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martes, 10 de mayo de 2016

TEFTELI, ALBÓNDIGAS RUSAS CON SALSA DE TOMATE (El acorazado Potemkin)


Hoy nos vamos a catapultar culinaria y cinematográficamente a Rusia con estas sorprendentes y, creo que poco conocidas, albóndigas llamadas "tefteli". Básicamente consisten en una mezcla de carne - o bien vacuno o cerdo, o ambas - con arroz cocido y todo aderezado con una salsa de tomate casera con aromas a comino, laurel, eneldo, perejil y con fotos del paso a paso. Suena bien, ¿no? 

Estas albóndigas eran un plato de origen humilde, con una materia prima asequible y que servían para tonificar estómagos en tiempos de frío, que por allá no deben andar mal de frescor. Tengo que reconocer que, como amante de las albóndigas en general, este concepto me ha sorprendido y me ha resultado altamente satisfactorio para, por lo menos, probarlo una vez. Mínimo.

En cuestiones de albóndigas hay un mundo alrededor y un sinfin de trucos, recetas o salsas para acompañar. Yo os animo a que os dejéis llevar por la fantasía soviética y os embarquéis en "El acorazado Potemkin" para disfrutar de un plato distinto y que os hará acabar con el trozo de pan que tengáis al lado de tanto rebañar. Venga, que esto zarpa ya... ¡Mandiles arriba!


Ingredientes (4 personas)
  • 450-500 grs de carne picada (vacuno y cerdo)
  • 80-100 grs de arroz cocido
  • 2 dientes de ajo
  • 1 huevo
  • Sal y pimienta negra
Para la salsa 
  • 1 cebolla
  • 1 zanahoria
  • 400 grs de tomate triturado 
  • 50 ml de Vino blanco 
  • 100 ml de caldo de carne 
  • 2 hojas de laurel
  • 1 cda de Harina de maíz 
  • 2 cditas de comino en polvo
  • 1 cdita de azúcar 
  • Perejil y eneldo fresco picado
  • Sal, pimienta negra y Aceite de oliva
Película comparada 
  • "El acorazado Potemkin" de Sergei M. Eisenstein (1925)

Las albóndigas de carne y arroz 

En un bol amplio vertemos la carne picada, el huevo, el arroz cocido y el ajo machacado o picado muy finamente. Salpimentamos con alegría y mezclamos bien todo el conjunto. Lo tapamos con papel film y dejamos reposar tranquilamente en la nevera mientras seguimos con la receta.


La salsa 

En un rondón u olla baja (que sea lo suficientemente amplia para que más adelante nos entren todas las albóndigas) calentamos un poco de aceite de oliva. Vamos a sofreír la cebolla, la zanahoria y el ajo picados. A fuego suave, sin prisa, que se vaya ablandando a su ritmo.


Añadimos la harina y removemos bien para evitar formar grumos y quitarle el sabor a crudo.

Acto seguido incorporamos el tomate triturado, el caldo, el vino blanco, el comino y el laurel. Llevamos a ebullición. Salpimentamos al gusto y añadimos el azúcar. NOTA: Habrá que ir probando para ver el punto que tiene y corregirlo si hiciera falta. Bajamos el fuego y dejamos cocinar suavemente unos 10 minutos. Es importante que coja calor. 


Formamos las albóndigas de unos 5 cm de diámetro, más o menos. Lo importante es que no sean muy grandes, para que no tarden una eternidad en hacerse. Las vamos depositando con cuidado en la salsa. Cuando las tengamos todas dispuestas, tapamos la olla y vamos a dejar que se cocinen a fuego medio durante 40 minutos. Iremos removiendo de vez en cuando para que se hagan bien.


Una vez tengamos las tefteli cocinadas, apagamos el fuego y espolvoreamos perejil y eneldo fresco por encima. Coged una barra de pan y a disfrutar de este sorprendente plato de origen ruso. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 



Película ideal para degustar este plato 

BRONENOSETS POTYOMKIN
("El acorazado Potemkin" de Sergei M. Eisenstein - 1925) 

Ya era hora que pudiera dedicarle una cine-receta al celuloide ruso. No es tarea fácil, ya que no me prodigo casi nada por su cultura culinaria, pero siempre hay una primera vez. Y estas "tefteli" son mi pistoletazo de salida. Así que con vuestro permiso, me lo voy a gozar.

Y como no podía ser de otra forma, el espejo cinematográfico debía personificarse en el más influyente y visionario cineasta del gigante asiático: Sergei M. Eisenstein. En los primeros pasos del cine mundial, allá por principios del siglo XX, en Hollywood existía David W. Griffith que se las ingeniaba para elaborar nuevos conceptos de lenguaje con "El nacimiento de una nación", "Lirios rojos" o "Intolerencia". Pues bien, al otro lado del Pacífico, un artesano hacía lo propio en tierras soviéticas. Su nombre es símbolo de cine y halló nuevas fórmulas - muy alejadas del estilo americano - para narrar hechos en imágenes donde halló nuevos usos del montaje y de la composición de plano.  De ahí que sea nada raro encontrarle entre la lista de los mejores directores de todos los tiempos. Porque lo era.

En 1925 el cine estaba encontrando su camino, descubriendo todo su maravilloso potencial para trasladar a la gran pantalla historias que sólo habían sido imaginadas por escritores, filósofos o intelectuales. En la Unión Soviética, Eisenstein ya había irrumpido en el panorama con "La huelga", pero todavía estaba a la espera de su obra más emblemática y demoledora: "El acorazado Potemkin". 

La película fue un encargo propagandístico para conmemorar el vigésimo aniversario de la revolución social de 1905 a cargo de la Revolución Bolchevique. Y narra los hechos históricos de los marineros del famoso acorazado, que hartos del maltrato por parte de los "superiores" y de la obligación a comer alimentos en mal estado, deciden sublevarse. Pero más allá de su exaltación del comunismo, la película supone un nivel superior para el entendimiento del cine como medio de expresión. Hallazgos como el énfasis en los planos torcidos, el uso del travelling (la primera vez que se hacía en el cine soviético), el uso de la imagen como símbolo o la dramatización en el montaje, (variando el ritmo de la secuencia con el ritmo de la edición, como se puede apreciar en la famosa, cruda y perfecta secuencia de las escaleras de Odessa) son algunos de los descubrimientos de "El acorazado Potemkin" en pro del cine universal. 

Nuestra receta es soviética de origen y en esencia. Y ahí nos topamos con la primera concordancia. Pero rasquemos un poco más, como siempre. La obra de Eisenstein nos habla de la "masa enfurecida" como símbolo de la ruptura contra el orden establecido. Nosotros aglutinamos un puñado de albóndigas dentro del "acorazado rondón" que ejercen de grupo de marineros con ansias de levantarse. Formando un núcleo común, irrompible, solidario. 

Si bien en la película el detonante de la sublevación es la carne en mal estado que los altos mandos obligan a ingerir a los trabajadores, nosotros usamos "la carne" como metáfora (obviamente nuestra materia prima es de alta calidad, faltaría más) Es el símbolo que desencadena la furia, que se macera lentamente en la nevera como una "masa" hasta que cobra forma de albóndiga. Es el camino de los marineros del Potemkin: son un grupo poco uniforme que acaba transformando su esencia en seres individuales, independientes, con criterio propio.  

El rondón o la olla cobran el sentido de acorazado, de nave emblemática que encierra en sus entrañas a este elenco de marineros revolucionarios. Su ira es un cocinado a fuego lento en una salsa de tomate sanguinolenta. Poco a poco van perdiendo su inocencia rosada (dada por la carne cruda) y forjando una corteza alrededor, síntoma de un rabia contenida bajo la tapa opresiva de la jerarquía zarista. Esos borbotones que van saliendo fruto de la cocción, se nos antojan los latigazos de los marineros contra la marcha de soldados cosacos, aniquilando civiles en su descenso por las escaleras de Odessa. Y que culminan con la imagen icónica de un carrito de bebé cayendo escalón a escalón.

"El acorazado Potemkin" es y será una de las joyas del cine mundial. Por muchos y variados motivos, aunque en especial por todas sus virtudes técnicas, que sirvieron para que futuros cineastas comprendieran y experimentaran mejor con las imágenes en movimiento. Es verdad que en general se tratara de una película política, que buscaba ensalzar la gloria comunista. Pero no debemos caer sólo en eso: es una gran obra de arte, contundente, deliciosa, brutal, lapidaria... Y nuestra receta de aires soviéticos ha tratado de homenajear a uno de los colosos del séptimo arte encerrando a unas "tefteli" en el estómago de una olla. La revolución culinaria está servida, camaradas...

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jueves, 8 de octubre de 2015

ALBÓNDIGAS DE SEPIA CON LANGOSTINOS Y GUISANTES (Seis destinos)

Maravillado por la receta de "Albóndigas de sepia" que tuvo a bien prepararme mi buena amiga Aurora, me puse la meta de reproducir u homenajear su deliciosa creación. El resultado no pudo ser otro que un sabrosísimo plato, perfumado de aromas marítimos, y con un increíble juego de texturas y matices. La clave, como siempre, en los ingredientes, la materia prima, que debe ser de primera para sacarle todo el potencial. Un buen caldo de pescado casero marcará la diferencia y, sobre todo, mucho mimo. Gracias, bella Rors, por tu buen hacer culinario y por llenarme el gaznate con este recetón que, espero, haber "fusilado" bien. ¡Mandiles arriba!



INGREDIENTES (4 personas)
1 sepia grandecita, 4 dientes de ajo, Perejil picado, 1 huevo, 2 rebanadas de pan mojadas en leche (o pan rallado), Harina de trigo, Aceite y sal

Para la salsa

200 grs de langostinos crudos, 1 cebolla, 3-4 dientes de ajo, 50 grs de guisantes, 
1 cdita de pimentón, 1 cda de harina, 1 chorrito de Brandy, 1/2 litro de caldo de pescado, 
1 vasito de vino blanco, 1 hoja de laurel, Aceite de Oliva, sal y pimienta negra molida

Tiempo: 90 minutos
Película comparada: "SEIS DESTINOS" (TRAS RECETA)
Preparando las albóndigas

Con ayuda de la Thermomix cocinamos la sepia en trozos grandes y la dejamos en un colador para que escurra bien. Sin Thermomix hacemos lo propio en una sartén. NOTA: Guarda la tinta si quieres para futuras elaboraciones: arroz negro, por ejemplo, o una mayonesa con un toque especial...

Cuando haya escurrido la colocamos en la Thermomix o en una trituradora y batimos hasta que quede bien picada. 

Ahora vamos a la mezcla. En un bol grande echamos los dientes de ajo bien picados, el perejil troceado, el huevo, el pan mojado en leche (y escurrido) y la sepia picada. Mezclamos bien. (Con la Thermomix serán unos 20 segundos a Velocidad 4) 

Vamos formando las bolitas y las pasamos por harina. Freímos por tandas (que no hay prisa) y sacamos a un papel absorbente para escurrir el exceso de grasa.


La salsa

Antes de nada es altamente recomendable preparar un buen caldo de pescado casero. En esta ocasión usé las cabezas y las cáscaras de los langostinos, media cabeza de merluza y un manojo de perejil y lo dejé hervir unos 30 minutos, desespumando constantemente. (NOTA: Podéis usar huesos de rape, raspas, morralla... o si vais muy apurados y escasos de materia prima preparad un caldo con una pastilla de concentrado) 

En una olla sofreímos la cebolla picada y los ajos con un chorro de aceite de oliva. Rehogamos a fuego moderado unos 10-12 minutos. Añadimos la cucharada de harina y removemos bien.

Incorporamos el vino blanco (1 vaso) y dejamos que evapore el alcohol. Ahora sacamos a escena al resto de ingredientes: caldo de pescado, hoja de laurel y los guisantes. Por último incorporamos las albóndigas ya fritas de sepia y dejamos cocer todo el conjunto 45 minutos a fuego suave. O hasta que la salsa os quede con la textura que más os plazca.

Cuando queden unos 5 minutos añadimos los langostinos pelados y damos un último hervor. 


Emplatado

Servimos en platos hondos, que luce más. Unas albóndigas (la cantidad dependerá de la voracidad del comensal) en el centro y regamos con la salsa. Decoramos con un poco de eneldo seco o fresco y listo. Ya sólo queda sacar el tridente o tenedor a pasear y disfrutar de este plato marítimo. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 




Película ideal para degustar este plato
TALES FROM MANHATTAN
("Seis destinos" de Julien Duvivier, 1942)

Tal vez una de esas "raras" obras que no hayan llegado al gran público y que poseen la cualidad de maravillar al que tenga la suerte de dejarse caer por ella. Una fábula sobre vidas ajenas que se entrelazan para conformar toda una sinfonía de instrumentos distintos pero guiados por una misma batuta. En el caso de "Seis destinos", ese director de orquesta o nexo argumental es: un smoking.

"Seis destinos" fue una de las primeras precusoras en el concepto cinematográfico de "historias cruzadas" (como lo puedan ser las más modernas "Vidas cruzadas", "Crash", "Happiness", "Amores perros" o "Magnolia") En sus fotogramas convergen actores de altura con una ristra de cuentos, aparentemente separados, pero unidos o "ligados" por un denominador común. 

Es cierto que en estos casos no todas las historias poseen la misma intensidad e interés, pero el conjunto es una delicia: de contenido y forma. Con todo es una de mis "rarezas" favoritas del baúl de los fotogramas perdidos. Amable, sensible, emocionante, muy bien ejecutada y con unos actores de enorme altura.

Nuestra receta parte de la idea de un grupo de personajes-albóndigas (seis para ser exactos, ahí empieza la similitud) que, sin saberlo, se verán entremezclados en una historia o plato hondo. Inicialmente nada tienen que ver: por tamaño, por peso o por apariencia, cada albóndiga es diferente a las otras. Puedes toparte con una "pelotilla" algo más gruesa que las demás (el inconmensurable Charles Laughton), con una más pequeña y oronda (el genial Edward G. Robinson), con una de formas más acentuadas (la bella Rita Hayworth ) o con una algo más espigada (el siempre efectivo Henry Fonda).

Si bien en "Seis destinos" todos los cuentos se unen a través de un smoking viajero, en nuestra receta el eje común es la sepia (que también se forman de "mano en mano"). Es el elemento que van conformando cada albóndiga y que  la "viste". En su interior (como en cada episodio) se van aglutinando diferentes emociones (o ingredientes) que las dotan de profundidad dramática y, ya puestos, de sabor. Ajo, perejil, pan, huevo... en nuestra alocada mente simbolizan esos sentimientos cinematográficos (dolor, romanticismo, dignidad, fama...) que van "rellenando" las historias. 

Los seis destinos, cosidos entre sí por la sepia, se cuecen lentamente en el escenario de Manhattan (o en la olla) donde se les unen el resto de personajes secundarios que terminarán por dar sentido a cada historia. Los langostinos, los guisantes, el vino, el caldo de pescado... transforman y dotan de intensidad y de potencia aromática nuestras albóndigas, así como el ramillete de personajes que pululan por cada capítulo condicionan el "destino" de los héroes principales: el grupo de ex alumnos de la universidad, el auditorio de la orquesta, una amante despechada, una esposa infiel... Esos ingredientes que bañan cada historia, que la catapultan, que la llenan de matices...

"Seis destinos" es un pequeño gran descubrimiento, como lo son éstas albóndigas. A veces hay que salirse de los parámetros normales (la película fue todo un experimento formal y narrativo) para toparse con estas perlas de la cine-cocina. Una albóndiga de sepia es el ejemplo perfecto para demostrar que "ir más allá" siempre traerá grandes historias que contar. El séptimo destino es tu paladar, que es donde se gestará el último cuento...




lunes, 18 de mayo de 2015

ALBÓNDIGAS EN SALSA CON PATATAS A LAS FINAS HIERBAS

Albóndigas. Tal vez uno de los platos más socorridos y agradecidos de toda nuestra cocina. En pocas mesas no habrá estado coronando el centro y siendo pasto de estómagos hambrientos. Entre su infinidad de variantes (tanto de relleno como de salsas) siempre va a predominar una: el aroma casero. Todos/as tenemos ese rastro olfativo generado en los fogones del hogar que nos catapulta de inmediato a tiempos pasados. Abuelas, madres, la casa del pueblo... Da igual donde se haya gestado ese "sabor único e inconfundible", lo difícil es reproducirlo. Aunque no por ello dejaremos de intentarlo. Esta es mi versión clásica. ¡Mandiles arriba!




  • INGREDIENTES (4 personas)

  • 1/2 kg de carne picada de ternera
  • 1 huevo 
  • 50 g de miga de pan 
  • 100 ml de leche 
  • 1 diente de ajo
  • Harina 
  • Salsa Inglesa (un chorrito)
  • Perejil fresco picado
  • Sal, pimienta y Aceite de Oliva

  • Para la salsa 
  • 2 cebollas 
  • 1 zanahoria 
  • 1 pimiento verde
  • 2 dientes de ajo 
  • 1 cucharada de harina 
  • 1 vaso de vino blanco 
  • Sal, pimienta y Aceite de Oliva

  • Patatas a las finas hierbas
  • 3-4 patatas medianas
  • Hierbas: tomillo, romero, orégano, perejil...
  • Tomatitos cherry
  • Sal, pimienta y Aceite de oliva

  • Tiempo: 40 minutos
  • Película comparada: "Senderos de gloria" (Tras receta)

  • Haciendo albóndigas

    Lo primero de todo es poner en remojo la miga de pan en la leche. 

    En un bol echamos la carne picada y agregamos el ajo bien picado, el huevo, la miga de pan remojada en leche, perejil fresco, la salsa Inglesa, sal, pimienta y un chorrito de buen aceite de oliva.

    Mezclamos todo bien. Vamos sacando porciones del tamaño deseado, les damos forma de "pelotilla", las pasamos por harina y freímos en abundante aceite caliente. Sacamos y reservamos.

    A por la salsa

    En una cacerola o sartén sofreímos la cebolla y la zanahoria en brunoise y el ajo picado en un par de cucharadas de aceite de oliva. Rehogamos a fuego moderado hasta que se ablanden.

    Incorporamos una cucharada de harina y removemos para que se tueste ligeramente.

    Añadimos el vino blanco y dejamos evaporar. NOTA: Rascamos bien la base de la sartén (desglasamos) para sacar los jugos de las verduras. Salpimentamos al gusto y echamos un poco de agua o caldo (si hiciera falta) y dejamos cocinar unos 20 minutos.

    Pasado ese tiempo trituramos la salsa (con batidora y luego, si queremos, la pasamos por un chino, para dejar la salsa más fina) La volvemos a poner al fuego y añadimos las albóndigas.

    Dejamos cocinar todo el conjunto 10 minutos a fuego suave.

    Las patatas

    Cocemos las patatas con piel unos 20 minutos (el tiempo dependerá del tamaño) Refrescamos y pelamos con cuidado.

    Las troceamos en cuartos y las salteamos con un poco de aceite, unos tomatitos cherry y las especias que mas os plazcan: hierbabuena, romero, tomillo, orégano, perejil... Ahí ya, vosotros mandáis.  ¡Que aproveche, hitchcookianos!


    Película ideal para degustar este plato

    PATHS OF GLORY 
    ("Senderos de gloria" de Stanley Kubrick, 1957)

    La guerra en el cine es, sin duda alguna, una de las fuentes de inspiración más trilladas y exprimidas por los cineastas a lo largo de los años. Vietnam, la Segunda Guerra Mundial, Corea, la guerra Civil española, Roma, Grecia, Oriente Medio, las colonias asiáticas o las guerrillas sudamericanas, son solo algunos ejemplos que han servido para mostrar al mundo los terrores de la lucha. Pero la Gran Guerra no ha tenido tantos narradores como otras contiendas. Y es aquí donde surge "Senderos de gloria" revalidándose como una obra suprema de las miserias y límites del ser humano en tiempos bélicos.

    Kubrick era un valor en alza a mediados de los años 50. Su visión única todavía estaba por despuntar pero ya se había hecho un hueco en el cine, gracias a su pericia narrativa en obras de corte policíaco tan aplaudidas como "Atraco perfecto" o "El beso del asesino". Antes de abordar grandes superproducciones ("Espartaco", "2001, una odisea en el espacio" o "Barry Lindon") se mete de lleno en el bando francés para realizar un milimétrico estudio del terror, la frustración y la tiranía del oficial sobre el soldado. "Senderos de gloria" es una joya, por la gran destreza técnica (inolvidables los travellings por las trincheras) y por el tema tan espinoso que critica. 
    Sus dardos se centran en la terrible historia de tres soldados condenados por cobardía, tras sobrevivir a un ataque casi suicida ordenado por un "acomodado" oficial galo. A su lado sólo contarán con el ímpetu de su superior Kirk Douglas (también productor y co-alma de la cinta) que entregará su sudor y energía por liberar a este trío desdichado de un fatal e injusto destino. Este alegato contra los poderes de los señores de la guerra, nos estalla en la cara como una granada. Y Kubrick realiza, tal vez, el mejor panfleto anti-belicista de la historia del cine. El fusilamiento es en realidad, el que hace él contra el egoismo, la burocracia, la demagogia, la supremacía...

    Nuestra receta nos muestra dos bandos claramente diferenciados: en materia prima, color y sabor. Las patatas se coronan limpias, nítidas, impolutas sobre el "barro" de la salsa que tiñe la cara de nuestras albóndigas-soldados.

    Por un lado el tubérculo se asemeja a ese grupo de oficiales que observan todo desde la distancia, desde la comodidad de un placido cuartel, sin mancharse las manos... Las finas hierbas surgen aquí como ingredientes suaves, coloristas, que les asean el aspecto y chocan frontalmente contra el espíritu sacrificado de la soldadesca.

    Las albóndigas emergen de la crudeza de la carne picada: jóvenes alistados en una contienda cruel. Por delante les espera el terror de la guerra, del cocinado... y poco a poco se irán "amoldando" (o dando forma de pelota) hasta convertirse poco menos que en robots teledirigidos que, bayoneta en mano, sólo entienden el código de "matar para no ser matado". 

    La salsa de verduras encuentra el paralelismo en el lodo que inunda cada trinchera y que va cubriendo su piel hasta casi hacerla desaparecer. Unas albóndigas que terminarán por ser devoradas, culpables de su propia existencia. A ellas nos se les condena por su cobardía, tal vez, si acaso, por su increíble sabor. Todo un sendero de gloria...

    El juicio lo haremos nosotros y la sentencia correrá a cargo de nuestro paladar. Aunque mucho me temo, que como los tres desgraciados soldados franceses, terminarán atados a un poste (o a un tenedor) y esperando entre el desasosiego y la ira el inevitable ejecutamiento...

    domingo, 8 de febrero de 2015

    SAAM DE TERNERA CON SALSA DE NARANJA Y CHILE DULCE (Cena#71)

    Sigo "ajaponesando" las cenas a cámara rápida con este otro platazo aprendido en el Curso de Cocina Japonesa Caliente (www.thekitchenclub.com) Hoy toca Saam de ternera. Una especie de albóndiga nipona (algo más grande) que se cocina al vapor, lo que convierte a la receta en vertiginosa y sana a partes iguales. Además goza de un dulce baño con una salsa espectacular de naranja y Sweet Chili que os aseguro, usaréis en más de una ocasión. No os preocupéis si no tenéis todos los ingredientes: como siempre animo, usad la imaginación y la materia prima que pulule por vuestra despensa para ejecutar vuestra propia versión. ¡Mandiles arriba!

    INGREDIENTES (4 personas)
    500 grs de carne de ternera picada
    3-4 cogollitos de lechuga
    1 manojo de cilantro fresco
    2 cebolletas
    Jengibre picado
    Cebolla frita
    Aceite de sésamo
    Salsa de Soja
    Salsa Picante Japonesa
    1-2 naranjas exprimidas
    Salsa Sweet Chili
    Avellanas

    Tiempo: 20 minutos


    Lo primero de todo es dejar lista la salsa. De lo más fácil que hay: echaremos exactamente la misma proporción de naranja que de Salsa Sweet Chili. Pesad o calculad lo que os salga de cada naranja y añadís la misma cantidad de la salsa. Probad también con mandarina, un espectáculo, de verdad.

    Vamos con la carne. Para ello la vertemos en un bol amplio y le añadimos 1-2 cucharadas de aceite de sésamo, un chorrito de soja, un toque de Salsa Japonesa Picante (esto al gusto, y si no tenéis, podéis animar el plato con un poco de Tabasco o de cayena molida) 

    Le incorporamos la cebolleta picada, el cilantro y el jengibre fresco troceadito (NOTA: La mejor forma de pelar el jengibre es raspando la corteza con una cucharrilla de café). Mezclamos todo con las manos bien limpias y vamos sacando pelotas, tipo albóndigas, pero un poco más grandes (más o menos del tamaño de una pelota de ping-pong)



    Dejamos calentando una sartén con un poquito de aceite mientras colocamos la vaporera de bambú (VER RECETA DE GYOZAS) sobre un cazo con agua hirviendo. 

    El truco está en ir sacando los Saam y pasándolos por la sartén para que se tuesten por un lado.

    Cocinamos las "albóndigas" durante 5 minutos al vapor (NOTA: Poned debajo de cada Saam un trocito de papel de horno para evitar que se peguen)

    En ese tiempo dejamos listo nuestro emplatado. Para ello sacamos unas hojas (las más lucidas) de los cogollos y trituramos unas avellanas en el mortero.

    Ya sólo nos queda ponerlo bonito. Una hojita de lechuga, encima el Saam y espolvoreamos por encima la avellana triturada y la cebolla frita. Culminamos esta gran obra, rociando cada una de ellas con nuestra salsa especial de naranja y Sweet Chili. 

    Una super receta en dos bocados, ideal para cenas a cámara rápida, aperitivos, entrantes o simplemente para dejar boquiabierto al personal. ¡Que aproveche, hitchcookianos!

    lunes, 19 de agosto de 2013

    ALBONDIQUETAS CON HIERBABUENA SOBRE ENSALADA TEMPLADA DE CUS-CUS

    INGREDIENTES (4 personas)

    Para las "albondiquetas"
    400 grs de carne de ternera picada
    Hierbabuena fresca
    Salsa Perrins
    1 cda de Bovril (concentrado de carne)
    Media cebolla picada
    1-2 dientes de ajo picados
    3-4 cdas de aceite de oliva
    Pan rallado
    1 huevo
    Sal y pimienta

    Para la ensalada de cus-cus:
    1 vasito de cus-cus
    1 vasito de agua o de caldo de verduras
    Comino molido
    1 pepino pequeño
    1 zanahoria
    1 cebolleta
    Hojas de lechuga muy picadas
    Tomates cherry
    Crema de vinagre balsámico
    Sal, pimienta y cilantro fresco

    Duración: 40 minutos
    Película comparada: CASABLANCA (Michael Curtiz 1942)

    En mi ruta veraniega por Alemania, uno no sólo se deja seducir por los encantos pintorescos de los pueblos y la espectacularidad arquitectónica de las ciudades, sino que también quiere que su estómago se tome un merecido homenaje. En uno de esos festines bávaros, descubrí algo parecido a esta receta que me enloqueció. Hice una autopsia a conciencia del plato y más o menos saqué las bases para llevarlo yo a cabo. Esta es mi versión y, en serio, está de muerte. Ahí va el proceso de mis particulares "albondiquetas".

    Empezamos con las "albodiquetas". En un bol grande echamos la carne y la salpimentamos bien. Añadimos la cebolleta y los ajos muy finamente picados y mezclamos con las manos para que se impregne todo. Ahora toca ponerse creativo. Una cucharada de Bovril, 1 chorrito de Salsa Perrins, el aceite y el huevo. Batimos con energía la mezcla hasta tener una masa propia de las albóndigas. Se puede añadir un poco de pan rallado para que selle o de pan de molde mojado en leche. 

    Y ahora el truco. Vamos dando forma a las albóndigas, cuando la tengamos hacemos un agujero con el dedo en el centro y metemos un puñadito de hierbabuena fresca y bien picada en el interior.


    Cubrimos bien con la carne por todos lados y damos forma de croqueta. Pasamos cada ejemplar por pan rallado y reservamos. Así hasta acabar con toda la carne.

    Ahora toca la ensalada de cus-cus. Ponemos a cocer la misma cantidad de agua o caldo que hayamos usado de sémola. Cuando rompa el hervor, apagamos el fuego y echamos en el cazo el cus-cus y removemos bien con un tenedor para que se vaya soltando. En este punto se puede añadir un poco de aceite de oliva y de comino molido. Mezclamos bien y dejamos reposar unos 5 minutos.

    Picamos una cebolla y una zanahoria y sofreímos en una sartén con un par de cucharadas de aceite. Echamos sal para que se suden las verduras. Dejamos pochando unos 10 minutos (se trata que queden algo crocantes, no blandas) Añadimos el cus-cus, el tomate cherry cortado por la mitad y el pepino. Damos un golpe de calor para que se temple todo y apartamos del fuego.

    Pasamos las "albodiquetas" por pan rallado y freímos en aceite caliente. Unos 4 minutos por cada lado vigilando que no se nos queme. Sacamos a papel absorbente para quitar el exceso de grasa.

    Ya sólo nos queda coronar la obra. En el centro colocamos nuestra ensalada a la que espolvoreamos un poco de cilantro fresco y rociamos con un hilo de crema de vinagre balsámico. Alrededor disponemos la lechuga muy picada. Y encima las "albondiquetas"; el número de ellas dependerá de vuestra voracidad del momento. Un gran plato, distinto y altamente recomendable. Alzad una buena cerveza de medio litro, dad al play y disfrutad el momento.

    Película ideal para degustar este plato
    CASABLANCA 
    ("Casablanca" de Michael Curtiz - 1942)


    Tal vez lo lógico hubiera sido dejarme caer por alguna referencia cinematográfica más árabe, pero, lo reconozco, me ha podido la ambición y el sentimentalismo. En mi defensa debo decir que, pese a todo, nuestra receta guarda bastantes similitudes con este inmortal filme, ya que tenemos el escenario de acción marroquí y el triángulo amoroso protagonista coronando la cima.

    "Casablanca" es sin duda una obra importante que se ha hecho leyenda gracias a sus mordaces y lapidarios diálogos, sus memorables secuencias de amor y desamor y a un final que da comienzo a una amistad. Y todo ello corrió a cargo de un monumento de la dirección llamado Michael Curtiz, en cuyo recetario podemos ver piezas colosales como "Robin de los bosques", "La carga de la brigada ligera" o su gran obra a mi juicio: "Ángeles con caras sucias".

    Con el marco de la Segunda Guerra Mundial, el guión de "Casablanca" se inmiscuye en un conocido bar-refugio por donde se dejan caer aquellos que huían de las fauces del nazismo en busca de un trampolín de escape. Allí, el dueño satírico y despegado Rick (Bogart en una de sus más emblemáticas interpretaciones), un hombre que antaño fue un idealista reaccionario y que ahora deambula entre las mesas de juego con una neutralidad insultante. El héroe se convierte en la única esperanza de sacar a un famoso líder (Paul Henreid) que resulta ser la pareja del amor de su vida (Bergman, más guapa que nunca) El dilema está servido en la mesa: amor o idealismo. Recuperar el pasado o abrir paso al futuro. Una decisión que lo cambiará todo... 

    Nuestro plato tiene el componente del cus-cus, que a nuestros ojos, se transforma en el arenoso y amarillento desierto marroquí donde ubicamos esta gran tragedia romántica. Entre sus granos pululan todo tipo de personajes/ingredientes: el  desesperado Peter Lorre, el irónico jefe de policía francés Claude Rains, el orondo empresario Sidney Greenstreet, el pianista de la nostalgia Dooley Wilson... confluyen en este templo como el pepino, la zanahoria, la cebolleta, las hierbas aromáticas... Un templo rodeada por el verdor de la lechuga que asedia el refugio del Rick's Café y que se convierte en la frontera que separa la libertad de la opresión. Y como no podía ser de otra manera en toda historia de amor que se tercie, el protagonismo recae sobre un triángulo imposible (como nuestras albondiquetas) que se necesita y se desprecia a partes iguales. 

    El pasado vuelve golpeando donde más duele: en los buenos recuerdos. Es aquí donde el héroe puede redimirse, donde todo su desprecio se puede tornar en generosidad, solidaridad y en la demostración más sublime del amor. Su despedida en el aeropuerto permanecerá en nuestras memorias cinéfilas por los siglos. Y es que, como nuestras albondiquetas, el personaje estaba cubierto (o rebozado) de una capa para evitar el dolor pero por dentro albergaba el buen sabor o la buena conciencia de la hierbabuena, cuyo aroma y textura supo convertir la pérdida en toda una victoria.