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martes, 13 de marzo de 2018

TORTA-TAKI DE SALMÓN CON PURÉ DE GUISANTES Y MERMELADA DE FRESAS (Inés Rosales)

He ideado y perpetrado esta receta para el concurso "El Chef de Las Tortas" organizado por Inés Rosales y aceite Oleoestepa. Cuando piensas en conjugar sabores y texturas con materias primas ya establecidas hay que dejarse llevar por la intuición y por tu paladar - que al final es el que lo va a degustar -. Y hete aquí que me sobrevino darle un toque oriental a esta clásica tosta de Aceite de toda la vida. La mezcla de aromas parecía interesante...

Ya metidos en faena asiática decidí lanzarme con el salmón (uno de los reyes del mar) y cocinarlo en modo de tataki.  El tataki es una técnica que consiste básicamente en macerar previamente el producto - carne o pescado - y luego cocinarlo levemente en la sartén. Ese toque casi crudo del pescado, con toda la potencia de la soja y el jengibre, el frescor de un puré de guisantes aromatizado con hierbabuena y un chizpazo final de dulzor extra con la mermelada de fresas, son unos grandes actores secundarios de la gran estrella: la torta. En este caso una Torta-taki.

Sin más dilación os paso a enseñar el proceso que seguí para esta sorprendente combinación de sabores de siempre con latigazos orientales. Un bocado de lo más original y sencillo de recrear. Una sorpresa en boca. Un lujo para la vista. Una torta diferente... ¡Mandiles arriba! 


Ingredientes 

  • 4 tostas de aceite Inés Rosales 
  • 2 lomos de salmón limpios
  • Sésamo tostado 
  • Mermelada de fresas 
Para el macerado
  • 3 cucharadas de Salsa de Soja
  • 1 trozo de jengibre fresco
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cebolleta 
  • Pimienta blanca
Para el puré de guisantes
  • 200 g de guisantes congelados 
  • 1 patata cocida 
  • 1 cebolleta
  • Hierbabuena fresca 
  • Aceite de Oliva Virgen Extra Oleoestepa
  • Sal y pimienta negra 
MACERANDO EL PESCADO

Le pedimos a nuestro gentil pescadero que nos dé unos lomos ya bien limpios sin piel ni espinas. En cualquier caso siempre conviene repasar en casa la materia prima para asegurarnos que no hay rastro alguno de ellos. El bocado debe ser nítido...

Ponemos en un bol amplio o en un tupper todos los ingredientes del macerado. NOTA: En este punto se podría añadir algo de azúcar o miel pero al ir en una tosta Inés Rosales y la mermelada ya tendrá bastante dulzor. Removemos bien y metemos el pescado. Debe estar bien cubierto. Lo metemos en la nevera durante 2 horas y le iremos dando la vuelta cada 20 minutos, para que penetre todo el macerado en toda la carne.

EL PURÉ DE GUISANTES

Cocemos por un lado la patata con piel hasta que este blanda. Refrescamos y pelamos.

En otro cazo hervimos agua y cocemos los guisantes. Unos 6-7 minutos. Colamos.

En ese mismo cazo calentamos un par de cucharadas de aceite y sofreímos la cebolleta picada en brunoise (trocitos pequeños). 

Añadimos los guisantes y la patata cocida y pelada. Damos un salteado y vamos aplastando con un tenedor o un prensa patatas. Salpimentamos al gusto. Vertemos aceite de oliva Virgen extra hasta obtener una pasta (una especie de guacamole) pero que mantenga trozos, la idea no es hacer un puré fino sino rústico, que nos deje notar el guisante en boca y la personalidad del aceite.

Por último picamos un poco de hierbabuena y lo añadimos al puré. Mezclamos y reservamos.

CULMINANDO EL PLATO

Ponemos a calentar una sartén al fuego sin aceite. Sacamos el pescado del macerado y lo rebozamos por sésamo tostado (ajonjolí´).

Cocinamos en la sartén a fuego vivo durante 20 segundos por cada lado. Sacamos y "loncheamos" en tiras de 1 o 2 centímetros. 

Disponemos las tortas de oliva Inés Rosales y untamos generosamente con el puré de guisantes y hierbabuena. Colocamos encima una hilera del tataki de salmón y regamos con un poco de mermelada de fresas. 

¡Que aproveche, hitchcookian@s!


jueves, 25 de mayo de 2017

LOMO DE DORADA A LA PLANCHA Y GUISANTES CON JAMÓN

Como buen amante del pescado en prácticamente todas sus formas, nunca dejo pasar la oportunidad de "calzarme" una buena receta aprovechando las virtudes del mercado diario. En esta ocasión la pinta que tenía la dorada ha sido razón suficiente para hacerla protagonista de este plato a cámara rápida y tenderla gentilmente, a la espera de ser admirada y devorada.

Y como buen personaje protagonista debía estar secundado por una guarnición a la altura, y hete aquí que surgen estos guisantes con jamón para dar el toque campestre al plato. Es una receta muy fácil de hacer, que nos puede solucionar una comida o una cena y que sirve para aprovechar ingredientes que busquen un mejor destino que la nevera o el congelador.

Si sois fanáticos del pescado (que entiendo que sí, al menos la gran mayoría) no podéis dejar pasar esta receta. Y es que muchas veces... menos es mucho más. ¡Mandiles arriba! 


Ingredientes (2 personas)

  • 2 lomos de dorada 
  • Sal y pimienta negra molida
  • Aceite de Oliva Virgen Extra
Para los guisantes con jamón

  • 400 grs de guisantes (pueden ser congelados)
  • 50-60 grs de jamón serrano (en lascas medianas)
  • 1 cebolleta picada 
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cdita de harina
  • 1/2 vaso de caldo de cocer los guisantes
  • Sal y pimienta negra molida
  • Aceite de Oliva
  • 4 espárragos (opcionales)
Tiempo: 20 minutos

Los guisantes a escena

Ponemos una cazuela con abundante agua a cocer. Añadimos los guisantes y los cocinamos durante 8 minutos (o lo que recomiende el gentil paquete de turno) Colamos y guardamos algo del caldo.

Por otro lado picamos el las lonchas de jamón en láminas medianas, queremos que se note su presencia física en el plato, no sólo en el sabor, sino también en la vista. Reservamos.

Picamos muy finamente los ajos y la cebolleta y los sofreímos en una sartén con un par de cucharadas de buen aceite de oliva. Durante 2-3 minutos.

Añadimos el jamón y enseguida la harina. Removemos bien y vertemos los guisantes. Otro meneo.

Por último incorporamos el caldo y dejamos cocinar 3-4 minutos, hasta que la salsa espese ligeramente.

La dorada protagonista

Secamos con papel de cocina los lomos y los salpimentamos por ambas caras.

Los cocinamos a la plancha en una sartén con un poco de aceite de oliva. Dependerá del grosor, pero unos 3 minutos por cada lado. Que se cocine bien por dentro y coja un bonito color dorado por fuera.

Servimos la dorada acompañada con la guarnición de guisantes con jamón y con unos buenos espárragos para dar un toque de frescor. ¡Que aproveche, hitchcookian@s!

lunes, 21 de marzo de 2016

QUINOA CON VERDURAS Y CRUJIENTE DE CALABACÍN (Healthy monday)


Un nuevo lunes sin carne (Free Meat Monday) se presenta ante nosotros y, cómo no podía ser de otra forma, vamos a recoger el guante y contestar con una delicia vegetariana. Soy fan confeso de la quinoa (ese super-alimento) y cada vez más la incluyo en mi recetario. Al margen de sus incontestables virtudes nutricionales, es fácil de preparar, tiene sabor y casa con casi cualquier acompañamiento. 

En esta ocasión me vuelvo "más verde, si cabe" y dejo que un puñado de verduras potencien de sabor y salubridad el plato. Incluyo además el Brócoli Bimi que tiene un sinfín de propiedades maravillosas para nuestro bienestar. Conseguimos así, dotar a esta receta de carga positiva, nos cuidamos y todo, sin dejar de relamernos. Es sencillo ser feliz con muy poco... ¡Mandiles arriba!

Ingredientes (2 personas)
  • 100 grs de quinoa
  • 200 grs de caldo de verduras o agua
  • 1 brocoli Bimi 
  • 1/2 calabacín 
  • 100 grs de guisantes congelados 
  • 1 apio
  • 1 ajete chino (también nos vale un ajete o una cebolleta) 
  • Sal, pimienta negra y Aceite de Oliva
Tiempo
  • 20 minutos
Lo primero de todo será cocinar la quinoa. Para ello la lavamos con cuidado (para eliminar la "saponina") y la ponemos en un cazo. Añadimos el doble de líquido - caldo o agua - y llevamos a ebullición. Dejamos hervir a fuego suave y con la tapadera durante 15 minutos. NOTA: No remováis la quinoa en ningún momento, ya que es un cereal delicado y se puede deshacer. 


Mientras tanto preparamos y lavamos nuestras verduras. En una sartén con un par de cucharadas de aceite de oliva, incorporamos los ramilletes de brócoli, el calabacín troceado (reservaremos unas láminas para freírlas posteriormente), el ajete y los guisantes. 

Salteamos todo el conjunto un par de minutos, añadimos un poco de agua (como medio vaso) y tapamos. Dejamos cocinar todo para que se ablanden los guisantes y las verduras. 



Cuando tengamos la quinoa lista la añadimos a la sartén y removemos con cuidado para mezclarla bien y que vaya cogiendo los aromas. Salpimentamos al gusto.

Por otro lado freímos en otra sartén con aceite las láminas de calabacín hasta que queden crujientes y doradas. Sacamos a un papel absorbente para eliminar el exceso de grasa. NOTA: Yo aproveché además para dorar a la plancha unos tallos de brócoli para la presentación.

Ya sólo nos queda "ponerlo bonito". Colocamos la quinoa con verduras en un molde redondo, presionando con cuidado para que coja la forma. Coronamos con las láminas fritas de calabacín y disponemos un tallo de brócoli en un lado. 

¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

martes, 12 de enero de 2016

CREMA DE GUISANTES CON VIEIRA Y HUEVAS DE SALMÓN (Peter Pan)

Los guisantes son una de esas legumbres socorridas que pueden perfectamente protagonizar un plato por sí solos o secundar con éxito cualquier guiso, arroz o ensalada. En esta ocasión vamos a preparar una receta en miniatura de lo más gourmet, que nos servirá para lucirnos en fiestas, celebraciones, invitaciones, ágapes... Dejareis al personal boquiabierto. Promesa hitchcookiana... 

El proceso es sencillo pero requiere mimo, hay que ir probando, catando, midiendo las cantidades de todos los ingredientes secundarios para dar con el toque perfecto. Yo en esta ocasión he usado guisantes congelados, pero por supuesto que sirven frescos (pronto empezará la época). Y la vieira puede ser sustituida por unas zamburiñas, unas almejas, mejillones... No hay límites para este viaje cine-culinario al País de Nunca Jamás. Próxima parada: tu cocina. ¡Mandiles arriba!

INGREDIENTES (10 vasitos)
  • 250 grs de guisantes congelados
  • 1 chalota 
  • 1 diente de ajo 
  • Hierbabuena fresca picada
  • 100 ml de caldo de verduras
  • 2 cdas de leche evaporada
  • 1/2 limón exprimido
  • 10 vieiras 
  • Huevas de salmón
  • 1 nuez de mantequilla
  • 1 lima y su ralladura
  • Sal, pimienta negra y Aceite de Oliva
Tiempo
  • 20 minutos
Película comparada (Tras receta)
  • "Peter Pan" (Clyde Geromini, Hamilton Luske y Wilfred Jackson, 1953)
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En una cacerola calentamos 1-2 cdas de aceite de oliva y añadimos la chalota y el ajo bien picados. Sofreímos hasta que queden tiernos.


Incorporamos los guisantes. NOTA: Yo he usado congelados pero también nos valdrían frescos. Los salteamos 1 minuto y añadimos el caldo de pollo (mejor si está caliente) y la hierbabuena fresca picada. Llevamos a ebullición y cuando rompa a hervir, bajamos el fuego y cocinamos los guisantes hasta que se cuezan totalmente.


Los pasamos por la Thermomix o por la batidora hasta licuarlos por completo. Añadimos la leche evaporada y el zumo de limón. Mezclamos y salpimentamos al gusto. Reservamos.


Colocamos la carne de las vieiras en un bol y añadimos 1 cda de aceite de oliva, sal y pimienta. Las empapamos bien y las vamos a pasar por la sartén. Para ello, echamos otra cucharada de aceite y calentamos. Freímos las vieiras 30 segundos por cada lado. Al final de la cocción incorporamos la mantequilla para caramelizar ligeramente las vieiras. 








NOTA: No os paséis cocinando las vieiras porque pueden deshacerse. 


Para emplatar usamos unos vasitos, que le dan un punto elegante y sofisticado a la receta. Rellenamos cada uno con un poco de la crema de guisantes. Colocamos encima la vieira y terminamos con una cucharadita de huevas de salmón, unas gotitas de lima y un poco de ralladura. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
PETER PAN
("Peter Pan" de Clyde Geromini, Hamilton Luske y Wilfred Jackson, 1953)


Estaba empezando a caer demasiado por terrenos sombríos y películas "poco optimistas" (aunque de indudable calidad, que una cosa no está reñida con la otra, faltaría más) y me estaba pasando factura. Así que he decidido echar la vista atrás y rejuvenecer, aunque sólo sea en texto...

Todo el esplendor verde de este mini-entrante, combinado con una sucesión de pequeños ingredientes y un viaje que fusiona a todos los personajes en un mismo espacio, me ha hecho retroceder a la infancia. A esos maravillosos años 80 (que es cuando vi la película) donde todo era más fácil y la inocencia y la ingenuidad eran nuestro estandarte. Y entre tanta sensación nostálgica me ha sacudido de lleno a la delicia adaptación de Disney: "Peter Pan"

En 1953, el todopoderoso Walt Disney ya había consagrado su visión animada en todo el planeta. La década de los 40 habían llenado de colorismo e iconos del cine las pantallas en blanco y negro. En la estela quedaban obras inmortales como "Bambi", "Dumbo", "Fantasía" o "Pinocho". Emblemas históricos, hitos del celuloide, que pasaron automáticamente a formar parte de nuestra memoria cinéfila. Sea infantil o adulta. "Peter Pan" fue el largometraje número 14 de la factoría (en principio iba a ser la segunda apuesta de Disney tras la rompedora "Blancanieves y los siete enanitos") y ya se nota la madurez del trazo, la implacable búsqueda de la acción, del entretenimiento, de dotar de enjundia la narración y de trazar mundos fantásticos. "El país de Nunca Jamás" se convertía así en un escenario fabuloso para dejarse llevar, para evadirse, para disfrutar de la época feliz y despreocupada. Éramos "niños perdidos" que encontraron su hueco en el mundo.

Los textos de J.M. Barrie sirvieron de base para la consecución de la película. Una historia de niños británicos, soñadores y fantasiosos, que se verán inmersos en una aventura única de mano de su héroe literario, Peter Pan. A través de escenarios imaginarios, recorrerán mil y una odiseas con el pizpireto, socarrón y eternamente joven personaje volador, su fiel y retorcida hada Campanilla y la banda de los niños perdidos. Y ahí surge la presencia del villano, uno de los más emblemáticos que ha dado Disney, el Capitán Garfio. Antagonista, enemigo y protagonista de todos los sketches cómicos de la cinta, dosificando la melaza propia de la factoría (sin ella no se entendería Disney) con buenas dosis de acción, de humor físico y gags visuales.

Nuestra receta tiene ese aspecto aniñado, de una crema que se niega a crecer, que mantiene su forma infantil con el aspecto de un vasito. En "Peter Pan" la apariencia importa. Importa no volverse adulto, importa mantener viva la imaginación, las ganas de vivir, de adentrarse en lo desconocido, de descubrir lo desconocido, de volar de la habitación. Ese es un poco el espíritu de nuestro emplatado: en un recipiente mínimo, condensando todos los sabores y las aventuras en un frasco pequeño.

Por supuesto que el verdor final de la crema se nos asemeja al uniforme del héroe. O al de Campanilla. O incluso a la piel del cocodrilo, ese maravilloso y divertido acosador de Garfio.  Pero vayamos un poco más allá, como siempre. Inicialmente nos encontramos con un grupo de hermanos bajo el gélido invierno británico (gélido o congelado...) Seres soñadores pero con una vida hierática, sin emoción. Algo así como nuestros guisantes: que viven helados, sin ver más mundo del que les permite la bolsa en la que están conservados. 

Poco a poco sufrirán una repentina odisea que les llevará por "la segunda estrella a la derecha" o por "la primera olla de la placa". Empezarán a cobrar vida gracias al calor aventurero que les irá dotando su ídolo literario y sus variopintos acompañantes (niños perdidos, hadas, sirenas...). Chalotas, ajo, hierbabuena, caldo, son algunos de los personajes-ingredientes que se van arremolinando en torno a ellos, dotando a sus grises experiencias de una nueva dimensión. Los guisantes rompen su coraza helada y van ablandando y dejándose llevar por ese país soñado donde volar no es más que un acto cotidiano de transporte. 

Todo el proceso se van fusionando en una crema suave y ligera, así como Wendy y sus hermanos empatizan con la causa común de derrotar al temible Garfio (siempre por encima de todos como esa vieira chapoteando en el lago verde). Se funden en un elenco inseparable, lleno de matices, de vida, de diversión y de sabores aptos para todos los públicos. Y se quedan en ese paraíso del vasito, como una metáfora culinaria sobre la negación de crecer, de madurar, de olvidar la inocencia...

Disney siempre ha tenido un trasfondo más "adulto" en sus obras. En el caso de "Peter Pan" se entiende un miedo atroz por evolucionar en la vida, unas ansias tremendas por mantenerse en la época de la diversión sin responsabilidades. Wendy crece. Pan no. La mezcla de ambas decisiones (por muy fantásticas que sean) nos da como resultado la sensación que tuvimos (y tenemos) al ver estas obras animadas: con los ojos de un niño y el cuerpo de un adulto. 

Dejaos llevar por este viaje cine-culinario y disfrutar su creación con entusiasmo, con inocencia y con esa sonrisa que en algún momento consiguió arrancarnos ese ser congelado (a modo de guisante) llamado Walt Disney. 

martes, 8 de diciembre de 2015

CROQUETAS DE CALABAZA Y GUISANTES (Pesadilla antes de Navidad)

Llega la temporada del "ho-ho-ho" y con ella los ágapes familiares o los reencuentros amistosos. En cualquier caso amenazan comidas y cenas copiosas y dudas, muchas dudas. Tenemos amplia variedad de platos fuertes para servir en la mesa pero hay que pensar también en los aperitivos y entrantes, que tienen un enorme protagonismo en el escenario de cualquier casa.

Desde The Hitchcook os proponemos este original bocado que se salta un poco las normas. Unas croquetas de calabaza y guisantes muy sencillas de preparar y que sorprenderán los paladares. Hay que tener en cuenta que la calabaza (de invierno) es una hortaliza muy socorrida, que aporta un toque dulce y una textura deliciosa. Además es un alimento con muy bajo aporte calórico, que nunca está de más para hacer frente a platos más contundentes, que seguro formarán parte del reparto de cualquier menú navideño. 

Aquí las hemos aromatizado con queso Parmesano, pero probad cualquier otro queso rallado, dar sabor al rebozado añadiendo alguna especia al pan rallado, combinad los sabores que más os gusten para llevad  esa "croqueta" a vuestro estilo culinario. ¡Mandiles arriba!

CROQUETAS DE CALABAZA Y GUISANTES


Ingredientes (4 personas)
  • 500 grs de calabaza (de invierno)
  • 100 grs de guisantes congelados
  • 2 cebolletas
  • Queso Parmesano rallado
  • 2 dientes de ajo
  • 1 huevo
  • Pan rallado
  • Sal, pimienta y Aceite de oliva

Tiempo
  • 30 minutos
Película comparada
  • "Pesadilla antes de Navidad" (Henry Selick, 1993) ---- Tras receta
Con esta receta participo en el Reto de "Christmas Time" de la comunidad Cocineros del Mundo en G+
Para cocinar la calabaza podemos usar varias técnicas: cocida, al vapor, asada o la que he empleado yo en esta ocasión, al microondas. Limpiamos y troceamos la pieza y la disponemos en un plato apto para microondas. La cocemos tapada durante 9-10 minutos a máxima potencia (en mi caso 800w)

Cocemos unos minutos los guisantes en agua hirviendo. Colamos y reservamos.


En una sartén con 2 cucharadas de aceite, sofreímos las cebolletas y el ajo. Incorporamos los guisantes y removemos para que vayan cogiendo calor.

Añadimos la calabaza cocida y salteamos todo el conjunto.


Vamos aplastando los trozos de calabaza (está muy blanda y se deshace con facilidad) para ir creando una pasta.


Incorporamos el queso Parmesano rallado, salpimentamos y removemos.



Vertemos toda la mezcla en un plato y dejamos reposar hasta que se enfríe.


Formamos las croquetas (redondas o alargadas) ayudándonos con las manos bien limpias. Las vamos pasando por huevo batido y luego por pan rallado. 


Las vamos friendo por tandas en una sartén o freidora con aceite caliente. Según las tengamos bien doradas las pasamos a un plato con papel absorbente.

Servimos nuestras croquetas de calabaza y guisantes calientes. Podemos acompañar con una buena salsa de tomate casero para dippear. Aunque por sí solas están de muerte... ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
THE NIGHTMARE BEFORE CHRISTMAS
("Pesadilla antes de Navidad" de Henry Selick - 1993)


Calabaza. Ese símbolo culinario tan arraigado a la cultura americana en la celebración de su particular versión de Halloween (o día de Todos los Santos o Día de las Brujas), es el protagonista indiscutible de la receta. Su color, su sabor y su textura inundan todos los recovecos del plato por lo que había que mandar la mente en busca de una pieza cinematográfica que reflejase el espíritu de la hortaliza. No podía dejar pasar la oportunidad de posar mi mirada en esa genialidad de la animación perpetrada por Tim Burton y Henry Selick: "Pesadilla antes de Navidad". Una joya plástica, artística y musical.

Burton, que en esta ocasión hace las veces de creador y sello (que no de director), siempre se ha movido en los aledaños del género gótico, mamando desde los textos de Poe, hasta las películas de terror de la factoría Hammer. Desde sus inicios en Disney ya dio muestra de una visión especial y tétrica sobre el mundo animado, muy lejano de la bondad del dibujo de la todopoderosa empresa. En "Pesadilla antes de Navidad" se teje una historia de lo más bella y compleja: el rey de las calabazas (Jack Skellington, en claro homenaje a Jack O-Lantern, famosa leyenda irlandesa que da nombre a la noche de brujas) siente vacía su existencia de sustos y maldad, y encuentra en la Navidad una nueva fórmula para satisfacer su propia felicidad. Para ello secuestra a Santa Claus y usurpa sus funciones. Pero su condición de ser oscuro se rebelará contra él; uno es lo que es. No puede librarse de ello, por mucho que se niegue o que se enfrente a los seres queridos... 

La obra tuvo además el arrojo de ser rodada fotograma a fotograma ("stop motion") a la vieja usanza, liberándose de conceptos modernos y dotando de una expresión monumental a cada uno de los pintorescos personajes que deambulan por Halloweentown. Todo un esfuerzo técnico (se emplearon 7 días de rodaje por cada minuto del film), artístico (227 maquetas dispuestas en 19 platós diferentes), musical (maravillosas banda sonora y canciones por parte de Danny Elfman) y de paciencia (2 años tardó la creación en ver la luz). Burton y Selick - que posteriormente generaría obras maravillosas como "James y el melocotón gigante" o "Los mundos de Coraline" - hicieron un tándem perfecto que nos mostró un concepto antiguo de animación en tiempos tecnológicos. 

Nuestras croquetas se nos muestran en el plato como ese cementerio tenebroso por el que pasea Jack en busca de reflexión y consuelo con su fantasmagórico y leal perro Zero. Un entorno de lo más tétrico sembrado de calabazas sonrientes e iluminadas. En un primer vistazo entendemos que el paisaje ya nos da muestras de la unión entre receta y película. 

Pero yendo un poco más hacia la vertiente filosófica - que hay mucho en la obra - la cabeza de Jack, en forma de calabaza también, es un amasijo de dudas y sentimientos encontrados. Él es el rey, el amo, el líder nato de la ciudad del miedo pero está cansado de repetir la misma pauta una y otra vez (tal vez la pauta de hacer siempre el mismo relleno de croquetas) y quiere sorprenderse a sí mismo en otra tesitura. La Navidad - o la calabaza, los guisantes y el queso - simbolizan ese nuevo reto vital y culinario. Esa odisea que se abre frente a él. Desconocida. Ilusionante. Indecisa...

Su mente se va ablandando como la calabaza en el microondas y va eliminando todo atisbo de maldad para dejar paso a la fantasía navideña. La nueva mente de Jack se llena de ingredientes (ajo, cebolla, verduras, Parmesano...) que se amalgaman con su esencia - la calabaza - para ir dando forma a una nueva visión de la Navidad. Se disfraza de Santa Claus - gracias al rebozado del pan rallado y el huevo batido - para ir sembrando la felicidad (a su modo) a lo largo del mundo.

Sin embargo, todo su empeño, todo su estudio, toda su ilusión se ven truncados por su propia naturaleza. Su destino es "dar miedo", así que cuando pasa por el viaje de la freidora su apariencia benévola y cruda, se vuelve oscura, dorada, crujiente, amenazante... Y se resquebraja, tal y como nos muestra la foto con esa croqueta abierta y desnuda. Una comparación que también se encuentra con la historia de otros dos protagonistas: su novia zurcida Sall y el malvado profesor (una suerte de Doctor Frankenstein) que la fabricó. Un inventor que fue tejiendo piezas o ingredientes hasta dar con la forma adecuada, muy parecido al proceso de la elaboración de la croqueta. 

"Pesadilla antes de Navidad" es un cuento macabro que extrapoló las virtudes del cine de Burton (vistas en piezas como "Bitelchús", "Eduardo Manostijeras" o "Sleepy Hollow") Los escenarios son góticos, los árboles se retuercen en el horizonte, los personajes son pintorescos y asociales, las historias sombrías y hay una continua lucha entre la naturaleza de uno mismo y su ruptura. El "es lo que soy" con "lo que quisiera ser". Nuestras croquetas querían ser diferentes... y esa es la magia que tiene la cocina y el cine: que puedes ser quien quieras. 


lunes, 19 de octubre de 2015

RISOTTO VERDE CON ESPÁRRAGOS Y GUISANTES (¡Qué verde era mi valle!)


INGREDIENTES (2 personas)


160 grs de arroz Arborio o Carnaroli, 1 manojo de espárragos trigueros, 100 grs de guisantes (pueden ser congelados), 1 cebolla, 1 diente de ajo, Mantequilla, Aceite de Oliva,
Queso Parmesano, 1 litro de caldo de verduras



Para el caldo de verduras: 1 cebolla, 1 puerro, 1 apio, 1 manojo de perejil, 1 zanahoria,  pimiento verde, Sal y pimienta, 1 hoja de laurel, Tallos gruesos de los espárragos trigueros

Tiempo: 60 minutos
Película comparada: "¡Qué verde era mi valle!" (TRAS RECETA)

El caldo: todo casero

Una de las claves más importantes del rissoto es tener a mano un buen caldo casero. Es de lo más fácil de preparar y es vital tener siempre al alcance una preparación, el sabor que otorga es otra historia, porque tiene vuestro toque, vuestro mimo, vuestra materia prima...

Podemos preparar más cantidad de la necesaria para futuras elaboraciones y reservarla en la nevera. Y podemos usar tanto de verduras como de pollo, yo opté para este plato por la primera opción. 

Primero vamos a rehogar la cebolla y el puerro (cortados en brunoise o trocitos) en la olla con un poco de aceite. Cuando estén blandos añadimos el resto de las hortalizas y verduras (pimiento, apio, zanahoria, tallos de espárragos...) Rehogamos todo el conjunto unos 8 minutos a fuego moderado.

Incorporamos el agua (a temperatura ambiente, no caliente) y el perejil, el laurel, la sal y la pimienta. Dejamos cocer todo a fuego suave durante 30 minutos. Colamos y ya tenemos el caldo listo para usar.

El risotto: paso a paso

Lo más importante a tener en cuenta son dos cosas: que el arroz nunca quede demasiado seco ni esté demasiado húmedo para añadir otro poco de caldo caliente. Y es vital  ir removiendo continuamente, con calma, sin prisa, con mucho mimo, dejando que suelte todo el almidón.

En total serán unos 20 minutos de trabajo y trabajaremos siempre a fuego medio.


Para ahorrar tiempo, lo mejor es dejar todo preparado antes de tiempo, lo que se denomina en términos culinarios "mise en place" (o sea, "todo en su lugar") Cortamos la cebolla y el apio en brunoise, los tallos de los espárragos en trocitos (reservamos las yemas o puntas para más adelante), y pesamos el arroz y los guisantes. 

En una sartén amplia o en un rondón (olla baja) echamos unos 25 grs de mantequilla y un chorrito de Aceite de Oliva, para evitar que se queme. Vamos sofriendo la cebolla. Cuando esté blanda añadimos el apio troceado y seguimos rehogando sin dejar de remover.


Añadimos el arroz y damos unas vueltas para mezclarlo bien. Ahora es el momento de ir añadiendo el caldo caliente con ayuda de un cucharón. Vamos a ir despacio. 


Cuando ya tengamos lista una primera tanda es el momento de añadir nuestro "verde". Empezaremos con los guisantes (en mi caso congelados). Los incorporamos al conjunto y removemos. Vamos añadiendo otro par de tandas de caldo caliente. 


Después añadimos los tallos de los espárragos y seguimos removiendo y añadiendo caldo. Veremos que el arroz poco a poco va soltando almidón y absorbiendo el caldo, haciéndose más y más cremoso.

Por último, cuando queden unos 5 minutos de preparación, añadimos las yemas de los espárragos. Los añadimos al final ya que son muy delicadas, y si las echamos antes se romperían. 


Apagamos el fuego. Añadimos otro poco de mantequilla y queso Parmesano rallado. Removemos con cuidado para crear esa fantástica cremosidad. Espolvoreamos menta fresca picada y tapamos la olla. Dejamos reposar 5 minutos y servimos enseguida. 

Para emplatar usamos platos hondos y terminamos de coronar esta joya culinaria con un poco más de queso Parmesano rallado y un chorrito de un buen aceite de oliva Virgen Extra. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 


Película ideal para degustar este plato
HOW GREEN WAS MY VALLEY
("¡Qué verde era mi valle!" de John Ford - 1941) 


Hacía tiempo que no me dejaba caer por las tierras cinematográficas del maestro Ford. Y ya era hora de volver a visitarle, de analizarle, de saborearle, de volverme a fascinar con su extensa y magna filmografía. Está claro que la mayoría de cinéfilos conocemos las grandes epopeyas del oeste o dramáticas, pero hay ciertas piezas, tal vez menos conocidas para el gran público, que merecen (y mucho) visitar para conocer al genio. 

Viendo el nombre de la receta, su toque "verde" y su amalgama de ingredientes fusionados (casi como una familia unida) mi mente alocada y tremendamente clásica se fue de viaje a un pueblo minero de Gales. El escenario en el que Ford traslada el best-seller de Richard Llewellyn y lo convierte en todo un melodrama descomunal, plagado de imágenes poderosas, de humanidad, de emoción, de corazón abierto... "¡Qué verde era mi valle!" es todo un canto a los valores familiares a través de los ojos inocentes de un niño en tiempos convulsos. Tal vez una de sus más logradas obras. Y tiene un puñado de ellas.

John Ford ha tratado con todo tipo de géneros manteniendo siempre un nivel al alcance de muy pocos (o de casi nadie). No es raro verle el primero de la lista en "los mejores directores de la historia" (yo soy más de Hitch, por supuesto) y ese rango se lo ha ganado con un estilo propio y un concepto y una visión cinematográfica revolucionarios. Desde los dramas rurales como "Las uvas de la ira", pasando por los monumentales ejercicios del far-west como "Centauros del desierto" o la crepuscular "El hombre que mató a Liberty Valance" (puedes ver mis cine-recetas) hasta llegar a la comedia con  la deliciosa "El hombre tranquilo", Ford ha salido exitoso en todas sus empresas. En "¡Qué verde era mi valle!" se adentra en un melodrama familiar teñido de carbón. Una comunidad obrera y deprimida que se enfrenta al capitalismo mientras trata de mantener anexado todo su núcleo. Y Ford lo cuenta con una maestría, una sinceridad y una capacidad narrativa impresionantes. Una batalla atroz que emociona, que nos llena de esperanza, que nos humaniza en la butaca.

Nuestra receta encuentra su primer punto de conexión en el título. "¡Qué verde era mi valle!" hace alusión a lo que una vez fue esa comunidad minera. La felicidad y tranquilidad que se quebrantan al verse sucumbidos los derechos laborales y todo se tiñe de oscuridad, enfrentamientos, revolución...  Nuestra receta mantiene los elementos "verdes", es decir, de esperanza, de colorismo y vitalidad que una vez reinaron. Todas nuestras verduras y hortalizas simbolizan "qué verde fue su valle".

Pero vayamos más allá. La familia Morgan (una de las familias más entrañables de la historia del cine) comienza a ver sesgada su unión con la bajada de salarios en la mina y las diferentes opiniones entre padre e hijos sobre las medidas a tomar. Es como si ese manojo de espárragos trigueros (tan unido de inicio) se viese troceado por nuestro cuchillo capitalista y separado sin remisión. 

Y de pronto empieza a cocinarse la magia de Ford. Todos esos ingredientes apartados empiezan a juntarse en la cazuela de la sublevación. Guisantes, cebolla, apio, espárragos... son los habitantes de ese pueblo cargado de colectividad y tradición, que poco a poco - a fuego lento - se van reuniendo y conformando una comunidad todopoderosa contra el enemigo de la patronal. Y todo gracias a la mantequilla y el queso Parmesano o al espíritu de lucha, de salvaguardar los valores, de matar y morir por tus hijos, de defender tus derechos, como denominador común. 

Al final entendemos que esa cremosidad o untuosidad del risotto con todos los personajes fusionados. Esa montaña de arroz que se levanta orgullosa e indivisible. El paisaje de Gales termina dominado por los colores verdes que, a ojos del niño, representa el futuro esperanzador por el que familiares y vecinos dan la vida. Ford nos entregó una de sus películas más personales (sus recuerdos de la infancia en Irlanda están claramente representados), más emotivas (raro sería que no se te escapase una lagrimita), mejor narradas (consigue dotar de una complejidad maravillosa una historia aparentemente sencilla), con una ambientación espectacular y un elenco de actores en estado de gracia (Walter Pidgeon, Maureen O'hara, Donald Crisp, Roddy Macdowall...) 

Nuestra receta no conseguirá 5 Oscars como lo que obtuvo el film en 1941 (desbancando a la todopoderosa "Ciudadano Kane") pero ha tratado de homenajear una obra maestra al más puro estilo "fordiano", es decir, removiendo constantemente la cuchara o varita mágica para crear su propia historia mientras le echamos caldo caliente para ir aumentando la tensión en todo momento. Un ejercicio de cine-cocina que llamaremos con orgullo: "¡Qué verde era mi risotto!" 

jueves, 8 de octubre de 2015

ALBÓNDIGAS DE SEPIA CON LANGOSTINOS Y GUISANTES (Seis destinos)

Maravillado por la receta de "Albóndigas de sepia" que tuvo a bien prepararme mi buena amiga Aurora, me puse la meta de reproducir u homenajear su deliciosa creación. El resultado no pudo ser otro que un sabrosísimo plato, perfumado de aromas marítimos, y con un increíble juego de texturas y matices. La clave, como siempre, en los ingredientes, la materia prima, que debe ser de primera para sacarle todo el potencial. Un buen caldo de pescado casero marcará la diferencia y, sobre todo, mucho mimo. Gracias, bella Rors, por tu buen hacer culinario y por llenarme el gaznate con este recetón que, espero, haber "fusilado" bien. ¡Mandiles arriba!



INGREDIENTES (4 personas)
1 sepia grandecita, 4 dientes de ajo, Perejil picado, 1 huevo, 2 rebanadas de pan mojadas en leche (o pan rallado), Harina de trigo, Aceite y sal

Para la salsa

200 grs de langostinos crudos, 1 cebolla, 3-4 dientes de ajo, 50 grs de guisantes, 
1 cdita de pimentón, 1 cda de harina, 1 chorrito de Brandy, 1/2 litro de caldo de pescado, 
1 vasito de vino blanco, 1 hoja de laurel, Aceite de Oliva, sal y pimienta negra molida

Tiempo: 90 minutos
Película comparada: "SEIS DESTINOS" (TRAS RECETA)
Preparando las albóndigas

Con ayuda de la Thermomix cocinamos la sepia en trozos grandes y la dejamos en un colador para que escurra bien. Sin Thermomix hacemos lo propio en una sartén. NOTA: Guarda la tinta si quieres para futuras elaboraciones: arroz negro, por ejemplo, o una mayonesa con un toque especial...

Cuando haya escurrido la colocamos en la Thermomix o en una trituradora y batimos hasta que quede bien picada. 

Ahora vamos a la mezcla. En un bol grande echamos los dientes de ajo bien picados, el perejil troceado, el huevo, el pan mojado en leche (y escurrido) y la sepia picada. Mezclamos bien. (Con la Thermomix serán unos 20 segundos a Velocidad 4) 

Vamos formando las bolitas y las pasamos por harina. Freímos por tandas (que no hay prisa) y sacamos a un papel absorbente para escurrir el exceso de grasa.


La salsa

Antes de nada es altamente recomendable preparar un buen caldo de pescado casero. En esta ocasión usé las cabezas y las cáscaras de los langostinos, media cabeza de merluza y un manojo de perejil y lo dejé hervir unos 30 minutos, desespumando constantemente. (NOTA: Podéis usar huesos de rape, raspas, morralla... o si vais muy apurados y escasos de materia prima preparad un caldo con una pastilla de concentrado) 

En una olla sofreímos la cebolla picada y los ajos con un chorro de aceite de oliva. Rehogamos a fuego moderado unos 10-12 minutos. Añadimos la cucharada de harina y removemos bien.

Incorporamos el vino blanco (1 vaso) y dejamos que evapore el alcohol. Ahora sacamos a escena al resto de ingredientes: caldo de pescado, hoja de laurel y los guisantes. Por último incorporamos las albóndigas ya fritas de sepia y dejamos cocer todo el conjunto 45 minutos a fuego suave. O hasta que la salsa os quede con la textura que más os plazca.

Cuando queden unos 5 minutos añadimos los langostinos pelados y damos un último hervor. 


Emplatado

Servimos en platos hondos, que luce más. Unas albóndigas (la cantidad dependerá de la voracidad del comensal) en el centro y regamos con la salsa. Decoramos con un poco de eneldo seco o fresco y listo. Ya sólo queda sacar el tridente o tenedor a pasear y disfrutar de este plato marítimo. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 




Película ideal para degustar este plato
TALES FROM MANHATTAN
("Seis destinos" de Julien Duvivier, 1942)

Tal vez una de esas "raras" obras que no hayan llegado al gran público y que poseen la cualidad de maravillar al que tenga la suerte de dejarse caer por ella. Una fábula sobre vidas ajenas que se entrelazan para conformar toda una sinfonía de instrumentos distintos pero guiados por una misma batuta. En el caso de "Seis destinos", ese director de orquesta o nexo argumental es: un smoking.

"Seis destinos" fue una de las primeras precusoras en el concepto cinematográfico de "historias cruzadas" (como lo puedan ser las más modernas "Vidas cruzadas", "Crash", "Happiness", "Amores perros" o "Magnolia") En sus fotogramas convergen actores de altura con una ristra de cuentos, aparentemente separados, pero unidos o "ligados" por un denominador común. 

Es cierto que en estos casos no todas las historias poseen la misma intensidad e interés, pero el conjunto es una delicia: de contenido y forma. Con todo es una de mis "rarezas" favoritas del baúl de los fotogramas perdidos. Amable, sensible, emocionante, muy bien ejecutada y con unos actores de enorme altura.

Nuestra receta parte de la idea de un grupo de personajes-albóndigas (seis para ser exactos, ahí empieza la similitud) que, sin saberlo, se verán entremezclados en una historia o plato hondo. Inicialmente nada tienen que ver: por tamaño, por peso o por apariencia, cada albóndiga es diferente a las otras. Puedes toparte con una "pelotilla" algo más gruesa que las demás (el inconmensurable Charles Laughton), con una más pequeña y oronda (el genial Edward G. Robinson), con una de formas más acentuadas (la bella Rita Hayworth ) o con una algo más espigada (el siempre efectivo Henry Fonda).

Si bien en "Seis destinos" todos los cuentos se unen a través de un smoking viajero, en nuestra receta el eje común es la sepia (que también se forman de "mano en mano"). Es el elemento que van conformando cada albóndiga y que  la "viste". En su interior (como en cada episodio) se van aglutinando diferentes emociones (o ingredientes) que las dotan de profundidad dramática y, ya puestos, de sabor. Ajo, perejil, pan, huevo... en nuestra alocada mente simbolizan esos sentimientos cinematográficos (dolor, romanticismo, dignidad, fama...) que van "rellenando" las historias. 

Los seis destinos, cosidos entre sí por la sepia, se cuecen lentamente en el escenario de Manhattan (o en la olla) donde se les unen el resto de personajes secundarios que terminarán por dar sentido a cada historia. Los langostinos, los guisantes, el vino, el caldo de pescado... transforman y dotan de intensidad y de potencia aromática nuestras albóndigas, así como el ramillete de personajes que pululan por cada capítulo condicionan el "destino" de los héroes principales: el grupo de ex alumnos de la universidad, el auditorio de la orquesta, una amante despechada, una esposa infiel... Esos ingredientes que bañan cada historia, que la catapultan, que la llenan de matices...

"Seis destinos" es un pequeño gran descubrimiento, como lo son éstas albóndigas. A veces hay que salirse de los parámetros normales (la película fue todo un experimento formal y narrativo) para toparse con estas perlas de la cine-cocina. Una albóndiga de sepia es el ejemplo perfecto para demostrar que "ir más allá" siempre traerá grandes historias que contar. El séptimo destino es tu paladar, que es donde se gestará el último cuento...