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miércoles, 25 de febrero de 2015

COUS COUS CON VERDURAS Y MEJILLONES (Cena#73)

Para compensar mi última cena a cámara rápida (que se me fue un poco de tiempo), contraataco con un plato vertiginoso y muy aromático. El cous-cous admite muchas formas de cocinado: tabulé (Mira MI ENSALADA), estilo exótico,  (Mira MI RECETA), o como acompañamiento (Mira MI PROPUESTA). En esta ocasión como tenemos prisa y una latita de mejillones pidiendo protagonismo, vamos a mezclar ambos ingredientes para extraer una especie de ensalada templada que hará las delicias de cualquier paladar con ganas de jaleo... ¡Mandiles arriba!

INGREDIENTES (2 personas)

120 grs de cous-cous
12-14 mejillones al natural
1 zanahoria
1 cebolleta
1 puerro
1 diente de ajo
Hierbabuena fresca
Zumo de 1/2 limón
Comino molido
Sal, pimienta y aceite de oliva
Agua

Tiempo: 15 minutos

Todo preparado

Cogemos la medida del cous-cous, y tomamos la misma cantidad de agua (o caldo de verduras). Echamos el agua en un cazo y lo llevamos a ebullición. Cuando rompa el hervor, incoporporamos el cous-cous y removemos suavemente. Dejamos reposar hasta que absorba todo el líquido.

Troceamos la zanahoria, la cebolleta, el puerro y el ajo muy pequeño. 

Colamos los mejillones y reservamos. Picamos finamente la hierbabuena.

Al lío

Ponemos una sartén al fuego con 2 cucharadas de aceite. Vamos sofriendo las verduras durante unos minutos a fuego medio-alto. Removiendo para evitar que se nos quemen...no nos interesa nada.

Incorporamos los mejillones colados y mezclamos bien.

Añadimos el cous-cous y unas hojitas de hierbabuena o menta troceadas. Echamos el zumo de limón y el comino. Salpimentamos al gusto y revolvemos todo hasta mezclar todos los ingredientes. Y dejamos que la cocina se inunde de aromas.

Emplatamos en un plato hondo y decoramos con más hierbabuena fresca y un poco de ralladura de limón (sólo la parte amarilla) Todo listo para devorar. ¡Que aproveche, hitchcookianos!


domingo, 29 de junio de 2014

CORDERO MARROQUÍ Y CUS CUS DE CÍTRICOS

INGREDIENTES (4 personas)

750-800 grs de cordero troceado
8-10 ciruelas pasas
1 cebolla
Aceitunas verdes sin hueso
500 ml de caldo de carne
Menta o hierbabuena fresca
2 cdas de Ras Al Hanout
1 cucharadita de comino
Sal, pimienta y aceite de oliva

Para el cus-cus de cítricos
200 grs de cus cus
200 grs de naranja exprimida
Hierbabuena
Tomate picado
Pepino picado

Zumo de 1 limón
sal y aceite de oliva

Esta receta va dedicada a mi gran amiga Leyre Medrano, que en breve se aventura por tierras africanas para degustar una odisea de película. Sé que no es un plato etíope cien por cien (más bien marroquí) y que el cus-cus y ella no son precisamente los mejores amigos, pero el aroma, los matices y las texturas nos catapultan a tierras exóticas africanas y eso, por ahora, nos vale para la dedicatoria cine-culinaria. O eso espero...

Esta plato se suele cocinar en Tajine (un recipiente de barro, con una tapa en forma de cono que facilita la cocción y la salida del vapor). Yo lo he usado para la presentación, pues el mío no es apto para mi cocina. Si os atravéis, usad el modo marroquí. Y si no, tirad de imaginación, que sé que es mucha. Silencio... se cocina.

Pedimos al amable carnicero que nos trocee el cordero (puede ser falda, babilla...yo prefiero sin hueso, pero ahí ya al gusto, como siempre) o lo hacemos en casa con un buen cuchillo y un cuidado extremo. Disponemos los trozos en un bol y los salpimentamos bien, removiéndolos para que se impregnen por todas las caras. Los reservamos.

En una sartén u olla baja y ancha, echamos unas 2 cucharadas de aceite de oliva. Sofreímos la cebolla bien picada (en brunoise) a fuego medio unos 10-12 minutos, luego se terminará de hacer en la cocción. 

Mientras la cebolla sigue su curso, vamos a ir dorando el cordero en otra sartén con aceite bien caliente. Los freímos ligeramente hasta que queden bien sellados por todas sus caras. De ese modo retendremos los jugos de la carne en su interior.


Una vez que el cordero está dorado, lo incorporamos a la otra olla. Removemos bien y añadimos las cucharadas de Ras-Al-Hanout y el comino molido. Mezclamos.

Ras-Al-Hanout y comino, todo aroma... 
Turno ahora del caldo de carne y las pasas. Siempre conviene que cualquier líquido que incorporemos a un guiso esté caliente para no cortar la cocción. 

Caldo, pasas... La obra crece.
Añadimos las aceitunas. Procurad que no estén rellenas para que el sabor de una anchoa, por ejemplo, nos entorpezca el resultado final.

Aceitunas. El último elemento.
Dejamos cocinar a fuego bajo durante 20 minutos. Tiene que quedar caldoso, no seco. Aunque ya sabéis que ahí vuestro ojo clínico es el que ordena. Terminamos cortando un poco de hierbabuena o de menta y espolvoreamos por encima del guiso. Lo dejamos reposar 5 minutos.

Guiso de cordero tras la reducción... 
Aprovechamos ese margen de tiempo para hacer el cus cus de cítricos. Colocamos la sémola en un cuenco y la hidratamos con el zumo de naranja. SIEMPRE LA MISMA CANTIDAD DE CUS CUS QUE DE LÍQUIDO. Removemos con un tenedor para separar los granos. Y dejamos reposar. Si no queréis tirar de naranja, podéis hacer el mismo proceso con agua hirviendo o caldo de verduras.

Añadimos el pepino y el tomate bien picados y aliñamos con aceite, sal, pimienta y zumo de limón. Terminamos con el toque refrescante de la hierbabuena o de la menta. Listo. 

MOMENTO DE EMPLATAR. Como ya he comentado yo usé el Tajine, que le da un aspecto en mesa espectacular. Hacemos una base con el cus cus y en el centro colocamos el guiso de cordero. Decoramos con unas hojas frescas de hierbabuena. Y ya estamos listos para viajar... 

Opción de emplatado
¡Que aproveche, hitchcookianos! 
¡No olvidéis comentar este plato, con vuestra ayuda siempre será mejor!

Película ideal para degustar este plato

THE AFRICAN QUEEN
("La reina de África" de John Huston - 1951)

Vale que el espíritu marroquí de la receta invitaba más a una película algo más concisa del país. Pero, como el río que baja sin control, me he dejado llevar por el sello africano y por el aroma de aventura que respira. Y dado que Leyre Medrano (la homenajeada) se va para el continente del sur, tenía que decantarme por una odisea de dos, un divertimento plagado de obstáculos, de sana supervivencia; una epopeya a través de lo desconocido... Hay muchos posibles referentes, aunque ya puestos a encumbrar el plato, nada mejor que fijarse en la gran corona cinematográfica que se posa merecidamente sobre la cabeza de La reina de África

John Huston es, sin duda, uno de los mejores directores que ha tenido a bien parir el séptimo arte. Su talento en el guión y su pericia tras la cámara, han terminado por alzarle a lo más alto de cualquier lista. Un tío que cuenta con piezas tan magistrales como El halcón maltés, El tesoro de Sierra Madre, El hombre que pudo reinar, La jungla de asfalto o Dublineses, es para tenerle muy en cuenta. 

Huston fue siempre de naturaleza aventurera, y para la ocasión se sumerge en las entrañas de África y nos propone un viaje vital, de supervivencia y convivencia extrema, en el que dos entes dispares (el borrachuzo Bogart y la mojigata misionera Hepburn, que están ambos para hacerles una estatua) deben remontar un río a lomos de una harapienta barcaza con el único fin de seguir con vida. Que no es mal fin, todo sea dicho. Huston supo dotar a esta peripecia de los mejores ingredientes de aventuras: humor, drama, exteriores exóticos, unos diálogos milimétricos, romance, peligros invisibles, una pareja protagonista que se repele y se ama en dosis iguales... 

Nuestra receta (limada ya las asperezas de si es marroquí o no, que lo es) congrega en ese Tajin de barro a sus dos ingredientes estrella. Digamos que el recipiente (de aspecto humilde, simplón, pero que resiste lo que le echen) se nos antoja como ese destartalado bote llamado "La Reina de África", que pese a su triste apariencia, hace las veces de bote salvavidas o de plato presentación.

Nuestro Bogart particular cobra vida en el cordero. Un hombre-alimento que comienza siendo correoso y duro de tragar, pero que a medida que avanza la historia (o el cocinado) se va reblandeciendo, se va suavizando, se va haciendo noble, humano, tierno... Por supuesto que mantiene su esencia viril otorgada por el caldo de carne o su picante ironía (gracias a las especias) pero el dulzor de la pasa o los toques verdes de la hierbabuena hacen que sus muros caigan cada vez más rápido. 

Por el otro lado nos topamos con ella, la Hepburn, la estirada, la quisquillosa, la protestona... el cus cus, dicho de un modo culinario. Su aspecto blanquecino evoca el puritanismo del que hace gala esta misionera sin rumbo. Y su proceso es el contrario que el del rudo capitán: los cítricos y las hierbas la van agudizando, haciendo más irónica, fuerte, desinhibida, alocada... La obligada convivencia de los dos personajes-ingrediente en este tajín-barcaza, les hará comenzar separados pero los peligros del río y de los amenazantes alemanes (y tal vez de nuestro tenedor) les unirá en la causa común: enamorarse, luchar contra el enemigo y llenarnos el estómago.

Así pues convenimos en que nuestra particular "Reina de África", que surca el río de nuestra encimera, es la mezcla perfecta de sabores, aromas, texturas... La mesa se nos carga de aventuras en mayúsculas. Nosotros sólo podemos disfrutar de esta dulce fantasía, degustarla, paladearla, vivirla con la misma intensidad que Huston la rodó. Todo un festival cine-culinario de emociones y sensaciones que sólo el continente africano puede ofrecer... Buen viaje, reina. 





jueves, 14 de marzo de 2013

TARTAR DE ATÚN SOBRE CUS CUS

INGREDIENTES (4 personas)

500 grs de atún (sin espinas ni piel, yo usé lomos congelados)
1 cebolleta pequeña
2 pepinillos en vinagre
Alcaparras
Salsa de soja
Salsa Perrins (inglesa)
1 cda de mostaza de Dijon
Aceite de sésamo (o aceite de oliva en su defecto)
Jengibre
Medio limón exprimido
Semillas de sésamo negro
Cebollino

Para el cus cus:
150-200 grs de cus cus
Misma proporción de agua o caldo
AOVE
1 cda de comino molido

Duración: 20 minutos (más 1 hora de maceración en nevera, como mínimo)

Soy un amante del pescado y del atún en concreto, pero empezaba a cansarme de cocinarlo siempre de la misma forma (muerto, sí, pero no salía de la sartén o el guiso). Así que tiré de sabiduría oriental y me decidí a probar este tartar. Ya cuando me sugirieron mezclarlo con cus-cus, supe que hay había material del bueno y que el resultado podía coronarme o devolverme al exilio del "atún plancha" de toda la vida. Por suerte me vi inspirado (cosas que pasan) y tanto el sabor final como la apariencia y el toque de la guarnición, lograron que me sintiera especialmente orgulloso de mí mismo. Un hallazgo culinario que comienza... ¡ya!

Se limpia bien el atún y se corta a cuchillo (como manda el buen tartar) en trocitos pequeños. Se pone en  un bol. Ahora viene el momento de enloquecer mezclando ingredientes y sabores. Estos, y no otros, fueron los míos...

Se trocea muy pequeña la cebolleta y se incorpora. Se pican los pepinillos y las alcaparras y para dentro. Mezclamos. Y ya con todo se va echando el resto: salsa de soja, salsa Perrins, mostaza, aceite de sésamo, jengibre (molido o muy troceado) y el limón exprimido. Las cantidades variarán según los gustos de cada uno, por supuesto. Y cómo no, se le puede incorporar algún picante (yo en este caso no le he echado...¡maldición!) 

Se mezcla todo y se cubre con papel film y se deja reposar como mínimo una hora en la nevera para que se vayan impregnando bien todos los sabores.

Cuando haya pasado el tiempo sacamos el tartar y vamos preparando el cus-cus. Se pone a cocer el agua y cuando hierva se vierte sobre la sémola que ya tendrá mezclada una cucharada de comino molido (o de Ras-Al-Hanut, por ejemplo). Se echa un chorrito de aceite y se tapa con un paño de cocina. Se deja reposar unos 5 minutos y se revuelve bien para que quede suelto.

En mi afán de complicarme la vida y hacer lucir las fotos preparé una guarnición con unos espárragos trigueros que tenía. Tan fácil como hacerlos a la plancha con un pelín de aceite. Al servirlos se espolvorea un poco de sal gorda y listo.

Montamos el plato. Se coloca un aro de emplatar (cuadrado en mi caso) y primero se pone el cus-cus. Se aprieta bien por los lados. Seguidamente vertemos el tartar de atún y apretamos para que quede firme. Decoramos con un poco de sésamo negro y cebollino.

Colocamos los espárragos y unos tomates cherry cortados por la mitad y ¡voilá! ¡Obra terminada!

Película ideal para degustar este plato
MUHOMATSY NO ISSHO
("El hombre del carrito", Hiroshi Inagaki - 1958) 

Así, a primera vista, la disposición de los alimentos me sugiere aquel jinrikisha o cochecito de dos ruedas, que empujaba Toshiro Mifune en esta pequeña gran fábula nipona. Probablemente muy desconocida para el público... pero que debería, poco a poco ver la luz por sus grandes virtudes narrativas e interpretativas.

"El hombre del carrito" podría ser el estandarte japonés del neorrealismo italiano: una historia basada en la desigualdad social, en la superación humana, en el amor no correspondido, la miseria que ronda a los más débiles...  Es decir, la cruda realidad. Y pocas cosas hay más crudas que un tartar. Y si encima es de atún, damos con el elemento japonés para la conexión total entre película y receta.

Pero yendo un poco más lejos (de la realidad, lo más seguro) pienso en una rápida sinopsis del film: un hombre (a cargo del colosal Toshiro Mifune) se gana la vida empujando un carrito y llevando clientes de un lado a otro. Una madre viuda le pide que eduque a su hijo. El hombre del carrito (cuyo trabajo es el más decadente posible) poco a poco le va cogiendo cariño y se convierte en la figura paterna anhelada, al tiempo que sufre por el deseo sentimental imposible con la mujer.

Miremos nuestra receta: hay un claro elemento débil (el cus-cus; que simboliza la clase social baja)  que soporta sobre sus hombros una gran mezcla de pasajeros de clase alta (el atún y el resto de especias y componentes). Y coronando la cima, y muy lejos del amante cus-cus, se encuentra ese tomate rojo pasión, que en nuestra psicótica y culinaria mente se asemeja al deseo perseguido, inalcanzable, muy por encima de nuestras posibilidades... O ya puestos, a ese niño perdido que camina hacia el rojo poniente en busca de su padre... Este melodrama poético es una delicia para muchos sentidos y merece la pena ser servido y probado, al menos, una vez. Coge el delantal y súbete al carrito...