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jueves, 4 de julio de 2019

PASTEL DE CARNE CON PURÉ DE PATATAS (El diablo sobre ruedas)

Vuelven las cine-recetas al blog. Tras un parón o un descanso, acometo esta chifladura gastrocinéfila para vuestro deleite, quien lo tenga. En esta ocasión nos vamos a los años 70 para construir un Pastel de Carne frío ("meatloaf") comparado con la monumental opera prima de Steven Spielberg, "El diablo sobre ruedas". Todo un duelo de sabores, matices, violencia, locura...

Aquí te muestro el paso a paso de esta receta para que puedas lanzarte a esta odisea. Sé que hoy en día encender un horno es casi un castigo, pero merece la pena que lo probéis. Siempre se puede ir uno a otra habitación mientras se va escribiendo-horneando esta cine-receta. 

Además servimos una cama de puré de patatas casero. Nada que ver con los copos esos que inundan algunas despensas. Es vital que os lo preparéis vosotr@s, notaréis la inmensa diferencia. Ya no sólo de sabor, también de textura y de aroma. 

Pues sin más nos vamos a esa inhóspita carretera del demonio para tratar de sobrevivir a las continuas   embestidas de ese camión encolerizado. ¿Te subes, hitchoockian@? Entonces, ya sabes... ¡Mandiles arriba!



Ingredientes (4 personas)


Para el pastel de carne
  • 1 kg ternera picada
  • 150 g de mortadela de Bolonia picada
  • 1 rama de apio picado
  • 4 dientes de ajo picados
  • 2 Cebolletas picadas
  • Perejil fresco picado
  • 2-3 Huevos
  • ½ vaso de leche
  • ½ vaso de pan rallado
  • 1 cda de Salsa de soja y otra de kétchup
  • 1 cda de Salsa Inglesa (Perrins)
  • Tomillo, Orégano, Sal y pimienta
  • Salsa Barbacoa (la que más te plazca, yo usé a la cerveza negra)
Para el puré de patatas
  • 1 kg de patatas para cocer, harinosas (tipo Kennebec o Monalisa)
  • 50 g de mantequilla 
  • 60-70 ml de leche
  • Sal, pimienta negra y aceite de oliva Virgen Extra
Tiempo: 80 minutos
Película comparada: "El diablo sobre ruedas" (Steven Spielberg, 1971)

Tras la receta tienes la comparación cinematográfica, hitchcookian@...

Elaboración


En una sartén con un poco de aceite de oliva, sofreímos las cebolletas, el ajo y el apio. Todo troceado muy menudo. Dejamos que se cocinen 10 minutos a fuego moderado.

Mientras tanto en un bol grande añadimos la carne picada, la mortadela (o jamón York o bacon, si no tienes), las especias secas y frescas, la leche, el ketchup, la salsa de soja, la salsa inglesa, el pan rallado y los huevos. Mezclamos todo a conciencia. 

Vertemos las verduras sofritas y removemos para que se integren bien con el resto. 

Precalentamos el horno a 180º. Que vaya cogiendo calor sofocante esta carretera...

Nos hacemos con un molde tipo plum-cake y lo untamos de mantequilla o aceite, con el fin de evitar que se nos pegue el pastel durante el horneado.

Echamos de base una capa de salsa barbacoa. Volcamos toda nuestra mezcla dentro y aplanamos bien la superficie con ayuda de una espátula. Untamos la capa superior con más salsa barbacoa. Metemos al horno cubierto con papel de plata (sólo la parte de arriba, para que no se nos haga demasiado o se seque) y horneamos durante 50-60 minutos.

Mientras tanto...


Añadimos las patatas a una olla con agua (2 litros más o menos) y ponemos a cocer.


Cuando rompa el hervor bajamos para que cueza a fuego moderado (no a borbotones) durante 25-30 minutos, aunque dependerá del tamaño de las patatas. Se sabrá su punto cuando metamos una brocheta o el tenedor y notemos que están blandas. 

Las pelamos, con extremo cuidado de no acabar en urgencias con quemaduras, y las pasamos o bien por un pasa-purés o por una prensador de patatas, incluso un tenedor nos valdría. El toque más o menos rústico se lo tendréis que dar vosotr@s. 

Le añadimos sal, pimienta negra, mantequilla y leche. Darle la untuosidad que os plazca. Pero es altamente recomendable que lo hagáis todo con la patata aún caliente.

NOTA: El puré lo podéis preparar cuando vayáis a servir el pastel ya frío. Será mejor.

Terminamos...

Pasado el tiempo de horneado, sacamos el molde y dejamos enfriar. NOTA: No lo metáis caliente en la nevera. Esperad, sed pacientes, tomaos vuestro tiempo... Llevará como 1 hora.

Colocamos un plato hondo y hacemos una base con una buena cantidad de puré de patatas. Servimos encima unas rodajas del pastel, echamos un hilo de aceite de oliva Virgen Extra alrededor y decoramos con unas hojas frescas de perejil.

¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
DUEL
("El diablo sobre ruedas" - Steven Spielberg, 1971)


En 1971 un desconocido director que respondía al nombre de Steven Spielberg, perpetró para la televisión americana una obra de sencilla apariencia que encerraba un monstruoso duelo a muerte entre un hombre de negocios y un camión diabólico. El film era "El diablo sobre ruedas", la primera muestra del innegable talento de un cineasta por explotar. No podíamos ser menos que dotar a su comparación gastro-cinéfila de un portentoso "meatloaf", de rasgos oxidados, temible.

Hablamos de thriller agónico y asfixiante, que pese a estar rodado a plena luz del día en exteriores, nos adentra en los miedos más oscuros del ser humano. Huir para sobrevivir, tratar de comprender lo incomprensible, batirse en duelo con la locura en estado puro. Todo confeccionado con una estética apabullante y un pulso narrativo a la altura de muy pocos, esta obra de la carretera se nos antoja un ejercicio de suspense y terror imprescindible. Amén de ser el trampolín definitivo para que el bueno de Spielberg arrancase su prolífica e icónica carrera.

Empieza la caza...

Nuestra receta es un clásico americano, un contundente “meatloaf”, que en nuestra alocada mente, se materializa en ese asesino del asfalto, monumental y letal. Pisaremos el acelerador, trataremos de escapar, de refugiarnos, de pedir auxilio… Nada nos servirá, una vez que encendamos los motores-fogones, nuestro destino estará escrito. Y sólo de nosotros dependerá sobrevivir a la implacable voracidad de ese diablo sobre ruedas.

David Mann conduce ajeno a todo por una carretera cercana a la frontera de Méjico pisando el acelerador. El sol azota y la temperatura sube lo suficiente, y nosotros lo materializamos precalentando el horno a 180 grados. Pasa a un camión cisterna que tiene delante, el conductor del mismo parece molesto por el adelantamiento. La locura se desata…

Mann trata de despegarse del morro del camión y acaba por casi chocarse con un valla en su desesperado intento. No lo sabe, pero ya está inmerso en la creación de un “meatloaf” que le hará la vida imposible. Todo empieza a chisporrotear como las cebolletas, el ajo y el apio saltando en el aceite hirviendo de la sartén. Se cocina la tragedia.

La tensión aumenta. Mann llega a una cafetería de carretera. Cuando ve que el camión está allí estacionado empieza a sospechar de todos los presentes, que le toman por loco. No es de extrañar. Es como ese bol en el que se mezcla la carne picada con el resto de ingredientes, una suerte de  grupo de personajes-ingredientes que conforman una ristra de sospechosos. Todos son inocentes, todos son asesinos…

Mann vuelve a huir. Pero el camión sigue al acecho. Cada vez con más virulencia y más contundencia, ya que en esta ocasión toda su maldad (o relleno) se ha aglomerado en un molde para horno (tipo Plum-cake)la. Ahora es más fuerte que nunca, está más acorazado y es más despiadado su ataque. La capa de salsa barbacoa con la que cubrimos la parte de arriba del molde no hace sino remitirnos a la virulencia de cómo arrolla al coche de Mann en las vías del tren esperando ser arrollado. Pero logra zafarse… 

En un último intento de salvación, Mann se encierra en una cabina telefónica (u horno) para llamar a la policía. Para él son minutos de agonía. Para el pastel de carne son 60 minutos de cocinado. Durante los cuales embiste la caseta, trata de aniquilar al desgraciado Mann… El calor del horno desata su furia como nunca antes.

Pasado casi todo el metraje de este terrible telefilme, llega el momento de la verdad. El último duelo. Sacamos del horno a nuestro “monstruo” y esperamos que se enfríe. En esa tensa espera llega la gran confrontación. Sólo puede quedar uno. 

Cortamos en rodajas el pastel de carne (que es probablemente lo que quisiera hacer el camionero con Mann) y servimos acompañado con la salsa barbacoa. Con esa sangre derramada en el original y sorprendente final. La carretera de tonos ocres, amarillentos, es ese puré de patatas que se extiende bajo las ruedas de los vehículos. Una especie de alfombra de asfalto seca, árida, agreste, que manda nuestra mente al desértico paraje, donde apenas hay brotes verdes, salvo alguna hoja de perejil.  Hemos sobrevivido al enfrentamiento. 

"El diablo sobre ruedas" fue sin duda un hito en la televisión de los años 70. Está plagada de energía y dinamismo narrativo, y logra encerrarnos en ese coche sofocante, continuamente perseguido por el mal. Nosotros hemos tratado de condensar ese espíritu en un plato muy americano que ensalza las virtudes del villano y protagonista casi total: su forma, su aspecto, su grandiosidad, su violencia... y ese relleno que no se ve, como al conductor (si es que lo hay).  

Hemos vencido al diablo. Ahora toca devorarlo… que nos lo hemos ganado.

domingo, 18 de diciembre de 2016

70 AÑOS DE SPIELBERG EN 4 CINE-RECETAS


Pocas personas no conocerán a Spielberg, el Rey Midas de Hollywood. Su nombre ya es sinónimo de cine, de divertimento, de calidad. Un sello único que se ha manejado en todo tipo de géneros - con menor y mayor suerte - pero con una impronta apabullante de saber hacer cinematográfico. Apasionado del clasicismo, heredero de Kubrick (según las propias palabras del genio Stanley), fanático de Hitchcock, supo catapultar el lenguaje del séptimo arte a dimensiones poco conocidos hasta la fecha. 

Se ha movido por la aventura en estado puro (la saga de Indy), por la ciencia ficción (E.T, Encuentros en la tercera fase, La guerra de los mundos, Minority Report, Inteligencia Artificial...), por el cine bélico (Salvar al soldado Ryan), por el conflicto bélico (El imperio del sol, La lista de Schindler...), el thriller (Munich, El diablo sobre ruedas), el terror (Tiburón, guionista de Poltergeist), por la comedia (Loca evasión, 1941, Atrápame si puedes, La Terminal...), por el cine infantil (Hook, Mi amigo el gigante...), por los dramas históricos  (Lincoln, Amistad, El color púrpura), y hasta nos catapultó a un mundo donde los dinosaurios cobraban vida y gobernaban la tierra (Jurassic Park, El mundo perdido...) Un saco repleto de joyas, algunas más valiosas que otras.

Su pasión cinéfila nos ha acompañado durante décadas. Un talento inconmensurable y dinero a espuertas, son una combinación perfecta para trasladar universos ficticios en la gran pantalla. No se puede negar que Steven Spielberg nos entretiene, nos maravilla, nos transporta, y eso es lo que se le pide a una película: viajar sin movernos de la butaca o el sofá. 

Hoy cumple 70 años este director, guionista, montador, productor y hacedor de sueños. Y aquí se le rinde homenaje con 4 cine-recetas inspiradas y/o comparadas con algunas de sus maravillas.

1. ROLLITOS PRIMAVERA DE CARNE Y VERDURAS ("El imperio del sol")
2. SAQUITOS DE CERDO IBÉRICO CON PURÉ DE COLIFLOR AL CURRY ("Encuentros en la Tercera Fase")
3. POLLO TANDOORI ("Indiana Jones y el templo maldito")
4. MARMITAKO DE BONITO ("Tiburón")


ROLLITOS PRIMAVERA DE CARNE Y VERDURAS -

ROLLITOS PRIMAVERA

PELÍCULA COMPARADA "El imperio del Sol" (1986)


Hacía tiempo que no me dejaba caer por las tierras culinarias de Oriente (en la memoria el Pollo al Limón, el Cerdo Agridulce o el Tartar de Atún sobre cus-cus) y ya había ganas de volver. Los rollitos primavera son un clásico de la cocina china, un plato que gusta a todo el mundo, una receta que funciona por sí sola. Así que debía tirar de un valor seguro para la comparación. Visto el entorno que le rodea, la temática del plato y sus ingredientes, he decidido posarme en la colosal superproducción de El imperio del sol. 

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SAQUITOS DE CERDO IBÉRICO CON PURÉ DE COLIFLOR AL CURRY -


PELÍCULA COMPARADA "Encuentros en la Tercera fase" (1977)


Vale. Partamos de una evidencia algo loca, para variar. Esta receta tiene un punto de marciana en muchos aspectos. Por un lado nos topamos con una idea poco convencional (y pocas veces avistada), y por otro nos encontramos con un resultado final que nos deja intuir una especie de platillos volantes sobrevolando en el cielo oscuro del plato. Y por último afrontamos a estos "seres-saquitos" desde un punto de vista benévolo, optimista. Porque esa es la originalidad de esta obra: mirar por primera vez a los alienígenas como entes pacíficos. Ese era el mensaje cifrado de estos Encuentros en la tercera fase. 

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POLLO TANDOORI -

 pollo tandoori

PELÍCULA COMPARADA "Indiana Jones y el templo maldito" (1984)


Está claro que esta receta supone toda una aventura en la cocina. Desde el macerado, la mezcla de especias hasta la consumación en el horno. Es una odisea de lo más entretenida plagada de "baches" y retos.  Allá por los 80, Steven Spielberg (que ya se había ganado el beneplácito de crítica y público con sus joyas setenteras como "Tiburón""Encuentros en la tercera fase" o "El diablo sobre ruedas") se había planteado revitalizar el género de aventuras en toda regla. 

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MARMITAKO DE BONITO -

marmitako de bonito

PELÍCULA COMPARADA "Tiburón" (1975)

Sabor a mar. Océano puro en la mesa. Aguas sanguinolientas. Nuestra receta de hoy goza de todos los elementos marinos posibles. El pescado se erige en el protagonista absoluto del plato y domina las aguas por las que pululan el resto de personajes (o ingredientes). Es cierto que yo me he pasado con la carne de pimiento choricero, puede ser que mi subconsciente cinéfilo (y no mi mal tino culinario, ejem) haya podido influir para poder encajar la receta con un referente tan grandioso y apropiado como "Tiburón".

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jueves, 1 de octubre de 2015

POLLO TANDOORI (Paso a Paso con Indy)

Esta espectacular receta trata de asemejarse al clásico de la cocina india, y ha sido posible gracias a la inestimable ayuda de Anmol Manghnani y su maravillosa tienda Sabores del Mundo, que recomiendo encarecidamente. El pollo Tandoori (que significa "horno") es un plato tradicional plagado de aromas y que lleva su tiempo preparar. Pero os aseguro que una vez que os metáis "en faena" repetiréis. Que no os asuste el número de ingredientes, en esta ocasión hay que explotar el sabor. De ahí que la película elegida haya sido una peripecia de Indiana Jones, porque hablamos de una aventura cine-culinaria con alma hindú. Esto comienza ya... ¡Mandiles arriba!

POLLO TANDOORI

INGREDIENTES (4 personas)
1 kg de pollo (yo usé contramuslos y jamoncitos), 4 yogures naturales, 1 cada de harina de trigo, 1 cda de Maizena, 1-2 cdas de zumo de limón o lima, 2 cdas de Patak's Tandoori Paste,
1 cda de Shaan Tandoori Mix Powder (potenciador), 1 cda de Garam Masala, 2 cdas de jengibre fresco picado, 2 cdas de ajo picado, 1 cdita de colorante rojo, 1 cdita de colorante amarillo, hierbabuena y cilantro picado, 2 cdas de Aceite de Oliva, Sal


Tiempo: 2 horas + 24 horas de macerado
Película comparada: "Indiana Jones y el Templo Maldito" (TRAS RECETA)

Se trata de una preparación de lo más entretenida. Es cierto que lleva infinidad de ingredientes pero que eso JAMÁS os tiré para atrás. Si no dais con alguno, NO PASA NADA, tirad con vuestros recursos y lo que tenga a bien disponer vuestra despensa.

Lo importante es "asemejar" el sabor y textura al "tandoori", y la mayoría de ingredientes se pueden adquirir sin problemas en la tienda Sabores del Mundo en Madrid o en cualquier gran superficie.

Macerado

En un bol amplio introducimos los yogures, el jengibre y el ajo picado (o en puré con ayuda de un machaca-ajos), el aceite, los colorantes (no pasa nada si no tenéis, sólo variará el color pero el sabor permanecerá intacto) y todas las especias.



Añadimos la Pasta Tandoori, las hojas de cilantro y hierbabuena picadas, el zumo del limón y sal. Mezclamos todo bien hasta conseguir una pasta homogénea.

Incorporamos la harina y la Maizena, que podemos "tamizar" con ayuda de un colador pequeño para que así nos salga bien fina. Volvemos a mezclar todo el conjunto bien.


Limpiamos, lavamos y secamos los trozos de pollo. Les practicamos unos cortes con un cuchillo afilado en la piel para que el macerado se integre bien con el pollo.



Los incorporamos al bol. NOTA: Si no queremos mancharnos podemos colocarnos unos guantes de látex (de usar y tirar) para mezclar el pollo con el macerado.


Tapamos el bol con papel film y dejamos reposar en la nevera 24 horas. De esa forma garantizamos que el pollo salga mucho más jugoso.

Al día siguiente...

Ponemos a calentar el horno a 150-160º

Untamos con un poco de aceite una bandeja de horno y colocamos encima el pollo bien impregnado de la salsa del macerado. Cocinamos el pollo durante 2 horas. Así tendremos una carne mucho más tierna.


NOTA: El "tandoori" debe quedar seco y bien dorado. Podemos calentar en una sartén la salsa del macerado y servirla aparte.

Por otro lado cocemos un poco de arroz basmati en agua.

Picamos un poco más de cilantro fresco y nos preparamos para el emplatado.

En un plato disponemos un contramuslo y un jamoncito de pollo por comensal. Acompañamos con el arroz basmati servido sobre un molde y espolvoreamos un poco de cilantro fresco picado.

Todo un viaje culinario que despertará vuestros sentidos, creedme. ¡Que aproveche, hitcookian@s! 


Película ideal para degustar este plato
"INDIANA JONES AND THE TEMPLE OF DOOM"
("Indiana Jones y el templo maldito" de Steven Spielberg - 1984)

Está claro que esta receta supone toda una aventura en la cocina. Desde el macerado, la mezcla de especias hasta la consumación en el horno. Es una odisea de lo más entretenida plagada de "baches" y retos. 

Allá por los 80, Steven Spielberg (que ya se había ganado el beneplácito de crítica y público con sus joyas setenteras como "Tiburón", "Encuentros en la tercera fase" o "El diablo sobre ruedas") se había planteado revitalizar el género de aventuras en toda regla. De esa forma emerge en el colectivo celuloide Indiana Jones. Un imposible e inquieto arqueólogo que surca el globo terráqueo salvaguardando tesoros, combatiendo enemigos (en su mayoría nazis) y rehaciendo injusticias a  latigazo limpio. "En busca del arca perdida" fue el pistoletazo de salida a este héroe de acción, conocido por todos y cuya presencia es diversión en estado puro.

Mirando el trepidante ritmo de la receta y sus origenes indios, no podía posar mi alocada mirada en otro lado más que "en el templo maldito". La segunda entrega de Spielberg que hizo en 1984 tras alcanzar la cima total del éxito con "E.T". Para muchos esta "andanza" es la "menor" de la trilogía (no contemplo la infumable cuarta) pero eso no significa que esté carente de emoción, de antológicas secuencias, del clásico humor socarrón de Indy y de una narración vertiginosa. Quizás los elementos infantiles (por primera y única vez usa de co-protagonista a un niño, Tapón) le resten algo de valor. Aún así "En el templo maldito" se erige como una fantástica carrera en las entrañas de India, sembrada de piruetas imposibles, de pasión cinematográfica, de cariño por el género, de entretenimiento endiablado...

Nuestra receta se mueve en el ámbito de la aventura. Su procedimiento se me antoja un divertimento cine-culinario frenético y muy parecido a esta andanza de un aguerrido Indiana (Harrison Ford), la histriónica y pusilánime cantante de club (Kate Capshaw) y su fiel secuaz Tapón (Johnatan Ke Quan, aquel ingenioso niño de la tropa de Los Goonies).

Por un lado nos encontramos en un club de Shanghai, donde empezarán a entremezclarse la vida del trío protagonista. Indy se ve inmerso en un turbio negocio y acaba (como tiene que ser) enfrentado a la mafia china en una pelea maravillosa. Un antídoto, un veneno, una piedra preciosa y una alocada cantante ansiosa de joyas se suman a esta ecuación. En nuestro bol (o club) los ingredientes van juntándose y mezclándose en una batalla orquestada por nuestro sentido del gusto. Y poco a poco vamos siendo testigos de cómo sus caminos acaban por entrelazarse para un destino común. La cantante e Indy saltan por la ventana (parapetados tras un gigantesco Gong) y, tras atravesar varios toldos en la caída, terminan en el coche pilotado por Tapón. Los ingredientes se han unido...

A partir de aquí la odisea de nuestro macerado protagonista deambula por apasionantes paisajes (llegando hasta una aldea india gris y vacía de niños) y vertiginosos obstáculos que salvar: saltos en avión con una lancha hinchable, caídas por precipicios, túneles infestados de insectos, trampas letales... Es decir, se le van sumando especias, pasta Tandoori, harina, ajo, jengibre, etc. Elementos que hacen evolucionar la historia, que la llenan de emoción, de sabor, de vibrante energía.

Y así es cómo el pollo (tal vez ejemplificado en el tridente aventurero) se ve sumergido de lleno en la petición del anciano jefe del pueblo: recuperar las piedras sagradas robadas y traer de vuelta a sus hijos, esclavizados en un maldito templo. Indy y compañía se empapan en el macerado indio y entran, de inicio, en el palacio (o frigorífico) gobernado por un sádico infante en calidad de invitados. Y se dejan convidar por una cena (mundialmente famosa) de sesos de mono y serpientes rellenas. Por suerte, nada tiene que ver con nuestra receta...

Pero una vez que la sospecha se cierne sobre Indy, descubre las terribles catacumbas de niños-mineros, de rituales maléficos (con "ataques al corazón" incluidos) y de fosos de lava. Lo que en nuestra mente se asemeja a ese incandescente horno. El pollo se mete de lleno en las entrañas del templo y es ahí donde se desata la aventura. Durante el horneado nuestro plato va sufriendo diversos procesos (se dora, se seca, se consume el macerado, se cocina...) como los sufre el arqueólogo, que cae preso de una maldición para luego ser traído de vuelta por su joven acompañante. El fuego o el calor son los elementos clave... Más semejanza imposible.

Y llega la contienda final. La liberación de los niños y la apasionante y brillante huida por los túneles a lomos de una vagoneta. Nuestro pollo acelera su cocción para evitar la tromba de agua que pretende ahogarlo. Y en su carrera acaba en medio de ese puente colgante (o plato). A un lado enemigos (tu cuchillo), al otro lado más enemigos (tu tenedor). A Indy (o a ti) no le queda otra que partirlo por la mitad...

Finalemente la vida de la aldea vuelve a brillar, la naturaleza emerge y lo que antes era oscuridad ahora es vida. El pollo en su resultado final es el ejemplo de ello: un dorado maravilloso, el verde color del cilantro fresco, el aroma del arroz basmati... Se acabó el templo maldito. Sólo os queda besar a la chica o al héroe y que una cría de elefante os bañe de agua para beneplácito de los comensales... 

miércoles, 13 de noviembre de 2013

MARMITAKO DE BONITO (Tiburón)

Llega el fresco y los platos calientes o de cuchara empiezan a invadir nuestras mesas. Hoy toca tirar de un clásico gastronómico para hacer entrar en calor nuestros estómagos. El marmitako tiene todos los componentes para satisfacernos, es bastante sencillo pero requiere algo de tino y es vital que hagamos un buen caldo nosotros; lo agradecerá el plato, creedme. ¡Mandiles arriba! 

MARMITAKO DE BONITO
INGREDIENTES (4-6 personas)
  • 1 kg de bonito fresco cortado en tacos
  • Caldo de pescado (puerro, apio, cebolla, perejil, media cabeza, cabezas de langostinos y la piel del pescado)
  • 2 pimientos verdes
  • 1 pimiento rojo
  • 1 tomate
  • 1 zanahoria
  • 1 cebolla 
  • 2 dientes de ajo
  • 1 vasito de vino blanco (de los buenos)
  • 1 cda de pulpa de ñora (o pimiento choricero)
  • 2-3 patatas 
  • Perejil fresco
  • 1 cdita de pimentón (de Candeleda, por supuesto)
  • Sal y Aceite de Oliva Virgen Extra


Tiempo
  • 60 minutos

Película comparada

  • "Tiburón" (Steven Spielberg, 1975) ---- Tras receta

Lo primero de todo es preparar el caldo casero de pescado. En una cazuela echamos un litro de agua y añadimos la rama de apio, un puerro, unas ramas de perejil, media cebolla, un poco de sal y los sobrantes del pescado. 

Dejamos cocer a fuego suave unos 20 minutos (desde el primer hervor) Merece la pena invertir un poco de tiempo en este paso porque el sabor lo agradecerá al final. Desespumamos y colamos finalmente para que no haya impurezas.

El sofrito. En una olla grande (que haga las veces de marmita) troceamos bien y sofreímos el ajo, el tomate, los pimientos y la cebolla - vamos, al estilo riojano -. 


Cuando empiecen a estar blanditos añadimos las patatas chascadas (o troceadas) y rehogamos unos minutos. Acto seguido incorporamos el vino y dejamos que evapore el alcohol. Momento de añadir la carne del la ñora y removemos. En este punto punto se puede añadir una guindilla para los amantes del picante.


Vertemos el caldo caliente y dejamos que se vaya cocinando todo el conjunto despacio. El tiempo dependerá del corte de las patatas pero no deben ser muy grandes, dejamos que se cocine todo a fuego muy suave, sin prisa, a su ritmo, durante 40 minutos. Pasado ese tiempo apagamos el fuego y añadimos los tacos bien limpios del bonito en la marmita. Dejamos que se cocinen con el calor residual durante 5 minutos.


Dejamos reposar nuestro guiso 10 minutos antes de servir, espolvoreamos perejil fresco picado y listo el marmitako. Huele bien, ¿eh? Pues blandid una cuchara y a devorar se ha dicho. ¡Que aproveche, hitchcookian@s!

Película ideal para degustar este plato
JAWS
("Tiburón" de Steven Spielberg - 1975)


Sabor a mar. Océano puro en la mesa. Aguas sanguinolientas. Nuestra receta de hoy goza de todos los elementos marinos posibles. El pescado se erige en el protagonista absoluto del plato y domina las aguas por las que pululan el resto de personajes (o ingredientes). Es cierto que yo me he pasado con la carne de pimiento choricero, puede ser que mi subconsciente cinéfilo (y no mi mal tino culinario, ejem) haya podido influir para poder encajar la receta con un referente tan grandioso y apropiado como "Tiburón".

Allá por los años setenta, un joven y talentoso cineasta (Spielberg) estaba llamado a cambiar la historia del cine y en su mano tuvo la oportunidad de perpetrar una obra de terror puro e inmortal a ojos de cualquier espectador. Ejecutor de películas y demoledor de géneros ("La lista de Schindler", la saga Indy, "E.T" o "Salvar al soldado Ryan", casi nada) viene a contarnos en esta odisea acuática con asesino invisible. Un tiburón que amenaza las apacibles playas de un pueblecito costero, con ganas de guerra y un hambre que no acaba nunca.

Para combatir esas "mandíbulas" que todo mastican, tres inesperados héroes se embarcan en una pesca final. Un duelo de poder a poder donde seremos testigos de una lucha titánica por vencer a un enemigo imposible, un monstruo de la naturaleza, un homicida implacable. Pues bien, nuestra receta de hoy nos habla del gran azul, de su complejidad, y de cómo las aguas calmadas poco a poco se van enrabietando. Ahí tenemos nuestro caldo de pescado (que huele a mar que da gusto), en un suave oleaje, en calma, donde los inocentes bañistas (el pimiento, la cebolla, el ajo...) disfrutan de un caluroso día.

De pronto las aguas cobran un aspecto de violencia extrema, el pimiento choricero empieza a teñir de rojo el líquido cristalino. Como en la película, no logramos ver el ser oculto que demuestra tanta ferocidad. Mandamos a un grupo de luchadores natos (nuestras patatas - el sheriff, el oceanógrafo y el experto cazatiburones) para averiguar lo que sucede. Unos personajes que hacen lo imposible por mantenerse a flote en el caldo rojizo (hasta las patatas podrían ser los bidones que lanzan para frenar al temible escualo). Y de pronto emerge de las aguas nuestro gran protagonista: el bonito (o tiburón blanco, como quiera mirarse)

Un elemento marino que salta sobre el bote, que golpea con fuerza, que asoma el morro para demostrar a todos que él es que manda sobre la historia y sobre nuestro plato. Los sabores, los aromas, el ataque al paladar llevan su inconfundible sello. Sólo nos queda blandir nuestro particular arpón (o cuchara) y batallar con una criatura y una receta que, aún siendo clásica, mantiene toda la modernidad con cada visionado o cucharada que le das. Que tengas una buena caza...