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jueves, 4 de julio de 2019

PASTEL DE CARNE CON PURÉ DE PATATAS (El diablo sobre ruedas)

Vuelven las cine-recetas al blog. Tras un parón o un descanso, acometo esta chifladura gastrocinéfila para vuestro deleite, quien lo tenga. En esta ocasión nos vamos a los años 70 para construir un Pastel de Carne frío ("meatloaf") comparado con la monumental opera prima de Steven Spielberg, "El diablo sobre ruedas". Todo un duelo de sabores, matices, violencia, locura...

Aquí te muestro el paso a paso de esta receta para que puedas lanzarte a esta odisea. Sé que hoy en día encender un horno es casi un castigo, pero merece la pena que lo probéis. Siempre se puede ir uno a otra habitación mientras se va escribiendo-horneando esta cine-receta. 

Además servimos una cama de puré de patatas casero. Nada que ver con los copos esos que inundan algunas despensas. Es vital que os lo preparéis vosotr@s, notaréis la inmensa diferencia. Ya no sólo de sabor, también de textura y de aroma. 

Pues sin más nos vamos a esa inhóspita carretera del demonio para tratar de sobrevivir a las continuas   embestidas de ese camión encolerizado. ¿Te subes, hitchoockian@? Entonces, ya sabes... ¡Mandiles arriba!



Ingredientes (4 personas)


Para el pastel de carne
  • 1 kg ternera picada
  • 150 g de mortadela de Bolonia picada
  • 1 rama de apio picado
  • 4 dientes de ajo picados
  • 2 Cebolletas picadas
  • Perejil fresco picado
  • 2-3 Huevos
  • ½ vaso de leche
  • ½ vaso de pan rallado
  • 1 cda de Salsa de soja y otra de kétchup
  • 1 cda de Salsa Inglesa (Perrins)
  • Tomillo, Orégano, Sal y pimienta
  • Salsa Barbacoa (la que más te plazca, yo usé a la cerveza negra)
Para el puré de patatas
  • 1 kg de patatas para cocer, harinosas (tipo Kennebec o Monalisa)
  • 50 g de mantequilla 
  • 60-70 ml de leche
  • Sal, pimienta negra y aceite de oliva Virgen Extra
Tiempo: 80 minutos
Película comparada: "El diablo sobre ruedas" (Steven Spielberg, 1971)

Tras la receta tienes la comparación cinematográfica, hitchcookian@...

Elaboración


En una sartén con un poco de aceite de oliva, sofreímos las cebolletas, el ajo y el apio. Todo troceado muy menudo. Dejamos que se cocinen 10 minutos a fuego moderado.

Mientras tanto en un bol grande añadimos la carne picada, la mortadela (o jamón York o bacon, si no tienes), las especias secas y frescas, la leche, el ketchup, la salsa de soja, la salsa inglesa, el pan rallado y los huevos. Mezclamos todo a conciencia. 

Vertemos las verduras sofritas y removemos para que se integren bien con el resto. 

Precalentamos el horno a 180º. Que vaya cogiendo calor sofocante esta carretera...

Nos hacemos con un molde tipo plum-cake y lo untamos de mantequilla o aceite, con el fin de evitar que se nos pegue el pastel durante el horneado.

Echamos de base una capa de salsa barbacoa. Volcamos toda nuestra mezcla dentro y aplanamos bien la superficie con ayuda de una espátula. Untamos la capa superior con más salsa barbacoa. Metemos al horno cubierto con papel de plata (sólo la parte de arriba, para que no se nos haga demasiado o se seque) y horneamos durante 50-60 minutos.

Mientras tanto...


Añadimos las patatas a una olla con agua (2 litros más o menos) y ponemos a cocer.


Cuando rompa el hervor bajamos para que cueza a fuego moderado (no a borbotones) durante 25-30 minutos, aunque dependerá del tamaño de las patatas. Se sabrá su punto cuando metamos una brocheta o el tenedor y notemos que están blandas. 

Las pelamos, con extremo cuidado de no acabar en urgencias con quemaduras, y las pasamos o bien por un pasa-purés o por una prensador de patatas, incluso un tenedor nos valdría. El toque más o menos rústico se lo tendréis que dar vosotr@s. 

Le añadimos sal, pimienta negra, mantequilla y leche. Darle la untuosidad que os plazca. Pero es altamente recomendable que lo hagáis todo con la patata aún caliente.

NOTA: El puré lo podéis preparar cuando vayáis a servir el pastel ya frío. Será mejor.

Terminamos...

Pasado el tiempo de horneado, sacamos el molde y dejamos enfriar. NOTA: No lo metáis caliente en la nevera. Esperad, sed pacientes, tomaos vuestro tiempo... Llevará como 1 hora.

Colocamos un plato hondo y hacemos una base con una buena cantidad de puré de patatas. Servimos encima unas rodajas del pastel, echamos un hilo de aceite de oliva Virgen Extra alrededor y decoramos con unas hojas frescas de perejil.

¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
DUEL
("El diablo sobre ruedas" - Steven Spielberg, 1971)


En 1971 un desconocido director que respondía al nombre de Steven Spielberg, perpetró para la televisión americana una obra de sencilla apariencia que encerraba un monstruoso duelo a muerte entre un hombre de negocios y un camión diabólico. El film era "El diablo sobre ruedas", la primera muestra del innegable talento de un cineasta por explotar. No podíamos ser menos que dotar a su comparación gastro-cinéfila de un portentoso "meatloaf", de rasgos oxidados, temible.

Hablamos de thriller agónico y asfixiante, que pese a estar rodado a plena luz del día en exteriores, nos adentra en los miedos más oscuros del ser humano. Huir para sobrevivir, tratar de comprender lo incomprensible, batirse en duelo con la locura en estado puro. Todo confeccionado con una estética apabullante y un pulso narrativo a la altura de muy pocos, esta obra de la carretera se nos antoja un ejercicio de suspense y terror imprescindible. Amén de ser el trampolín definitivo para que el bueno de Spielberg arrancase su prolífica e icónica carrera.

Empieza la caza...

Nuestra receta es un clásico americano, un contundente “meatloaf”, que en nuestra alocada mente, se materializa en ese asesino del asfalto, monumental y letal. Pisaremos el acelerador, trataremos de escapar, de refugiarnos, de pedir auxilio… Nada nos servirá, una vez que encendamos los motores-fogones, nuestro destino estará escrito. Y sólo de nosotros dependerá sobrevivir a la implacable voracidad de ese diablo sobre ruedas.

David Mann conduce ajeno a todo por una carretera cercana a la frontera de Méjico pisando el acelerador. El sol azota y la temperatura sube lo suficiente, y nosotros lo materializamos precalentando el horno a 180 grados. Pasa a un camión cisterna que tiene delante, el conductor del mismo parece molesto por el adelantamiento. La locura se desata…

Mann trata de despegarse del morro del camión y acaba por casi chocarse con un valla en su desesperado intento. No lo sabe, pero ya está inmerso en la creación de un “meatloaf” que le hará la vida imposible. Todo empieza a chisporrotear como las cebolletas, el ajo y el apio saltando en el aceite hirviendo de la sartén. Se cocina la tragedia.

La tensión aumenta. Mann llega a una cafetería de carretera. Cuando ve que el camión está allí estacionado empieza a sospechar de todos los presentes, que le toman por loco. No es de extrañar. Es como ese bol en el que se mezcla la carne picada con el resto de ingredientes, una suerte de  grupo de personajes-ingredientes que conforman una ristra de sospechosos. Todos son inocentes, todos son asesinos…

Mann vuelve a huir. Pero el camión sigue al acecho. Cada vez con más virulencia y más contundencia, ya que en esta ocasión toda su maldad (o relleno) se ha aglomerado en un molde para horno (tipo Plum-cake)la. Ahora es más fuerte que nunca, está más acorazado y es más despiadado su ataque. La capa de salsa barbacoa con la que cubrimos la parte de arriba del molde no hace sino remitirnos a la virulencia de cómo arrolla al coche de Mann en las vías del tren esperando ser arrollado. Pero logra zafarse… 

En un último intento de salvación, Mann se encierra en una cabina telefónica (u horno) para llamar a la policía. Para él son minutos de agonía. Para el pastel de carne son 60 minutos de cocinado. Durante los cuales embiste la caseta, trata de aniquilar al desgraciado Mann… El calor del horno desata su furia como nunca antes.

Pasado casi todo el metraje de este terrible telefilme, llega el momento de la verdad. El último duelo. Sacamos del horno a nuestro “monstruo” y esperamos que se enfríe. En esa tensa espera llega la gran confrontación. Sólo puede quedar uno. 

Cortamos en rodajas el pastel de carne (que es probablemente lo que quisiera hacer el camionero con Mann) y servimos acompañado con la salsa barbacoa. Con esa sangre derramada en el original y sorprendente final. La carretera de tonos ocres, amarillentos, es ese puré de patatas que se extiende bajo las ruedas de los vehículos. Una especie de alfombra de asfalto seca, árida, agreste, que manda nuestra mente al desértico paraje, donde apenas hay brotes verdes, salvo alguna hoja de perejil.  Hemos sobrevivido al enfrentamiento. 

"El diablo sobre ruedas" fue sin duda un hito en la televisión de los años 70. Está plagada de energía y dinamismo narrativo, y logra encerrarnos en ese coche sofocante, continuamente perseguido por el mal. Nosotros hemos tratado de condensar ese espíritu en un plato muy americano que ensalza las virtudes del villano y protagonista casi total: su forma, su aspecto, su grandiosidad, su violencia... y ese relleno que no se ve, como al conductor (si es que lo hay).  

Hemos vencido al diablo. Ahora toca devorarlo… que nos lo hemos ganado.

lunes, 19 de diciembre de 2016

PASTEL DE ATÚN AL ESTILO DE MI MADRE


Tal vez esta sea la receta a la que más cariño tengo. A mi memoria viene la imagen de mi madre preparándola, y sabía entonces que ese día era especial: había pastel de atún. Cada bocado que le pego me traslada inmediatamente a otra época, a algún momento de felicidad extrema. Esta exquisitez siempre estará presente en mi cocina. En mi mente. En mi historia...

Llevar a cabo una receta materna siempre es una tarea compleja, motivadora sí, pero sueles patinar en algún punto del camino porque falta "ese toque secreto" que las madres suelen tener. En mi versión se suman todos los componentes originales y algunos nuevos para intentar evolucionar el plato. Pero la esencia, el sabor, el aroma, mi madre están presentes en esta deliciosa maravilla.


Esta receta es ideal para reuniones familiares, para festejos con amigos, para ir zampándotelo día tras día, porque es suave, meloso y muy sencillo de preparar. Es vital tener ingredientes de buena calidad, aunque también es un plato que puede servir para aprovechar materia prima que deambule sin destino por neveras y despensas. La elección es únicamente vuestra.

Y ya sin más os dejo con el proceso. Nunca será igual que el de mi madre, no me voy a engañar. Pero se asemeja bastante. Y cada vez que lo preparo pienso en ella y en cómo me inculcó su pasión por la cocina. Así que va por ti, mamá. Tu pastel de atún sale a escena... ¡Mandiles arriba!

Ingredientes (4-6 personas)

3 latas de atún natural (desmigado)
1 kg de patatas
1 vaso de leche
3 huevos
1-2 cdas de salsa de tomate
Mantequilla y pan rallado (para el molde)
Mayonesa o Salsa rosa
Tomate y canónigos (para decorar)
Semillas de sésamo negro
Sal, pimienta y nuez moscada rallada 

Tiempo: 10 minutos + 40 de horneado

El puré de patatas

Pelamos las patatas y las cocemos en abundante agua con sal durante 30 minutos, o hasta que estén tiernas. NOTA: Es importante que el "borboteo" sea flojo, no que hierva a modo de jacuzzi. 

Sacamos, colamos y las pasamos por el pasapurés. 

Añadimos la leche, sal, pimienta negra molida y un poco de nuez moscada. E integramos bien todo. Probamos y rectificamos, si hiciera falta.

Ahora incorporamos las cucharadas de salsa de tomate (puede ser ketchup, si no tienes) y así daremos un tono de color rojo. Acto seguido los tres huevos y el atún bien desmigado a mano y colado. Removemos de nuevo. Y listo...

Horneado


Precalentamos el horno a 180º, con calor arriba y abajo. 

Untamos un molde de horno (tipo plumcake) con mantequilla y espolvoreamos pan rallado. Vertemos la mezcla y colocamos el molde en una fuente con agua (para que se nos haga la parte de abajo al baño maría) 

Dejamos cocinar unos 40 minutos. TRUCO: Para saber si está hecho introducimos una brocheta y si sale limpia es que está en su punto. Para que no se nos queme demasiado la parte de arriba se puede tapar con papel de aluminio y destapar 10 minutos antes, para que coja color.

Dejamos enfriar y desmoldamos con cuidado sobre una bandeja. 

Regamos generosamente con mayonesa o salsa rosa, colocamos en la cima unos brotes de canónigos bien lavados, unas rodajas de tomatitos cherry y por último unas semillas de sésamo negro. 

¡Que aproveche, hitchcookianos!

martes, 5 de enero de 2016

SALMÓN CON VERDURAS AL WOK Y PURÉ DE PATATAS CON CÚRCUMA (Salmón de Reyes)

Tiempo de reyes. De roscones. De chocolatadas. Pero también época de hartazgo estomacal y de culpabilidad por todos los excesos. Así que vamos a tomárnoslo con calma, a sosegar la hambruna y a preparar platos sorprendentes, rápidos, ligeros, increíblemente aromáticos y que templen nuestras maltrechas conciencias. 

Este salmón a la plancha goza de un aderezo repleto de verduras bien acompañadas por elementos orientales como el aceite de sésamo, la salsa de ostras... y seguro que os viene de perlas para sortear las cenas de forma sana y deliciosa. Pensad que el salmón es un pescado azul con gran contenido en ácidos grasos Omega 3, que ayudan a regular los niveles altos de colesterol. Y también metemos cúrcuma en la receta, que es una especia maravillosa, cargada de beneficios para la salud: ayuda a la digestión, es un protector natural del hígado, ayuda a los problemas intestinales, y lo más importante, es un aliado antincancerígeno. 

Además de todas sus virtudes nutricionales y medicinales esta receta es una forma sensacional de darle salida a productos que aún pululen por vuestra nevera y necesiten un destino digno. Calentamos y... ¡mandiles arriba!

INGREDIENTES (2 personas)
  • 2 rodajas de salmón fresco
  • 2 zanahorias
  • 6 setas
  • 1 diente de ajo y un trocito de jengibre fresco
  • 1 brocoli escaldado
  • 1 cda de aceite de oliva y 1 cda de aceite de sésamo
  • 3 cdas de Salsa de Ostras
  • 50 ml de agua
  • Cilantro picado
Para el puré de patatas con cúrcuma
  • 2-3 patatas (dependerá del tamaño)
  • 1 cda de cúrcuma
  • Un poquito de leche y mantequilla
  • Sal y pimienta negra molida
  • Semillas de sésamo negro
Tiempo
  • 30 minutos
Lo mejor para trabajar en el wok es dejarnos todos los ingredientes troceados y preparados. Así nos ahorramos tiempo y podemos ir echándolos en la sartén en el momento adecuado, sin enloquecer entre la tabla y el fuego.

Las verduras

Laminamos el ajo, troceamos finamente el jengibre (NOTA: Ya sabéis que la mejor forma de pelarlo es usando una cucharilla de café y raspar suavemente la piel) y cortamos en bastoncillos la zanahoria. Sacamos los ramilletes del brócoli (previamente cocido durante 4 minutos al vapor) y los partimos para que no sean excesivamente grandes. 

Calentamos los aceites en el wok y salteamos el ajo y las setas. 



Cuando empiecen a dorarse añadimos el jengibre y las zanahorias. Salteamos todo unos 2-3 minutos. NOTA: En el wok las verduras deben quedar con un punto crocante, no deben quedar muy blandas. 

Incorporamos la salsa de ostras y los 50 ml de agua. Dejamos cocer 2 minutos a fuego vivo y mezclamos bien todos los ingredientes. Incorporamos el brócoli y dejamos rehogar moviendo constantemente otros 2 minutos. Apagamos el fuego. 

El pescado

Salpimentamos el pescado. Calentamos un poco de aceite a fuego vivo en una sartén. Cuando coja mucha temperatura lo bajamos a la mitad el fuego (en mi caso de 9 a 5) y disponemos las rodajas de salmón. Dejamos cocinar unos 4-5 minutos por cada lado, hasta que queden bien doradas por fuera por rosadas por dentro. 

El puré de patatas 

Ponemos a cocer en agua con sal las patatas enteras. Dejamos cocinar semitapadas unos 20 minutos (o hasta que veamos que están tiernas por dentro) Las enfriamos y las pelamos. 

En la misma olla añadimos una nuez de mantequilla y las patatas troceadas. Las vamos aplastando con una machacador (o las podemos pasar previamente por un pasapurés) y salpimentamos. Añadimos un poco de leche, la cúrcuma y removemos hasta conseguir una textura cremosa. 

En un plato disponemos el pescado y cubrimos con el aderezo. Espolvoreamos cilantro picado. A un lado colocamos una buena cucharada de puré de patatas que decoraremos con unas semillas de sésamo negro. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

viernes, 20 de noviembre de 2015

JUDÍAS VERDES CON PURÉ DE PATATAS Y POLVO DE JAMÓN

Hoy vamos a dejarnos inspirar por Don Karlos Arguiñano para "darle una vuelta" a un clásico de toda la vida. Pocos hogares no habrán sucumbido a esta receta tradicional, tan deliciosa como sana, tan de la infancia. Nos invaden recuerdos de ver a nuestras madres o abuelas pelando judías y ahora es el momento de homenajear ese culinario "flashback" y mostrarlo de una manera distinta. En esta ocasión montamos un plato de judías verdes con puré aromatizado y lo decoramos y potenciamos con un fantástico polvo de jamón. No es cocina de vanguardia, es lo de siempre visto con otros ojos. Espero que lo disfrutéis. ¡Mandiles arriba!


Ingredientes (2 personas)
  • 500 grs de judias verdes 
  • 4 patatas 
  • 2 dientes de ajo
  • Taquitos de jamón ibérico  
  • Perejil fresco
  • 1 cda de pimentón dulce o picante (el mío, cómo no, de Candeleda)
  • Agua para cocer
  • Aceite de Oliva Virgen Extra
  • Sal y pimienta negra molida
Tiempo
  • 45 minutos
Primeros pasos: judías y patatas

Lo primero es limpieza del producto, así que vamos a ello, con esa paciencia materna que siempre hubo a la hora de pelar judías. Les cortamos las puntas (muy de peluquería) y las hebras de los laterales y las troceamos para luego cortarlas por la mitad. De ese modo nos queda una judía más fina y elegante a la hora de comer.

Las ponemos a cocer con agua. Cuando estén tiernas, las colamos y reservamos.

Lavamos las patatas y las ponemos a cocer con agua y sal durante 30 minutos. O hasta que veamos que están tiernas. NOTA: Para cocer las patatas partimos de agua fría (así se hacen al mismo tiempo) y siempre-siempre con un borboteo leve. Una cosa hecha.


El puré de patatas

Colamos las patatas, dejamos que se enfríen y las pelamos. Las troceamos y las trituramos por el pasapurés.


En una sartén, añadimos un 2-3 cucharadas de aceite de oliva y freímos los ajos laminados. Cuando estén dorados los retiramos. Apartamos del fuego la sartén e incorporamos el pimentón (de ese modo no se nos quemará, al no estar al fuego) Removemos y vertemos ese aceite aromatizado sobre las patatas machacadas. 

Añadimos perejil fresco picado y mezclamos bien. Salpimentamos y listo.


Ya sólo nos queda hacer el polvo de jamón. Ponemos en un plato un trozo de papel de cocina o papel de horno, colocamos encima las virutas o lonchas de jamón y cubrimos con otro trozo de papel. Lo cocinamos en el microondas durante 1 minuto y medio a máxima potencia. NOTA: Habrá que ir vigilando, la idea es que al atemperarse se quede crujiente.

Pasamos el jamón por la batidora o por el robot de cocina para obtener un polvo o una arena deliciosa. Ya lo tenemos todo, ahora queda montar la película.

Emplatado

Con ayuda de un aro de emplatar extendemos el puré de patata sobre la base, apretando bien por los lados para que mantenga la forma a la hora de desmoldarlo. Colocamos encima las judías verdes y espolvoreamos el polvo de jamón. 

Decoramos con las láminas de ajo frito y culminamos rociando un poco de aceite de oliva Virgen Extra por la verdura y el plato. Un plato de toda la vida, mostrado de una forma diferente. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 



jueves, 11 de diciembre de 2014

SHEPHERD'S PIE O PASTEL DE CARNE INGLÉS (El hombre que pudo reinar)

INGREDIENTES (4 personas)

500-600 grs de carne picada de añojo
1 cebolla rallada
2 zanahorias ralladas
2 dientes de ajo
1 vaso de vino tinto
Salsa inglesa
Tomillo fresco
Romero fresco
Puré de tomate (Tomate concentrado)
1 vaso de caldo de pollo
Sal y pimienta

Puré de patata:
4 patatas
2 yemas de huevo
Nuez moscada
Queso parmesano rallado
Sal y pimienta

Tiempo: 40 minutos
Película comparada: "El hombre que pudo reinar" (Abajo)


Armamos los fusiles. Afilamos las bayonetas y nos lanzamos a la conquista de este gran clásico británico.  Con la carne picada hay infinidad de formas de darle salida, y se me ocurrió tantear la cocina inglesa con este Shepherd's Pie (o pastel de carne). Una receta que lleva su tiempo, su maña, su mimo, y cuyo resultado es espectacular. Pues venga, de viaje al Imperio. Silencio...se cocina.

El puré de patata

Mientras nos liamos con el relleno vamos a ir preparando el puré de patata. Cocemos las patatas en olla exprés (unos 10 minutos) o en olla normal (a ojo, dependerá del tamaño del tubérculo, pero le calculo unos 30 minutos).

Trituramos las patatas con la ayuda de un pasa-puré o un machacador (o un tenedor, y que trabaje el biceps). Añadimos un poco de sal, pimienta, nuez moscada... Vertemos dos yemas de huevo y rallamos bastante queso parmesano. Lo mezclamos todo con fuerza.

La carne

Ponemos un chorro de aceite de oliva vírgen extra en una sartén más bien grande. Echamos la carne y salpimentamos. Vamos removiendo bien para separarla y que se vaya friendo por todas partes a fuego vivo. En cuanto no haya tono rosado por ninguna parte es el momento de añadir la zanahoria rallada, la cebolla rallada y el ajo en trozos pequeños (lo suyo es un machaca-ajos, en su defecto cirujía fina con el cuchillo).

Movemos bien todo para que se vaya haciendo siempre a fuego vivo. Echamos un buen chorro de salsa inglesa, que le da un toque bastante interesante a la carne. Removemos. Añadimos la salsa de tomate, 4 o 5 cucharadas generosas. Se sigue dale que te pego. Turno para el vaso de vino tinto, mezclamos un poco y esperamos que evapore el alcohol.

Picamos bien las hierbas (tomillo y romero) y las añadimos a la mezcla. Y por último echamos el caldo de pollo bien caliente. Removemos bien durante 3 minutos. La cosa es que nos tiene que quedar como una especie de pure, todo bien integrado para que luego quede compacto. Una cosa hecha.

Al horno con ello

En una fuente o bandeja de horno echamos una buena capa de carne. Cubrimos con el puré de patata que selle bien toda la parte de arriba. Rallamos más queso parmesano por encima y pinchamos con un tenedor la superficie. 

Con el horno precalentado a 180º introducimos la fuente y dejamos que se termine de cocinar y gratinar unos 20 minutos. El resultado es, de verdad, altamente espectacular.  ¡God save the Queen...! ¡Y que aproveche, como siempre, hitchcookianos!

Película ideal para degustar este plato
THE MAN WHO WOULD BE KING 
("El hombre que pudo reinar" de John Huston - 1975)

Este plato desprende pedigree made in England. El "Shepherd's pie" o pastel de carne es un clásico de la cocina británica, cuya gestación supone esfuerzo y saber conjugar elementos distintos en un mismo bloque (nunca mejor dicho). Siendo la teoría fácil, la práctica se acaba convirtiendo en una aventura donde no hay hueco posible para la pausa. De éste, y no de otro modo, tenemos en nuestras manos un  núcleo británico y diversión épica. Tenemos en nuestras manos a "El hombre que pudo reinar".

Esta descomunal epopeya, divertida y de precisión cirujana, corre a cargo de un titán de la cámara y la pluma: John Huston. El ojo que nos llevó río abajo con la Reina de África, o que nos mostró que un halcón maltés es de lo que están hechos los sueños, nos catapulta a una película de aventuras en toda regla, de esas que te clavan en el sillón y que no te dejan pestañear. Espectáculo total. Cine en estado puro. No hay más.

Nuestra receta, por su proceso largo y que requiere de nuestra mejor pericia, se asemeja a ese viaje que emprenden dos granujas codiciosos al "servicio" de su Majestad (Caine y Connery, soberbios es poco) que buscan tesoro y gloria a través del impenetrable Himalaya. Su andanza necesita de sus mejores dotes de supervivencia para alcanzar el destino final, hacerse dueños del pueblo y saborear las mieles del oro y del liderazgo divino. Nosotros hemos tenido que trabajar la carne (abrupta como los riscos montañosos), realizar el puré (de tonalidad desértica como la zona que "reinarán") y luchar con sabores, mezclas, hierbas y salsas para adueñarnos de nuestro particular Kafiristán. 

Dos elementos dispuestos sobre la mesa que juegan a ser esos dos soldados llenos de vitalidad, rellenos de carismáticas personalidades (no hay más que ver la suculenta mezcolanza de aromas que dominan el plato) y coronados por un puré que no hace otra cosa que engrandecer su figura. Un pastel de carne que, como la película, emana aventura, diversión, épica y tal vez, leyenda. No hay duda; la gloria está a solo un flechazo (o bocado) de distancia...

domingo, 25 de mayo de 2014

POLLO ASADO AL AROMA DE ALBAHACA CON PURÉ TRUFADO

POLLO ASADO AL AROMA DE ALBAHACA



INGREDIENTES (2 personas)
2 cuartos traseros de pollo
1 cebolla grande
4 dientes de ajo
8 tomatitos raff 
Albahaca fresca
1 limón
Vino blanco
Sal, pimienta molida y aceite de oliva

Para el puré de patata con trufa:
3 patatas
1/2 vaso de leche
1 nuez de mantequilla
Trufa rallada
Sal

Tiempo: 60 minutos
Película comparada: VACACIONES EN ROMA (William Wyler, 1953)


El pollo asado es uno de esos platos esenciales y apto para todos los públicos, que siempre triunfan en la taquilla de nuestra mesa. Hay mil formas de prepararlo y aderezarlo, pero al final, llegamos al mismo denominador común: un plato vacío y bien rebañado. En esta ocasión le cedemos el protagonismo a la albahaca para que domine la receta con su intenso y fresco aroma. Y de personaje secundario nadie mejor que un buen y socorrido puré de patata alegrado con trufa. Un plato perfecto. Pues nos ponemos a ello. Silencio... se cocina.

Vamos precalentando el horno a 180º-200º.

En una bandeja de barro (o cualquiera que sea apta para horno) vamos a ir colocando nuestra cama de ingredientes. Cortamos en juliana la cebolla, machacamos los dientes de ajo (pelados o no, como más rabia os dé) y troceamos las hojas de albahaca fresca, previamente lavada y secada.

Echamos un poco de aceite de oliva en la base y disponemos los ingredientes encima.

Salpimentamos bien el pollo por ambas caras y lo colocamos dentro. Mejor con la piel hacia abajo para que luego, al darle la vuelta, coja el crujiente. También añadimos 2 o 3 rodajas de limón.

El "antes"
Regamos la bandeja con el vino blanco y lo metemos en el horno ya calentado. Dejamos que se vaya cocinando durante 30 minutos. Abrimos y damos la vuelta al pollo. Lo vamos hidratando con la salsa para que no quede seco. 

Es el momento de añadir los tomatitos cortados por la mitad. Volvemos a meterlo en el horno y dejamos que se termine de hacer otros 30 minutos. Mientras tanto nos ponemos con el puré.

El "después"
Turno del puré trufado. Lavamos y pelamos las patatas y las ponemos a cocer con agua y sal durante 20 minutos. Pasado ese tiempo las pasamos por un pasapurés (o las machacamos a conciencia) y las vertemos en un bol para poder trabajarlas mejor.

Añadimos sal, la leche, la mantequilla y rallamos un poco de trufa. Mezclamos con energía hasta conseguir un puré con la textura que más nos convenga. Ya se sabe, más leche, menos compacto. Vuestro paladar manda. Escuchadle. Es sabio...

Sacamos el pollo una vez asado. Lo retiramos y ponemos a calentar la salsa en una sartén. Yo le eché media cucharadita de Maicena para ligar la salsa, pero eso ya depende de vosotros. 

Emplatamos. Puré trufado (al que rallamos otro poco de trufa para darle color y sabor), el pollo y regamos con la salsa. Terminamos por culminar la película con una hoja de albahaca fresca. ¡Que aproveche, hitchcookianos!


Película ideal para degustar este plato

ROMAN HOLIDAY
("Vacaciones en Roma" de William Wyler - 1953)

La relación romántica entre dos cuartos traseros de pollo me ha servido para enloquecer una vez más y catapultar mi mente a un lugar muy lejano a la realidad. No es fácil concebir que estas dos hermosas piezas de ave vivan un romance, pero ahí está The Hitchcook para lograr el imposible. Su proceso de horneado conjunto me ha sugerido una bella historia de amor con aroma a albahaca, es decir, a Italia. Así que era necesario subirme a esa Vespa turística y viajar a través de las calles romanas en una de las mejores y mas cuidadas comedias románticas de la historia: Vacaciones en Roma.

Este romance fue perpetrado por un maestro entre maestros como William Wyler. Un director tan versátil en géneros como letal en su ejecución. A él debemos agradecerle obras del tamaño y la transcendencia de Los mejores años de nuestra vida, El coleccionista, La carta, Horizontes de grandeza o Ben Hur. Casi nada.

En esta ocasión Wyler plantea un cuento de hadas urbano. Una suerte de Cenicienta de asfalto. El mundo de fantasía encuentra en Roma el paisaje perfecto para detonar una historia de amor tan emotiva como imposible entre una princesa inquieta y un periodista americano con ansias de exclusiva. La maravillosa cara de Hepburn (en su primer papel en Estados Unidos) y el porte galán de Peck hacen que la historia se engradezca un poco más, si cabe. 

Ella, una mujer de palacio con las miras puestas en la aventura, decide escaparse de su noble prisión para beber un poco de la vida. Él, un cronista de sociedad que da con la noticia de su carrera, se hará cargo de mostrarle el mundo al tiempo (como no podía ser de otra forma) que su inicial reticencia va dejando paso a un enamoramiento sincero y profundo. Difícil es negarse a los encantos de Hepburn, difícil no dejarse seducir por esa cara de ángel, difícil no abandonarlo todo... 

Nuestra receta parte de dos protagonistas absolutos: las dos piezas de pollo. Dos seres que se encuentran por azar (o por nuestra culpa) en un entorno común y vivirán juntos un viaje a través del horneado. La inocencia de la joven princesa Ana queda reflejada en el puritanismo del pollo en crudo. Tan rosado, tan crudo, tan poco vivido o cocinado. A lo largo del recorrido vital que le propone el cazanoticias Joe, su coraza se irá haciendo más dura y experimentada. Un paseo en Vespa a lo largo y ancho de la bella ciudad de Roma, cuyos monumentos y ruinas les rodean como una bandeja de barro.

El aroma italiano de la albahaca se va posando en ella y empapándola de su esencia. Su historia de amor se va calentando a medida que la cocción avanza. Joe finge no saber quien es ella (para garantizarse la exclusiva total) pero poco a poco su pasión por ella se va ligando como la salsa que borbotea bajo ellos. El vino, la cebolla, el ajo, los tomates... pequeños elementos sentimentales (llenos de sabor, de texturas, de olores...) que les unen irremediablemente, conformando la pareja perfecta. 

Pero por desgracia, esa atracción aventurera no es infinita y están condenados a la separación. La vida palaciega de la princesa no parece tener hueco para un socarrón y humilde periodista. Ella se rinde a sus actos de protocolo y él debe desaparecer entre una fila de reporteros, siendo uno más de tantos. 

De ese modo nos topamos con el emplatado o imagen final de la película: Ana vuelve al refinamiento monárquico, a la delicadeza de un suave puré coronado por la trufa. Y él, embriagado aún de los placeres de su amada (y de los aromas e ingredientes que una vez compartieron), queda apartado en un extremo del plato. Se miran, se desean, fingen no conocerse, y todos esperamos un último giro final para que triunfe su historia. Un giro que no llegará nunca. Sólo nuestra voluntad y nuestro apetito voraz podrá volver a unirles... 


lunes, 5 de mayo de 2014

ALBÓNDIGA CON PURÉ DE PATATA AL CURRY Y SALSA DE FRAMBUESA (Deluxe)


INGREDIENTES (8-10 albóndigas)

300 grs de carne de cerdo picada
1 huevo
Nuez moscada
Ajo molido
Pan rallado (o 1 rebanada de pan mojada en leche)
Sal, pimienta
1 ramita de romero fresco

Para el puré de patata
3 patatas medianas
1 vaso de leche
2 cucharaditas de curry
Sal y agua

Para la salsa de frambuesas (y sobrará)
250 grs de frambuesas
100-120 grs de azúcar
1 chorrito de vino Pedro Ximénez
3-4 cucharadas de agua
1 cucharadita de Maicena

Para el crujiente de parmesano:
Queso parmesano
Papel vegetal (de horno)

Duración: 45 minutos
Película comparada: VERTIGO (Alfred Hitchcock, 1958)

Un aperitivo diferente, original, divertido y muy lucido. Un invento que tuvo mucho éxito y que te hace parecer, y sólo parecer, todo un artista en la cocina. Me puse a probar cosas nuevas y el resultado fue increíble, toda una experiencia de sabores, texturas y matices que combinan a la perfección. Espero que os dejéis llevar por todo este vértigo de sensaciones. Silencio... se cocina.

Lo primero que podemos ir haciendo es dejar preparadas las albóndigas. Hay mil trucos para ello, y supongo que os los sabréis casi todos. En este caso nos interesa hacer una albóndiga no muy pesada y que no tenga muchos condimentos, para que el sabor sea más limpio.

En un bol echamos la carne picada. Salpimentamos bien, sin miedo. Añadimos la nuez moscada y el ajo molido y mezclamos con las manos. Incorporamos el huevo y el pan rallado y lo removemos todo con fuerza. Vamos haciendo pelotitas de un tamaño no muy grande (se trata de un aperitivo de un bocado) y las reservamos.

Seguimos con la salsa de frambuesas. Limpiamos bien las frambuesas (quitando las que puedan estar un poco dañadas). En un cazo añadimos las cucharadas de agua y el azúcar. Lo dejamos que se caliente a fuego lento, removiendo continuamente, hasta que se forme un almíbar. No un caramelo, importante.


Añadimos ahora las frambuesas y la cucharadita de Maicena y removemos con cuidado de que no se peguen o quemen.


Momento de incorporar el vino de Pedro Ximénez y dejar que hierva y que vaya espesando hasta que consigamos una salsa densa y brillante. Apartamos del fuego y listo.



El puré de patata. Bien sencillo. Pelamos y troceamos las patatas y las ponemos a cocer en agua durante 20 minutos (a partir del primer hervor). Cuando estén cocidas, las colamos y las pasamos por el pasapurés. Lo volvemos a colocar en el cazo y le añadimos la leche, la sal y el curry y calentamos todo el conjunto para que pierda un poco el espesor y quede un puré ligero y no demasiado espeso.

Con todos los ingredientes en marcha sólo queda freír las albóndigas en aceite bien caliente (podemos pasarlas primero por un poco de harina, si se quiere) y dejamos que se frían unos minutos, que no se quemen pero que queden hechas por dentro.

Hacemos el crujiente de Parmesano. Tan fácil, como vistoso. Colocamos en un plato un poco de papel de horno y rallamos dos montoncitos de queso parmesano, que queden separados el uno del otro. Metemos en el microondas 1 minuto y sacamos. Dejamos que se enfríen y quedarán perfectos. Hacemos tantas tandas como necesitemos. Buen truco, ¿eh? Puro estilo gourmet... 

 

Pues ya sólo nos falta ponernos artistas con el emplatado. En unos pequeños cuencos individuales echamos una "cama" de puré de patata al curry. Colocamos encima la albóndiga, la bañamos con un poco de la salsa de frambuesas y terminamos decorando con nuestro crujiente de Parmesano y una ramita fresca de romero para darle "verde" al plato. 

Es un éxito garantizado. Es original, divertido, muy vistoso y sencillo. El pack completo para lucirte ante visitas. Ya me contarás, ya... ¡Que aproveche, hitchcookianos! 

Película ideal para degustar este plato
VERTIGO
("Vértigo, de entre los muertos" de Alfred Hitchcock - 1958)

Cuando uno intenta ser exquisito y poner a prueba sus (todavía pocos) conocimientos culinarios, tiene miedo de pegarse un trastazo desde el campanario más alto de la cocina. Debía encontrar cierta seguridad, una red en la que descansar por si caía. Está claro que mi flotador es Hitchcock. Y desde el principio entendí que está "obsesión" de plato tenía todas las papeletas de posarse plácidamente en los brazos de la inigualable y descomunal pieza maestra que supone en la historia del cine Vértigo.

Para muchos la mejor del maestro. Para otros una obra sin precedentes. Para la mayoría una de las mejores obras jamás filmadas. Y no es de extrañar. Cuando los años 50 estaban dando sus últimos coletazos, Hitchcock ya era un referente mundial, un icono, un ejemplo a imitar. Su filmografía había explotado todas sus obsesiones y el suspense no volvería nunca a ser el mismo. En esa década deja huellas imborrables como Extraños en un tren, La ventana indiscreta, Crimen perfecto o Falso culpable. Pero todavía le quedaban balas al genio inglés. Vértigo es una obra romántica, obsesiva, dramática, que estrangula al espectador y le sumerge sin remedio en un thriller psicológico asfixiante. 

Vértigo goza de todos los elementos naturales del cine de Hitchcock - suspense, obsesión, asesinatos... - pero le imprime una fuerza visual inusitada con el juego y la importancia de los colores (el verde onírico, el amarillo del cabello...) y revienta la historia (por primera vez) al contarnos el gran secreto a mitad de película. Toda la trama policial queda al descubierto y se centra en la hitchcockiana: la de la obsesión romántica y macabra de un hombre por un cadáver. Un amor imposible que surge de entre los muertos...

Nuestra receta juega, como Hitchcock, con el ardiente y peligroso anhelo que representa esa mujer. Si bien el maestro hace que Scottie (el detective retirado que da vida el magnífico James Stewart) transforme físicamente a una mundana y banal Kim Novak en su amada y desaparecida Madeleine (también Kim Novak, en el papel de su vida), nosotros hacemos lo propio con la albóndiga. 

Nosotros cogemos un elemento corriente y hacemos una transformación de su apariencia total. Buscamos desesperadamente que se despoje de su naturalidad y se convierta en el oscuro objeto del deseo (o del hambre). Y para ello seguimos los parámetros que marcan Vértigo: el puré de patata representa el primer encuentro entre Scottie y Madeleine, una suave investigación sin importancia, que poco a poco se va volviendo intensa gracias al curry y al amor que surge entre ellos.

El rojo intenso de la salsa de frambuesas representa la sangre, el crimen, la muerte de Madeleine (despeñada por el campanario) y por lo tanto, el hundimiento emocional de Scottie. Surge entonces la albóndiga (Novak), en crudo, sin condimentar, totalmente desnuda de artificios. La sangre o la salsa cae sobre ella y le hace cómplice de la cruel trama policial. Scottie, viendo el gran parecido con su difunta amada, decide "clonarla" en ella. Le cambia la forma de vestir, el color del pintalabios, el color del pelo y su forma... El crujiente de Parmesano nos representa esa última coronación rubia, la transformación final en el monstruo. La mutación perfecta. 

Cada cuenco es igual al anterior, porque así eran las dos Novaks a ojos de Stewart y a los nuestros. Vértigo es una obra sin igual. Llena de metáforas, de pasiones ocultas, de sufrimiento, de amor incondicional, de perversión explícita, de fascinación... Nuestro plato es un poco todo eso. Y el vértigo de hacerlo sólo nos traerá grandes sensaciones.