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miércoles, 23 de septiembre de 2015

KENTUCKY FRIED CHICKEN (A sus órdenes, Coronel)

Hace tiempo que tenía esta receta pululando por mi "Recetario por publicar" y creo que va siendo hora de darle su momento de gloria. El pollo Kentucky Fried Chicken ya es mundialmente conocido por su dorado rebozado y su peculiar crujiente aromático. El Coronel Sanders (sumo hacedor) fue el visionario creador de este "producto" y de expandirlo por el planeta. Es cierto que su "pollo frito" es todo un hallazgo por la mezcla de especias que lleva, vosotros debéis tirar de despensa y dejaros llevar por la imaginación para dar con vuestro "toque maestro" (siempre lo digo). Pero si Sanders lo hizo, ¿por qué nosotros no? Yo os dejo una propuesta que intenta asemejarse al original aunque siempre hay detalles que la hacen diferente. Sin más, ya sabéis qué hacer... ¡Mandiles arriba!

KENTUCKY FRIED CHICKEN
INGREDIENTES (4 personas)

8 contramuslos de pollo, Aceite de oliva, Salsa barbacoa

Para el macerado:
200 grs de harina de trigo, 100 grs de harina de maiz (Maizena), 2 cucharadas de pimentón dulce, 
1 cucharada de pimentón picante, 1 cdita de ajo en polvo, 1 cdita de tomillo, 1 cdita de perejil, 1 cdita de eneldo, 
1 cdita de curry, sal y agua fría.

Para el rebozado:
200 grs de harina de trigo, 1 cdita de curry, 1 cdita de tomillo, 1 cdita de eneldo, 1 cdita de cebolla en polvo, 
1 cdita de ajo en polvo, 1 cdita de pimentón picante, 1 cdita de sal

Tiempo: 25 minutos (+1 hora de reposo)

La receta es bien sencilla aunque lleva multitud de especias. Pero que eso no eche a nadie para atrás, hacedlo a vuestro antojo. Dejará de ser "receta original" para pasar a ser "vuestra versión".

Macerado

En un bol grande echamos todas las especias y la harina. Mezclamos bien. Vamos añadiendo agua fría y removiendo hasta conseguir una pasta homogénea y con una densidad untuosa.

Introducimos o sumergimos el pollo en el marinado, tapamos con papel film y dejamos reposar en la nevera mínimo 1 hora. 

Mientras tanto puedes preparar una deliciosa salsa barbacoa casera. Te dejo aquí MI RECETA de una fantástica propuesta con aroma a Bourbon que le va a la perfección a este plato.

Rebozado

En otro bol amplio echamos todas las especias, la harina y mezclamos bien. NOTA: Añade algo de picante si te va la marcha, éste es el momento: un poco de chile, unas gotitas de Tabasco...

Sacamos el pollo del marinado, escurriendo un poco de la masa, y lo pasamos a nuestra mezcla. Como un rebozado normal pero en esta ocasión con bastante más aroma.

Ponemos a calentar una sartén con abundante aceite (o freidora) y vamos friendo nuestros contramuslos hasta que el rebozado se dore y quede irregular, que esa es la gracia y el toque distintivo de esta receta.

NOTA IMPORTANTE: Para que quede bien crujiente por fuera y hecho por dentro el truco es darle un buen golpe de aceite caliente al principio (para sellarlo bien) y luego bajar el fuego a la mitad durante 6-7 minutos. Así nos garantizamos una cocción perfecta. Por último, volvemos a subir el fuego para asentar y dar crocante el rebozado. 

Sacamos a papel absorbente para retirar el exceso de aceite y seguimos hasta terminar las tandas que tengáis preparadas.

Servimos los contramuslos acompañados de salsa barbacoa (o de mostaza y miel, o ranchera...) y nos disponemos a devorar este clásico americano que está para chuparse los dedos. Literalmente.

¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

lunes, 10 de agosto de 2015

SMOKED MEAT SANDWICH AL ESTILO DE MONTREAL

Canadá es un lugar que siempre ha estado y estará ligado a mi familia. Allá por los 60 mis padres vivieron en su capital, Montreal, durante varios años, lo que supuso una conexión emocional y vital con el país norteamericano. En sus entrañas culinarias siempre habrá un plato que estará asociado con mi árbol genealógico de una manera especial: el Smoked Meat Sándwich. 

El Smoked Meat (o carne ahumada) es un tipo de comida kosher (judía) cuya técnica consiste en sazonar, especiar y ahumar la carne, para luego terminarla cociendo al vapor hasta alcanzar una textura melosa y tierna. En Nueva York se puede comer algo parecido en su célebre restaurante Kat'z (el famoso Sándwich de Pastrami). Pero los recuerdos familiares me catapultan a Montreal. Al epicentro del Smoked Meat. 

En 1997 tuve la oportunidad de hacer un viaje nostálgico con mis padres y tuve la oportunidad de probar este descomunal bocado en el extinto restaurante Ben's. Cuando hace unos días conseguí hacerme con una bolsa de carne ahumada directamente de las venas de Montreal, sufrí un flash-back de inmediato. Aromas, sabores, texturas se conjugaban y entremezclaban en mi paladar. Tenía que reproducir lo más fielmente posible ese manjar. Tenía que volver a Montreal... aunque fuese montado en una cocina.

Sé que no resultará nada fácil conseguir este ingrediente, pero no podía dejar pasar la ocasión para compartir con el ciber-mundo, este sándwich tan simbólico para mí. Al menos espero haber despertado vuestra curiosidad culinaria y, tal vez, vuestro apetito. ¡Mandiles arriba! 

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INGREDIENTES (4 sándwiches)
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450 grs de Smoked Meat al vacío
Mostaza French's (Amarilla)
8 rebanadas de pan
2-3 patatas grandes (para freír)


Para la ensalada de col1/2 col sin tallo
1 zanahoria
1 apio
1 cebolleta pequeña
1 bote de Creme Fraiche (Nata agria)
1 cda de mayonesa
1/2 cda de azúcar
1 cda de Mostaza Suave
1 cdita de vinagre
Sal y pimienta negra molida


Tiempo: 20 minutos
Película comparada: "YO CONFIESO" (Tras receta)


El Smoked-Meat que utilicé para este mega-sándwich vino directamente de las despensas de Schwart'z Deli (Montreal), perfectamente envasado al vacío. Si os animáis a prepararlo en casa (que lleva su tiempo, su proceso, su paciencia y su trabajo) os dejo un vídeo para que os familiaricéis con la técnica. Yo la haré. Juro que la haré... VIDEO SMOKED MEAT

Pero en esta ocasión la labor que me tocaba no era otra sino cocer la carne, montar el sándwich y presentarlo. Y así fue. Claro que me "compliqué" un poco la vida haciendo unas patatas fritas caseras y una ensalada de col (Coleslaw salad o Ensalada americana). 

Para la preparación debemos poner una olla con agua. Cuando hierva  sumergimos la bolsa directamente y dejamos cocer 4 minutos. (Nota: también se puede hacer al vapor con un cestillo)

Sacamos con cuidado y dejamos enfriar unos minutos. Luego abrimos la bolsa y colamos ligeramente la carne para que no esté demasiado mojada de sus propios jugos. 

Untamos las rebanadas de pan con mostaza French's. NOTA: No es necesario untar TODAS, ahí ya al gusto de cada comensal. Incluso se puede prescindir de ella, aunque perderemos la "esencia". 

Colocamos en una rebanada una generosísima capa de lonchas de Smoked Meat. Aquí se trata de hacer "subir" el sándwich, que quede espectacular, que domine el plato. Tapamos y cortamos cada sandwich por la mitad. Que además de quedar más bonito, nos simplificará el bocado. 

La ensalada de col

Con ayuda de una mandolina (o "a cuchillo" y paciencia) vamos cortando en láminas o tiras muy finas la zanahoria, la col, el apio y la cebolleta.  Colocamos todo en un bol.

En otro mezclamos la mayonesa, la mostaza, la Creme Fraiche, el azúcar, el vinagre, la sal y la pimienta. Removemos bien hasta que se integren perfectamente todos los ingredientes.

Ahora toca juntarlo todo y mezclar con cariño. Probamos y corregimos según dicte nuestro sabio paladar. Y listo. 

Las patatas fritas

Pelamos, lavamos bien las patatas y las secamos. Ponemos una sartén con abundante aceite de oliva y calentamos.

Cortamos en bastoncitos las patatas (o al corte que más os plazca) y las ponemos a freír en la sartén.

IMPORTANTE: Para que queden crujientes y jugosas, hay que confitarlas primero. Es decir, las freímos a baja temperatura para que se hagan bien por dentro y en el último momento subimos el fuego para que se doren por fuera y le den esa textura crocante. 

Y ya tenemos todo preparadísimo para hacer este viaje transatlántico a la capital canadiense y degustar una de sus joyas culinarias. ¡Bon appétit, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
I CONFESS
("Yo confieso" de Alfred Hitchcock, 1952)

Pues sí. Tenía que ser así. El plato de hoy, como decía en la entradilla, contiene un nivel de emotividad y sentimentalismo muy elevado. Y claro, ya puestos a ponernos "tiernos", mi mirada cinematográfica enseguida ha tirado de él, del genio, del único, del grande, del Hitchcock original. 

Mi infancia condensada en una receta y en un director. Todo encaja como un sándwich perfectamente armado. La contundencia de este bocado, su complejidad en el proceso y su potencia de sabores, me han llevado a fijarme en el Maestro de Maestros y en su drama-thriller "Yo confieso". Una de esas obras imponentes, de enorme calado y conflicto de intereses.

Ya en 1952, Hitchcock era una de las personalidades más influyentes e importantes del panorama del celuloide. La década de los 40 habían consagrado a este orondo inglés en la meca del cine y los 50 se presentaban como la confirmación de su inagotable talento tras la cámara. 

Tras firmar un año antes una pieza tan gloriosa como "Extraños en un tren", Hitch consigue llevar a la gran pantalla uno de sus grandes anhelos narrativos: la historia de un sacerdote que recibe la confesión de un asesinato y del que será acusado culpable. Todo un conflicto cargado de dramatismo, frustración y suspense. Esta idea engloba buena parte de los grandes hitos de la filmografía del director: crimen, falso culpable, amor imposible, investigación policial, eventos extraordinarios en un espacio apacible... "Yo confieso" es una de las mejores direcciones de Hitchcock sin lugar a dudas. Tal vez porque la historia le venía rondando la cabeza desde hacía años y ya la tenía dirigida... 

Nuestra receta goza de varios elementos en común con la película. Para empezar el "Sándwich Smoked Meat" proviene de Canadá, que es exactamente donde ubicamos la historia. Concretamente en Québec. Un pueblo tranquilo al que le sobreviene un hecho traumático. La conexión de nacionalidad ya está hecha... 

El personaje central de "Yo confieso" es un joven sacerdote (estupendo Montgomery Clift en un papel retraído y taciturno) que recibe una confesión criminal, la cual no puede desvelar debido al secreto de cofidencialidad. De ahí precisamente sale el suspense: si romperá el pacto o no, asumirá un crimen no cometido o "confesará" la verdad... En nuestra alocada mente el cura se materializa en el Smoked Meat. Una presencia donde cada loncha ejemplifica una capa de moralidad, de duda, de ética religiosa... El padre Logan se ve acorralado por un inspector de policía (Karl Malden) que le "carga el muerto" y por una mujer (Anne Baxter) con la que tuvo relaciones antes de ordenarse. 

Digamos que se ve "atrapado" entre dos rebanadas de pan y manchado por la mostaza o la acusación infame de un asesinato. El elemento criminal también puede reflejarse en el aspecto de la carne ahumada. Ese toque rosado, algo sanguinolento, es un detalle de toda la trama policial que envuelve la cine-receta. 

Un cuerpo tendido, inerte, que supone el inicio del calvario del pobre sacerdote. Un falso culpable que tendrá que luchar contra la sociedad acusatoria (fijaos cómo le señalan esas personas-patatas o en cómo se arremolina la plebe para chismorrear en esa ensalada de col), contra su destino y contra sus propias creencias para salir indemne de un pecado mortal. 

"Yo confieso" es una gran película. Como el sándwich de Smoked Meat es un gran sándwich. Y nosotros le confesamos un crimen al oído: "te voy a comer"... Y él no puede hacer nada por evitarlo. Es lo que tiene el secreto de confesión.

viernes, 4 de julio de 2014

BUFFALO WINGS (La chaqueta metálica)

INGREDIENTES (4 personas)
10-12 alitas de pollo partidas
3 cdas de harina
1 cda de pimentón dulce
Orégano seco
Sal, pimienta y aceite de oliva

Para la salsa Buffalo 
50 grs de mantequilla
150 grs de salsa picante
1 cucharadita de ajo en polvo
1 cucharadita de cebolla en polvo
1 cucharadita de pimentón (mejor dulce)
1 cucharada de Salsa Perrins
1 cucharadita de azúcar
Sal al gusto y pimienta negra
Hoy es 4 de Julio. Para la mayoría de mortales es sólo un viernes más, que no es poco. Pero cruzando el gran azul oceánico nos topamos con la festividad por excelencia de Estados Unidos: el día de la independencia. Es una ocasión perfecta para dejarnos llevar por su popular gastronomía y deleitarnos con unas alitas bien picantes. La salsa Buffalo es de esos condimentos que desafían a tu paladar, que ponen a prueba su resistencia. Yo amo el picante. De ahí que esta receta haya sido un grato descubrimiento para mi alocado gusto... 

Está claro que podéis hacer la salsa más o menos picante, tampoco se trata de arruinar la comida a nadie, pero para los amantes del fuego, os diré que seáis generosos, que busquéis el límite... Eso sí, recordad que el ardor no se quita con agua, se quita con leche. Lo digo para evitar incendios inesperados. Silencio... se cocina.

Lo primero de todo es dejar el rebozado listo de las alitas. Para ello limpiaremos bien el pollo de posibles plumas o huesecillos que no nos convengan. En un bol colocamos la harina, el pimentón, el orégano, la sal y la pimienta. Lo mezclamos bien. 

Rebozado en preparación...

Disponemos las alitas (ya partidas por nuestro gentil pollero) en el bol y removemos bien con las manos. Que se impregnen de la mezcla por todas partes. Dejamos reposar en la nevera por lo menos 1 hora. 
Pollo bien cubierto con nuestro rebozado.

Como tenemos tiempo de sobra, podemos ir dejando lista la salsa Bufalo. Podéis comprar una salsa picante ya preparada y con la graduación que más os plazca. Pero si queréis algo más suave podéis mezclar 100-125 grs de agua con un poco de harissa (salsa picante árabe) o tabasco. Así medís vosotros el punto de picor. 

En cualquier caso, el procedimiento sería el siguiente. En un cazo echamos la mantequilla y esperamos a que se derrita (a fuego medio). Luego añadimos la salsa picante, la Salsa Perrins, el ajo, la cebolla molida, el pimentón, el azúcar, la pimienta y la sal. Removemos con suavidad y dejamos que se cocine a fuego bajo durante 10 minutos más o menos.


Una vez terminada, apartamos del fuego y dejamos enfriar. 

Volvemos a las alitas. En una sartén o freidora con abundante aceite caliente, vamos friendo nuestras alitas por tandas. Quitamos el exceso de harina si hiciera falta. 

En plena faena...
Las vamos sacando a un plato con papel absorbente para eliminar el exceso de aceite. Las vamos pintando con la salsa Buffalo. Veréis que con el calor la salsa se va fundiendo sobre la carne y la piel, dejando la alita con un bonito glaseado. 

Hay muchas recetas que vierten más cantidad de salsa (directamente las bañan) pero yo peco de finura y me basta con un ligero maquillaje, que las hace brillar y parecer más elegantes. Pero como siempre, vuestro gusto en la cocina es el único líder al que debéis seguir. ¡Que aproveche, hitchcookianos!

The end
Película ideal para degustar este plato

FULL METAL JACKET
("La chaqueta metálica" de Stanley Kubrick - 1987)

Pocas cosas hay más americanas como el 4 de Julio. Tal vez los rodeos, la Declaración de los Derechos Humanos, el himno nacional, la Estatua de la libertad, la comida rápida y, desde luego, la guerra de Vietnam. Un conflicto llevado hasta la saturación por el séptimo arte, que encontró en la cruel contienda, un escenario idílico para la crítica al poder, la protesta social, la sublevación generacional y el cambio ideológico en la mentalidad de su encorsetada sociedad. Hay infinidad de ejemplos (y algunos sublimes) sobre esta batalla. Pero como a mí me pierde Kubrick y su devastador ojo cinematográfico, no me he podido resistir a comparar esta receta "Made in U.S.A" con su polémica y descorazonadora pieza La chaqueta metálica.

El maestro Kubrick (sumo hacedor de obras del calibre de Senderos de gloria, La naranja mecánica, Atraco perfecto o Barry Lyndon) llevaba 7 años en el dique seco desde El resplandor. Su talento y había tocado todos los géneros y necesitaba una reinvención. Un punto de giro. Su interés se centra en la guerra de Vietnam y en cómo un grupo de chavales inocentones acaba transformándose en una manada de robots teledirigidos por cuyas venas sólo corre la destrucción. Y como es Kubrick focaliza esa "mutación" en dos partes: el entrenamiento atroz a cargo de un implacable sargento y la batalla en sí misma. Donde la inocencia muere con cada silbido de bala... 

Kubrick ya había coqueteado con el antimilitarismo en la grandiosa Senderos de gloria, pero en La chaqueta metálica va más allá y le suma un antibelicismo feroz. Sus soldados son máquinas, seres despojados de su ideal y lanzados contra el enemigo sin ningún miramiento. La reflexión de Kubrick sobre el ser humano no puede ser más desoladora. Y pese a todo hace prevalecer esa dualidad existencial que queda perfectamente reflejada en los dos códigos que decoran el casco: Born to Kill (Nacido para matar) y el símbolo de la paz. Puro simbolismo. Pura contradicción. Puro Kubrick.

Nuestra receta se sostiene inicialmente en el elemento meramente americano: la guerra de Vietnam. Una contienda que suscitó grandes detractores y activistas contra los intereses políticos y militares de la sociedad americana en los años sesenta y setenta. 

Pero seamos Kubrick. La primera parte de La chaqueta metálica se asienta en el duro entrenamiento al que son sometidos los futuros marines. Nuestras alitas de pollo llegan a nuestro campamento (o cocina) en un estado crudo, inmaculado. A fuerza de pruebas, castigos y novatadas (rebozados, macerados y frituras) van recubriendo su coraza con la fuerza del aceite caliente y una buena salsa picante. Su transformación se vuelve total. Un grupo de alitas que ya no volverán a ser lo que eran, que se mantienen unidas en nuestro plato-barracón.

En la segunda parte, Kubrick lanza a sus personajes (las alitas) al foco de la batalla: Vientam. Allí su aprendizaje bélico es cuando se pone de verdad a prueba. Nuestras alitas permanecen como una patrulla que camina por lo desconocido del plato. Y que de pronto se ven asediadas por un francotirador fantasma. Surge entonces la guerra contra el invisible enemigo. La sangre se hace esta vez real. Es su sangre la que brota, como una brillante salsa Buffalo, y nada de lo aprendido puede hacerles superar el horror. La tragedia. El desolador impacto de la guerra en sus propias carnes (de pollo)

De ese modo convenimos que nuestra receta surge como un batallón de soldados que han mutado de inocentes chicos a letales guerrilleros. El entrenamiento entre sartenes al que les hemos sometido es el destino que nosotros hemos causado. No hay vuelta atrás. Nosotros mandamos, porque para eso somos los sargentos de nuestra cocina...