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miércoles, 28 de noviembre de 2018

BOCATA DE CALAMARES Y ALIOLI (Quinqui Stars)

A propósito del estreno el próximo viernes 30 de noviembre de la película "Quinqui Stars" (Juan Vicente Córdoba) he decidido crear este icónico y archiconocido Bocadillo de Calamares (bocata-calamares, mejor dicho), para jugar como siempre entre lo culinario y lo cinéfilo. No se me ocurría nada más quinqui para tan especial ocasión...

La obra - que pude ver en un pase privado, gracias a la generosidad de mis estimados César Martínez y Pedro García Ríos, responsables de la productora Dexiderius, y del propio director - nos lanza de lleno al universo de lo quinqui a través de la música y el cine, para tratar de comprender la realidad de hoy en día y su influencia artística. Parte documental, parte ficción, seguiremos las huellas de El Coleta en su cruzada por cavar en ese mundo de los 70 y 80. 

Tenía que ser un bocata-calamares animado con un alioli casero el que pudiese rendir un homenaje a la película. Y aquí te muestro cómo convertir este emblema en una realidad. Más abajo tienes la cine-receta para tu deleite. ¿Hay hambre? Pues hazte quinqui que vamos a trapear un poco en la cocina, hitchcookian@s... ¡Mandiles arriba!



Ingredientes 
  • 500 g de calamares frescos 
  • 30 g de mezcla de harina de trigo y harina de garbanzo  (o Harina especial fritura)
  • Aceite de oliva Virgen Extra
  • Pimentón dulce
  • Sal 
  • Limón (opcional) 
  • Pan de bocatín,  minichapata, integral, baguette... Tú eliges.
Para el alioli 
  • 1 huevo 
  • 90-100 g de aceite de girasol o aceite suave 
  • Sal (1/2 cucharadita más o menos)
  • Un chorrito de zumo de limón o vinagre de vino blanco
  • 1-2 dientes de ajo, tu paladar manda
El alioli, paso al frente

Ni qué decir tiene que podéis hacerlo en mortero, para lo cual necesitaréis paciencia, músculo y un poco más de paciencia si acaso. La opción más rápida - y menos purista - es trabajarlo todo en batidora. Vamos a ello. 

Cascamos el huevo en un vaso alto y añadimos el ajo (sin el solomillo central) sal y limón. Bajar el brazo de la batidora hasta el fondo y empezar a darle caña. Vamos echando el aceite poco a poco, en hilo, para que vaya emulsionando. Se prueba de sal. ¿Bien? Pues se reserva...

Los calamares, los protagonistas 

Si tu pescadero es amable y se presta a limpiarte los calamares, mejor que mejor. Tarea que te ahorras. Lo importante de esto es que el producto sea de buena calidad y esté nítido para asegurarnos una fritura y un bocado perfectos.

De no tener un pescadero gentil, toca limpiarlos en casa. Vital vaciarlos por dentro, separar los cuerpos de los tentáculos y retirar todo resto de suciedad. 

Cortamos en anillas gruesecillas y las secamos a conciencia. El resto del calamar puede quedar en el banquillo para futuras elaboraciones de arroz, pasta... 

Mezclamos las harinas en un bol con un poco de pimentón dulce. Salamos al gusto los calamares y los embadurnamos bien. Luego los tamizamos o sacudimos para eliminar el exceso harinoso con ayuda de un colador.

Calentamos un cazo con abundante aceite de oliva Virgen Extra (por favor os lo pido) y vamos friendo por tandas las anillas de calamar rebozado. Las vamos sacando a papel absorbente para quitar el máximo de grasa posible. 

Montaje del director 

Partimos el pan que hayamos elegido y untamos ligeramente con alioli. Ponemos una primera capa de calamares fritos (se les puede añadir limón ahora), otra cucharada generosa de alioli y coronamos con unas cuantas anillas más. El número depende de tu hambre...

¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
QUINQUI STARS
(Juan Vicente Córdoba, 2018)


El bocata-calamares es todo un emblema de Madrid. Es uno de esos mordiscos clásicos, inmortales, asequibles y potentes... de esa clase que te llenaban el buche en una noche toledana y que casi siempre compartías en comandita, charlando con los carrillos llenos y una cañita al lado para bajar. Diablos, hablamos de uno de los mejores bocados del planeta. Y había que posar la mirada en una obra que definiese ese concepto, esa época, ese estilo de comerse la vida... Emerge así la obra Quinqui Stars de Juan Vicente Córdoba - director de Aunque tú no lo sepas y A golpes - para terminar de componer un bocadillo que es historia viva de nuestra sociedad, de nuestra historia.

Quinqui Stars evoca al Madrid periférico de finales de los años 70 y principios de los 80 y se sumerge - o te sumerge - en una época de cambios sociales, políticos, económicos y urbanísticos para esbozar una juventud en constante lucha por su supervivencia. 

Todo ello viene narrado en un maridaje de documental y ficción, por El Coleta. Rapero, cronista, poeta callejero, actor, y aquí haciendo las veces de cineasta en ciernes. De detective de lo quinqui...

Somos testigos y/o copilotos de su odisea por sacar adelante su proyecto personal sobre la música en el cine quinqui de aquel entonces. Pero todo ese pasado se entremezcla con el presente de los/las herededores/as musicales que combaten la vida a rapeando y trapeando. Casi a modo de espejo: para comprender el hoy, hay que mirarse en el ayer.

Por un lado escuchamos los testimonios de los protagonistas de la época (José Sacristán, Enrique San Francisco, Daniel Guzmán, Mery Cuesta...) y multitud de imágenes de archivo audiovisual del momento clave, que otorgan entidad, certidumbre y base sólida a la película. 


Y por el otro se plantea el futuro del "nuevo sonido quinqui" - y cómo las brasas de todo aquello  vuelven a cobrar llamarada - personalizado en las figuras de las conocidas Trap Queens: Bea Pelea, La Blondie o el grupo feminista Ira Rap, para equiparar y potenciar - si cabe - la lectura actual, los problemas de la educación, el drama de la vivienda, los sueños heridos, la incansable voz que trata de hacerse oír en un mundo que no deja de taparse las orejas...


Nuestra receta trata de mostrarse como ese mordisco madrileño, de bolsillo fácil, de bar de chapa, de olor a barrio y que, por su simpleza - ojo, que no es fácil dar con la tecla - y su aspecto ya icónico, es parte ya de nuestra cultura. No sólo culinaria. Tal y como era el cine y la música quinqui, que mostraban mucho más contenido que lo presumible por su etiqueta.   

En Quinqui Stars todos los personajes se nos presentan en su faceta artista y luego en su perfil más íntimo. Algo así como nuestros calamares cuya esencia y aspecto más personal, queda recubierta o rebozada por una coraza emocional, musical, comprometida, reivindicativa; la imagen que se quiere proyectar al mundo...  

Vemos esa dualidad en el día a día de las trap Queens - delincuencia menor, volar del nido, grabar por tu cuenta... - para luego presenciar su fiereza en el escenario, cuyas letras hierven como el aceite caliente de la fritura, saltando sin parar en la olla de un local. Una explosión que las hace más fuertes e invulnerables. Por dentro sigue la ternura del calamar, o lo que es lo mismo, la emoción, la rabia, la frustración de la cruda realidad...


Un bocadillo de calamares podía ser la comida del día para los "perros callejeros" y "navajeros" del movimiento cinematográfico quinqui.  Y lo puede ser para El Coleta y su cuadrilla, siempre a la caza de material para completar su hazaña de documental - y con Carlos Saura en un imposible horizonte, casi a modo de Godot, al que se espera infinitamente -, porque es un bocado de verdad, para gente real. Es un bocado de la calle. Es un bocado de la vida. Pues siempre vivimos entre dos panes, entre dos realidades que nos oprimen: la que deseamos y la que es. 

Y que para la ocasión de Quinqui Stars se ha querido actualizar con ese reguero de alioli, que otorga - de nuevo - virulencia, fuerza, personalidad y furia al mordisco. Un ejemplo meridiano del rap quinqui o del mundo quinqui, sembrado de rimas que abofetean, que pican como el ajo y que, como no podía ser de otra forma, te dejan su sabor un tiempo... 


Quinqui Stars es una obra distinta, que te anima a descubrir o redescubrir ese movimiento, importante y necesario en el devenir de nuestra cultura. Se sazona con parte documental, con parte ficción, con estilos periodísticos, con material de archivo, con preguntas a las que debes responder, con dudas que debes plantear y sobre todo, con música. Esa vía de escape.

Nuestro homenaje gastronómico trata de asemejarse a todo eso - o al menos en parte - porque como decía el maestro Rafael Azcona: "ni bocadillo de anchoas, ni de tortilla, ni de salchichón. Nada: donde esté el de calamares que se quiten todos" 

Sin duda, un gran quinqui...

miércoles, 14 de septiembre de 2016

MARE NERO (Risotto negro con marisco y alioli de albahaca)

Seguimos inmersos en la beca de Demos la vuelta al día y para la ocasión estábamos retados a reproducir un plato que haya captado nuestra atención en la época veraniega. En mi caso, una visita a Roma en pleno ferragosto fue la clave para desarrollar este homenaje culinario. Un risotto nero al que doté de mariscos con los que preparé además un fumet de pescado, clave para esta elaboración.

El risotto es uno de mis platos favoritos de la cocina italiana. La melosidad y la suavidad de cada bocado han sido siempre del agrado de mi paladar. Por estos lares solemos preparar los todopoderosos arroz negro, arroz con calamares en su tinta... pero nunca me había dejado caer por un risotto nero. El proceso lleva su tiempo y requiere de mucho mimo y paciencia. Sin embargo, os aseguro un platazo cargado de sabor, de matices, de texturas...

Para ello nos haremos con buena materia prima y un arroz ideal para el risotto. Suelen ser Carnaroli o Arborio, unos granos con mucha cantidad de almidón y gran capacidad para absorber líquidos. Sin más nos ponemos al lío, así que respirad hondo y... ¡mandiles arriba! 


Ingredientes (4 personas)

  • 270-280 grs de arroz Carnaroli 
  • 2 litros de fumet de pescado
  • 2 sobres de tinta de calamar o sepia (o las tintas de los chipirones) 
  • 200 grs de chipirones (cuerpos y tentáculos)
  • 1 cebolla o 1 chalota
  • 1/2 pimiento verde
  • 1 diente de ajo
  • 200 ml de buen Vino Blanco (Chianti en mi caso)
  • 30 grs de mantequilla y Aceite de Oliva Virgen Extra
  • Perejil fresco picado
  • Queso Parmesano rallado
  • 8-10 gambones 
  • 8-10 zamburiñas 
Para el fumet de pescado

  • 2 litros de agua
  • 1 zanahoria
  • 1 cebolla
  • 1 puerro
  • Cáscaras y cabezas de los gambones 
  • El coral de las zamburiñas (parte naranja)
  • 1 cda de puré de tomate 
  • 1/2 vaso de Brandy o Coñac
  • Perejil fresco
  • Sal, pimienta negra molida y Aceite de Oliva 
Para el alioli de albahaca

  • 1 huevo, 1 diente de ajo, 1 manojo de albahaca fresca, sal, zumo de limón y Aceite Suave o de Girasol DIA.
Tiempo: 1 hora y 30 minutos



Aquí tenéis la video receta para que no perdáis detalle...

Preparando el fumet de pescado 

Picamos gruesamente las verduras (zanahoria, cebolla y puerro) y aplastamos los ajos. Al mismo tiempo aprovechamos para pelar bien los gambones y quitarles el intestino. Reservamos, por supuesto, las cabezas y cáscaras. Eso nos dará personalidad al caldo.



En una olla amplia echamos 2-3 cucharadas de aceite de Oliva y sofreímos unos minutos las verduras, para que vayan soltando aroma. Añadimos las cáscaras y las cabezas de los gambones y las aplastamos bien para que suelten todos los jugos. NOTA: Yo me he ayudado de un "machacador de patatas", que ha resultado una herramienta de lo más útil para este cometido.




Quitamos el coral de las zamburiñas y lo vertemos en la olla. Removemos bien a fuego alto. Vertemos el brandy y (con extremo cuidado) flameamos el alcohol. 




Incorporamos la cucharada de puré de tomate o tomate concentrado y seguimos mezclando. Añadimos el agua (2 litros), salpimentamos y damos vida con unos manojos de perejil y orégano fresco (en este punto puedes añadir eneldo fresco, laurel...) 

Dejamos cocer medio tapada la olla durante 1 hora u hora y media a fuego bajo. NOTA: Habrá que ir desespumando siempre que haga falta. Finalmente lo colamos y ya tenemos el fumet listo.



El risotto

En una sartén honda o rondón añadimos mantequilla y un poco de aceite de oliva (para evitar que se queme) Sofreímos la cebolla o chalota y el pimiento verde cortado finamente. Añadimos los cuerpos de los chipirones (bien limpios y secos) y les damos color en la sartén.





Vertemos el vino blanco y dejamos evaporar el alcohol. Turno del arroz. Para el risotto conviene usar arroz Carnaroli o Arborio, que absorben mejor los líquidos y tiene mayor índice de almidón. Lo añadimos a la sartén y lo tostamos un par de minutos. 


Rompemos las tintas y las mezclamos en un vaso con un poquito del caldo de pescado. Las añadimos al conjunto y removemos para ir "ennegreciendo" el plato. Ahora toca paciencia y mimo. Iremos vertiendo el fumet caliente en la sartén cazo a cazo. 


El truco radica en ir removiendo constantemente el arroz para que absorba el caldo y quede meloso. No debe estar nunca ni demasiado seco ni demasiado húmedo. Poco a poco, sin prisa, a su ritmo... así durante 18 minutos (más o menos, cada tipo de arroz tiene su punto de cocción)



Una vez hayamos terminado apagamos el fuego y añadimos una nuez de mantequilla y un poco de Parmesano Rallado. Mezclamos y tapamos durante 5 minutos. Que repose la estrella...



El marisco y el alioli de albahaca 


En una sartén calentamos un poco de aceite y freímos a fuego vivo los tentáculos de los chipirones por un lado, luego los cuerpos de los gambones y por último las zamburiñas. Que queden con un bonito color tostado...

Por otro lado vertemos en un vaso de batidora el ajo, el manojo de albahaca fresco, el zumo de limón la sal y el huevo. Batimos todo bien. Incorporamos el aceite y emulsionamos todo hasta conseguir un alioli denso y con un sugerente todo verde. Lo pasamos a un biberón de cocina.

Emplatado 

En un plato hondo disponemos un par de cucharadas generosas de risotto nero. Colocamos el marisco por encima y un poco de perejil fresco. Espolvoreamos peperoncino seco (para dar heavy metal), un poco de Parmesano rallado y rociamos un hilo de buen aceite de oliva Virgen Extra.




Por último añadimos unos puntos de alioli de albahaca alrededor del plato para que cada cual pueda ir mezclando a su gusto. 


Receta elaborada pero divertida. Cada minuto que invirtáis en ella será luego un éxito en boca. Así que armaos de paciencia para despuntar con este "mare nero" con un sabor de locura y un sinfín de matices. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

domingo, 28 de febrero de 2016

ARROZ CON RAPE Y LANGOSTINOS Y SU ALI-OLI CASERO (Lawrence de Arabia)

ARROZ CON SEPIA Y LANGOSTINOS Y ALIOLI CASERO

Hacía tiempo que esta receta pululaba por mi disco duro y ya la tenía olvidada. Grata sorpresa descubrir que seguía viva y dispuesta a salir a escena, y qué mejor forma que pedirle al maestro David Lean que me co-dirija esta cine-receta apoyado en su obra maestra "Lawrence de Arabia".

ARROZ CON SEPIA Y LANGOSTINOS Y ALIOLI CASERO

Estos épicos platos de arroz - muy de comer en compañía abundante - son ideales para fines de semana y festejos varios. Lo único que necesitamos es paciencia, mimo y un abanico de ingredientes de excelente calidad. Por supuesto que todo cambia una barbaridad si además preparas tu propio fumet de pescado, ese toque maestro marcará la diferencia entre un buen plato y un plato sublime.

En esta ocasión yo he tirado de langostinos y rape para confeccionar esta receta y los he secundado de un maravilloso Arroz de Calasparra. La mezcla de estos genios de la cocina es una delicia para la vista y, lo que nos importa, para el paladar. Termina la función con un alioli (all-i-oli) y ya tendrás un monumento para servir y fascinar a tu público más selecto. Pues empezamos... ¡Mandiles arriba! 

Ingredientes (4 personas)
  • 400 grs de arroz bomba (Calasparra)
  • 2 cebolletas 
  • 2 dientes de ajo
  • Salsa de tomate casera (4 cdas)
  • 12 langostinos 
  • 12 medallones de rape 
  • 800 ml de fumet de pescado (cáscaras de langostinos, huesos de rape, verduras, perejil...)
  • 6 cdas de Aceite de oliva
  • Sal y pimienta negra molida
Para el ali-oli (all-i-oli)
  • 1/2 diente de ajo picado, 1 huevo, sal, Vinagre y Aceite de Oliva

Tiempo
  • 30 minutos preparación + 30 minutos de cocción del caldo
Película comparada (Tras receta)
  • "Lawrence de Arabia" (David Lean, 1962)
Esta receta lleva pocos ingredientes pero todos tienen un protagonismo vital para el buen desarrollo del proceso o el rodaje del plato.

Lo primero de todo será dejarnos preparados a los personajes culinarios: pelamos los langostinos, pesamos el arroz, limpiamos bien los medallones de rape y picamos las cebolletas y el ajo.

Acto seguido habrá que poner en marcha un buen fumet de pescado. Pedid a vuestro amable pescadero que os guarde los huesos de rape, les dará un toque exquisito. Pelamos los langostinos y reservamos la carne por un lado y las cáscaras y cabezas por otra. 

El fumet

Ponemos en una olla las cáscaras de los langostinos con un poco de aceite y las vamos a sofreír a fuego alto. Iremos aplastando con la cuchara de madera para que vayan soltando los jugos. Incorporamos los huesos de rape, las verduras (cebolla, puerro, zanahoria, apio, nabo...), el perejil, sal y pimienta. 

Vertemos 1 litro y medio de agua y llevamos a ebullición. NOTA: Habrá que ir desespumando con cuidado para eliminar las impurezas que suben a la superficie. Bajamos el fuego, tapamos y dejamos cocer 30 minutos a ritmo lento...

Pasado el tiempo colamos y reservamos hasta que le toque el momento de salir a escena. NOTA: Mejor si lo mantenemos caliente.

El arroz

En una paella (o paellera, para entendernos) añadimos dos cucharadas de aceite de oliva. Añadimos la cebolla cortada en brunoise y el ajo picado. Los sofreímos unos minutos, que suden.

Incorporamos los langostinos y les damos un salteado. Enseguida incorporamos la salsa de tomate. Removemos bien para mezclar bien los ingredientes.

Añadimos el arroz y los salteamos dos minutos.


Momento cumbre. Vertemos nuestro caldo de pescado casero. Removemos con cuidado para que el arroz se "expanda" bien por toda la superficie. NOTA: Ya no se vuelve a menear el arroz de ninguna de las maneras. Dejadlo a su rollo...


Cocemos a fuego vivo durante 8-9 minutos. Luego bajamos el fuego y lo dejamos cocinarse durante 10 minutos más. NOTA: A los 10 minutos echaremos los medallones de rape. 


Apagamos el fuego, lo cubrimos con un paño y dejamos reposar 5 minutos.

Para el ali-oli (all-i-oli)

Yo lo hice con batidora (el clásico es a golpe de mortero), así que vosotros decidís la técnica a seguir. Ponemos en el vaso el diente de ajo picado, el huevo, un poco de sal, un chorrito de vinagre y un buen chorro de Aceite de Oliva. 

Bajamos la batidora hasta el fondo y empezamos a batir sin moverla. Cuando veamos que empieza a emulsionar, subimos y bajamos lentamente el brazo de la batidora hasta que nos quede una salsa homogénea. 

Pues ya tenemos todo listo para disfrutar de una comida de órdago en buena compañía. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
LAWRENCE OF ARABIA
("Lawrence de Arabia" de David Lean, 1962)


La acometida de este arroz - o de cualquier arroz que se tercie - es una obra épica. Un proceso minucioso, laborioso, cargado de detalles y tú, como director de la receta, debes orquestar con precisión la presencia de los ingredientes en el set de rodaje. De ahí que mi perturbada mente haya tenido que catapultarse a una epopeya cinematográfica que pudiese aglutinar la empresa de este arroz. Ahí surge un nombre constantemente: David Lean. 

El británico David Lean es sinónimo de majestuosidad, de grandilocuencia, de superproducción (sin menoscabar ni mucho menos sus obras intimistas iniciales del corte de "Grandes esperanzas" o "Breve encuentro") Su abanico de monstruos del celuloide es impecable, pero dado el tono amarillento del arroz, su aspecto agreste, su look desértico... no había otra que dejarse caer por una de las piezas más fundamentales y redondas del séptimo arte: "Lawrence de Arabia" 

Han pasado cinco años desde que el "toque Lean" se inmiscuyera en enormes producciones con la todopoderosa "El puente sobre el río Kwai". El director acomete en 1962 la biografía de T.E. Lawrence - un aguerrido y polémico militar británico - y entrega al mundo una pieza épica, colosal, minuciosa, grandilocuente y al mismo tiempo cargada de intimismo y pasión por sus personajes. Lean se entrega durante casi 4 horas a la magnificencia de un relato plagado de grandes escenas, de millares de extras, de paisajes exóticos, de batallas... Y nos hace cómplices de toda la hazaña de Lawrence en lucha contra los turcos por la libertad árabe. Locos para uno. Líder para otros. Nadie queda indiferente ante la desbordante personalidad de este atípico héroe del cine.

Resulta curioso saber que el papel central fue desechado en su momento por Marlon Brando y Richard Burton. Así recayó en las manos inexpertas de un desconocido Peter O'Toole, cuyo magnífico trabajo de composición interpretativo le abrió las puertas al universo Hollywood. A su lado le secundaron monumentos como Alec Guinness, Anthony Quinn, Claude Rains, José Ferrer u Omar Sharif. Un elenco de vértigo - ni una sola mujer con texto en toda la película - que supo dotar de veracidad y presencia uno de los cuadros más hermosos, potentes y abrumadores del séptimo arte. Todos a un nivel homogéneo, a una altura pocas veces vista, un tifón de talento ante los ojos.

Nuestra receta comienza su andadura comparativa por la imagen inicial de ese "suelo" de arroz que se nos antoja el desierto. El paraje principal y, a su modo, personaje esencial de la historia. Todo gira en torno a él, como todo en el proceso culinario gira en torno al arroz. El cereal gobierna la llanura de la "paella" y se erige como el absoluto protagonista. Su tono amarillento, su textura abrupta y poco uniforme (con sus dunas), nos catapultan a ese árido entorno, de calor sofocante y horizontes infinitos. 

La odisea de Lawrence (que acaba convertido en un hombre de desierto) se asemeja de alguna forma a todo el trabajo de la receta. La transformación del héroe desde la nada hasta moldearlo en un "árabe" más. Todo nuestro trabajo de "guión y dirección" corre en paralelo con la misión del militar británico de combatir al enemigo otomano. Lean marca el "tempo narrativo" empezando por un buen sofrito que servirá de base o punto de partida para este viaje vital y bélico.

Los personajes decisivos de la colosal trama van uniéndose a la línea argumental mientras el calor del aceite o del desierto va haciendo mella. Los langostinos, las verduras, el rape, el arroz... se arremolinan en el paisaje para condicionar el destino de Lawrence. El príncipe árabe, el guerrero fiel y letal, el oficial británico, simbolizan esa mezcolanza de "buenos y malos" que mueven los hilos del entusiasta militar de dorado cabello y azulados ojos. Pero sólo hasta que tome las riendas de su propia historia, de sus creencias, de su ideología libertaria. El baño del fumet hace hervir la narración a fuego fuerte. Lean hace estallar los conceptos cinematográficos y la épica borbotea en cada plano. Toda la grandiosidad de una superproducción se fusiona con el conflicto del personaje. Una perfecta disección del alma humana: los parajes idílicos ocultan una batalla interior, donde salen a flote las miserias del hombre hasta que terminan por consumirle, como se consume el caldo de pescado durante la lenta cocción. 

"Lawrence de Arabia" es una de las más bellas películas jamás filmadas y, sin lugar a dudas, una de las joyas con mayúsculas del celuloide. David Lean es de los pocos directores que sabía conjugar cantidad y exceso con un preciosismo casi pictórico (muy al estilo de Renoir, De Mille o Wyler) La receta trata de emular a uno de los mejores desiertos vistos en una pantalla, tan profundo, árido, agreste y crudo, como bucólico y placentero. Nosotros sembramos un arroz por el que deambulará un reparto coral y magnífico de personajes-ingredientes y durante ese viaje al interior de nuestro ser (o estómago) combatiremos los enemigos que hagan falta. 

La perfección se hizo cine. Ahora nosotros lo hemos hecho receta...

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