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martes, 2 de octubre de 2018

JALAPEÑOS RELLENOS Y KÉTCHUP DE BLOODY MARY

Emerjo como el ave Fénix para seguir satisfaciendo vuestros paladares con recetas exclusivas y de lo más socorridas. En esta ocasión vamos a viajar a México para preparar uno de sus "finger food" más populares pero al que dotaremos de una salsa o un kétchup original, vibrante, sorprendente... 

La idea de convertir el universalmente famoso cóctel "Bloody Mary" en una salsa, se me antojó divertida para un concurso de recetas de Tabasco. Este ketchup lleva todos los ingredientes básicos del trago: apio, picante, tomate, y por supuesto, vodka. Creedme si os digo que el resultado es de lo más interesante y que casa a la perfección con el gran protagonista del plato: el jalapeño.


Los jalapeños son un tipo de chile originariamente cultivados en la región de Xalapa. Son uno de los productos más cocinados y consumidas en Latinoamérica, aunque es en México donde cobran verdadero protagonismo. Tienen un picante justo, muy medido, y muy asequible para el paladar menos aventurero. Y se pueden elaborar cientos de recetas con ellos y consumirlos tanto frescos como fritos, en salsas, en moles, en vinagre...

Nosotros vamos a darle ese toque crujiente del rebozado que nos sirve para elaborar esta receta y que os puedo asegurar, haréis más de una vez. O incluso variar con el tipo de queso en cada jalapeño para otorgar variedad al bocado. En vuestra sapiencia culinaria lo dejo, hitchcookian@s. 

Pues ya sabéis lo que nos toca... ¡Mandiles arriba! 


Ingredientes
  • 8 jalapeños frescos 
  • Queso Cheddar ahumado
  • Huevo batido
  • Pan rallado y harina
  • Aceite de oliva para freír 
Para el kétchup
  • 500 g de tomatitos cherry
  • 3 ramas de apio
  • 1 diente de ajo
  • 3 cucharadas de Vodka
  • 1 cucharada de tomillo
  • 1 cucharada de vinagre de vino tinto
  • 1 cucharada de Salsa Inglesa 
  • 2 cucharaditas de Tabasco
  • 1 cucharadita de azúcar
  • Sal y pimienta negra molida
Tiempo: 15 minutos + 30 minutos de reposo en congelador


ELABORACIÓN JALAPEÑOS RELLENOS

Lo primero de todo será protegerse de picores innecesarios. Para ellos hay que tirar de GUANTES, de ese modo podemos manipular los jalapeños sin llevarnos sustos que no vienen a cuento.


Primer paso. Quitamos "el rabito" al jalapeño y lo vaciamos por completo con ayuda de una cucharilla de café. Id con calma, hay que sacar todas las semillas y las hebras. 

Cortamos unos tacos de queso cheddar (o uno a vuestra elección que funda bien) de tal manera que nos entren en el interior del jalapeño. Metemos el queso asegurándonos que cubre bien todo el hueco.

Haz unos surcos en el jalapeño para asentar el rebozado

TRUCO: Ahora vamos a rebozarlos pero para que se asiente bien, es aconsejable raspar ligeramente la corteza del jalapeño con un tenedor.

Pasamos los jalapeños por harina, huevo batido y pan rallado. RECOMENDABLE: hacer dos veces este proceso para obtener un mejor crujiente. 

Metemos en el congelador durante 30 minutos.

ELABORACIÓN KÉTCHUP BLOODY MARY

Picamos el apio y el ajo y lo sofreímos en una sartén con un poco de aceite. A los 2 minutos añadimos los tomatitos cherry y dejamos cocinar todo unos 6 minutos. Vamos aplastando ligeramente los tomates para que suelten "su esencia".

 

Incorporamos la salsa Tabasco (al gusto), la salsa inglesa, el tomillo, el vodka, el vinagre, el azúcar, la sal y la pimienta molida. Dejamos cocinar el conjunto 20 minutos a fuego moderado.

Trituramos la salsa con una batidora o un robot de cocina. Reservamos.

ULTIMOS COLETAZOS 

Sacamos los jalapeños del congelador y los freímos en abundante aceite caliente hasta que estén bien dorados por todas sus caras. Sacamos y los vamos colocando sobre papel absorbente. NOTA: Mejor hacerlos en tandas, ¿qué prisa hay?

Disponemos los jalapeños en platos de ración y la salsa en un pequeño cuenco para que cada comensal pueda "dippear" a su antojo. Se derretirán de placer...

¡Que aproveche, hitchcookian@s!


viernes, 15 de junio de 2018

GUACAMOLE CON LANGOSTINO CAJÚN

Hoy vamos a perder el tiempo justo en la cocina para sorprender al comensal de turno con un entrante clásico pero al que vamos a acompañar con una estrella invitada de altura. Se trata de un inmortal Guacamole secundado por un langostino al estilo Cajún que os hará salivar...

Aprovechando que estamos en el Mes Mundial del Aguacate le damos salida con una de sus facetas más reconocidas. Yo aquí os muestro una versión clásica (me gusta añadir pocos elementos si la materia es buena, y ésta lo era) pero si os va la marcha podéis incluir algo de tomate picado, cebolla roja o pimiento. En vuestra sabia mano lo dejo...

La gracia de este aperitivo está en usar el langostino a modo de totopo (el nacho) y untarlo en el guacamole. La mezcla de sabores y especias, de picantes y ácidos es brutal. La foto creo que habla por sí sola, pero tendréis que hacerla para creerme. Nos ponemos en modo rápido... ¡Mandiles arriba!


Ingredientes 

  • 2-3 aguacates maduros
  • Cilantro fresco
  • 1 lima
  • Aceite de Oliva Virgen Extra
  • Sal y pimienta negra molida
  • Unas gotas de Tabasco o un chile pequeño picado
Para los Langostinos Cajún
  • 4-6 langostinos crudos
  • 1 cucharada de orégano
  • 1 cucharada de comino
  • 1 cucharada de pimentón dulce
  • 1 cucharadita de guindilla molida
  • 1 cucharadita de cebolla en polvo
  • 1 cucharadita de ajo en polvo
  • Sal y pimienta negra 
Tiempo: 10 minutos 

PASOS A CÁMARA RÁPIDA

1. Pelamos los aguacates, les quitamos le hueso y los vaciamos. NOTA: No tiréis el hueso, puede ser un poderoso aliado para hacer que no se oxide el aguacate.

El maravilloso protagonista de la receta tendido para la foto...
2. Trituramos los aguacates con un tenedor (NADA DE BATIDORA!) y les añadimos un chorro de lima, sal, pimienta negra y un poco de aceite de oliva Virgen Extra.ç

3. Picamos finamente el cilantro fresco y lo añadimos. Damos caña con un poco de picante con el Tabasco - al gusto - o el chile picado. LA CLAVE de un buen guacamole es en ir probando y probando hasta que esté a vuestro gusto y al de nadie más, que para eso os lo estáis currando.

Si lo reservamos para más adelante (no mucho tiempo, que se echará a perder el trabajo) podemos añadir los huesos al guacamole y taparlo bien con papel film y reservarlo en la nevera.

4. Pelamos los langostinos y los salpimentamos. NOTA: Ni se os ocurra tirar las cabezas y carcasas, nos servirán para un futuro y casero fumet de pescado.

5. En un bol mezclamos todas las especias y las integramos. Pasamos los langostinos por la mezcla Cajún y los freímos en una sartén con una gota de aceite durante 30 segundos por cada cara. 

6. Emplatamos el guacamole en bols indviduales y coronamos con el langostino especiado.

¡Que aproveche, hitchcookian@s! 




lunes, 14 de noviembre de 2016

COCHINITA PIBIL CON CEBOLLA ENCURTIDA (Abierto hasta el amanecer)

Tenía ya ganas de enfrascarme en este viaje culinario y probarme en este clásico de la cocina mejicana: la Cochinita Pibil. Un plato kilométrico, que lleva su tiempo, que necesita de paciencia, mimo y mucho horno, pero que destaca por su increíble mezcla de especias, sabores y texturas. 

Esta receta está inspirada en los pasos marcados por El Comidista (al César lo que es del César, o a Mikel lo que es de Mikel) pero he intentado irme un poco por mis fueros para experimentar, que de eso se trata. En esta versión nos toparemos con un sinfín de ingredientes que pueden resultar poco asequibles, pero hoy en día ya casi todo lo tenemos a mano en tiendas latinas o espacio gourmets. De ese modo la pasta de Achiote o los chiles chipotles puede ser adquiridos en locales especializados, y es vital que deis con ellos para esta receta: lo agradecerá una barbaridad. 

Como ya he dicho el proceso es largo (que no tedioso) porque hay que dejar macerando la carne de cerdo un día antes (muy recomendable para que coja los sabores) y luego necesitamos que el horno trabaje a destajo para conseguir esa melosidad cárnica que nos permita deshilacharlo sin esfuerzo. Lo acompañamos de una cebolla encurtida y un sencillo guacamole para irnos de viaje a la frontera mejicana, acompañados de Quentin Tarantino y Robert Rodríguez, que me dejan para la comparación gastro-cinéfila su gamberra y anárquica obra "Abierto hasta el amanecer". ¡Mandiles arriba! 


Ingredientes (6-8 personas)
  • 2 kg de magro de cerdo (1 pieza)
  • 200 ml de zumo de naranja
  • 200 ml de zumo de limón
  • 150 grs de pasta de Achiote 
  • 120 ml de vinagre de vino 
  • 2 cucharadas de manteca de cerdo
  • 1 cucharada de pimienta negra
  • 1 cucharada de canela
  • 1 cucharada de orégano
  • 1 cucharada de comino
  • 6-8 dientes de ajo
  • Sal
  • Chiles Chipotles en adobo (opcional pero altamente recomendable)
  • Tortillas de trigo
Para la cebolla encurtida
  • 2-3 cebollas moradas
  • 150 ml de vinagre 
  • 50 ml de agua
  • 80 grs de azúcar
  • 1 cdita  de sal
Para el guacamole
  • 2 aguacates 
  • Cilantro fresco
  • 1 lima
  • Sal y Aceite de Oliva 
Tiempo
  • La vida y un poco más 

Marinando la carne

Esta receta lleva su tiempo y conviene dejar preparado el macerado la noche de antes, para que así la carne se vaya impregnando de todos los bonitos y exóticos sabores.

Al lío. Vamos a poner todos los ingredientes de la marinada (los zumos, la pasta de Achiote, el vinagre, los ajos, la sal y las especias) en un vaso batidor o en la Thermomix. Trituramos todo hasta conseguir una pasta roja oscura, densa, cruel... 

Cogemos el bloque de carne y lo limpiamos de exceso de grasa. Vamos a sacar tajadas de unos 3-4 centímetros de grosor. Esto nos permitirá que se marine el magro mejor y coja todos los sabores. 

Añadimos toda la marinada y untamos bien las piezas.  Tapamos con papel film y dejamos reposar, dormir, descansar, de un día para otro. O mínimo 6 horas.

Cebollas encurtidas

Aprovechamos el tiempo de espera para preparar también las cebollas encurtidas, que nos vendrá bien que reposen toda la noche. Para ello cortamos en juliana las cebollas moradas y las cocemos en los 50 ml de agua hirviendo durante 2 minutos. Sacamos y pasamos por agua fría para cortar la cocción. 

En otra olla calentamos el vinagre con el azúcar y la sal. Llevamos a ebullición sin dejar de remover para disolver el azúcar. En cuanto hierva sacamos del fuego y dejamos enfriar. 

Una vez totalmente fría vertemos las cebollas, mezclamos y las colocamos en un tupper. A la nevera, a que vayan cogiendo sabor y color durante toda la noche. 

1 día después...

Volvemos a la carne

Precalentamos el horno a 180º. 

Cogemos una fuente amplia de horno y la forramos de papel de plata, dejando bastante sobrante para cubrir luego la carne. NOTA: Originalmente se hace con hojas de plátano, pero en mi caso no tenía. Si las tienes tuéstalas un poco en el fuego hasta que cojan un verde oscuro. 

Vertemos la carne con la marinada en la fuente, colocamos un par de cucharadas generosas de manteca de cerdo y sellamos con el sobrante del papel de plata. Introducimos en el horno y dejamos que se cocine durante 3 horas o 3 horas y media. La clave es que la carne quede MUY tierna.


Una vez pasada esa larga y tensa espera, sacamos la fuente del horno, comprobamos la textura de la carne y si está jugosa y tierna, la vamos a ir deshilachando con ayuda de dos tenedores. 


Pasamos la salsa resultante por un colador de malla fina y calentamos en una sartén para reducirla. Incorporamos la carne deshilachada. Reservamos.

El guacamole

Trituramos la carne de los aguacates con un tenedor, añadimos lima, cilantro picado, sal y aceite de oliva. Lo mejor es ir echando poco a poco e ir probando hasta que des con el sabor deseado. Como vamos a emplear cebolla encurtida no añado nada, pero para hacer un guacamole al uso conviene echar cebolla picada y un poco de tomate. 

Terminando la cruzada 

Calentamos las tortillas de trigo en la sartén o en el microondas. Disponemos un poco de la carne deshilachada, encima el guacamole, la cebolla encurtida y un chile chipotle para catapultar nuestro paladar. Terminamos espolvoreando un poco de cilantro fresco picado y una gotas de lima.

¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
FROM DUSK TILL DAWN
("Abierto hasta el amanecer" de Robert Rodríguez, 1995)

Nos vamos a situar en la frontera mexicana para la comparación cine-culinaria de hoy. Demasiados elementos existen en el plato como para no perdernos en esa línea maldita, en ese foco de violencia, en la tierra de nadie, en mitad de ninguna parte.

Esta receta tiene mucho de gamberrismo, de viaje inagotable, de locura, de salvajismo, de ahí que mi mente se haya ido a esa obra de culto del cine de los 90 llamada "Abierto hasta el amanecer" Una peripecia  psicótica y narrativa ejecutada por dos de los enfants terribles más extravagantes del celuloide: Robert Rodríguez y Quentin Tarantino. 

La pluma de uno y la potencia visual del otro confluyen aquí por primera vez dando lugar a una road-movie estrafalaria y caótica. El manejo afilado del diálogo de Tarantino se topa con la destreza en la dirección de un Rodríguez que empezaba a despuntar en el mundo de Hollywood. La mezcla de ambos talentos originó este experimento tremendamente divertido y disparatado que conjuga géneros universales, desde el cine policíaco, el gore, el cine de terror y hasta el western.

En el año 95, Tarantino ya había fascinado al mundo con "Reservoir Dogs" (Cine-receta aquí) y "Pulp Fiction" (Cine-receta aquí). Público y crítica cayeron a sus pies por su destreza en el guión y en su maravillosa capacidad de dialogar. Pero cuando entabla amistad con Rodríguez ("El mariachi"), ambos decidieron "hacer la película que les diese la gana" y el resultado fue "Abierto hasta el amanecer". Dos gamberros con dinero, talento y muchas ganas de dar guerra para generar una obra atípica, descacharrante,  desproporcionada, divertida, alocada, anárquica... 

Nuestra receta tiene mucho de esa huida por parte de dos hermanos asesinos (un George Clooney que empezaba a desquitarse de la televisión y un Quentin Tarantino psicópata e impredecible) a lo largo de Texas, en busca de la libertad en la frontera mexicana, gracias al secuestro de una familia encabezada por el gran Harvey Keitel. La "cochinita pibil" es una odisea a la hora de prepararla, un viaje que requiere paciencia, estrategia, mucho mimo y vigilancia, pues hay que estar al quite de cada movimiento e ingrediente que añadimos para no dar un paso en falso que nos condene. 

La película está dividida en dos partes claramente diferenciadas: la road-movie hasta la llegada a "La Teta Enroscada" (ese tugurio de tipos mezquinos y peligrosos) y el estallido del gore cuando se destapa como un local infestado de vampiros con ganas de hincar dientes en yugulares. Así bien nuestro plato comienza como un "macerado" que va asentando las bases del plan de fuga. Las piezas de magro de cerdo crudo se nos antojan crueles como la pareja de delincuentes. Sus manos, bañadas de sangre, empiezan a tornarse rojas gracias a la mezcla de la pasta de achiote. Los elementos cítricos nos suponen ese tono ácido que impregnan todos y cada uno de los cortantes diálogos tarantinescos.

El dúo criminal secuestra a una familia, con el sano propósito de cruzar la frontera encerrados en su caravana. Y así lo hacemos nosotros, encerramos a todos los ingredientes en una bandeja para cubrirlos con papel film y dejar que reposen. Un viaje de pura tensión y suspense mientras los sabores y los aromas se van entremezclando en las entrañas de una bandeja a modo de furgoneta familiar. Una vez que pasa el peligro y el macerado llegan a ese rocambolesco local, plagado de moteros, outsiders, rock mejicano y curvilíneas bailarinas con pitones enroscadas. 

El horno empieza a calentarse, la noche cae y "La Teta enroscada" se destapa como un antro vampírico. Comienza la supervivencia encerrados en el bar, casi a modo de "El Álamo", llevándose por delante a todo bicho que haya dentro y no dejando entrar a los alados chupa-sangre que revolotean por el cielo. Nuestra "cochinita pibil" se mete en la boca del lobo, en ese horno ardiente, ese infierno acotado, para vivir una noche de pesadilla. Un largo cocinado, casi infinito, donde hierve la sangre, la salsa y los humanos van haciéndose más y más descabellados. 

Durante esa interminable lucha de violencia, muerte, recortadas a modo de crucifijos, estacas punzantes y mordiscos aleatorios, el grupo que hasta entonces era compacto va deshilachándose, deshaciéndose. Personajes que caen, familiares sacrificados, el núcleo de supervivientes se ve acorralado y desmenuzándose poco a poco por dos tenedores. 

Pero llega el día, el momento de emplatar esta loca noche. El suelo del desierto mexicano cobra forma gracias a esa tortilla de trigo. Sobre ella reposan los restos de una guerra encarnizada, sangrienta, picante, ácida, difícil de creer. Y el guacamole con su verde intenso es tal vez ese brote de esperanza, de libertad, que se corona sobre la pila de cadáveres o sobre ese templo oculto en la ladera. 

"Abierto hasta el amanecer" puede no ser una película al gusto de todos, y ya en los 90 las voces que aprobaban la primera parte y defenestraban la segunda, eran muchas. Pero con el tiempo parece que se ha transformado en una obra de culto, admirada por su libertad creativa y por su arrojo a la hora de macerar varios géneros en un divertimento. Algo así como nuestra "cochinita pibil", que es una mezcla de ingredientes, especias, sabores, texturas, aglutinados en un mismo espacio.   Pura violencia culinaria en tu mano, Tarantino en el paladar. 

Así que os llegó la hora de sacar los colmillos a relucir y pegar un bocado a esta cine-receta. 

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martes, 2 de febrero de 2016

TACO DE PAVO CON SALSA DE CHILE (Quiero la cabeza de Alfredo García)

Os propongo un viaje cine-culinario a Méjico. A la frontera cruel del cine de Peckinpah y vamos juntos a buscar la cabeza de Alfredo García. Porque está en nuestra mano cocinar una buena road-movie sin salir de la cocina y llenarnos de aromas y fragancias mejicanas. 

En esta ocasión nos dejamos seducir por unos "chiles pasilla" para dotar de sabor y personalidad unos fantásticos tacos de pavo. La receta es muy asequible y si os van los platos picantes aquí tenéis una oportunidad que no podéis dejar pasar. Por supuesto que el grado de "picor" lo podéis aumentar o disminuir a gusto del paladar. Pero ya que la comparación viene de la mano del genial cineasta Sam Peckinpah había que dotar de virulencia la receta.

Disfrutar con el proceso, dejaros guiar por vuestra sabia pituitaria, os aseguro que este taco se convertirá en un "clásico" de vuestro recetario. Es una forma original de sorprender a invitados y poner a prueba su aguante. Es Méjico. Es Peckinpah. Es una cine-receta espectacular. ¡Mandiles arriba!

TACOS DE PAVO CON SALSA DE CHILE

Ingredientes
500 grs de pechuga de pavo
6 chiles pasilla
1 cda de Aceite de Oliva
2 tomates pera
1 taza de caldo de pollo
1/2 cebolla grande y 1/2 cebolla roja
4 dientes de ajo
1 cda de orégano
Cilantro fresco
Zumo de lima y su ralladura 
Tortas de trigo 
Sal y pimienta negra molida

Tiempo
30 minutos 

Película comparada --- Tras receta
"Quiero la cabeza de Alfredo García" (Sam Peckinpah, 1974)




Vamos a ponernos en faena. Siempre sugiero que lo primero de todo sea disponer todos los ingredientes en la mesa de trabajo y trocearlos y prepararlos para ahorrarnos esfuerzo luego. 

Esta receta tiene varias partes y conviene tener una buena "hoja de ruta" para disfrutar tranquila y plácidamente del proceso. Así que a ello. 

Picamos la media cebolla blanca, troceamos los tomates bien lavados y pelamos los dientes de ajo. Salpimentamos la pechuga de pavo por ambas caras. Bien, vamos bien...

Por un lado vamos a poner el chile a calentar en una sartén con un poco de aceite. NOTA: Yo he usado chile pasilla que me trajeron de México, pero en la variedad y en la despensa está el gusto. Usad el que más os plazca: habanero, jalapeño, guajillo, mulato... Recordad que esto es para paladares atrevidos, así que medid con prudencia. Volvemos al chile, una vez lo calentamos bien por ambas caras lo sacamos, le retiramos las semillas y lo ponemos en un bol con agua fría unos 15-20 minutos. 


En esa misma sartén añadimos un poco más de aceite y echamos los ajos enteros (o parcialmente troceados), la cebolla y el tomate. Sofreímos el conjunto hasta que se ablande. 

Por otro lado doramos bien la pechuga de pavo en otra sartén con aceite. Buscamos un color dorado en la fachada, luego terminará de cocinarse... Cuando lo tengamos - unos 3 minutos por cada lado a fuego vivo-, retiramos y reservamos.


Pasamos el sofrito a un vaso alto o a la Thermomix. Añadimos el caldo de pollo y trituramos hasta conseguir una salsa. NOTA: Podéis añadir el chile en este punto, yo lo hice por separado porque me va la marcha, pero no pasa absolutamente nada si lo incorporáis a la salsa. 

Vertemos la salsa resultante de nuevo en la sartén y calentamos. Añadimos orégano, cilantro picado y sal. Mezclamos y dejamos que los aromas nos vayan inundando los pulmones... 


Incorporamos la pechuga de pavo a la salsa y tapamos. Dejamos cocer a fuego medio-bajo durante 20 minutos. Con calma, sin prisa, a su ritmo...

Pasado el tiempo sacamos la pechuga - con cuidado extremo de no quemarnos, que no nos interesa nada - y la vamos a ir deshilachando con ayuda de dos tenedores. En este punto la pechuga estará muy tierna y el trabajo os debería resultar muy fácil. Devolvemos las tiras de pavo a la sartén, mezclamos todo, rectificamos de sal si hiciera falta y dejamos reposar. 

Por último colamos los chiles y los trituramos con un poco de caldo para conseguir una pasta. Calentamos las tortillas en una sartén durante 1 minuto. Echamos una buena cucharada de relleno y sobre ella la salsa de chile pasilla. Añadimos unos trocitos picados de cebolla roja, cilantro picado y unas gotas de lima. Enrollar el taco y a devorar esa explosión de sabores. 

¡Que aproveche, hitchcookian@s! 


Película ideal para degustar este plato
BRING ME THE HEAD OF ALFREDO GARCÍA
("Quiero la cabeza de Alfredo García" - Sam Peckinpah, 1974)

Chiles. Tacos. Fuego en la boca. Violencia culinaria. Elementos que pululan por la receta y que invitan a mi alocada mente a trasladarse cinematográficamente a México. A ese paraje desolador, árido, agreste, donde suelen acabar personajes masacrados por la vida.

En este entorno enseguida me ha sobrevenido el nombre de Sam Peckinpah. Un artista genial, excesivo, impulsivo, directo, contundente, que supo usar el enclave mejicano como nadie para golpearnos sin cuartel. Ahí es donde encuentro la comparación y donde me topo de bruces con la joya potente llamada: "Quiero la cabeza de Alfredo García"  

Peckinpah puede ser un precursor de Tarantino. Al menos en su concepción de la violencia humana plasmada en pantalla y de los personajes extremos. Este director es pura adrenalina, puro nervio, pura tensión. En su saca artística se aglutinan piezas demoledoras como "Perros de paja", "La huida", "Pat Garret y Billy el niño", "La balada de Cable Hogue" o la todopoderosa "Grupo salvaje". Y en todas ellas se respira suciedad, brutalidad, crueldad, envueltas en una belleza plástica inaudita y romántica dada la atmósfera irrespirable de los argumentos que siembran sus obras. Básicamente es un puñetazo lírico en el estómago...

En "Quiero la cabeza de Alfredo García", Peckinpah se muestra más directo que nunca. Tal vez sea ésta su película más abiertamente violenta y opresiva. Con una historia simple y directa (la de un cazarrecompensas crepuscular - majestuoso Warren Oates - en busca de un hombre cuya cabeza cuesta un millón de dólares) despliega todo su arsenal narrativo (fue el último guión que firmó) y visual. Peckinpah se restriega en la miseria humana y saca la ultraviolencia a relucir - gustándose como siempre en esa cámara lenta -, para ofrecer un espectáculo crepuscular, de tipos ajados sin el menor aprecio por la vida, salvo la suya. Y a veces, ni eso. Todo salpicado por ese universo fronterizo tan característico del director: un hombre que constantemente estuvo en la frontera cinematográfica.

Nuestra receta goza inicialmente de aromas mejicanos que pueblan toda la visión que la acercan a "Alfredo García", dado que el desarrollo argumental se ciñe a los asfixiantes paisajes llenos de polvareda y suciedad. El taco se nos presenta como ese suelo arenoso, ocre, bañado de sol irrespirable  y colindando con la frontera de la sartén. Que a nuestros ojos es otro mundo, otro país. 

Todo el proceso que irá sufriendo la pechuga de pavo se nos asemeja - ya que estamos un poco regular de la cabeza - al personaje de Bennie (Warren Oates), tal vez uno de los tipos más emblemáticos y arquetípicos de toda su filmografía. Al comienzo de la cinta se nos presenta como un hombre acabado, desprovisto de esperanza, que encuentra en esa fastuosa recompensa una posible vía de escape. El pavo, crudo, vacío de sabor y de personalidad, descubre que en la sartén empezarán a cocerse los jugos que motiven su huida hacia delante. El sofocante calor mejicano (o del aceite) irá tostando su cara, marcando sus facciones, dotándole de una coraza existencial...

Y entonces comienza la espiral de violencia. La caza. La búsqueda de esa maldita cabeza. Pero también emerge - como nunca antes lo había hecho en el cine de Peckinpah - el romanticismo. Ahí es donde nos topamos con todo ese baño de salsa de chile, tomate y cebolla. Un reguero de sangre que va dejando tras sus agrietados zapatos Bennie, quitándose de en medio todo obstáculo, dejando que explote la violencia "peckinpahiana" en todas sus formas: asesinatos, palizas, violaciones, robos... Todo arremolinándose de forma caótica en las dimensiones de la sartén.

Sin embargo ese salpicado de rojo también nos evoca a la historia de amor que surge, tan bella como desgarradora. El rojo pasión que entremezcla al pavo con las sensuales hortalizas, que les une en ese viaje (al fin y al cabo es una road-movie) hacia ninguna parte. Bennie se transforma en un monstruo sin compasión, teñido de la acidez de la lima en sus diálogos y la virulencia del chile en sus acciones. Es una animal suelto, desbocado, con ansias de mandar este mundo al infierno.

"Quiero la cabeza de Alfredo García" es una obra altamente compleja, desoladora, sucia, maldita, ruda, sórdida, bella y recomendable para entender a un cineasta diferente que tan pronto se atrevía a mostrar una violación explícita ("Perros de paja") como se atrevía a finiquitar el género del western ("Grupo salvaje"). Borbotea la salsa de chile como borbotea la violencia desgarradora en un tipo que sabía de cine y sabía cómo transmitir emociones.

Peckinpah era un amante de Méjico y un empedernido bebedor. Así que os recomiendo que os dejéis seducir por su magnificencia creativa y os sirváis a modo de homenaje un buen trago de tequila mientras degustáis las virtudes de esa demoledora cinta. O tendré que poner precio a vuestras cabezas...

lunes, 2 de junio de 2014

TACO CASERO DE CARNE CON GUACAMOLE


TACO CASERO DE CARNE CON GUACAMOLE
INGREDIENTES (2 personas)
4 tortillas de maíz
400 grs de carne picada
1 cebolla
Queso Cheddar rallado
Lechuga
Sal, pimienta y aceite de oliva

Para el guacamole
1 aguacate
1 tomate
1 lima
Cilantro fresco
Unas gotas de Tabasco
Sal y aceite de oliva Virgen Extra

Tiempo
20 minutos

Seguimos proponiendo cenas a cámara rápida con TRUCOS bien chulos para lucirse en la mesa. En esta ocasión preparamos unos tacos caseros y los "doblamos" con una técnica fácil y sorprendente. Todo una estrella de la cocina mexicana que posa bajo los focos de manera excepcional. Elegante, misterioso, un bocado de los que no se olvidan... ¡Mandiles arriba! 

1. Vamos pochando en una sartén con un poco de aceite la cebolla cortada en trocitos (brunoise) La vamos salteando durante 5-7 minutos removiendo frecuentemente.

2. Añadimos la carne picada (que habremos salpimentado antes) y la freímos durante 10-12 minutos a fuego vivo y removiendo para evitar que se queme. Reservamos.

3. Nos ponemos con las tortillas de maíz. Deben ser pequeñas, de tamaño para taco (no las clásicas de fajita o burrito) Las ponemos en una sartén con un poco de aceite y dejamos que se hagan un minuto por cada lado. Fuego cañero. Y ahora... el truco para doblarlas y darle esa forma tan peculiar.

Las sacamos de la sartén con cuidado y las presionamos contra un rodillo. Yo lo hice a las bravas pero podéis usar un trapo para no hacer sufrir a vuestras yemas... Aguantamos 30 segundos y listo. Ya tenemos nuestros tacos formados. 

El Gran Truco... 
Hacemos lo mismo con todas las tortillas que necesitemos para la ocasión. 

4. Turno del guacamole. Vaciamos un aguacate y lo colocamos en un bol. Echamos zumo de lima para evitar que se oxide. Lo trituramos bien con un tenedor (nada de batidora, que no es lo mismo) Le añadimos sal (al gusto), unas gotitas de Tabasco y el tomate muy picado. Removemos bien y terminamos rociando todo con un generoso chorro de un buen aceite de oliva.

Propuesta de otra presentación para el guacamole con nachos
Lavamos, secamos y troceamos un poco de lechuga. Rallamos queso Cheddar y a montar tocan.

5. En el taco colocamos la carne con la cebollita, echamos el guacamole, un poco de lechuga y terminamos rematando la jugada con el queso rallado. 

6. Nos ponemos una buena peli y difrutamos de un festín mexicano sin salir de casa. 

¡QUE APROVECHE, HITCHCOOKIANOS! ¡ESPERO VUESTRAS CRÍTICAS!