemejan a la doble personalidad que debe ejercer Mulan. Pero también a los dos mundos que en ese momento histórico combaten sin piedad. Los hunos y el imperio chino, dos ejércitos delimitados por una (aquí fantasiosa) gran muralla, que batallarán hasta el límite. 

En nuestra mano está la materialización de ese enfrentamiento, porque una vez que los mezclemos se desatará la contienda, el asalto al palacio, la carga a caballo por las cumbres nevadas (tal vez imitado por el blanco del bol) y el duelo final, donde los palillos se convierten en firmes y poderosas espadas.

"Mulan" es una maravillosa película de Disney, tal vez (a mi juicio) una de las mejores piezas que nos ha entregado la todopoderosa factoría en los últimos años. En ella se conjuga un dibujo fantástico, una realmente buena confección de personajes, una banda sonora épica (a cargo de la batuta de Jerry Goldsmith), unas secuencias de acción pocas veces vistas y una heroína que asentaría las bases para futuras "guerreras" de animación. 

Nuestra cine-receta ha pretendido emular su espíritu combativo, su acidez, su tono "picante" y su esplendor visual para catapultarte a un mundo donde la fantasía y la imaginación dejaron hace tiempo de ser una cosa de niños...

viernes, 4 de diciembre de 2015

POLLO ORIENTAL A LA NARANJA (Reservoir Dogs)

No es ningún misterio que cada vez más, me voy dejando caer por las tierras orientales para dejarme seducir con su aromática gastronomía. Soy un apasionado de los sabores exóticos, así que ha sido todo un disfrute aprender y ejecutar esta receta extraída de Cocino Thai (Kwan) Una fantástica página que hará las delicias de los paladares más aventureros. 

Este Pollo Oriental a la Naranja es una versión propia y el resultado es espectacular. Goza de muchos elementos que, al conjugarlos, sobresalen en sabor y textura. Tienes acidez, dulzor, picante, crujiente... una amalgama de sensaciones en boca de lo más apasionante. Cada uno puede ir graduando los ingredientes según el gusto (o el atrevimiento) de los comensales, y podemos servir solo o acompañado (como es mi caso) de un fantástico arroz Basmati. 

Una propuesta original (y que en esta ocasión nos la dirige nada menos que Tarantino) para sorprender en la mesa y viajar a golpe de palillo. Fácil, sabrosa y aromática. Hoy se desatan los "reservoir dogs" de la cocina, y tú eres uno/a de ellos/as. ¡Mandiles arriba!

POLLO ORIENTAL A LA NARANJA




Ingredientes: 2 personas



Para el macerado y el rebozado


  • 300 grs de pollo en trozos 
  • 2 cucharadas de Jerez seco
  • 2 cucharadas de salsa de soja
  • 100 grs de Maizena 
  • 1 huevo (Tamaño M)
Para la salsa
  • 2 naranjas grandes exprimidas
  • 1 cda de vinagre de arroz
  • 2 dientes de ajo
  • Maizena diluida en agua
  • Salsa de soja
  • Chili flakes (chili seco)
  • Aceite vegetal y Aceite de Sésamo
  • 2 cdas de azúcar moreno
  • Ajonjolí (sésamo tostado)
  • Cebolletas
Tiempo
  • 15 minutos + 30 minutos de macerado
Película comparada
  • "Reservoir dogs" (Quentin Tarantino - 1992) ---- Tras receta

Macerado y rebozado

Lo primero de todo es dejar preparado el macerado. Para ello cortamos el pollo en trozos o tacos (si es que no nos lo ha hecho ya el gentil carnicero) y los disponemos en un bol amplio. 

Le añadimos el Jerez Seco, la salsa de soja y el huevo. Lo mezclamos muy bien con las manos - bien limpias -, lo cubrimos con papel film y dejamos reposar en la nevera 30 minutos (como mínimo)


Pasado ese tiempo le añadimos la Maicena y lo removemos para que cada trozo se impregne de esa masa de rebozado. 


Fritura y salsa

Freímos el pollo por tandas en una sartén o freidora con aceite muy caliente. Cuando esté dorado por fuera lo sacamos a un plato con papel absorbente y reservamos. 

Vamos con la salsa. En un wok o sartén con 1 cda de aceite vegetal y 1 cda de aceite de sésamo (que nos dará aroma oriental) sofreímos los ajos picados durante 1 o 2 minutos (sin que se nos quemen) Añadimos el zumo de las naranjas y removemos dejando que reduzca ligeramente.


Incorporamos el vinagre de arroz, el azúcar, la salsa de soja, el chile seco y la Maicena diluida en un poco de agua. Dejamos que se cocine todo y que vaya espesando lentamente. 


Añadimos el pollo frito y le damos un último hervor para que la carne se impregne bien de la salsa y se caramelice. Apagamos el fuego. 

Servimos en cuencos individuales arroz basmati o arroz blanco. Sobre él disponemos las piezas de pollo y bañamos generosamente con la salsa. Decoramos con unas ruedas de cebolleta y espolvoreamos semillas de sésamo tostado. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
RESERVOIR DOGS
("Reservoir dogs" de Quentin Tarantino - 1992)

Unos trozos encerrados entre los límites de un cuenco me han servido para catapultar mi alocada mente a los primeros noventa. Muchos ingredientes se dan cita en un lugar de confinamiento, por lo que había que pensar en seres atrapados - mental y físicamente - y bañados de sangre o salsa. Y es ahí donde colisiona esta receta con "Reservoir dogs", la segunda obra tras la cámara (la primera es "El cumpleaños de mi mejor amigo") de ese enfant-terrible del celuloide llamado Quentin Tarantino.

El año 1992 supuso la irrupción en el panorama de un joven cineasta con una obra que se salía de toda norma. Un thriller de atracos, un drama de gángsters, una comedia negra teñida de violencia, un film-noir atípico... "Reservoir dogs" es una cinta que rompió moldes tanto en concepción como en ejecución. La estructura narrativa salta temporalmente de modo continuado, al tiempo que se suceden diálogos afiladísimos y brillantes (nunca antes habíamos oído con tanta naturalidad a los gángsters debatir sobre Madonna, sexo o propinas) y una dirección atrevida, sin tapujos, que se recrea en el sufrimiento humano y que logra mantener la tensión - y hacerla crecer - con muy pocos recursos pero extremadamente efectivos: el arranque con un ensangrentado Tim Roth en el asiento trasero, mantener en off el atraco, mostrarnos desde el inicio al topo, son solo algunos ejemplos de ese universo tarantiniano que empezaba a gestarse y a mostrarse al mundo. Surgía así un nuevo cine independiente. Un nuevo genio inusual.

Tarantino siempre ha sido un "hombre de cine" y son numerosos los homenajes y recursos de los viejos clásicos que usa, aún en la actualidad. En "Reservoir dogs"- que en pocas palabras trata de un grupo de delincuentes que son reclutados para ejecutar un atraco y que, tras el violento desenlace donde algunos mueren, se confinan en el "punto de encuentro" sospechando unos de otros-  se dan cita Peckinpah ("Grupo salvaje"), Kubrick ("Atraco perfecto"), Scorsese ("Taxi Driver") y el cine policíaco de Hong-Kong, del que es fan confeso el director en cuestión. 

Nuestra receta, con claros tintes orientales en toda su ejecución y concepción, encuentra un primer nexo de unión en el amor de Tarantino por el cine oriental (que luego se materializaría en todo su esplendor con la saga "Kill Bill") Los toques de la soja, el aceite de sésamo, el vinagre de arroz o el chili, representan esa tendencia al Oriente cinematográfico tan presente en su obra. 

Pero yendo más allá podemos hallar semejanzas en los trozos de pollo como ese "grupo violento" de delincuentes, que se ven inmersos en un crimen común. Pedazos o seres que no se conocen (nadie sabe el nombre real de cada uno) pero a los que mueve la misma ambición y virulencia. Inicialmente se nos muestran crudos, impolutos, sin señales ni rasgos distintivos - vamos conociendo sus personalidades a partir de los flash-backs o del macerado-. El huevo, la harina, el jerez y la soja les van cubriendo de un rebozado o coraza que les hace temibles e inesperados, pero también compasivos y solidarios (como se nos muestra el líder Harvey Keitel cuidando y animando al tiroteado Tim Roth). 

La fritura termina por desatar la fuerza de los personajes, que se endurecen tras el robo de diamantes. Si en el inicio eran piezas inocuas, ahora son seres recubiertos con una crueldad insoportable (caso de la célebre y despiadada secuencia de Michael Madsen "desorejando" a un policía con una sangre fría temible...) Esa coraza oculta sus verdaderas intenciones por lo que entre ellos surge inevitablemente la sombra de la sospecha. Hay un topo, un soplón, un perro de otra perrera, que puso sobre alerta a la policía. Y todos son culpables e inocentes. Ninguna pistola tiene una cabeza clara a la que apuntar.

Es entonces cuando comienza a emerger el suspense, la tensión, los nervios... La salsa va formándose lentamente mientras se le añaden elementos como la naranja (ácida como la comedia negra), el chile (potente como la violencia), el vinagre de arroz (amargo como el destino que les espera), los ajos (incisivos como los diálogos)...  Y va tiñendo de un cromatismo sanguinoliento las paredes de la olla y del garaje donde están esos perros encerrados.

Llega el climax, ese enorme final donde el crescendo de la historia encuentra su punto álgido. La locura explota entre sospechas, dudas, agónicas súplicas y ansias de venganza. Un corrillo de bandidos blandiendo armas y apuntándose entre sí. Tarantino congela el tiempo, ahoga el aire, y nos secuestra en el sitio. Todo queda en vilo mientras observamos a esos trozos de pollo arremolinados alrededor del cuenco. Estalla la furia. Los dedos se hunden en los gatillos y las balas hacen de banda sonora terrorífica. La salsa baña toda nuestra vista, la sangre se derrama sobre los personajes...

"Reservoir dogs" fue y es uno de los referentes de los años 90. Sirvió no solo para descubrir a un cineasta - cuando menos original e innovador - que adaptó el cine negro clásico a los tiempos modernos, sino para entender una nueva concepción narrativa, que dos años más tarde terminaría por redondear con la obra maestra "Pulp Fiction". Nosotros nos dejamos llevar por su corriente más oriental para encerrar a unos ambiciosos trozos de pollo y rodar una receta de lo más deliciosa y, sin embargo, cargada de violencia culinaria. Es Tarantino, es cine, es algo nuevo...

sábado, 8 de junio de 2013

POLLO AL LIMÓN ESTILO CHINO

INGREDIENTES (2 personas)

4 filetes de contramuslo deshuesado
2-3 cucharadas de Salsa de soja

Para el rebozado
2 huevos
2 cucharadas de Maizena
1 cucharada de Levadura Royal
Sal y pimienta negra
Aceite para freír

Para la salsa de limón
300 ml de caldo de Pollo
80 grs de azúcar
1 cda de Maizena
Zumo de 1 limón
4 rodajas de limón

Duración: 30 minutos (+ 1 hora de maceración mínima)
Película comparada: 55 DÍAS EN PEKIN (Al final de la receta)

Uno siempre tiene la curiosidad y la osadía por ver si es capaz que sus platos logren asemejarse a sabores ya conocidos. El pollo al limón clásico de los locales chinos ha sido siempre de mis favoritos y era cuestión de tiempo intentar plagiarlo. Miré recetas, vídeos, me faltó asaltar una cocina oriental y amenazar al chef de turno para que escupiese el secreto. Al final hice una mezcla de trucos y consejos y sorprendentemente di con una fórmula bastante parecida. Se acabaron las llamadas infinitas al tele-chino. Llegó la hora de hacerles la competencia. He aquí el proceso. Silencio... se cocina.

Marinado

Limpiamos de telillas y nervios el pollo y lo troceamos  (o los dejamos enteros y los troceamos al final de la receta, al gusto) y los salpimentamos ligeramente. 


Ponemos los trozos en un bol y añadimos la soja. Revolvemos bien para que se impregne todo, tapamos con papel film y dejamos en la nevera 1 hora.

Rebozado y fritura

En un bol añadimos la maizena, la cucharadita de levadura (tipo Royal), 2 huevos, sal y abundante pimienta negra molida. Removemos con ayuda de unas varillas hasta conseguir que espese. Es una especie de tempura que da al rebozado una textura muy buena y crujiente.

Pasado el tiempo de maceración, sacamos el pollo y dejamos que se atempere unos minutos. En una sartén echamos bastante aceite de girasol o de oliva (el que más os plazca) y calentamos. Pasamos el pollo marinado por la mezcla del rebozado y freímos a fuego medio (así nos aseguramos que el pollo se nos cocine por dentro) por tandas. Sólo hay que echarle paciencia para conseguir ese caparazón dorado y bien crujiente a nuestro pollo...



Sacamos a un plato con papel absorvente y seguimos hasta terminar con toda la materia.

NOTA: Si dejamos el pollo dentro del horno precalentado, nos garantizamos que se mantenga caliente y no se ablande el rebozado mientras hacemos la salsa.

La salsa

En un cazo grande echamos el caldo de pollo, el azúcar, otro poco de Maizena y el zumo de un limón.  Dejamos que vaya calentándose a fuego medio. Poco a poco irá cobrando una textura gelatinosa (si queda demasiado espesa se puede añadir algo de agua, lo suyo es ir mirando la textura hasta que demos con la que nos haga salivar). Una vez que la salsa haya cogido el aspecto físico deseado, apartamos del fuego y reservamos unos minutos.

NOTA: Si no tenéis caldo de pollo, bastará con calentar la misma cantidad de agua y añadirle una pastilla de caldo de ave.

A emplatar. Sacamos los filetes y los disponemos en una fuente o plato. Rociamos bien con la salsa y colocamos las rodajas de limón coronando la cima. Como acompañamiento un arroz frito con huevo (mi opción) o unos tallarines le van niquelados. Palillos en mano y al abordaje. ¡Que aproveche, hitchcookianos!

Película ideal para degustar este plato
55 DAYS AT PEKING
("55 días en Pekín"de Nicholas Ray - 1963)

La grandilocuencia que ha envuelto el proceso de este plato tenía que tener, por narices, una repercusión cinematográfica de la misma escala. Ciertamente, la empresa en la que me metí tenía los visos de superproducción puesto que había muchas etapas que cubrir: macerado, rebozado, preparación de salsa y el arroz... De ahí que no sea raro (del todo) que el espejo cinéfilo tuviese el aspecto de una de esas mega-cruzadas del productor Samuel Bronston (grandes decorados, innumerables extras, cartón-piedra a mansalva...) Súmale un argumento oriental y nos topamos de bruces con "55 días en Pekín".

Esta épica historia de presupuesto estratosférico tiene la firma de Nicholas Ray (maestro hacedor de diamantes como "Johnny Guitar", "Llamad a cualquier puerta" o "Rebelde sin causa") y en sus manos la aventura, la megalomanía y la destreza narrativa se unen con fuerza. La historia gira alrededor de una embajada anclada en la China de 1900, que sufre y resiste los embistes de los "boxers": revolucionarios nacionalistas que arrasan con todo rasgo cristiano que se cruce ante sus rasgados ojos.

El edificio se convierte en una suerte de "el Álamo" que trata de aguantar el asedio con la inteligencia británica (en forma de David Niven), el rudo activismo americano (en forma de Charlton Heston) y la inmortal belleza femenina (en curvas de Ava Gardner; le habría faltado algo de vino a la receta para ejemplificar el duro momento alcohólico que pasaba "el animal más bello del mundo"). Nuestro plato, o la disposición del mismo, se nos antoja como un bloque (embajada) cubierto de esos elementos.

La sutileza de la salsa, el rudo rebozado, el brillante esplendor del limón... pueden ser comparados con el tridente interpretativo y sus variadas (y perfectamente conjugadas) personalidades. Si encima ya nos ponemos rocambolescos, intuimos a esos violentos "boxers" (o el arroz) rodeando la fortaleza de pollo.

Y como no podía ser de otra forma, el clímax visual se alcanza en cuanto rompen las murallas y la batalla cuerpo a cuerpo sirve para que los sabores se mezclen y explote todo el espíritu chino en nuestros paladares...