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martes, 10 de noviembre de 2015

SPAGHETTI GAROFALO ALL'ARRABBIATA (El cabo del miedo)

Hoy nos ponemos "furiosos" con esta Salsa All'arrabbiata (es decir, "enfurecida") que os llenará el paladar de intensidad y potencia. Esta salsa - originaria de Roma - tiene la peculiaridad de su toque picante, otorgado por el peperoncino (guindilla). Es una receta muy sabrosa, muy fácil y con una carga de intensidad elevada. Obviamente podéis rebajarla hasta donde gustéis, pero este plato tiene personalidad propia, no se la quitéis demasiado. Nos hacemos con unos buenos productos (yo en este caso siempre tiro de Pastas Garofalo, por calidad y resultado) y nos ponemos manos a la obra. ¡Mandiles arriba!

SPAGHETTI GAROFALO ALL'ARRABBIATA
INGREDIENTES (2 personas)

160 grs de spaghetti Garofalo, 1 bote de tomate seco en aceite de oliva, Peperoncino (guindilla), Perejil fresco, Orégano, Aceite de Oliva Virgen Extra, Queso parmesano, Sal y agua para cocer

Tiempo: 15 minutos
Película comparada: "El cabo del miedo" (Tras receta)


La receta es increíblemente fácil y rápida. Así que vamos a tardar lo que tarden en cocerse los spaghetti o la pasta que hayáis escogido para protagonizar el plato.

Ponemos a cocer los spaghetti en agua con sal y SIN UNA GOTA DE ACEITE. Si le echas aceite evitarás que luego la salsa se adhiera bien a la pasta. Dejamos que se cocinen hasta que estén al dente.  Para ello lo mejor siempre es probarlo.

La salsa

Ponemos en un vaso de picadora o en la Thermomix los tomates secos (y escurridos del aceite), 2 cdas de orégano y un puñado generoso de peperoncino. Ahí la cantidad tendrá que ser un poco a vuestro gusto por el picante, pero contad que este plato tiene que tener "carácter". 

Lo trituramos bien hasta obtener una pasta. 



Añadimos el aceite de oliva Virgen Extra. NOTA: Al ser tomates secos en aceite, hay que ir midiendo el nivel de aceite que le echemos para no pasarnos. Probad, probad y probad...

Aceite de Oliva en acción... 
Una vez que tengamos la salsa preparada la vertemos en un bol amplio. Añadimos los spaghetti ligeramente escurridos (el agua nos vendrá bien) y empezamos a mezclarlo en el bol. Espolvoreamos perejil fresco picado y removemos bien con ayuda de unas pinzas grandes.

El último revolcón...
Emplatado

Servimos en platos hondos, rallamos un poco de queso parmesano por encima y otro poco más de perejil para decorar. Agarramos el tenedor y a disfrutar. ¡Que aproveche, hitchcookian@s!

SPAGHETTI GAROFALO ALL'ARRABBIATA

Película ideal para degustar este plato
CAPE FEAR
("El cabo del miedo" de Martin Scorsese, 1991)

Dado que el término de la salsa en cuestión "arrabbiata" significa "enfurecida, enojada, rabiosa..." había que rebuscar en el colectivo cinematográfico obras que nos evocasen a seres violentos, vengativos, letales, con la cólera viajando a sus anchas por las venas. Hay mucho donde elegir, pero dado el elemento italiano del plato, enseguida mi mente se ha ido a dos de los ítalo-americanos más influyentes (De Niro y Scorsese) y a su séptima colaboración: "El cabo del miedo" 

Scorsese realizó en 1991(justo después de firmar una de sus obras cumbre "Uno de los nuestros") el remake del celebrado thriller psicológico "El cabo del terror" (1961) Una pieza de acoso y derribo por parte de un ex presidiario (Robert Mitchum) a su abogado defensor (Gregory Peck). En las manos de Scorsese la película goza (tal vez) de un guión más elaborado, de unas interpretaciones de altura (y el listón Peck-Mitchum estaba bien alto) y de un ritmo narrativo vibrante que mantiene la tensión y el pulso en todo momento.

La cámara de Scorsese se mueve frenética (como nunca antes en su filmografía) por entre las ruinas de una familia que se va despedazando - y uniendo - a medida que ven su día a día condicionado por la presencia del demonio: Max Cady. Un temible y vengativo ex convicto que, creyendo culpable de su encierro a su abogado de entonces (Nick Nolte), decide someterle a él y a su familia (Jessica Lange y la "lolitesca" Juliette Lewis) a una tortura psicológica y física insoportable. De Niro se gusta en la piel del villano - estuvo más de tres meses sometiéndose a una intensa preparación para muscular su figura -, lo hace temible, cada mirada es una cuchillada, cada sonrisa, cada gesto apacible - brillante la "seducción" de la adolescente - es un escalofrío. 

Nuestra receta italiana goza de la conexión Scorsese-De Niro por nacionalidad, pero más allá, intuimos que todo ese picante, esa explosión, esa potencia en boca que proporciona el peperoncino, se asemeja a la crueldad desatada de Cady. Su actitud de inicio - tanto en la película, como en el plato - goza de elementos tranquilos al principio, con cuenta gotas. Una calma tensa que poco a poco va cobrando la forma y el color de piel del diablo. Una piel hiper-tatuada...

El orégano o el tomate seco son ingredientes que "suavizan" la personalidad del psicópata. Cady tiene sed de venganza, pero irá graduando - casi como si echásemos aceite de oliva poco a poco - sus terroríficas intenciones. Primeros encuentros, conversaciones livianas, roces ardientes con la hija, van tejiendo el plan de Cady. No muestra su virulencia, la verdadera cara del terror. Sabemos que existe - porque ahí tenemos el peperoncino - pero aún no ha estallado. 

La familia Bowden - arremolinada en nuestros spaghetti - van "entrelazándose" para la bueno y para lo malo. La irrupción de Cady saca a relucir las miserias del matrimonio, la pésima relación con la hija adolescente, amantes, tensiones... Viven una situación extraordinaria que necesitará de su alianza para poder vencerla. De ese modo, cuando Cady saca a relucir su locura, la familia desestructurada debe aunar fuerzas, recomponerse, hacer piña. La "salsa all'arrabbiata" se mezcla con virulencia en el bol y el rojo sanguinolento (otorgado por el tomate seco y la guindilla) va tiñendo su apacible existencia. No hay vuelta atrás, hay que mirar a la cara del monstruo...

Y es ahí donde la familia-spaghetti se arrincona en una barcaza (o plato hondo) y es abordado por Cady, que se lanza sobre ellos como la salsa sobre la pasta. Cubriendo todas sus esperanzas de sobrevivir. Llueve Parmesano y perejil, la barca zozobra en el río, un bocado y Cady se nos mete hasta las entrañas mientras se desata la cólera.

"El cabo del miedo" no es la mejor de las obras de Scorsese, pero es un ejercicio técnico interesante que goza de secuencias de gran profundidad y tensión. Nuestra receta trata de traer esa venganza explosiva a nuestro paladar y de hacernos "sufrir" con su acoso incesante. Pasta contra Salsa. De Niro contra Nolte. Empieza el duelo "arrabbiato"...

jueves, 21 de mayo de 2015

PECHUGA DE POLLO RELLENA (Psicosis)

Sin duda, uno de mis mejores "experimentos" culinarios. También hay que señalar que el nivelazo de ingredientes aventuraba un buen resultado, pero la combinación de todos, me ha traído una receta deliciosa y cargada de texturas. Como siempre digo, aquí lo único que vale es que cada uno tire de su intuición (y de su despensa) para realizar el plato a su gusto. El relleno puede ser de lo que queramos: verduras, jamón serrano y queso (a modo de "cachopo" improvisado), incluso frío se me ocurre, rellenándolo de una buena ensalada y dejando atemperar el pollo... Como veis no hay límites para esto de la cocina, mientras sea de vuestro agrado. Así que... ¡Mandiles arriba!

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INGREDIENTES (2 personas)


Para el maridaje
2 pechugas de pollo limpias
Aceite de Oliva Virgen Extra
Ajo en polvo
1 limón (zumo y ralladura)
Especias: orégano, albahaca, perejil...


Para el relleno y la salsa
6 lonchas de queso francés cremoso (tipo Brie)
4 tomates secos en aceite de oliva
100 grs de champiñones
Rúcula
1 limón
Un poco de agua
1 cda de miel
1 cda de salsa de soja


Para la ensalada
Rúcula lavada
Lascas de queso Parmesano
Vinagre de Módena
Sal, pimienta y Aceite de oliva Virgen Extra

Tiempo: 30 minutos + 30 minutos de marinado
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Película comparada: PSICOSIS (Tras receta)


Marinado

Lo primero de todo es dejar marinando el pollo. Para ello limpiamos bien las pechugas y las secamos con papel absorbente. Las salpimentamos al gusto y las disponemos en una bandeja. Espolvoreamos ajo en polvo (también podría ser un diente de ajo machacado), las especias y rallamos la piel del limón (sin coger nada de parte blanca, que amarga).

Rociamos bien con el zumo del limón y un chorro generoso de aceite de oliva Virgen Extra, y tapamos y dejamos reposar en la nevera unos 30 minutos.

Mientras tanto...

Lavamos los champiñones bajo el chorro de agua fría y secamos frotando un paño húmedo. De esa manera nos aseguramos de quitar restos de tierra. 

Troceamos en láminas y salteamos en una sartén con un chorrito de aceite. Salpimentamos al gusto y reservamos. No es su momento todavía...

Relleno y salsa

Precalentamos el horno a 200º

Sacamos las pechugas de la nevera y calentamos un par de cucharadas de aceite en una sartén (NOTA: Nos vale la sartén de los champiñones). Vamos a sellar el pollo, NO TIENE QUE HACERSE, ya que luego terminará su cocción en el horno. Nos vale con darle un bonito color dorado. Con tres minutos por cada lado bastará. OJO QUE NO SE QUEME, así que controlad la potencia del fuego.

Sacamos a una bandeja de horno las pechugas. Y aprovechamos los jugos que han quedado en la sartén para hacer la salsa. Para ello, vertemos todo el líquido que nos quede del marinado en la sartén y lo calentamos para que reduzca. Añadimos la miel y la salsa de soja y dejamos que hierva un par de minutos. Apartamos del fuego.

Cuando las pechugas se hayan enfriado un poco, les haremos un corte en el medio "a modo de libro" para poder meter el relleno. NOTA: No hay que llegar al fondo, basta con un poco más de la mitad, espacio más que suficiente para introducir el resto de ingredientes. 

Vamos rellenando las pechugas con la rúcula, los tomates secos, las lonchas de queso cremoso y por último los champiñones salteados. Lo "cerramos" con la ayuda de unos palillos o brochetas para evitar que se nos salga durante el horneado. 

Por último regamos con la salsa de reducida con miel y soja por encima de las pechugas. Esto le dará una cobertura dulzona y crujiente que le viene de maravilla. Metemos en el horno unos 10 minutos.

Emplatado

Pasado el tiempo sacamos las pechugas con cuidado y retiramos los palillos. Las colocamos en un plato y acompañamos con una ensalada de rúcula y Parmesano (yo saqué las lascas con ayuda de una mandolina) y aliñamos con aceite, vinagre de Módena y sal. 

De verdad que este "experimento" resultó todo un éxito, así que no dudéis en acometerlo y comentarme la jugada. ¡Que aproveche, hitchcookianos!

Película ideal para degustar este plato

PSYCHO
("Psicosis" de Alfred Hitchcock, 1960)


Si hay alguien en el cine, cuya cabeza está "rellena" de matices, personalidades, turbulencias e ingredientes psicológicos, ese es Norman Bates. 

En su atormentada existencia coexisten dos personas en un mismo cerebro: el tímido dueño de un motel de carretera y su posesiva y celosa madre. De ese modo, asemejamos nuestra receta de hoy con la difícil convivencia mental del personaje. Así surge en la comparación cine-culinaria la archiconocida, maravillosa y descomunal obra maestra "Psicosis".

Pocos no conocerán esta pieza del maestro Hitchcock. En la retina cinéfila siempre quedarán la escena de la ducha, la música chirriante, el monólogo final de la madre, el asesinato del investigador escaleras abajo... pero "Psicosis" es mucho más. El maestro del suspense acomete la década de los 60 dejando tras él una ristra gigante de piezas fundamentales para el entendimiento del "cine" como espectáculo y técnica narrativa.

Cuando en 1960 un director tan asentado y respetado decide adaptar la polémica novela de Robert Block, se encuentra con un sinfin de problemas de producción. Así que decide echarse a las espaldas todo el proyecto y tirar de su equipo de televisión para acometer esta obra, que a la postre, se convertiría en su película más rentable y de las más aplaudidas. Rodada en blanco y negro (cosa rara ya en la época), Hitchcock aterroriza a medio mundo gracias a su destreza técnica y a sus dotes para cargar de potencia visual cada plano, aparentemente, insignificante. Todos los detalles cuentan y aquí consigue dotar de una intensidad emocional única este baile de asesinatos anónimos, de fantasmas maternos, de investigaciones, de torbellinos psicológicos, de miedos cotidianos...

"Psicosis" tal vez sea la obra más terrorífica del director, nunca antes se había mostrado tan abierto a "asustar" al espectador. Pero no por ello deja a un lado las señas de su cine: investigación policíaca, madres posesivas, falsos culpables, mujeres desprotegidas, sexo, romanticismo obsesivo... Por primera vez añade el terror a la ecuación y lo hace de una manera directa, frontal, sin tapujos, recreándose en el asesinato, en una sombra en la ventana, en una puerta que se abre, en un ojo que espía a través de un agujero en la pared... Todos esos detalles que le hacían inconfundible y único.

Nuestra receta parte del hecho de tener un ave como elemento principal. De ese mismo modo Norman Bates (un Anthony Perkins descomunal en su inquietante timidez) goza del hobby de la taxidermia, y diseca aves como pasatiempo para soportar la soledad de un motel semi-abandonado. Nuestra pechuga de pollo se muestra "fosilizada", inmóvil, cosida por brochetas y rellena (no de serrín) pero sí de ingredientes que la mantienen firme y erguida ante el ojo humano.

Pero pongámonos un poco más psicoanalistas. Tomemos la pechuga de pollo como paralelismo de la mente de Norman. Es una pieza cruda, blanda, moldeable... como lo era él antaño. A medida que la muerte de su madre le va sometiendo, su cabeza va "cocinándose" y endureciéndose. Lejos queda ese chaval tímido y afable; lejos queda esa pieza rosácea e inmaculada. Ahora se ha "ennegrecido". 

Y en su mente, ya desprovista de mecanismos de defensa, va penetrando la influencia de la madre. Tomate seco, rúcula, champiñones o queso, son los ingredientes que dominan su voluntad, que a nuestros ojos son: celos, posesión, sobreprotección y asesinato. Cuando la improvisada ladrona Marion Crane (Janet Leigh) se establece por casualidad en el motel, estalla la cólera materna. La mitad de Norman que la desea compasivamente, desata el deseo de la mitad de la madre por quitársela de en medio y seguir siendo "la única mujer de su vida". 

La salsa, esas gotas de salsa que tiñen el plato blanco (o la bañera) se nos antojan como ese reguero de sangre que va salpicando la ducha del terror. El cuchillo hace su función (como lo hará con nuestra pechuga) para acabar con la amenaza de la sexualidad y sensualidad que supone la "rubia". Nosotros entramos en una "Psicosis" para afrontar este recetón con las ansias de Norman. Y en nuestra mente no hay dos mitades: solo una voz que lo gobierna todo (como la madre en el final) y que nos susurra en la caverna del cerebro: "cómetelo, no dejes nada". Malo sería si no le hiciésemos caso...