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martes, 7 de marzo de 2017

POLLO KUNG PAO CON ARROZ BASMATI (Mulan)

Hoy tengo la sana intención de llevaros de viaje gastro-cinéfilo a las lejanas tierras de China. En concreto a la región de Sichuán, de donde es originario este bocado maestro llamado Pollo Kung Pao o Pollo Palaciego, siendo éste último término una técnica culinaria que consiste en freír productos a fuego fuerte y a gran velocidad. 

Pollo kung pao con arroz basmati

Según cuentan todo provino de un oficial chino de nombre Ding Baozhen, cuya pasión por el pollo, los cacahuetes y las salsas picantes, le hizo desarrollar un plato que mezclase todos los ingredientes en una sartén. El resultado es una explosión de sabores vivos, que combinan perfectamente con la suavidad y frescor de un arroz basmati aromatizado. 

Para la ocasión mi mente se ha posado en la joya de animación "Mulan" y podrás ver la comparación tras la receta. Así que hoy toca viajar a Oriente, dejarnos llevar por la supremacía e inventiva de Disney y preparar un fantástico plato chino. Afilad los palillos y... ¡mandiles arriba! 

Pollo Kung Pao con arroz basmati

Ingredientes (4 personas)

Para el marinado del pollo
  • 500 grs de pollo (pechuga o contramuslos deshuesados y limpios)
  • 1 cda de Maicena 
  • 2 cdas de Salsa de Soja 
  • 1 cda de Vinagre de arroz 
  • 1 cdita de Aceite de Sésamo
Para la salsa
  • 2 cebolletas (y sus tallos verdes)
  • 1 zanahoria 
  • 3 dientes de ajo
  • 1 trozo de jengibre fresco y picado (como 2 cucharadas)
  • 1 cda de pimienta de Sichuán 
  • 1 cdita de guindilla seca 
  • 40 grs de Salsa de Soja
  • 40 grs de Caldo de pollo
  • 80 grs de cacahuetes o anacardos 
  • 1 cdita de azúcar 
  • Aceite de Oliva y aceite de sésamo
  • Cebollino fresco picado
Para el arroz 
  • 200-250 grs de arroz Basmati
  • 1 estrella de anís 
  • 2 semillas de cardamomo 
  • 1 hoja de laurel
  • Agua y sal
  • Un poco de aceite de oliva Virgen Extra
Tiempo: 25 minutos + 30 minutos de macerado
Película comparada: "Mulan" (Barry Cook y Tony Bancroft, 1998)


Cómete la comparación cinematografica tras la receta...
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Macerando 

Lo primero de todo es dejar macerando el pollo. Para ello limpiamos bien la pieza que hayamos escogido y la secamos con papel de cocina. NOTA: Es importante asegurarnos que no haya huesecillos o tendones, nos arruinarían el bocado y todo el esfuerzo se irá al garete. Una vez "adecentado" nuestro pollo, lo cortamos en trozos grandes o tacos y las echamos en un bol.  


Le añadimos el resto de ingredientes del macerado y removemos bien con una cuchara para que se integren bien los sabores e impregnen el pollo. Dejamos reposar al menos 30 minutos en la nevera, tapado con papel film.

Vamos con la salsa

Primer paso, picamos muy finamente - sin llevarnos la yema del dedo - los ajos y el jengibre. 


Segundo paso, le damos al mortero. Echamos la pimienta de Sichuán y la guindilla (si es que has decidido añadirla) y machacamos bien sacando bíceps y eliminando estrés.


Tercer paso, picamos la cebolleta y la zanahoria en juliana (en tiras). Ya tenemos toda nuestra materia prima dispuesta a salir a escena, "mise en place" lista.

En un wok doramos el pollo con un poco de aceite de oliva. No tiene que hacerse por dentro, sólo coger color por fuera. Una vez que lo tengamos lo sacamos y reservamos.

Añadimos al aceite restante (si hiciera falta, echamos un poco más) y lo aromatizamos con la pimienta de Sichuán y la guindilla bajando el fuego.

Incorporamos la cebolleta, la zanahoria, el ajo y el jengibre y sofreímos todo removiendo unos 4-5 minutos, vigilantes siempre que no se nos queme nada.


Reincorporamos el pollo a escena con un chorrito de aceite de sésamo (lo justo, que se lo puede llevar todo por delante), la salsa de soja, el azúcar y el caldo de pollo. Subimos el fuego y removemos bien todo. La idea es que la salsa reduzca bastante y "caramelice" el pollo.

Por último vertemos los cacahuetes o los anacardos antes de que reduzca del todo y damos el golpe final a nuestra gran obra.

El arroz basmati

Piensa que este arroz tarda unos 12 minutos y no hay que tocarlo, así que calcula más o menos los tiempos. O bien puedes hacerlo durante el macerado del pollo o durante la preparación de la salsa.

Lavamos bien el arroz con agua fría para eliminarle el almidón (el agua debe salir cristalina, no borrosa) y lo echamos en un cazo. Lo cubrimos de agua. NOTA: Tiene que cubrir muy poco el arroz, hunde el dedo y que te asome la primera falange. 


Añadimos por encima la estrella de anís, la hoja de laurel, el cardamomo levemente machacado y un poco de aceite de oliva. Ponemos a fuego fuerte sin tapar durante 3-4 minutos (hasta que aparezcan unos hoyos en el arroz) y luego bajamos el fuego al mínimo, tapamos y dejamos cocer 8 minutos más. NOTA: ¡¡No destapes en ningún momento la cazuela!! NOTA 2: Si quieres darle más aroma, puedes tostar unas semillas de cilantro o comino en una sartén y mezclarlas luego con el arroz.

Emplatado: montaje final

En bols individuales echamos en una mitad el arroz y en la otra el pollo Kung Pao. Espolvoreamos cebollino fresco picado y unas ruedas finas de la parte verde del tallo de la cebolleta. Cogemos unos buenos palillos y nos disponemos a disfrutar, que de eso se trata y de nada más. ¡Que aproveche, hitchcookian@s!

Película ideal para degustar este plato 
MULAN
("Mulan" de Barry Cook y Tony Bancroft, 1998)

Los elementos orientales y la procedencia de este plato, así como los vivaces colores que lo gobiernan, han catapultado enseguida mi imaginación hacia tierras chinas. Su cine - de siempre - ha sido uno de los mayores exponentes en cuanto a cromatismo y belleza plástica, por lo que era fácil irme a cualquier exponente de su cultura cinematográfica. 

Unos pocos antecedentes...

Pero como soy mente inquieta, me he dejado llevar por el fantástico colorido y ver en él pura animación. China. Dibujos. Fantasía. Tenía que caer en el saco "Mulan".

La década de los 90 fue para Disney toda una revolución porque ya había emergido con fuerza el 3D (con la monumental "Toy Story" en 1995) y parecía haber tocado techo con obras clave como "La bella y la bestia", "Aladdin" y, sobre todo, "El rey león". La presencia de personajes femeninos fuertes, independientes, que luchan por su propio sueño al margen del elemento varonil, que tomaban sus propias decisiones, brillaba por su ausencia. Había que hacer algo más allá de las princesas...

De ese modo emerge "Mulan", no ya como todo un espectáculo visual o un entretenimiento familiar, sino como una reivindicación y un golpe en la mesa para dar el protagonismo total a una chica con ansias de combatir al enemigo opresor (los hunos) y a la propia tradición machista que le impide hacerlo (el propio ejército chino). Conviene saber que se enmarca entre las obras "Hércules" y "Tarzán" de claro dominio masculino. Todavía le costaría a Disney... 

Pero "Mulan" es arriesgada en animación (que rememoran a las acuarelas chinas) y sobre todo en temática, ya que propone batallas a tumba abierta y basa todo su mensaje en que una mujer se tenga que hacer pasar por un hombre para poder acceder al ejército imperial y así evitar que su anciano padre tenga que acudir al combate. Tendrá que someterse a un duro entrenamiento, a mantener intacta su farsa y a demostrar la valía de cualquier ser humano, más allá de su sexo. 

En su personal cruzada surgen los clásicos secundarios amigables y cómicos (aquí las veces de conciencia y protector las hace el dragón Mushu) y el romance propio de Disney. Aún así la película se atreve a plasmar terror (la llegada a la muralla de Shan Yu es escalofriante), la tristeza (la despedida de Mulan de sus padres) o el sobrecogimiento que proporciona la gran escena del alud.

Nuestra cine-receta...

Claramente se empieza a fusionar con la película, como decía antes, debido a la paleta cromática. La imagen del plato con los colores vivos de la caramelización del pollo, los toques verdes del cebollino y la cebolleta, el blanco puro del arroz o el rojo vibrante del mantel o telón de fondo, evocan el milimétrico trabajo visual de la obra.

Así mismo se me antoja que la disposición de los elementos pudiera recordar al símbolo del "yin" y el "yang" (dos conceptos del taoísmo), que en la filosofía china significa que dos energías opuestas se necesitan y se complementan. Pues algo semejante le sucede al personaje de Mulan. Sus dos caras (la real femenina y la falsa masculina) simbolizan dos modos diferentes de enfrentarse a la vida, y que se necesitan para cumplir sus deseos. Sólo cuando ambas conjugan, puede hacer prevalecer su destino. Así como el pollo macerado y salteado necesita del arroz para que el bocado se mantenga en perfecto equilibrio. En absoluta armonía culinaria. 

También intuyo el argumento de la película en el plato. Fijemonos en la diferencia de colores y de ingredientes, que se asemejan a la doble personalidad que debe ejercer Mulan. Pero también a los dos mundos que en ese momento histórico combaten sin piedad. Los hunos y el imperio chino, dos ejércitos delimitados por una (aquí fantasiosa) gran muralla, que batallarán hasta el límite. 

En nuestra mano está la materialización de ese enfrentamiento, porque una vez que los mezclemos se desatará la contienda, el asalto al palacio, la carga a caballo por las cumbres nevadas (tal vez imitado por el blanco del bol) y el duelo final, donde los palillos se convierten en firmes y poderosas espadas.

"Mulan" es una maravillosa película de Disney, tal vez (a mi juicio) una de las mejores piezas que nos ha entregado la todopoderosa factoría en los últimos años. En ella se conjuga un dibujo fantástico, una realmente buena confección de personajes, una banda sonora épica (a cargo de la batuta de Jerry Goldsmith), unas secuencias de acción pocas veces vistas y una heroína que asentaría las bases para futuras "guerreras" de animación. 

Nuestra cine-receta ha pretendido emular su espíritu combativo, su acidez, su tono "picante" y su esplendor visual para catapultarte a un mundo donde la fantasía y la imaginación dejaron hace tiempo de ser una cosa de niños...

jueves, 15 de diciembre de 2016

50 AÑOS SIN WALT DISNEY EN 4 CINE-RECETAS


Han pasado ya 50 años desde que el maestro y visionario Walt Disney dejó este mundo animado - porque no, no está congelado en ninguna parte - y aquí se conmemora como sabemos, es decir, con recetas inspiradas o comparadas con algunas de sus grandes obras. 
Este mago del ilusionismo cinematográfico (guionista, productor, director, animador, mente inquieta...) supuso toda una revolución en el séptimo arte. Sumo hacedor de emblemas universales como Mickey Mouse, su incursión en el largometraje con "Blancanieves y los siete enanitos" - allá por 1939 - transformó el cine en algo más, en pura fantasía, donde los dibujos cobraban vida dotados de sentimientos, expresividad, emoción y mucha musicalidad. Su batuta empezaba a moverse...

Entre gigantesca saca de creaciones cabe destacar "Fantasía", "La dama y el vagabundo", "Dumbo", "Pinocho", "La bella durmiente", "La cenicienta", "Los aristogatos", "Bambi", "Merlin El Encantador" o "La Cenicienta". Recuerdos imborrables para millones de personas. Pero su imperio también se movió en películas de "acción real" como "Mary Poppins", "Los hijos del Capitán Grant" o la mezcla de animación y realidad con "Los tres Caballeros". 

Su mundo se expandió como la pólvora y se alzó con el beneplácito de todo el planeta. Aquí recojo 4 piezas fundamentales de su legado en 4 cine-recetas para convertir la cocina en un maravilloso universo animado...

1. CONEJO ASADO CON PATATAS ("Alicia en el país de las maravillas")
2. CREMA DE GUISANTES CON VIEIRAS Y HUEVAS DE SALMÓN ("Peter Pan")
3. HAMBURGUESA HINDÚ AL CURRY ("El libro de la selva")
4. PEZ ESPADA CON SALSA DE PEREJIL ("20.000 leguas de viaje submarino")

 CONEJO ASADO CON PATATAS

PELÍCULA COMPARADA "ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS"


No he podido resistir la tentación de ser un poco macabro y retorcido a la hora de la comparación fílmica. Cuando surge el personaje de un conejo en la mesa, me pierdo en mi mundo y surge el Hitchcook con más humor negro que nunca. Mirando el plato entré en una fantasía donde explotaban los colores (la vajilla ha hecho mucho al respecto, debo decir) y todo parecía surgido de una alucinación. 

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PELÍCULA COMPARADA "PETER PAN"


Estaba empezando a caer demasiado por terrenos sombríos y películas "poco optimistas" (aunque de indudable calidad, que una cosa no está reñida con la otra, faltaría más) y me estaba pasando factura. Así que he decidido echar la vista atrás y rejuvenecer, aunque sólo sea en texto...


Todo el esplendor verde de este mini-entrante, combinado con una sucesión de pequeños ingredientes y un viaje que fusiona a todos los personajes en un mismo espacio, me ha hecho retroceder a la infancia.

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 hamburguesa hindú


PELÍCULA COMPARADA "EL LIBRO DE LA SELVA"


Siendo esta receta una variante hindú, me da que había que coger el pasaporte y viajar a tierras del monzón. La hamburguesa  es un alimento que cualquier niño quiere tener entre sus manos y puestos a hablar de infancia cinematográfica creo que "El libro de la selva" es uno de mis indiscutidos referentes...

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 PEZ ESPADA CON SALSA DE PEREJIL

PELÍCULA COMPARADA "20.000 LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO"


Tal vez sea ésta la mejor adaptación cinematográfica de las fantasiosas novelas de Julio Verne, ya que supo extrapolar de la tinta literaria el mejor espíritu aventurero y colorista del genial escritor. "20.000 leguas de viaje submarino" supone una odisea marítima que nos viene como anillo al dedo para comparar nuestro plato de pescado. Un monstruo de la cocina que ve en esta película su perfecto espejo.

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martes, 12 de enero de 2016

CREMA DE GUISANTES CON VIEIRA Y HUEVAS DE SALMÓN (Peter Pan)

Los guisantes son una de esas legumbres socorridas que pueden perfectamente protagonizar un plato por sí solos o secundar con éxito cualquier guiso, arroz o ensalada. En esta ocasión vamos a preparar una receta en miniatura de lo más gourmet, que nos servirá para lucirnos en fiestas, celebraciones, invitaciones, ágapes... Dejareis al personal boquiabierto. Promesa hitchcookiana... 

El proceso es sencillo pero requiere mimo, hay que ir probando, catando, midiendo las cantidades de todos los ingredientes secundarios para dar con el toque perfecto. Yo en esta ocasión he usado guisantes congelados, pero por supuesto que sirven frescos (pronto empezará la época). Y la vieira puede ser sustituida por unas zamburiñas, unas almejas, mejillones... No hay límites para este viaje cine-culinario al País de Nunca Jamás. Próxima parada: tu cocina. ¡Mandiles arriba!

INGREDIENTES (10 vasitos)
  • 250 grs de guisantes congelados
  • 1 chalota 
  • 1 diente de ajo 
  • Hierbabuena fresca picada
  • 100 ml de caldo de verduras
  • 2 cdas de leche evaporada
  • 1/2 limón exprimido
  • 10 vieiras 
  • Huevas de salmón
  • 1 nuez de mantequilla
  • 1 lima y su ralladura
  • Sal, pimienta negra y Aceite de Oliva
Tiempo
  • 20 minutos
Película comparada (Tras receta)
  • "Peter Pan" (Clyde Geromini, Hamilton Luske y Wilfred Jackson, 1953)
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En una cacerola calentamos 1-2 cdas de aceite de oliva y añadimos la chalota y el ajo bien picados. Sofreímos hasta que queden tiernos.


Incorporamos los guisantes. NOTA: Yo he usado congelados pero también nos valdrían frescos. Los salteamos 1 minuto y añadimos el caldo de pollo (mejor si está caliente) y la hierbabuena fresca picada. Llevamos a ebullición y cuando rompa a hervir, bajamos el fuego y cocinamos los guisantes hasta que se cuezan totalmente.


Los pasamos por la Thermomix o por la batidora hasta licuarlos por completo. Añadimos la leche evaporada y el zumo de limón. Mezclamos y salpimentamos al gusto. Reservamos.


Colocamos la carne de las vieiras en un bol y añadimos 1 cda de aceite de oliva, sal y pimienta. Las empapamos bien y las vamos a pasar por la sartén. Para ello, echamos otra cucharada de aceite y calentamos. Freímos las vieiras 30 segundos por cada lado. Al final de la cocción incorporamos la mantequilla para caramelizar ligeramente las vieiras. 








NOTA: No os paséis cocinando las vieiras porque pueden deshacerse. 


Para emplatar usamos unos vasitos, que le dan un punto elegante y sofisticado a la receta. Rellenamos cada uno con un poco de la crema de guisantes. Colocamos encima la vieira y terminamos con una cucharadita de huevas de salmón, unas gotitas de lima y un poco de ralladura. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
PETER PAN
("Peter Pan" de Clyde Geromini, Hamilton Luske y Wilfred Jackson, 1953)


Estaba empezando a caer demasiado por terrenos sombríos y películas "poco optimistas" (aunque de indudable calidad, que una cosa no está reñida con la otra, faltaría más) y me estaba pasando factura. Así que he decidido echar la vista atrás y rejuvenecer, aunque sólo sea en texto...

Todo el esplendor verde de este mini-entrante, combinado con una sucesión de pequeños ingredientes y un viaje que fusiona a todos los personajes en un mismo espacio, me ha hecho retroceder a la infancia. A esos maravillosos años 80 (que es cuando vi la película) donde todo era más fácil y la inocencia y la ingenuidad eran nuestro estandarte. Y entre tanta sensación nostálgica me ha sacudido de lleno a la delicia adaptación de Disney: "Peter Pan"

En 1953, el todopoderoso Walt Disney ya había consagrado su visión animada en todo el planeta. La década de los 40 habían llenado de colorismo e iconos del cine las pantallas en blanco y negro. En la estela quedaban obras inmortales como "Bambi", "Dumbo", "Fantasía" o "Pinocho". Emblemas históricos, hitos del celuloide, que pasaron automáticamente a formar parte de nuestra memoria cinéfila. Sea infantil o adulta. "Peter Pan" fue el largometraje número 14 de la factoría (en principio iba a ser la segunda apuesta de Disney tras la rompedora "Blancanieves y los siete enanitos") y ya se nota la madurez del trazo, la implacable búsqueda de la acción, del entretenimiento, de dotar de enjundia la narración y de trazar mundos fantásticos. "El país de Nunca Jamás" se convertía así en un escenario fabuloso para dejarse llevar, para evadirse, para disfrutar de la época feliz y despreocupada. Éramos "niños perdidos" que encontraron su hueco en el mundo.

Los textos de J.M. Barrie sirvieron de base para la consecución de la película. Una historia de niños británicos, soñadores y fantasiosos, que se verán inmersos en una aventura única de mano de su héroe literario, Peter Pan. A través de escenarios imaginarios, recorrerán mil y una odiseas con el pizpireto, socarrón y eternamente joven personaje volador, su fiel y retorcida hada Campanilla y la banda de los niños perdidos. Y ahí surge la presencia del villano, uno de los más emblemáticos que ha dado Disney, el Capitán Garfio. Antagonista, enemigo y protagonista de todos los sketches cómicos de la cinta, dosificando la melaza propia de la factoría (sin ella no se entendería Disney) con buenas dosis de acción, de humor físico y gags visuales.

Nuestra receta tiene ese aspecto aniñado, de una crema que se niega a crecer, que mantiene su forma infantil con el aspecto de un vasito. En "Peter Pan" la apariencia importa. Importa no volverse adulto, importa mantener viva la imaginación, las ganas de vivir, de adentrarse en lo desconocido, de descubrir lo desconocido, de volar de la habitación. Ese es un poco el espíritu de nuestro emplatado: en un recipiente mínimo, condensando todos los sabores y las aventuras en un frasco pequeño.

Por supuesto que el verdor final de la crema se nos asemeja al uniforme del héroe. O al de Campanilla. O incluso a la piel del cocodrilo, ese maravilloso y divertido acosador de Garfio.  Pero vayamos un poco más allá, como siempre. Inicialmente nos encontramos con un grupo de hermanos bajo el gélido invierno británico (gélido o congelado...) Seres soñadores pero con una vida hierática, sin emoción. Algo así como nuestros guisantes: que viven helados, sin ver más mundo del que les permite la bolsa en la que están conservados. 

Poco a poco sufrirán una repentina odisea que les llevará por "la segunda estrella a la derecha" o por "la primera olla de la placa". Empezarán a cobrar vida gracias al calor aventurero que les irá dotando su ídolo literario y sus variopintos acompañantes (niños perdidos, hadas, sirenas...). Chalotas, ajo, hierbabuena, caldo, son algunos de los personajes-ingredientes que se van arremolinando en torno a ellos, dotando a sus grises experiencias de una nueva dimensión. Los guisantes rompen su coraza helada y van ablandando y dejándose llevar por ese país soñado donde volar no es más que un acto cotidiano de transporte. 

Todo el proceso se van fusionando en una crema suave y ligera, así como Wendy y sus hermanos empatizan con la causa común de derrotar al temible Garfio (siempre por encima de todos como esa vieira chapoteando en el lago verde). Se funden en un elenco inseparable, lleno de matices, de vida, de diversión y de sabores aptos para todos los públicos. Y se quedan en ese paraíso del vasito, como una metáfora culinaria sobre la negación de crecer, de madurar, de olvidar la inocencia...

Disney siempre ha tenido un trasfondo más "adulto" en sus obras. En el caso de "Peter Pan" se entiende un miedo atroz por evolucionar en la vida, unas ansias tremendas por mantenerse en la época de la diversión sin responsabilidades. Wendy crece. Pan no. La mezcla de ambas decisiones (por muy fantásticas que sean) nos da como resultado la sensación que tuvimos (y tenemos) al ver estas obras animadas: con los ojos de un niño y el cuerpo de un adulto. 

Dejaos llevar por este viaje cine-culinario y disfrutar su creación con entusiasmo, con inocencia y con esa sonrisa que en algún momento consiguió arrancarnos ese ser congelado (a modo de guisante) llamado Walt Disney.