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sábado, 30 de abril de 2016

CURRY DE VERDURAS CON GARBANZOS Y PAN PAPADUM (El guateque)

La cocina hindú es una de mis preferidas puesto que soy un amante confeso de las especias, de las fragancias y de los sabores exóticos. Me encanta combinarlos y probar nuevas fuentes de inspiración para recetas. En esta ocasión me dejo llevar por mi tendencia más vegetariana y preparar un curry de verduras de lo más variopinto y sabroso, que viene con paso a paso para que no te pierdas.

El curry es una mezcla de varias especias (comino, canela, cardamomo, etc) Cuando los ingleses se toparon con este sabor quedaron maravillados y decidieron que lo mejor era comercializarla en la denominada Compañía de las Indias. Para no complicarse la vida con la variedad de mezclas (Garam Masala, Korma...) llamaron a todas "curry". Una vez popularizado en gran parte del planeta, cada país o cada cocina la ha ido adaptando a los gustos culturales. 

Lo maravilloso del curry es su sabor, su potencia, su perfecta armonía de aromas. Cualquier plato destaca con una buena y calculada dosis de especias. Y en el caso de hoy, vamos a dar personalidad a un variado grupo de verduras y legumbres especiándolo con gracia. Además se pasan por aquí Blake Edwards y Peter Sellers para dejarnos su "guateque" y compararlo con la receta. Espero que disfrutéis de este pequeño caos gastronómico. ¡Mandiles arriba! 

Ingredientes (4 personas)
  • 100 grs de garbanzos cocidos
  • 1 cdita de semillas de comino
  • 1 cdita de semillas de hinojo
  • 1 cda de jengibre fresco rallado 
  • 1 cebolla morada
  • 300 grs de calabaza
  • Maíz dulce 
  • 80 grs de guisantes congelados 
  • 1 calabacín cortado en rodajas 
  • 300 grs de tomates 
  • 1 cda de Garam Masala 
  • 1 cdita de cúrcuma 
  • 2 cdas de yogur natural sin azúcar 
  • Sal y aceite de Oliva 
  • Cilantro fresco 
  • Papadums (pan hindú especiado)
Tiempo
  • 30 minutos + 12 horas de reposo (si usamos legumbre seca)
Película comparada 
  • "El guateque" (Blake Edwards, 1968)


    Los garbanzos

    Lo primero de todo será dejar los garbanzos durante toda la noche en agua fría. Es preferible usar legumbre seca y rehidratarla que tirar de productos envasados. Pero si no tenéis tiempo o si preferís el camino rápido, no hay problema, usad garbanzo ya cocido. Importante colarlo y enjuagarlo para eliminarle todo el líquido de conservación.

    Si habéis optado por poner en remojo los garbanzos, al día siguiente los escurrimos y los onemos a cocer. Volvemos a escurrirlos de nuevo y reservamos. 

    El curry

    Ponemos una sartén amplia al fuego con un par de cucharadas de aceite. Rehogamos las semillas de hinojo y comino para que vayan soltando toda su fragancia.


    Añadimos la cebolla picada y el jengibre. Sofreímos hasta que la cebolla se dore ligeramente.


    Agregamos todas las verduras (calabacín en rodajas, calabaza troceada, maíz escurrido, el tomate en trocitos, los guisantes...) y los garbanzos escurridos. 

    Incorporamos también el Garam Masala, la cúrcuma y 60 ml de agua. Ponemos a cocer y cuando suba el hervor bajamos el fuego y dejamos cocinando unos 20-25 minutos. 


    Por último añadimos el yogur, sazonamos y removemos para integrar los ingredientes. Servimos en bols individuales y acompañamos con Papadums (pan hindú, te dejo aquí un link muy chulo para prepararlo en casa). ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 


    Película ideal para degustar este plato
    THE PARTY
    ("El guateque" de Blake Edwards, 1968)

    Las primeras ideas que me han venido a la mente a la hora de la comparación cine-culinaria han sido de colorido, de aglomeración, de "batiburrillo" de ingredientes en una sartén y de fragancias elegantes y divertidas. Todos esos aromas exóticos iban personificándose en una comedia, de productos variopintos, dispares, entretenidos... 

    No es raro, entonces, que enseguida haya encontrado en "El guateque" la imagen idónea para dar con el espejo. La palabra "curry" ya me evocaba a elementos de la cocina india. Y ahí es donde emerge el personaje creado por el enorme Peter Sellers: un torpe actor hindú que todo lo que toca lo convierte en desastre, es decir, en comedia. 

    El tándem formado por Edwards-Sellers empezó a gestarse en 1962, con la primera de las múltiples entregas de "La Pantera Rosa", o lo que es lo mismo, con los primeros pasos del Inspector Clouseau. Esa alianza fue una de las más fructíferas en el terreno de la comedia de los 60 y 70. La mezcla de ambos talentos dio como resultado sketches antológicos y un sinfín de situaciones que hoy en día siguen siendo referente para la creación de gags visuales y de humor físico. Así que en 1968 decidieron conjugar sus fuerzas para desatarse y disfrutar (sin más) de los delirios humorísticos en todo su esplendor. Todo valía, todo era susceptible de risa, todo podía ser rodado, todo entraba en una película.

    "El guateque" es pura anarquía cinematográfica. Sin un guión claro, sin historia definida, sin apenas diálogos. Basa todo su potencial en la acumulación de situaciones, de desastres; un "crescendo" apocalíptico en manos de la estrella: Peter Sellers y su innumerable repertorio de muecas, gestos, torpezas. Un personaje precuela de otros iconos desesperantes como Mr. Bean.  Y creador de secuencias emblemáticas como el inicio de la cinta, donde el actor vuela sin querer un decorado multimillonario.

    La historia es simple: Hrundi V. Bakshi es un humilde y patoso actor indio que es invitado por error a una pomposa fiesta de altos ejecutivos de Hollywood. Una vez que cruza el marco de la puerta comienza la cuenta atrás para la sucesión infinita del caos que irá generando con cada una de sus apariciones. Poco a poco irá desatando involuntarias catástrofes para desesperación de los elitistas invitados. Y es que es un acierto provocar la cómica desdicha en un ambiente lujoso. Ese es el espíritu "guatequiano".

    Nuestra receta empieza su andadura comparativa con los acordes del citar que toca Sellers en los créditos iniciales. Todos los aromas y sonidos hindúes empiezan a pulular por el escenario de la encimera y a asentarse como protagonistas absolutos de la película culinaria. Las especias inundan de fragancias orientales la cocina. Algo así como la llegada de Bakshi a la fastuosa mansión del productor: su sola presencia destaca por encima de todos. Su piel tiznada (profundamente maquillada para la ocasión) es reconocible en todo ese baile de "hombres blancos". Imposible pasar desapercibido, imposible no llamar la atención. 

    Entonces empieza el revoltijo... Tomemos la olla o sartén como lugar de los hechos donde irán confluyendo todas las peripecias y personajes. Como he planteado, "El guateque" es un "crescendo" de acontecimientos, cuya línea de locura se puede observar en la "borrachera gradual" que va teniendo el maravilloso personaje del camarero: de un sorbito inocente a beberse el agua de los floreros. Inicialmente Bakshi sólo pasea timorato por los decorados, tratando de ser uno más. Pero poco a poco irá emergiendo su torpeza (el zapato que navega por la fuente, el lío del cuadro de mandos, la "discusión" con el pajarito Num-Num...) y los aromas hindúes empezarán a salir a la luz con el tueste de las semillas de hinojo y comino. 

    Enseguida se van sumando personajes a este "festín de la comedia". La cebolla morada, el jengibre y las verduras se arremolinan a esa mesa imposible donde tendrá lugar una cena rocambolesca (sillas enanas, pollos voladores, peleas entre el servicio...) Ese actor hindú empieza a no estar solo, sus meteduras de pata encuentran en los comensales las dianas perfectas para sus gafes dardos. Todos se van entremezclando en el desastre generado. Cocinando lentamente pero sobresaliendo los aromas del protagonista total con el Garam Masala y la cúrcuma. 

    Y ya llegamos al clímax. Los personajes herméticos de la farándula hollywoodiense (como lo puedan ser los guisantes, el calabacín, la calabaza...) se reblandecen con "el guateque" montado muy a su pesar. Su crudeza inicial ahora es una tierna capa gracias a los accidentes alocados del noble y torpe actor. El yogur termina por darnos ese elemento festivo de la película: la marea de espuma que tiñe de blanco todo el escenario. La paleta de colores que nos ofrece el plato - muy Bollywood - se asemeja a toda la explosión final donde elefantes pintarrajeados se mezclan con los vistosos trajes de los invitados, con el verde del jardín, con los muebles art-decó, con el agua de la piscina... Sale el sol. Termina la fiesta y apagamos el fuego. El caos de ingredientes amanece en la olla, revueltos, entremezclados unos con otros, absorbiendo los sabores de los demás... 

    "El guateque" es una gran comedia aunque puede adolecer - sobre todo para quienes no la hayan visto - de cierto ritmo lento. Pero ese tempo es provocado y medido para ir engrandeciendo la risa. Hay sketches mejores que otros, desde luego. Y el tiempo siempre es un enemigo cruel para ciertas películas. Pero en mi caso creo que este curry cinematográfico no pierde, sino que se hace más entrañable y más delicioso con el paso de los minutos. Es una fiesta culinaria. Es Sellers en todo su esplendor, para bien y para mal. Que empiece el caos, amigos...

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    lunes, 2 de noviembre de 2015

    RAJMA MASALA CON ARROZ BASMATI (El río)

    Hoy vamos a dejarnos ir por el río que diseñó Jean Renoir para descubrir y acercarnos un poco más a la maravillosa comida hindú. El Rajma (o judía roja seca) es un guiso vegetariano cargado de las más apasionantes especias y de fragancias típicas del país asiático. Hay comino, hay cúrcuma, hay cilantro, hay jengibre, hay Garam Masala... (te dejo aquí mi receta de esta fantástica mezcla de especias) para catapultarte a la cocina india sin moverte de tus fogones. Te lo cuento paso a paso, para que tú sólo disfrutes del trayecto...


    Así que déjate guiar por el cineasta francés (y por mí mismo, a modo de intermediario) y sorprende con este original, sano, aromático y apasionante plato. La mayoría de los ingredientes-personajes los puedes adquirir en tiendas especializadas (yo siempre te recomendaré Sabores del Mundo), te aseguro que sólo con entrar y aspirar profundamente, estarás viajando. ¡Mandiles arriba, hitchcookian@s!

    RAJMA MASALA CON ARROZ BASMATI
    INGREDIENTES (4 personas)

    350 grs de judías rojas (rajma)
    500 grs de tomates
    1-2 dientes de ajo
    1 cebolla morada
    Jengibre fresco
    1 cda de cúrcuma
    1 cda de comino en grano
    1 cda de Garam Masala
    750 grs de agua
    Cilantro fresco
    Sal, Aceite de Girasol

    Para el arroz basmati

    200 grs de arroz basmati
    1 cda de aceite de oliva
    Sal y agua

    Tiempo: 45 minutos 
    Remojo: 24 horas

    Película comparada: "El río" (Jean Renoir, 1951) - Tras receta

    Con esta receta participo en el Concurso de Top Chef La Revista y Claudia&Julia. 


    Las judías (rajma): actrices principales



    Ya que se tratan de nuestras protagonistas debemos darles el mimo que se merecen. Ponemos las judías o alubias rojas en remojo - con dos o tres dedos de agua - la noche anterior y dejamos que se vayan ablandando a su ritmo. NOTA: Si no tienes tiempo o el hambre te acucia, puedes usar de bote, pero asegúrate que sean de buena calidad, a fin de cuentas, son tu estrella...

    Al día siguiente las escurrimos y las ponemos a cocer en la olla exprés. El tiempo estimado serán unos 35-40 minutos desde que suba la válvula. Nos aseguramos que están tiernas y reservamos.

    La salsa: mezclando historias

    Vamos preparando todos nuestros ingredientes ("mise en place") para trabajar con mayor comodidad. Lavamos los tomates, pelamos el ajo, el jengibre (siempre con ayuda de una cucharilla de café, para limpiar bien la corteza sin llevarnos mucha carne por delante) y la cebolla morada en trozos grandes, picamos el cilantro y disponemos por separado las especias.

    Con ayuda de la Thermomix o de una trituradora, picamos los tomates, la cebolla, el ajo y el jengibre hasta obtener una consistencia homogénea. Salpimentamos al gusto, es decir, al tuyo.


    En una olla amplia echamos 1 cucharada de aceite de girasol y vertemos las semillas de comino. Las cocinamos hasta que "exploten" y saquen toda su fragancia. Incorporamos la pasta de tomate y removemos bien unos minutos para que vaya espesando la salsa. 


    Añadimos las judías cocidas, las especias (cúrcuma y Garam Masala), el agua (750 grs) y probamos el punto de sal. NOTA: Siempre es importante ir catando nuestros platos para corregir antes de que sea demasiado tarde y echemos a perder la creación.

    Llevamos a ebullición y dejamos que se cocine todo el conjunto a fuego lento durante 30-35 minutos. Sin prisa, que burbujee suavemente, dejad que la cocina se invada de aromas.


    Pasado ese tiempo espolvoreamos el cilantro picado y, con ayuda de un triturador de patatas - o con el dorso de la cuchara - vamos a ir aplastando ligeramente las alubias (sin romperlas del todo). De ese modo la salsa espesará y la judía soltará su sabor impregnando aún más el conjunto del plato.

    El arroz basmati: actor secundario

    Secundario pero fundamental en el desarrollo de nuestra historia. Es importante saber cocerlo en su punto justo para que la textura potencie cada bocado. Primero enjuagamos o aclaramos dos o tres veces el arroz en agua para quitarle cualquier tipo de impurezas. Colamos y escurrimos bien.

    Lo ponemos en una olla y cubrimos de agua. Añadimos un chorrito de aceite - o una nuez de mantequilla - y llevamos a ebullición a fuego vivo. 


    Cocemos sin tapar unos 4 minutos (hasta que se formen los huecos que veis en la foto). Bajamos el fuego, tapamos y dejamos cocer 10 minutos más.


    Emplatado: montaje final

    Al final son vuestros ojos y vuestro sentido del buen gusto los que mandan en la tarea de la presentación final. Yo os propongo usar un plato hondo. Cubrimos la base con el arroz basmati y "regamos" con cuidado y mimo con la salsa Rajma Masala. Decoramos con unas hojitas de menta o de cilantro frescas. Todo un hallazgo culinario - rico, fácil y sano - para los paladares más viajeros. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 


    RAJMA MASALA CON ARROZ BASMATI


    Película ideal para degustar este plato
    THE RIVER
    ("El río" de Jean Renoir - 1951)


    La receta que hoy nos ocupa goza de una obvia naturaleza india. Había que catapultar la mente al sur de Asia y rebuscar un espejo cinematográfico acorde con este Rajma Masala. Nuestro plato de hoy posee un espectacular cromatismo y textura plástica, y es ahí donde me he topado con el maestro Renoir y su primera incursión en el Technicolor: "El río". Una obra poética, dominada por los paisajes indios, por los cielos abiertos, por una paleta de coloridos infinita. Casi como un cuadro de su padre (Auguste Renoir), donde cada pincelada es vida, movimiento...

    "El río" supuso, como digo, la primera película en color del aclamado cineasta francés. El que fuera sumo hacedor de piezas fundamentales del séptimo arte como "La regla del juego", "La gran ilusión", "La bestia humana" o "Esta tierra es mía", encontró en la novela homónima de Rumer Godden el texto idóneo para adentrarse en la cultura, costumbres y belleza pictórica de la India. Renoir estaba fascinado con el país asiático y necesitaba el color para poder plasmarlo en la pantalla, para poder recrearse en los paisajes, en los escenarios naturales, en la viveza de sus telones de fondo. Un mundo aparte, cargado de símbolos, de tradiciones tal vez ajenas al mundo occidental, que Renoir pretendió a toda costa acercarnos a través de las bellísimas imágenes de su cámara. 

    La historia, tan sencilla como universal, nos cuenta el primer amor. Ese despertar romántico en el complicado universo de la adolescencia. Y lo hace a través de una joven inglesa, asentada en Calcuta junto a su familia, que descubrirá en la tierra de los aromas las virtudes y dramas de la vida. Renoir supo insuflar energía a las interpretaciones (noveles), a sacar el máximo partido de los escenarios, y a generar una fantasía narrativa impecable, usando recursos, dotando cada fotograma de sentido, cada detalle de emoción... Era Renoir, no era cualquiera. 

    Nuestra receta encuentra sus primeras conexiones en el paraje indio que gobierna el film. Los elementos que protagonizan el plato emanan aromas, fragancias, sabores de la India: la cúrcuma, el comino, el Garam Masala... Actores secundarios de la trama que dotan de olor y personalidad el conjunto final, tanto en nariz, como en boca, haciendo las veces de un buen vino. 

    La historia de "El río", como el cocinado de la judía roja (ojo al detalle, la protagonista es una adolescente pecosa y de cabellos pelirrojos) se nos cuenta a través de la protagonista. Seguimos secuencia tras secuencia sus andanzas y descubrimientos gracias a su voz en off y a su presencia omnipresente en la película. Nuestras alubias (o Rajma) llevan un proceso (o viaje iniciático) lento, pausado, el remojo y la cocción van ablandando su textura y abriéndoles los ojos a un mundo desconocido, gobernado por adultos, por emociones jamás vividas.

    Y es entonces cuando los universos paralelos (las amigas, una india y otra americana) empiezan a mostrar la diversidad de sabores y aromas (o civilizaciones y culturas) que se van dando cita en el escenario de la olla. Nuestra niña-Rajma empieza a vivir y a sentir la profundidad humana, donde convergen el amor, la pasión, la pérdida, la soledad. Latigazos que otorgan el comino explotando, la sensualidad de la cúrcuma, el ardiente deseo de la pasta roja de tomate, la mezcla de emociones del Garam Masala, que, a fin de cuentas, es una mezcolanza de especias. 

    Viajamos a lo largo del cocinado a fuego lento, dejándonos maravillar por la cámara de Renoir, que nos traslada a la viveza de la India con un abanico de colores de ensueño. Nuestra receta trata de reproducir la variedad de cromatismo: el verde del cilantro asemejado a los bosques, el blanco del arroz rocoso, a modo de empedrado de mercadillo; el rojo vibrante del guiso que serpentea y cruza por el plato como el personaje del río Ganges...

    Renoir nos hizo viajar y nos hizo cómplices de una historia humilde. Pero su gran virtud fue la de acercarnos a una cultura ajena y nos enseñó con toda la magia de su talento, un mundo colorista, casi sacado de un sueño. Su padre pintaba, él hacía cine... nosotros únicamente tratamos de usar su gran obra para ensalzar las cualidades de la cocina exótica y dejarnos llevar por el río de su maestría.

    jueves, 1 de octubre de 2015

    POLLO TANDOORI (Paso a Paso con Indy)

    Esta espectacular receta trata de asemejarse al clásico de la cocina india, y ha sido posible gracias a la inestimable ayuda de Anmol Manghnani y su maravillosa tienda Sabores del Mundo, que recomiendo encarecidamente. El pollo Tandoori (que significa "horno") es un plato tradicional plagado de aromas y que lleva su tiempo preparar. Pero os aseguro que una vez que os metáis "en faena" repetiréis. Que no os asuste el número de ingredientes, en esta ocasión hay que explotar el sabor. De ahí que la película elegida haya sido una peripecia de Indiana Jones, porque hablamos de una aventura cine-culinaria con alma hindú. Esto comienza ya... ¡Mandiles arriba!

    POLLO TANDOORI

    INGREDIENTES (4 personas)
    1 kg de pollo (yo usé contramuslos y jamoncitos), 4 yogures naturales, 1 cada de harina de trigo, 1 cda de Maizena, 1-2 cdas de zumo de limón o lima, 2 cdas de Patak's Tandoori Paste,
    1 cda de Shaan Tandoori Mix Powder (potenciador), 1 cda de Garam Masala, 2 cdas de jengibre fresco picado, 2 cdas de ajo picado, 1 cdita de colorante rojo, 1 cdita de colorante amarillo, hierbabuena y cilantro picado, 2 cdas de Aceite de Oliva, Sal


    Tiempo: 2 horas + 24 horas de macerado
    Película comparada: "Indiana Jones y el Templo Maldito" (TRAS RECETA)

    Se trata de una preparación de lo más entretenida. Es cierto que lleva infinidad de ingredientes pero que eso JAMÁS os tiré para atrás. Si no dais con alguno, NO PASA NADA, tirad con vuestros recursos y lo que tenga a bien disponer vuestra despensa.

    Lo importante es "asemejar" el sabor y textura al "tandoori", y la mayoría de ingredientes se pueden adquirir sin problemas en la tienda Sabores del Mundo en Madrid o en cualquier gran superficie.

    Macerado

    En un bol amplio introducimos los yogures, el jengibre y el ajo picado (o en puré con ayuda de un machaca-ajos), el aceite, los colorantes (no pasa nada si no tenéis, sólo variará el color pero el sabor permanecerá intacto) y todas las especias.



    Añadimos la Pasta Tandoori, las hojas de cilantro y hierbabuena picadas, el zumo del limón y sal. Mezclamos todo bien hasta conseguir una pasta homogénea.

    Incorporamos la harina y la Maizena, que podemos "tamizar" con ayuda de un colador pequeño para que así nos salga bien fina. Volvemos a mezclar todo el conjunto bien.


    Limpiamos, lavamos y secamos los trozos de pollo. Les practicamos unos cortes con un cuchillo afilado en la piel para que el macerado se integre bien con el pollo.



    Los incorporamos al bol. NOTA: Si no queremos mancharnos podemos colocarnos unos guantes de látex (de usar y tirar) para mezclar el pollo con el macerado.


    Tapamos el bol con papel film y dejamos reposar en la nevera 24 horas. De esa forma garantizamos que el pollo salga mucho más jugoso.

    Al día siguiente...

    Ponemos a calentar el horno a 150-160º

    Untamos con un poco de aceite una bandeja de horno y colocamos encima el pollo bien impregnado de la salsa del macerado. Cocinamos el pollo durante 2 horas. Así tendremos una carne mucho más tierna.


    NOTA: El "tandoori" debe quedar seco y bien dorado. Podemos calentar en una sartén la salsa del macerado y servirla aparte.

    Por otro lado cocemos un poco de arroz basmati en agua.

    Picamos un poco más de cilantro fresco y nos preparamos para el emplatado.

    En un plato disponemos un contramuslo y un jamoncito de pollo por comensal. Acompañamos con el arroz basmati servido sobre un molde y espolvoreamos un poco de cilantro fresco picado.

    Todo un viaje culinario que despertará vuestros sentidos, creedme. ¡Que aproveche, hitcookian@s! 


    Película ideal para degustar este plato
    "INDIANA JONES AND THE TEMPLE OF DOOM"
    ("Indiana Jones y el templo maldito" de Steven Spielberg - 1984)

    Está claro que esta receta supone toda una aventura en la cocina. Desde el macerado, la mezcla de especias hasta la consumación en el horno. Es una odisea de lo más entretenida plagada de "baches" y retos. 

    Allá por los 80, Steven Spielberg (que ya se había ganado el beneplácito de crítica y público con sus joyas setenteras como "Tiburón", "Encuentros en la tercera fase" o "El diablo sobre ruedas") se había planteado revitalizar el género de aventuras en toda regla. De esa forma emerge en el colectivo celuloide Indiana Jones. Un imposible e inquieto arqueólogo que surca el globo terráqueo salvaguardando tesoros, combatiendo enemigos (en su mayoría nazis) y rehaciendo injusticias a  latigazo limpio. "En busca del arca perdida" fue el pistoletazo de salida a este héroe de acción, conocido por todos y cuya presencia es diversión en estado puro.

    Mirando el trepidante ritmo de la receta y sus origenes indios, no podía posar mi alocada mirada en otro lado más que "en el templo maldito". La segunda entrega de Spielberg que hizo en 1984 tras alcanzar la cima total del éxito con "E.T". Para muchos esta "andanza" es la "menor" de la trilogía (no contemplo la infumable cuarta) pero eso no significa que esté carente de emoción, de antológicas secuencias, del clásico humor socarrón de Indy y de una narración vertiginosa. Quizás los elementos infantiles (por primera y única vez usa de co-protagonista a un niño, Tapón) le resten algo de valor. Aún así "En el templo maldito" se erige como una fantástica carrera en las entrañas de India, sembrada de piruetas imposibles, de pasión cinematográfica, de cariño por el género, de entretenimiento endiablado...

    Nuestra receta se mueve en el ámbito de la aventura. Su procedimiento se me antoja un divertimento cine-culinario frenético y muy parecido a esta andanza de un aguerrido Indiana (Harrison Ford), la histriónica y pusilánime cantante de club (Kate Capshaw) y su fiel secuaz Tapón (Johnatan Ke Quan, aquel ingenioso niño de la tropa de Los Goonies).

    Por un lado nos encontramos en un club de Shanghai, donde empezarán a entremezclarse la vida del trío protagonista. Indy se ve inmerso en un turbio negocio y acaba (como tiene que ser) enfrentado a la mafia china en una pelea maravillosa. Un antídoto, un veneno, una piedra preciosa y una alocada cantante ansiosa de joyas se suman a esta ecuación. En nuestro bol (o club) los ingredientes van juntándose y mezclándose en una batalla orquestada por nuestro sentido del gusto. Y poco a poco vamos siendo testigos de cómo sus caminos acaban por entrelazarse para un destino común. La cantante e Indy saltan por la ventana (parapetados tras un gigantesco Gong) y, tras atravesar varios toldos en la caída, terminan en el coche pilotado por Tapón. Los ingredientes se han unido...

    A partir de aquí la odisea de nuestro macerado protagonista deambula por apasionantes paisajes (llegando hasta una aldea india gris y vacía de niños) y vertiginosos obstáculos que salvar: saltos en avión con una lancha hinchable, caídas por precipicios, túneles infestados de insectos, trampas letales... Es decir, se le van sumando especias, pasta Tandoori, harina, ajo, jengibre, etc. Elementos que hacen evolucionar la historia, que la llenan de emoción, de sabor, de vibrante energía.

    Y así es cómo el pollo (tal vez ejemplificado en el tridente aventurero) se ve sumergido de lleno en la petición del anciano jefe del pueblo: recuperar las piedras sagradas robadas y traer de vuelta a sus hijos, esclavizados en un maldito templo. Indy y compañía se empapan en el macerado indio y entran, de inicio, en el palacio (o frigorífico) gobernado por un sádico infante en calidad de invitados. Y se dejan convidar por una cena (mundialmente famosa) de sesos de mono y serpientes rellenas. Por suerte, nada tiene que ver con nuestra receta...

    Pero una vez que la sospecha se cierne sobre Indy, descubre las terribles catacumbas de niños-mineros, de rituales maléficos (con "ataques al corazón" incluidos) y de fosos de lava. Lo que en nuestra mente se asemeja a ese incandescente horno. El pollo se mete de lleno en las entrañas del templo y es ahí donde se desata la aventura. Durante el horneado nuestro plato va sufriendo diversos procesos (se dora, se seca, se consume el macerado, se cocina...) como los sufre el arqueólogo, que cae preso de una maldición para luego ser traído de vuelta por su joven acompañante. El fuego o el calor son los elementos clave... Más semejanza imposible.

    Y llega la contienda final. La liberación de los niños y la apasionante y brillante huida por los túneles a lomos de una vagoneta. Nuestro pollo acelera su cocción para evitar la tromba de agua que pretende ahogarlo. Y en su carrera acaba en medio de ese puente colgante (o plato). A un lado enemigos (tu cuchillo), al otro lado más enemigos (tu tenedor). A Indy (o a ti) no le queda otra que partirlo por la mitad...

    Finalemente la vida de la aldea vuelve a brillar, la naturaleza emerge y lo que antes era oscuridad ahora es vida. El pollo en su resultado final es el ejemplo de ello: un dorado maravilloso, el verde color del cilantro fresco, el aroma del arroz basmati... Se acabó el templo maldito. Sólo os queda besar a la chica o al héroe y que una cría de elefante os bañe de agua para beneplácito de los comensales... 

    domingo, 27 de julio de 2014

    POLLO TIKKA MASSALA (Gandhi)

    La India en todo su esplendor. Sus aromas y perfumes van a inundar la casa con este Pollo Tikka Masala caserísimo y a mi modo. He seguido ciertas pautas del maestro Ramsay y luego me he dejado llevar por ese extraño instinto culinario que nos sale a veces a los aprendices. Como en esto de la cocina todo es probar y dar con nuestro toque, os invito a hacer lo mismo. Merece mucho la pena perderse para encontrar algo genial. 

    Además os propongo realizar vuestra propio Garam Massala. Podéis comprarlo ya preparado  (que lógicamente es más rápido pero pierde aroma) o hacerlo en casa y os garantizáis un perfume hogareño increíble. Toda opción es válida y efectiva, yo aquí os muestro la versión Hitchcook. ¡Mandiles arriba!


    INGREDIENTES (4 personas)


    3 pechugas de pollo
    1 cebolla grande
    1 trocito de jengibre fresco (usé 3 láminas)
    3 dientes de ajo
    1 chile (opcional)
    1 cucharada de cúrcuma
    1 cucharada de azúcar
    2 cucharadas de Garam Masala
    1-2 cucharadas de concentrado de tomate
    1 lata de tomates pelados (400 grs)
    1 yogurt natural
    Cilantro fresco

    1 cucharada de aceite de sésamo (opcional)
    Sal, pimienta y aceite de oliva

    Para hacer Garam Masala casero 

    2 cucharadas de comino en grano
    1cucharada de cilantro en grano (yo usé en polvo)
    1 cucharadita de nuez moscada
    1 rama de canela
    4 clavos de olor
    Anís estrellado
    1 cucharadita de cebolla en polvo
    1 cucharadita de ajo en polvo
    1 hoja de laurel
    Pimienta negra
    1 cucharadita de pimentón

    Tiempo: 40 minutos

    Película comparada: GANDHI (Richard Attemborough-1982)

    El Garam Masala es una mezcla de especias muy arómaticas y potentes. Se ve que hay infinidad de variantes y que cada cual tiene su propio "toque". Yo me he ido guiando por algunos blogs y he hecho mi propia versión. Por supuesto que vosotros podéis mezclar todo lo que queráis, potenciar unas especias más que otras, quitar las que queráis... 

    Básicamente hay que saber que debemos tostar ligeramente las especias con cáscara o en grano para así extraer todo su aroma. En mi caso fueron la canela, el comino, el anís, el laurel y el clavo.

    Una vez que las hemos tostado, las echamos en el vaso del mortero y añadimos el resto de las especias en polvo. Ahora toca echar músculo y mandar a paseo el estrés laboral. Empezad a machacar, sin prisa pero sin pausa, hasta lograr un polvo maravillosamente aromático. Garam Masala casero preparado.


    Empezamos con la caña de verdad. En una sartén con 1 cda de aceite de Oliva y otra cucharada de aceite de sésamo (no es obligatorio) vamos pochando la cebolla cortada en juliana (tiras). Cocinamos a fuego vivo y removiendo durante 5 minutos.

    Añadimos entonces el ajo picado muy fino (o con ayuda de un machaca-ajos) y el jengibre. Removemos unos minutos. Incorporamos 2 cucharadas de Garam Masala y otras dos de cúrcuma. Que huela, que se impregnen ya los alimentos de este perfume hindú... 

    Echamos el tomate concentrado (nota: yo eché una cucharada y creo que debí echar más, probad a ver) y acto seguido los tomates pelados de lata. Dejamos cocinar unos minutos más (10 más o menos a fuego moderado-bajo) mientras removemos y mezclamos bien todos los sabores y aromas.


    Vertemos esta salsa en un vaso alto de batidora o en la Thermomix y trituramos. Limpiamos la sartén con papel de cocina y echamos otro poco de aceite. Vamos a ir friendo el pollo cortado en dados gorditos, que en este plato tienen que sobresalir y tener un protagonismo mayúsculo. NOTA: En este punto se trata de dorar el pollo, luego terminará de cocinarse.

    Volvemos a incorporar en la sartén la salsa, añadimos cilantro picado y dejamos cocinar todo el conjunto otros 10 minutos hasta que el pollo quede bien hecho. Luego vertemos el yogur natural y removemos bien.

    Ya tenemos listo nuestro Pollo Tikka Masala. Para acompañarlo un buen arroz basmati (en mi caso fueron 12 minutos de cocción en una cacerola con agua y sal)

    Emplatado: Servimos en bols separados (como en los restaurantes hindús) el pollo y el arroz y decoramos con una ramita de cilantro fresco. Lleva tiempo, lo sé, pero de verdad que el resultado es espectacular y repetiréis este plato. Garantía Hitchcook. ¡Que aproveche, hitchcookianos!


    Película ideal para degustar este plato
    GANDHI
    ("Gandhi" de Richard Attemborough - 1982)

    El pollo Tikka Masala es ya un icono de la comida hindú. Probablemente compita por el poder con el Tandoori, pero está claro que es uno de los referentes culinarios de la cocina de la India y del sur de Asia. Así que no debe suponernos una rareza que la comparación cinematográfica vaya por los derroteros de otro emblema hindú (si acaso el más grande): Mahatma Gandhi. Y en ese punto la mega-producción de Sir Richard Attemborough era idónea para ser el espejo del plato.

    Attemborough se ha prodigado más como actor (su cara puede ser vista como Señor X en La gran evasión o como megalómano empresario en Jurrasic Park) que como director. En su saca filmográfica residen obras reseñables como Un puente lejano u otro biopic de grandes dimensiones como Chaplin. El caso es que en el 82 cuenta con un abultadísimo presupuesto para llevar a la gran pantalla la vida, obra, lucha y muerte de Gandhi. 

    La película es una superproducción en toda regla (como las de los 50 y 60) Sabe que para ejecutar este homenaje debe dejarse llevar por la grandiosidad y la espectacularidad, y desde luego lo consigue. Centra su mirada en el seguimiento de su protagonista total (con un debutante en cine llamado Ben Kinglsey que está superlativo y que se alzó con un merecidísimo Oscar) y en su llamada a la sublevación contra el Imperio Británico a través de la no-violencia. Gandhi es el ejemplo de la batalla calmada, del grito en silencio, la cara amable, cercana y humilde de la rebelión. Su victoria por la libertad de la India y su pueblo aún perdura en la memoria colectiva como uno de los más brillantes, sabios y poderosos mensajes sociales jamás perpretados por hombre alguno.

    Obviamente nuestra receta emana los aromas de las callejuelas de Nueva Delhi. Hemos decidido mezclarnos con la población civil y extraer sus fragancias. La mezcla de especias de nuestro Garam Masala supone la unión de la gente, seres de pobreza económica pero de una enorme grandeza humana. Su lucha (o su mágico olor) derrocará al invasor extranjero y predominará en el plato. 

    Además nuestro plato, presentado en dos partes, viene a representar el enfrentamiento al que tuvo que hacer frente Gandhi durante gran parte de su vida. El arroz basmati, de suave aroma, puro y blanco como su vestimenta, como su mentalidad, persigue sin tregua el plato dominado claramente por el rojo teñido de Masala que representa el ejército inglés: el opresor. El pollo se concentra bañado en la sangre derramada de inocentes. Pero cuando el arroz tome el poder y se mezcle en el plato con sus fieles seguidores (la canela, el clavo, el comino, la cúrcuma, el anís, el cilantro...) le irán desplazando. La no-violencia de nuestras especias gobernará el sabor... Cada bocado será un grito de esperanza, de fuerza, de rebelión... 

    Está claro que la historia real de Gandhi es infinitamente superior a lo que un film pueda plasmar, pero el esfuerzo de Attemborough por recrear el momento histórico es más que plausible. Saborear a Kingsley ya es de por sí una receta magnífica que no podemos evitar. De ese modo concluimos que nuestro Tikka Masala es otro humilde homenaje a una figura memorable e inmortal. Una superproducción en la cocina (por el tiempo y la cantidad de ingredientes que debemos manejar) que os catapultará de inmediato a otro tiempo, a otro lugar, a otro mundo...