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viernes, 14 de julio de 2017

ARROZ CON ALCACHOFAS Y COLIFLOR MORADA (El mago de Oz)


Ingredientes (4 personas)
  • 350-370 grs de arroz redondo
  • 4 alcachofas 
  • 1/2 coliflor morada 
  • 1 litro de caldo de alcachofas Aneto
  • 1 puerro
  • 1 cebolla grande
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cda de cúrcuma
  • 1/2 vaso de vino blanco
  • Sal y pimienta blanca
  • Aceite de Oliva 
Tiempo: 40 minutos
Película comparada: "El mago de Oz" de Victor Fleming, 1939

Sigue el camino de baldosas amarillas para llegar a la cine-receta, hitchcookian@...

Momento verduras: mise en place.

Lo primero de todo es meternos con las alcachofas. NOTA: Puedes ver el proceso en esta receta de Spaghetti con Alcachofas y pesto. Pero vamos, basta decir que hay que ir "deshojando" hasta llegar a las hojas más tiernas. Cortamos el pie, las partimos en cuartos y les retiramos "los pelillos" del corazón. Las vamos metiendo en un bol con agua y limón. 

Cortamos los arbolitos de la coliflor morada, los lavamos y los reservamos. Picamos las cebolla, el puerro y los dientes de ajo en brunoise.

Por último ponemos a calentar en un cazo el caldo. Todo en marcha...

A la cazuela

Echamos un poco de aceite de oliva y salteamos las alcachofas hasta que se doren ligeramente. Las sacamos y dejamos que descansen hasta volver a entrar en escena.


En esa misma cazuela sofreímos la cebolla, el puerro y los ajos (añadimos más aceite si hiciera falta) Cuando empiecen a estar tiernas, incorporamos la coliflor morada. Salteamos.


Incorporamos el arroz a la cazuela y lo tostamos durante 1-2 minutos para que vaya cogiendo aromas del resto de ingredientes. 


Vertemos el caldo caliente (2 partes de líquido por 1 de arroz, añadiendo algo más de caldo si hiciera falta para dejarlo en el punto adecuado) y la cúrcuma. Removemos para que se integre.


Cuando rompa el hervor reincorporamos las alcachofas y dejamos cocinar unos 20 minutos a fuego suave, vigilantes siempre del punto, del nivel de caldo y de los bíceps que tenga vuestra cocina.

Cuando esté como debe estar, apagamos el fuego y dejamos reposar 5 minutos. Servimos directamente la sartén o cazuela en la mesa y que cada comensal se sirva lo que guste. ¡Que aproveche, hitchcookian@s!

Película ideal para degustar este plato
THE WIZARD OF OZ
("El mago de Oz", Victor Fleming-1939)


La locura colorista del plato debía tener un reflejo cinematográfico igualmente excéntrico. Toda esa paleta pictórica otorgada por las verduras, se me antojaba casi como un viaje a un mundo de fantasía, donde cosas extraordinarias pueden pasar ante la quietud de tu mirada. Es en ese punto donde la fiesta culinaria se topa de bruces con la sensacional e inmortal obra musical: "El mago de Oz" 

Una obra de lo más inquietante y abrumadora en todo su contexto. Muy adelantada a su tiempo y que, sin duda, debería permanecer en nuestra retina. El viaje de una joven en un mundo extraño, amable y desolador al mismo tiempo, que emprende un camino por el camino de baldosas amarillas en busca de la Ciudad Esmeralda y en compañía de unos acompañantes de lo más peculiares (un espantapájaros, un hombre de hojalata y un león cobarde) para dar con el todopoderoso Mago de Oz y lograr así huir. 

Unos pocos antecedentes...


El año 1939 daba fin a una década de lo más provechosa y creativa en Hollywood. El color empezaba a instaurarse en las pantallas, llegando a su cima con "Lo que el viento se llevó" (del mismo año, y curiosamente co-dirigida por el propio Fleming) Nuevas corrientes llegaban al celuloide, nuevos conceptos, se cerraba una época fructífera y ahí estaba "El Mago de Oz" para sacudir los cimientos. Una película que costó dios y ayuda sacar adelante, que no parecía apropiada y que luego resultó ser un éxito apabullante y un claro referente para el futuro.

Ya no sólo se trata de una película querida, recordada y venerada por generaciones, es un ejercicio de estilo y forma en toda regla. Cabe señalar su osadía a la hora de jugar con el blanco y negro y el color, su magnífica banda sonora y su esfuerzo por crear un mundo fantástico donde caben las canciones benévolas y los planos en forma de pesadillas. Brujas perversas, monos voladores, un mago misterioso, árboles raptores, los münchkins  y sobre todo la inexorable soledad de la joven Dorothy (maravillosa Judy Garland) en un mundo del que sólo quiere salir de ahí "y volver a Kansas". Una meta clara. Dura. Una suerte de Alicia en un país que le supera, que no comprende.



Nuestra cine-receta

Tiene claros componentes visuales que se ajustan a la propuesta de Fleming. El abanico de cromatismos donde predomina el morado de la coliflor o el verde de la alcachofa, nos catapultan de manera nítida a ese mundo de colores vivos, casi palpables, exagerados, irreales de alguna forma.

Pero, al igual que Dorothy y su perro Totó, empezamos el viaje cargados de inocencia, en blanco y negro, donde nuestras verduras se mantienen crudas, inocentes, ignorantes al tornado que les sacudirá para formar parte de una cazuela de ensueño.

Poco a poco irán cobrando sabor y, sobre todo, color al dar los primeros pasos.  Y yendo más lejos, ccomo siempre, podría decirse que ambas protagonistas pueden asemejarse al duelo de brujas (la buena del Norte y la malvada del Oeste): el verde de la alcachofa encuentra en la piel verdosa de la pérfida su similitud, así como la coliflor morada desprende ese mágico atuendo de la benévola. 

Entonces vamos construyendo ese viaje que emprende Dorothy junto a sus esperpénticos compañeros  por el camino de baldosas amarillas. Esos adoquines que cobran forma de granos de arroz y que se tiñen de dorado gracias a la cúrcuma. La odisea es a fuego lento, una cocción suave que necesita de toda nuestra atención para sortear los obstáculos y peligros del camino, el punto del arroz, la necesidad de más caldo, el toque de la sal...

Y así mientras el caldo oculta la ciudad Esmeralda, una vez que se consume nos muestra la fabulosa visión de los dominios del Mago de Oz. El final del camino, la cocción perfecta.

El reposo del arroz no hace más que incrementar el suspense cuando Oz nos niega los deseos de volver a casa o de hincarle el diente. Pero todo cobra sentido al destapar el "misterio" del mago y asumir su condición de humano. Nuestra voluntad se cumple: hay un corazón para el hombre de hojalata, un cerebro para el espantapájaros, valor para el león, un vehículo de huida (un globo) para Dorothy y un buen tenedor para nosotros. 

Está claro que "como en casa en ningún sitio", y así debe ser la comida. Este plato ha querido acercarse a la fantástica película de "El Mago de Oz" desde el clasicismo (un proceso cotidiano) pero con notas de modernidad y mucho colorido. El viaje de las verduras por la tierra de la cazuela, caminando sobre el arroz y buscando encontrarse contigo, porque tú eres el auténtico mago de Oz, tiene que suponerte una mirada a la infancia. Cuando las películas y las comidas suponían trasladarte a otros mundo sin salir del sofá o de la silla del comedor.

Así que átate el mandil, aclara tu garganta y corea conmigo: We're off to see the wizard... the wonderful Wizard of Oz! Because, because, because... of the wonderful things he does!

miércoles, 28 de diciembre de 2016

CREMA DE COLIFLOR MORADA (La rosa púrpura del Cairo)

Crema de coliflor morada

Esta receta es todo un espectáculo en muchos sentidos. Tiene vistosidad, tiene textura, tiene fantasía, tiene muchas virtudes nutritivas y, sobre todo, tiene el don de sorprender al ojo y al paladar. Una crema de coliflor morada es un plato que nos puede servir de entrante, lo podemos servir en vasitos como aperitivo elegante, como primer plato o como cena ligera para entonar estómagos en tiempos de temperaturas mínimas. Un abanico de posibilidades gigante, como veis.

Crema de coliflor morada

La coliflor morada consiste en plantar las semillas de coliflor y de lombarda juntas. El resultado final tiene el aspecto de una coliflor convencional pero absorbe el bonito color morado de la lombarda. Si tenéis ocasión de haceros con una, no lo dudéis. Merece la pena probarla, fantasear con ella, darle el uso que más os plazca.

Yo aquí he realizado una crema aromatizada con curry, hierbabuena, ajo... pero tanto los añadidos como el plato a elegir queda íntegramente a vuestra elección. Una coliflor morada gratinada en el horno, salteada, un cuscus de coliflor, como acompañamiento de pescado al vapor, en vinagreta... Dejaos llevar por la imaginación para sacarle el máximo rendimiento. Os lo agradecerá.

Y ya si encima, dentro de mi locura gastro-cinéfila, os inspira Woody Allen con su entrañable y maravillosa "La Rosa Púrpura del Cairo" pues mejor que mejor. Así que vamos a sumergirnos en el "cine dentro del cine", en la cocina dentro de la cocina, en una última cine-receta para terminar el año con positivismo, colorismo, risas y una crema espectacular. ¡Mandiles arriba! 

Crema de coliflor morada

INGREDIENTES (4-6 personas)

  • 700 grs de coliflor morada
  • 800 grs de caldo de verduras (o agua)
  • 2 puerros (sólo la parte blanca)
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cda de curry de Madrás
  • 200 ml de nata para cocinar
  • 40 grs de Aceite de Oliva 
  • 20 grs de mantequilla
  • Sal y pimienta
  • Hierbabuena o menta fresca 
Tiempo: 40 minutos

Película comparada: "La rosa púrpura del Cairo" (Woody Allen, 1985)

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Elaboración

En una olla amplia calentamos la mantequilla con el aceite - y así evitar que se queme -. Añadimos el puerro bien limpio y troceado y los dientes de ajo picados y sofreímos unos 5-7 minutos.

Incorporamos los ramilletes de coliflor morada - nos guardaremos un par de ellos para el crujiente -, el curry y salteamos brevemente para que cojan un poco de color. Enseguida vertemos el caldo de verduras o el agua. Salpimentamos al gusto, o sea, al tuyo.

Llevamos a ebullición y cuando rompa el hervor bajamos el fuego y dejamos cocinar todo durante 30-35 minutos. O hasta que la verdura quede tierna-tierna. 

Dejamos que enfríe ligeramente y trituramos todo. NOTA: Lo podemos pasar luego por un colador chino para obtener una crema aún más fina si cabe. 

Volvemos a calentarlo en la olla y añadimos la nata. Cocinamos unos 5 minutos removiendo bien para que se integre con la crema. 

Rallamos los ramilletes de coliflor morada reservados hasta tener una especie de "tierra". 

Servimos enseguida en cuencos individuales y espolvoreamos la coliflor rallada y unas hojas frescas de menta o hierbabuena. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato

THE PURPLE ROSE OF CAIRO
("La rosa púrpura del Cairo" - Woody Allen, 1985)

Tenía ganas extremas de acabar el año cine-culinario con una obra que supusiese mucho para mí. No realizo las suficientes comparaciones con el genio Allen, para lo que su pluma significa para mi mente y destreza, así que hoy le pongo remedio a esta escasez. Que es hora...

Cuando realicé este plato, el color púrpura dominante enseguida me llevó a pensar en mundos de fantasía. Y creo que no hay universo más ficticio que el cine en sí mismo. El cine como divertimento, como ventana para nosotros - espectadores y voyeurs - que nos hace vivir experiencias y aventuras ajenas como propias. Fue entonces cuando mi cabeza alocada se poso en las virtudes de "La rosa púrpura del Cairo", una de mis obras favoritas del director-guionista judío y todo un homenaje al séptimo arte en todo su esplendor. 

Asentemos al genio...

En los años 80, Woody Allen estaba más que consagrado en el panorama internacional y ya atesoraba éxitos de crítica y público (tanto en teatro como en cine), amén de un puñado de Oscars con su memorable "Annie Hall". A mitad de la década se encontraba en la cima de la madurez de su carrera. Atrás quedaban los desternillantes años 70 (con películas del corte de "El dormilón", "Bananas", "Todo lo que quiso saber sobre el sexo" o "La última noche de Boris Grushenko") y empezaba una nueva era donde reinterpretaría el código de la comedia, basada en afilados diálogos e historias universales vistas desde una perspectiva neurótica y cotidiana. Obras como "Manhattan", "Zelig", "Interiores" o "Broadway Danny Rose" empezaban a mostrar una nueva inquietud en el cineasta, donde el amor, el sexo y las relaciones humanas eran su gran seña.

En 1985, año de "La rosa púrpura del Cairo" abarca un concepto de "meta-lenguaje" haciendo ya no una película dentro de una película, sino una película de una película que sale de la pantalla. Una metáfora abrumadora de cómo nos evadimos en el cine de la realidad, y cómo esos dos mundos confluyen en una historia de amor más allá de cualquier código narrativo. 

En tiempos de la Gran Depresión una camarera (Cecilia - Mia Farrow) escapa una y otra vez de su anodina vida laboral y sentimental viendo una película exótica en un cine de Nueva Jersey. Pero un día uno de los personajes de la obra proyectada, "escapa" de la pantalla para vivir la gran aventura de la "realidad". Un detonante mágico, irreal, desconcertante, disparatado y tremendamente imaginativo, que nos habla de ese mundo de ilusiones que es el cine, y cómo, de vez en cuando, se materializa, haciéndonos partícipes protagonistas de su propio argumento. Una metáfora de vivir el sueño... 

Nuestra cine-receta

Más allá del claro tono colorista que predomina en el plato, y que le asemeja al título que da vida tanto a la obra de Allen como a la obra que Cecilia ve sin descanso en el cine, nos encontramos con que "la rosa púrpura" es la protagonista total, el motor de la historia y del cocinado. Cecilia o nuestra crema de coliflor, se erigen como esos seres extraños, inocentes, frágiles y entusiastas en un mundo gris. Donde colocan su nota de color ante un futuro descorazonador. 

El púrpura se nos antoja como ese guiño a los personajes perdedores en tiempos de crisis que vencen gracias a su esperanza vital. O cómo una coliflor morada que podría perfectamente acabar siendo una guarnición colorista, termina por hacerse dueña de un plato, imponer su voluntad, su personalidad, y satisfacer al paladar más crítico.

Pues Cecilia es una pobre desgraciada, vilipendiada por un marido vago (Danny Aiello), que vive encorsetada en un manojo de ramilletes: compacto, inmóvil, apesadumbrado... Poco a poco su obsesión/pasión por ir al cine, va haciendo que se suelte y que fantasee con el amor de un personaje ficticio, el protagonista de "La rosa púrpura del Cairo" (Jeff Daniels).

Y de pronto el sueño se hace incomprensiblemente realidad, y el muro se rompe para dar salida a un hombre irreal. El cocinado de su amor comienza, y empieza a borbotear ese mensaje "alleniano" de reflexionar sobre la fantasía, superar miedos, y cómo las relaciones humanas van más allá de lo meramente real. En nuestra olla Cecilia (o la coliflor morada) empieza a ablandarse, a coger otras texturas y fragancias (entre ellas el curry, condimento exótico en homenaje al Cairo de la película), a dejarse llevar por esa nueva ilusión que le ha traído la vida. 

A medida que el proceso o el romance avanza, la apocada Cecilia va descubriendo que su realidad puede ser algo más, que merece ser algo más. Nadie podía pensar que al comienzo esa extraña coliflor morada, acabase siendo triturada (como una metáfora de su terrible matrimonio, de los abusos de los productores, de la vanidad del "verdadero" actor) hasta convertirse en una soñadora y esperanzadora crema fina, que destacase por su vivo color púrpura, por su sueño de una vida mejor. Una vida que sólo consigue gracias a vivir una mentira. Y eso, amigos, es la magia del cine: fugarnos de lo cotidiano, soñar despiertos, viajar sin movernos, disfrutar de lo irreal...

La hierbabuena acaba sobresaliendo de un final agridulce como un destello de verde esperanza, pues la vida de Cecilia nunca volverá a ser la misma. Hay brotes de un nuevo futuro para ella...

"La rosa púrpura del Cairo" es una pequeña gran joya de Woody Allen, donde se deja ver esa pasión deliciosa por los mundos oníricos, que tanto han protagonizado su cine. Es una película bella, sencilla pero con un trasfondo profundo y reflexivo, cómica, romántica, y perfectamente ambientada en los años 30 americanos. Esta suerte de "caverna de Platón" es una cima en su carrera (a mi modo de ver) y una obra significativa para las que vendrían posteriormente. Nuestra crema de coliflor trata de homenajear ese destello de su genio, trasladando a la cocina su "rosa púrpura". 

Y mientras tanto, seguiremos soñando con el cine... A dos carrillos.