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jueves, 31 de marzo de 2016

SOLOMILLOS DE SALMÓN CON SALSA DE MOSTAZA Y ALCAPARRAS

Amantes del salmón, hoy os traigo una nueva receta vertiginosa con este fantástico pescado azul.  En el blog he realizado multitud (ya serán menos) de platos con salmón. Y no es de extrañar, puesto que se trata de un alimento agradecido como él solo y que se puede combinar y cocinar de docenas de formas diferentes: al vapor, al horno, a la plancha, en papillote, guisado, en ceviche, en tartar... 

Rico en ácidos grasos de Omega 3, el salmón es un personaje protagonista en toda regla, sólo hace falta animarle o secundarle con una buena guarnición, un buen marinado, o como en este caso, de una sabrosa salsa. Aquí las alcaparras y la mostaza cobran protagonismo y se hacen con el poder. La mezcla casa a la perfección y logran que nuestro pez estrella catapulte su sabor hasta límites sólo conocidos por aquellos que tengan la suerte de probarlo. Poco más que añadir, si quieres una cena sorprendente, aquí tienes una opción. ¡Mandiles arriba! 

SOLOMILLOS DE SALMÓN CON SALSA DE MOSTAZA Y ALCAPARRAS
Ingredientes (2 personas)
  • 4 solomillos de salmón (scallopinis) 
  • Sal, pimienta negra y aceite de oliva
  • Boruja, lechuga, espinacas... (para la guarnición) 
Para la salsa
  • 1 cebolleta y 1 diente de ajo
  • 1 trocito de jengibre fresco 
  • Vino blanco
  • 2 cdas de alcaparras 
  • Leche evaporada (1 vaso)
  • 1 cda de Mostaza de Dijon
  • Caldo de pollo o verduras (1/2 vaso)
  • Eneldo fresco
  • Sal, pimienta negra molida y aceite de oliva 
Tiempo
  • 15 minutos


El salmón

Salpimentamos el salmón por ambas caras. Ponemos a calentar una sartén con un poquito de aceite (sin pasarnos, que el salmón es bastante graso) y hacemos el pescado. NOTA: Yo suelo calentar a fuego fuerte la sartén, luego lo bajo a la mitad y añado el salmón. La cosa está en que nos quede "medio hecho", dorado por fuera y rosadito por dentro. Con unos 3-4 minutos por cada lado bastará.

La salsa

Mientras el pescado lleva su ritmo nosotros vamos a darle caña a la salsa. Ponemos otra sartén al fuego con un par de cucharadas de aceite y añadimos la cebolleta y el diente de ajo picados. Sofreímos 1 minuto y añadimos el jengibre fresco picado. 


Luego incorporamos el vino blanco, un "toque" de caldo de verduras o de pollo y la leche evaporada. Salpimentamos y dejamos cocer a fuego vivo 2 minutos para que coja cuerpo. 




Por último añadimos las alcaparras, la cucharada de Mostaza de Dijon y el eneldo fresco. Removemos bien para mezclar los sabores y apartamos del fuego. 

Sólo nos queda emplatar esta joya marítima. Disponemos los solomillos de pescado en el plato, regamos (trazando una línea perpendicular) con la salsa por encima y terminamos con una ensalada de boruja aliñada con sal, limón, pimienta blanca y aceite de oliva.

NOTA: Si quieres dar una nota de color al plato, puedes tostar una rodaja de limón en la sartén del pescado hasta que quede doradita. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Puedes seguirme en mi Facebook o en Twitter. 

lunes, 10 de agosto de 2015

SMOKED MEAT SANDWICH AL ESTILO DE MONTREAL

Canadá es un lugar que siempre ha estado y estará ligado a mi familia. Allá por los 60 mis padres vivieron en su capital, Montreal, durante varios años, lo que supuso una conexión emocional y vital con el país norteamericano. En sus entrañas culinarias siempre habrá un plato que estará asociado con mi árbol genealógico de una manera especial: el Smoked Meat Sándwich. 

El Smoked Meat (o carne ahumada) es un tipo de comida kosher (judía) cuya técnica consiste en sazonar, especiar y ahumar la carne, para luego terminarla cociendo al vapor hasta alcanzar una textura melosa y tierna. En Nueva York se puede comer algo parecido en su célebre restaurante Kat'z (el famoso Sándwich de Pastrami). Pero los recuerdos familiares me catapultan a Montreal. Al epicentro del Smoked Meat. 

En 1997 tuve la oportunidad de hacer un viaje nostálgico con mis padres y tuve la oportunidad de probar este descomunal bocado en el extinto restaurante Ben's. Cuando hace unos días conseguí hacerme con una bolsa de carne ahumada directamente de las venas de Montreal, sufrí un flash-back de inmediato. Aromas, sabores, texturas se conjugaban y entremezclaban en mi paladar. Tenía que reproducir lo más fielmente posible ese manjar. Tenía que volver a Montreal... aunque fuese montado en una cocina.

Sé que no resultará nada fácil conseguir este ingrediente, pero no podía dejar pasar la ocasión para compartir con el ciber-mundo, este sándwich tan simbólico para mí. Al menos espero haber despertado vuestra curiosidad culinaria y, tal vez, vuestro apetito. ¡Mandiles arriba! 

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INGREDIENTES (4 sándwiches)
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450 grs de Smoked Meat al vacío
Mostaza French's (Amarilla)
8 rebanadas de pan
2-3 patatas grandes (para freír)


Para la ensalada de col1/2 col sin tallo
1 zanahoria
1 apio
1 cebolleta pequeña
1 bote de Creme Fraiche (Nata agria)
1 cda de mayonesa
1/2 cda de azúcar
1 cda de Mostaza Suave
1 cdita de vinagre
Sal y pimienta negra molida


Tiempo: 20 minutos
Película comparada: "YO CONFIESO" (Tras receta)


El Smoked-Meat que utilicé para este mega-sándwich vino directamente de las despensas de Schwart'z Deli (Montreal), perfectamente envasado al vacío. Si os animáis a prepararlo en casa (que lleva su tiempo, su proceso, su paciencia y su trabajo) os dejo un vídeo para que os familiaricéis con la técnica. Yo la haré. Juro que la haré... VIDEO SMOKED MEAT

Pero en esta ocasión la labor que me tocaba no era otra sino cocer la carne, montar el sándwich y presentarlo. Y así fue. Claro que me "compliqué" un poco la vida haciendo unas patatas fritas caseras y una ensalada de col (Coleslaw salad o Ensalada americana). 

Para la preparación debemos poner una olla con agua. Cuando hierva  sumergimos la bolsa directamente y dejamos cocer 4 minutos. (Nota: también se puede hacer al vapor con un cestillo)

Sacamos con cuidado y dejamos enfriar unos minutos. Luego abrimos la bolsa y colamos ligeramente la carne para que no esté demasiado mojada de sus propios jugos. 

Untamos las rebanadas de pan con mostaza French's. NOTA: No es necesario untar TODAS, ahí ya al gusto de cada comensal. Incluso se puede prescindir de ella, aunque perderemos la "esencia". 

Colocamos en una rebanada una generosísima capa de lonchas de Smoked Meat. Aquí se trata de hacer "subir" el sándwich, que quede espectacular, que domine el plato. Tapamos y cortamos cada sandwich por la mitad. Que además de quedar más bonito, nos simplificará el bocado. 

La ensalada de col

Con ayuda de una mandolina (o "a cuchillo" y paciencia) vamos cortando en láminas o tiras muy finas la zanahoria, la col, el apio y la cebolleta.  Colocamos todo en un bol.

En otro mezclamos la mayonesa, la mostaza, la Creme Fraiche, el azúcar, el vinagre, la sal y la pimienta. Removemos bien hasta que se integren perfectamente todos los ingredientes.

Ahora toca juntarlo todo y mezclar con cariño. Probamos y corregimos según dicte nuestro sabio paladar. Y listo. 

Las patatas fritas

Pelamos, lavamos bien las patatas y las secamos. Ponemos una sartén con abundante aceite de oliva y calentamos.

Cortamos en bastoncitos las patatas (o al corte que más os plazca) y las ponemos a freír en la sartén.

IMPORTANTE: Para que queden crujientes y jugosas, hay que confitarlas primero. Es decir, las freímos a baja temperatura para que se hagan bien por dentro y en el último momento subimos el fuego para que se doren por fuera y le den esa textura crocante. 

Y ya tenemos todo preparadísimo para hacer este viaje transatlántico a la capital canadiense y degustar una de sus joyas culinarias. ¡Bon appétit, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
I CONFESS
("Yo confieso" de Alfred Hitchcock, 1952)

Pues sí. Tenía que ser así. El plato de hoy, como decía en la entradilla, contiene un nivel de emotividad y sentimentalismo muy elevado. Y claro, ya puestos a ponernos "tiernos", mi mirada cinematográfica enseguida ha tirado de él, del genio, del único, del grande, del Hitchcock original. 

Mi infancia condensada en una receta y en un director. Todo encaja como un sándwich perfectamente armado. La contundencia de este bocado, su complejidad en el proceso y su potencia de sabores, me han llevado a fijarme en el Maestro de Maestros y en su drama-thriller "Yo confieso". Una de esas obras imponentes, de enorme calado y conflicto de intereses.

Ya en 1952, Hitchcock era una de las personalidades más influyentes e importantes del panorama del celuloide. La década de los 40 habían consagrado a este orondo inglés en la meca del cine y los 50 se presentaban como la confirmación de su inagotable talento tras la cámara. 

Tras firmar un año antes una pieza tan gloriosa como "Extraños en un tren", Hitch consigue llevar a la gran pantalla uno de sus grandes anhelos narrativos: la historia de un sacerdote que recibe la confesión de un asesinato y del que será acusado culpable. Todo un conflicto cargado de dramatismo, frustración y suspense. Esta idea engloba buena parte de los grandes hitos de la filmografía del director: crimen, falso culpable, amor imposible, investigación policial, eventos extraordinarios en un espacio apacible... "Yo confieso" es una de las mejores direcciones de Hitchcock sin lugar a dudas. Tal vez porque la historia le venía rondando la cabeza desde hacía años y ya la tenía dirigida... 

Nuestra receta goza de varios elementos en común con la película. Para empezar el "Sándwich Smoked Meat" proviene de Canadá, que es exactamente donde ubicamos la historia. Concretamente en Québec. Un pueblo tranquilo al que le sobreviene un hecho traumático. La conexión de nacionalidad ya está hecha... 

El personaje central de "Yo confieso" es un joven sacerdote (estupendo Montgomery Clift en un papel retraído y taciturno) que recibe una confesión criminal, la cual no puede desvelar debido al secreto de cofidencialidad. De ahí precisamente sale el suspense: si romperá el pacto o no, asumirá un crimen no cometido o "confesará" la verdad... En nuestra alocada mente el cura se materializa en el Smoked Meat. Una presencia donde cada loncha ejemplifica una capa de moralidad, de duda, de ética religiosa... El padre Logan se ve acorralado por un inspector de policía (Karl Malden) que le "carga el muerto" y por una mujer (Anne Baxter) con la que tuvo relaciones antes de ordenarse. 

Digamos que se ve "atrapado" entre dos rebanadas de pan y manchado por la mostaza o la acusación infame de un asesinato. El elemento criminal también puede reflejarse en el aspecto de la carne ahumada. Ese toque rosado, algo sanguinolento, es un detalle de toda la trama policial que envuelve la cine-receta. 

Un cuerpo tendido, inerte, que supone el inicio del calvario del pobre sacerdote. Un falso culpable que tendrá que luchar contra la sociedad acusatoria (fijaos cómo le señalan esas personas-patatas o en cómo se arremolina la plebe para chismorrear en esa ensalada de col), contra su destino y contra sus propias creencias para salir indemne de un pecado mortal. 

"Yo confieso" es una gran película. Como el sándwich de Smoked Meat es un gran sándwich. Y nosotros le confesamos un crimen al oído: "te voy a comer"... Y él no puede hacer nada por evitarlo. Es lo que tiene el secreto de confesión.

lunes, 23 de marzo de 2015

SOLOMILLO DE PAVO A LA NARANJA (Cena#78)

Este pedazo de plato lo extrapolé del gran blog, y referente, "Gastronomía y Cía" (ver su receta) Y como soy de esos que saben colgar los laureles a quien se lo merece, pues ahí va mi humilde mención. Dicho lo cual paso a presentaros esta estupenda receta, muy fácil de preparar y que sin duda, colmará vuestras expectativas culinarias, poco calóricas y nocturnas. Un solomillo de pavo jugosísimo, aderezado con una salsa de naranja, cebolla, mostaza, romero, soja... que te catapultará a la estratosfera de los sabores (si es que ese lugar existe, claro está) Venga, abróchate  que nos vamos...  ¡mandiles arriba!

INGREDIENTES (2 personas)
2 solomillos de pavo
2 naranjas (y su ralladura)
1 cebolleta
Un chorrito de salsa de soja
1 cda de mostaza de Dijon
1 cucharadita de azúcar
Romero fresco
Sal, pimienta y Aceite de Oliva Virgen Extra

Tiempo: 20 minutos

Limpiamos y secamos bien el solomillo de pavo. NOTA: Yo usé pavo pero probad si queréis con una jugosa pechuga de pollo, el resultado debe ser de órdago también.

Por un lado mezclamos en un bol el zumo de las naranjas, un chorrito de salsa de soja, la mostaza, el azúcar, el romero fresco, la pimienta, la ralladura de la piel de naranja, y si te atreves, anímate con un poco de picante (unas gotitas de Tabasco) Reservamos para un futuro uso, que no tardará mucho en llegar.

En una sartén con un par de un buen aceite de oliva, pochamos la cebolla cortada en brunoise (trocitos). Unos 10 minutos a fuego medio bastarán. Sacamos la cebolla y reservamos.

Aprovechamos el aceite restante para dorar (o sellar) el solomillo de pavo. Subimos el fuego y lo marcamos bien por todas sus caras. Reincorporamos a escena la cebolla y vertemos nuestra salsa. 

Dejamos cocinar todo el conjunto unos 10 minutos a fuego medio-alto y vamos a ir regando con la salsa la parte del solomillo que no esté en contacto con la sartén. Para ello inclinamos un poco la sartén y vamos recogiendo los jugos con una cuchara y vertiéndolo sobre el pavo. De esa forma nos aseguramos que se vaya cocinando y caramelizando al mismo tiempo.

Sacamos el solomillo a un plato y cubrimos con la salsa de naranja. Decoramos con unas ramitas de romero y listo. ¡Que aproveche, hitchcookianos!

Acompañamientos: puré de patatas, una buena ensalada templada, unas patatas gajo... Tú mandas, sólo escúchate. 

domingo, 23 de noviembre de 2014

CERILLAS DE MORCILLA CRUJIENTES (Fuego)

CERILLAS DE MORCILLA CRUJIENTES
INGREDIENTES
1 morcilla (de calidad)
Cacahuetes con miel
1 huevo
Sal y pimienta
Aceite para freír
Brochetas

Para la mostaza dulce3 cdas de mayonesa
1 cda de mostaza de Dijon
1-2 cdas de miel


Tiempo: 15 minutos
Película comparada: "Carros de fuego" (tras la receta)



Aperitivo de lujo a la vista. Cuando mi amigo el chef Goyo me descubrió este socorrido y sorprendente entrante, sabía que tenía que adaptarlo. Es de esas recetas fáciles que te permiten jugar con una infinidad de ingredientes y experimentar con el relleno, la salsa de acompañamiento, el rebozado... En este caso decidí darle un toque dulce usando cacahuetes con miel y "fabricar" mi mostaza. Luego ya mi mente alocada visualizó unas cerillas, unas llamas y he aquí el resultado. Silencio... se cocina.

Maquillando la morcilla

Le quitamos la tripa a la morcilla y la desmenuzamos con los dedos en un bol. 

Separamos la clara de la yema del huevo y pasamos la yema al bol. Salpimentamos al gusto. Mezclamos muy bien con ayuda de un tenedor, para que se reparta bien el huevo. Nos tiene que quedar como una pasta, que luego sea moldeable con las manos. Así que paciencia y mucho mimo...

NOTA: En este punto podemos añadir trocitos de manzana, piña, una cebolla pochadita y troceada... Como yo opté por rebozar las bolitas con cacahuete de miel, ya me parecía lo bastante dulce. Pero si lo hacéis con almendra o anacardos (por ejemplo) le podéis meter ese toque dulzón que le va de maravilla.



Vamos formando bolitas con las manos (que podremos untarnos ligeramente de harina o aceite para que nos sea más fácil el modelado)

Las pasamos por la clara de huevo y luego por el cacahuete picado. 

NOTA: Conviene que el fruto seco que utilicemos esté en trozos grandecitos, para que lo note la vista y, por supuesto, el paladar. Ese crujiente es una delicia.

La Mostaza a la miel.

Una forma socorrida de fabricar nuestra propia salsa (y eso que la de Maille está buenísima) es preparar una mayonesa casera. Para ello ponemos en el vaso batidor un huevo (a temperatura ambiente), una pizca de sal, un chorrito de limón o vinagre y batimos. Le vamos añadiendo aceite poco a poco hasta tener la textura deseada.

Con la mayonesa lista, sólo hay que añadirle la mostaza de Dijon y la miel. Mezclamos bien.

Últimos pasos

Vamos friendo las bolitas en una sartén con aceite caliente (lo bastante como para cubrirlas) durante unos 4-5 minutos. Hasta que veamos que quedan doradas. Sacamos a un papel absorbente.

Vamos pinchando cada una en la brocheta y las disponemos en el plato con gracia, que es lo suyo. Pintamos unos brochazos de mostaza a la miel sobre la "cabeza" de la cerilla a modo de llamarada y terminamos decorando con una hojita verde (cilantro, hierbabuena, perejil...)

Todo listo. Las cerillas encendidas. El aperitivo en la mesa. ¡Que aproveche, hitchcookianos!




Película ideal para degustar este aperitivo

CHARIOTS OF FIRE
("Carros de fuego" de Hugh Hudson - 1981)

En esta ocasión he tirado de varios recursos para la comparación. El elemento del fuego del título, la simbología de la antorcha olímpica y mi afán de superar un reto son los pilares chiflados en los que me he apoyado. "Carros de fuego" es una obra notoria que respira bajo su coraza deportiva, una lucha humana e individual por alcanzar metas casi imposibles. Como yo con este aperitivo...

La dura y sacrificada vida de un atleta se nos presenta en esta película (galardonada en el año 81 con el Óscar a la Mejor Película entre otros) de forma convincente y meticulosa. La música de Vangelis (también premiada), la fotografía, el guión y las grandes actuaciones hacen crecer este retrato de autoconfianza, de romper barreras sociales, de crecer y demostrar al mundo que todo es posible con esfuerzo y ambición. Un mensaje de lo más positivo. Cosa que no viene mal en estos tiempos... 


Hudson (director de "Greystoke: la leyenda de Tarzán" o "Revolución) se deja llevar por los detalles preciosistas de esta odisea y se deleita en los silencios, los momentos previos a la carrera, la tensión en el vestuario, el incierto destino que les depara... y de esa forma nos consigue meter en todo el meollo de los dos corredores protagonistas. El primero: que entrena para llegar a las Olimpiadas de 1924 y cumplir su gran sueño, no sin antes sortear las miles de dificultades que le supone ser judío. El segundo: un cristiano obsesivo que corre por y gracia de Dios. Su competencia deportiva es sólo el motor que hace girar sus verdaderas intenciones, sus verdaderas metas, sus verdaderas victorias vitales...


Nuestra receta es otro ejemplo de superar ciertas barreras o retos que nos pone la vida, para demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de crear con cierta soltura, algo que nos haga sentir orgullosos. En mi caso tenía que lograr ese aperitivo, tantas veces catado, y tan pocas veces cocinado. Mi "Carro de fuego" era llegar a la línea de meta de ese entrante... 


Pero más allá de mi egocentrismo culinario, se alzan esas antorchas olímpicas o cerillas en llamas de mostaza, que simbolizan (de alguna manera) esas Olimpiadas de los primeros años 20. Para los corredores de "Carros de fuego" era el clímax de una búsqueda interior. El colofón al trabajo duro para derrocar  los problemas sociales, las trabas clasistas, las creencias religiosas y el racismo imperante de la época. 


Las brochetas de morcilla corren  por la playa del plato mientras resuena en el ambiente la sinfonía épica de Vangelis. Sus cabezas (acorazadas por el crujiente de cacahuete, pero tiernas y frágiles por dentro) arden pero sus pies llevan alas. Pues la auténtica guerra se libra en la mente. El deporte es físico, desde luego, pero nada de eso vale si tu capacidad psicológica y mental no está en paz consigo misma. Y ellos logran que exprimir la vida alentados por una misma pasión. La suya es correr... La nuestra es cocinar. Y cocinaremos hasta no aguantar más.

miércoles, 27 de agosto de 2014

CROQUETAS DE QUIONA Y LINO (Cena#53)

Croquetas de quinoa y lino
INGREDIENTES (4 personas)

1 taza de quinoa
2 cucharadas de semillas de lino
1 cucharada de Mostaza de Dijon
1 trozo de pimiento rojo
1/2 cebolleta
1 diente de ajo
Pan rallado
Sal, pimienta y aceite de oliva
Mostaza para acompañar

Agua para cocer la quinoa

Tiempo: 25 minutos + 1 hora de reposo

Lo reconozco: la quinoa y yo éramos dos perfectos desconocidos entre sí. Ha tenido que venir mis admirados Luigi y Sofía para lanzarme un guante a la cara y retarme a cocinarla. Y yo, como no podía ser de otra forma, he cogido carrerilla, he brincado en el trampolín culinario y me he zambullido en una piscina cuyo nivel de agua no tenía demasiado claro. Cuando uno desconoce un elemento o producto debe indagar para no cometer ninguna tropelía. Y así lo hice. De entre toda la información he sonsacado esta curiosa versión que, sinceramente, me ha encantado. Como siempre digo: lo mejor es perderse para encontrar algo que merezca la pena. Gracias, chicos. Va por vosotros. Y ahora... silencio, que se cocina. 

Guión: dibujamos los personajes


Los protagonistas
Las medidas que he barajado (y que he ido viendo en diferentes recetas) son: 3 tazas de agua por 1 taza de quinoa. Así que ahí me he lanzado. Ponemos el agua a hervir y echamos la quinoa. Dejamos cocer durante 15-20 minutos (moderando el fuego) hasta que se consuma todo el líquido.

Colamos y dejamos que se enfríe a temperatura ambiente. Nos olvidamos de ello.

Por otro lado picamos en trituradora (o a cuchillo y con maña) la cebolleta y el pimiento rojo. La idea es que quede muy muy picado. Ponemos una sartén con un pelín de aceite y sofreímos las verduras (con el ajo) unos 10 minutos a fuego suave.

Quinoa en plena ebullición: nace una estrella

Cebolla roja, ajo y pimiento rojo: los secundarios
Dirección: los guiamos por la escena


Una vez que se haya enfriado la quinoa la colocamos en un bol. Vamos añadiendo a la escena el resto de personajes de nuestra cine-receta: la cebolleta, el pimiento y el ajo sofritos, la mostaza de Dijon, el pan rallado (un poco a ojo, hasta que os coja una textura espesa), las semillas de lino, sal y pimienta. Removemos bien hasta conseguir una pasta. 



Dejamos enfriar en la nevera por lo menos 1 hora.

Pasado el tiempo de reposo, precalentamos el horno a unos 180º-200º

Luego vamos formando nuestras croquetas con las manos (os recomiendo que os untéis las manos con un poco de aceite) Y las disponemos en una bandeja de horno ligeramente pintada con aceite. 

Croquetas a punto de ser horneadas
Las cocinamos unos 10 minutos (vigilando, como siempre, que no se nos quemen, que cada horno es un universo desconocido)

Montaje: vistazo final

Una vez pasado el tiempo, sacamos con cuidado y nos cercioramos que tienen la textura deseada. Ya sólo nos queda vestirlas con sus mejores galas para el estreno. Yo os muestro mi opción, que he acompañado con una deliciosa mostaza a la miel, pero en vuestra imaginación dejo el montaje definitivo... Os toca.



Recordad que en esta versión he hecho croquetas, pero dejaos llevar y pensar en hamburguesas, albóndigas, incluso brochetas... ¡Que aproveche, hitchcookianos! 

sábado, 7 de septiembre de 2013

PECHUGAS DE POLLO CON SALSA DE CERVEZA, MOSTAZA Y MIEL


INGREDIENTES (2 personas)

Para el pollo y las patatas a lo pobre:
2 pechugas de pollo (bien limpias)
2 patatas
1 pimiento verde
1 cebolla
1 ajo
Guindilla (opcional)
Un vasito de caldo de pollo o de verduras
Perejil fresco
Unos tomates cherry
Sal y pimienta
AOVE

Para la salsa:
120 grs de cerveza (1 vasito)
2-3 cucharadas de miel
1-2 cucharadas de mostaza a la antigua
1 cucharada de salsa de soja
Cilantro o hierbabuena
Media cebolla
1 diente de ajo

Duración: 30 minutos.

Lo primero es dejar mezclados todos los ingredientes de la salsa. En un cuenco echamos la cerveza, la miel, la mostaza y la soja y batimos bien. Reservamos.

Siguiente paso, limpiar bien la pechuga de pollo de telillas y pequeños huesos para que a la hora de comer no haya sorpresas inesperadas en el paladar. Una vez limpio lo salpimentamos por ambas caras y lo vamos haciendo en una sartén con un poco de aceite. Yo no lo puse a mucha potencia porque se trata de que quede jugoso por dentro pero dorado por fuera. Hay que ir mirando bien para que no se nos pase ni nos quede crudo. Una vez hecho lo retiramos.

En la misma sartén añadimos un poco más de aceite y sofreímos la cebolla cortada en juliana y el ajo laminado. Echamos un poco de sal y dejamos que se ablande a fuego suave. Incorporamos la salsa y damos caña para que hierva. Bajamos el fuego y esperamos a que espese. Momento de añadir nuestras hojas picadas de cilantro o hierbabuena. Dejamos que vaya reduciendo hasta conseguir una salsa espesa, casi almíbar.

Ponemos las pechugas de pollo en la sartén. Damos fuerza para que se impregnen bien de la salsa por ambos lados y listo para emplatar.

En esta ocasión he usado de acompañamiento unas patatas a lo pobre. Bien sencillas de hacer. Cortamos dos patatas en rodajas de medio centímetro (las lavamos bien para quitarles el almidón, eso sí). Cortamos en tiras el pimiento y la cebolla y quitamos la piel a los ajos. En una sartén añadimos un buen chorro de aceite de oliva y echamos la cebolla y el ajo. Dejamos que se vayan haciendo a fuego suave. Añadimos después el pimiento y los tomates, y dejamos unos 5 minutos. Momento de incorporar las patatas. Removemos con cuidado. Al cabo de otros 5 minutos añadimos el caldo y tapamos. Dejamos que se terminen de hacer y que se consuma todo el líquido. 

Disponemos un plato con las pechugas, regamos con la salsa y colocamos las patatas con la ayuda de un aro o molde. ¡Que aproveche! 

Película ideal para degustar este plato
TWO FOR THE ROAD
("Dos en la carretera" de Stanley Donen - 1967)

Las pechugas de pollo se nos muestran en este plato como una pareja indivisible que viaja por el plato dejando a su paso un rastro de su existencia común. Un dúo protagonista que colma la pantalla, que abarca todo el plano y que, necesitándose la una a la otra, terminarán separándose. Viendo este enfoque cine-culinario no se me ocurre mejor comparación que "Dos en la carretera". Una de esas pequeñas joyas de la anti-comedia romántica que ahonda sin tapujos en las alegrías y miserias de la pareja... Esta road-love-movie tiene por conductor al maestro Stanley Donen, co-responsable de "Cantando bajo la lluvia" (amén de Gene Kelly), "Una cara con ángel" o mi querida "Charada". La cámara de Donen fija su objetivo en un matrimonio desde sus inicios hasta su madurez, pero no de forma lineal, sino aleatoria, dando saltos espacio-temporales con ayuda de flash-backs, y mostrando de ese modo el elemento anárquico del amor. Finney y Hepburn (descomunales y realistas como pocas veces) personifican ese romance condenado a separarse o a aceptarse pese a todo. Su historia contiene los mismos elementos que nuestra receta. Por un lado tenemos a las pechugas de pollo (el tándem protagonista) cuyo maridaje supone esa larga odisea repleta de momentos dulces, como la miel; amargos, como la cerveza; picantes, como la guindilla; puros, como las hierbas; y duros, como la mostaza. La salsa deja su marca por el plato como lo deja su matrimonio: no pueden negar la existencia de lo ocurrido, momentos buenos y trágicos, convivirán por siempre en su memoria. Todo cocinado y vivido a fuego lento, dejando que afloren los aromas y las verdades... Ellos (el pollo) pasarán de ser dos seres desnudos, ingenuos y enamoradizos a ver cómo su vida se cocina a lo largo de los años (que condensamos en minutos) para terminar siendo totalmente distintos. La carretera de la vida ha modificado su pasión, su apariencia, su visión, su amor... Ahora están impregnados de todas sus vivencias en común y de ellos depende bajarse del coche. O llegar al final del camino...


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