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jueves, 2 de marzo de 2017

HAMBURGUESA HITCHCOOK CON AGUACATE Y SALSA PICANTE

Desde Casa Gutier me hicieron llegar un surtido de su fantástico producto, entre la variedad se encontraban unas hamburguesas, que enseguida catapultaron mi imaginación hacia el terreno de los platos a cámara rápida. Fantasioso como soy con los aromas, los sabores con personalidad y la potencia en boca, decidí "tunear" esta hamburguesa aprovechando ingredientes sin rumbo ni destino en mi nevera. 

El resultado fue y es este bocado majestuoso donde un sinfín de sensaciones estallarán en tu paladar. La jugosidad de la carne se entremezcla muy bien con estos actores y actrices secundarios. Pero, como siempre os digo, tirad de vuestra imaginación. Pensad bien la mezcla de sabores dulces, picantes, cítricos, ácidos... y dadle vuestro toque personal. Tirad de la despensa y rodead este gran producto cárnico con la materia prima que os pida el cuerpo y conviértete en un auténtico #meatlover.

Desencajad las mandíbulas, que nos ponemos... ¡Mandiles arriba!


Hamburguesa con aguacate, cebolla, champiñones y salsa picante

Ingredientes (2 personas)

  • 2 hamburguesas de Casa Gutier 
  • 1/2 aguacate (de buena calidad)
  • 1/2 cebolla morada 
  • 4 champiñones 
  • 2 cdas de Salsa de Soja
  • 1 cda de azúcar moreno
  • 2 lonchas de queso (a tu gusto)
  • Salsa picante 
  • 1 poco de zumo de lima
  • 2 hojas de lechuga de roble
  • Sésamo de wasabi (opcional)
  • 4 panecillos de hamburguesa
  • Patatas fritas
  • Aceite de oliva
Tiempo: 15 minutos

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Lavamos y secamos bien los champiñones. Los laminamos en rodajas, vigilando que nuestro dedo de apoyo permanezca ileso. Cortamos en aros la cebolla morada.

En una sartén calentamos un poco de aceite de oliva. Añadimos los champiñones y la cebolla y los freímos bien por ambas caras. Vertemos la salsa de soja y el azúcar y damos un rápido salteado para que se caramelice ligeramente. Reservamos. 

En otra sartén o en una plancha con un poco de aceite de oliva vamos a ir cocinando las hamburguesas. Aquí el tema de siempre: el punto. Dependerá de vuestro gusto, ni más ni menos. A mí me gusta la carne cruda a rabiar, así que las tuve un minuto y medio por cada lado. 

Cuando doremos una cara, colocamos una loncha de queso y dejamos que se funda con el calor.

Partimos el aguacate por la mitad y vaciamos con ayuda de una cucharilla una de las mitades (la otra mitad nos puede servir para un Salmón con mayonesa de aguacate y ensalada mexicana, por ejemplo). Cortamos unas tiras gruesas, necesitamos sentir su frescor en boca...

Para las patatas fritas echa un vistazo a mi receta de Fish & Chips para aprender a prepararlas de forma casera y obtener un resultado jugoso y crujiente.

Tostamos ligeramente los panecillos en la sartén. En la base colocamos una hoja de lechuga de roble (bien lavada y secada), sobre ella la hamburguesa con el queso fundido, encima la cebolla y los champiñones caramelizados, el aguacate regado con un poco de zumo de lima y coronamos esta joya con nuestra salsa picante favorita y sésamo de wasabi. Casi nada... 

¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

miércoles, 15 de febrero de 2017

FISH & CHIPS (El hombre que sabía demasiado)

Fish and chips

La pasión de los británicos por su popular "Fish & Chips" es altamente conocida. Es una comida callejera, asequible y económica. El pescado rebozado y las patatas fritas son casi un emblema gastronómico y jamás hay que perder la oportunidad de catarlos. Una suerte de "finger-food" que hará las delicias de mayores y pequeños - buena opción para incluirles pescado -. 

Normalmente se prepara con pescado, aunque - tal y como he hecho yo - también se puede usar unos buenos filetes de merluza. Como acompañamiento puede tirarse de puré de guisantes, pepinillos en vinagre o de una buena salsa para "dippear". Y por supuesto debemos garantizarnos unas excelentes patatas fritas, melosas por dentro y crujientes por fuera. Abajo te doy las claves del éxito... 

Para tan especial momento nos acompaña en la comparación gastro-cinéfila mi querido Sir Alfred Hitchcock, que nos cede gustosamente su versión americana de "El hombre que sabía demasiado" para llevar este bocado británico a otra dimensión y divertirte (¿acaso debe haber otro propósito?) con esta mezcla maravillosa de cine y cocina. Prepárate que esto se va a llenar de buen suspense culinario. Así que... ¡mandiles arriba! 

Fish and chips

Ingredientes (4 personas)
  • 800 grs de filetes o lomos sin espinas de bacalao o merluza (yo usé merluza)
  • 120 grs de Harina de trigo
  • 100 grs de Maicena 
  • 250 ml de Cerveza 
  • 1 cdita de Curry
  • Perejil fresco picado
  • Sal y pimienta negra molida
  • Aceite de girasol o aceite suave
Para las patatas fritas (chips)
  • 3-4 patatas para freír (variedad Monalisa o Kennebec) 
  • Aceite de oliva 
  • Sal
Para la salsa
  • 4 cdas de Mayonesa 
  • 2 cdas de yogur
  • 1 cda de Mostaza de Dijon
  • Cebollino fresco picado
  • 1 cdita de comino molido
  • Unas gotas de lima o limón
Tiempo: 60 minutos.
Película comparada: "El hombre que sabía demasiado" (Alfred Hitchcock, 1956)

Disfruta de la comparación cinematográfica tras la receta...

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El rebozado

En un bol vamos a disponer la masa del rebozado. Para ello echamos la harina de trigo y la maicena (harina de maíz) y lo mezclamos todo bien.




Vamos añadiendo la cerveza poco a poco mientras vamos removiendo la mezcla con unas varillas. Nos tendrá que quedar una masa sin grumos.

Incorporamos el perejil, luego el curry y damos un "último meneo" al combinado. 

Limpiamos bien el pescado por si tuviera alguna espina "rebelde" y los cortamos a lo largo, de tal modo que nos queden unas tiras como de un dedo de grosor. Salpimentamos por ambas caras y los sumergimos en la mezcla del rebozado.

En una sartén con aceite bien caliente, vamos friendo las tiras hasta que queden bien doradas por todas partes. Sacamos a papel absorbente hasta terminar con todo el material marino... 

Las chips

Vamos a emplear la técnica de la "doble fritura" para asegurarnos unas buenas patatas fritas suaves por dentro y crujientes por fuera. 

Primera fritura

Pelamos las patatas y las cortamos en bastoncillos (corte común llamado "batonnet"). Las dejamos en remojo durante 10-15 minutos, de ese modo perderán algo de almidón (así no se nos pegarán).

Las secamos a conciencia y calentamos abundante aceite en una sartén. La técnica nos habla que en la primera fritura el aceite debe estar más o menos a 140º. Si tienes termómetro, bien. Pero si no un truco infalible de El Confidencial es echar una miga de pan, si se queda en el fondo es que el aceite está más o menos caliente y podemos echar las patatas. Mejor en tandas, hasta que las veamos ligeramente doradas pero no fritas del todo.

Reposo

Con la primera fritura nos garantizamos que se hagan bien por dentro. Las sacamos y las dejamos enfriar durante 30 minutos. NOTA: En este punto podrías congelarlas (una vez frías) y así tener siempre patatas fritas caseras a punto para un último golpe de fritura. Merece la pena...

Segunda fritura 

Pasamos a la segunda fritura el aceite deberá estar a unos 180º. El truco sin termómetro es echar una miga de pan y si flota, tenemos la temperatura adecuada. Como antes, echamos las patatas por tandas hasta que queden bien doradas, tersas y crujientes. Sacamos a papel de absorber.

Emplatado

Mezclamos todos los ingredientes de la salsa y removemos bien. Ni qué decir que vayáis probando según vayáis echando para dar con "vuestro toque".

Presentamos el pescado sobre papel de periódico para hacerlo más "comida callejera". Servimos las patatas del mismo modo en algún recipiente alto para que sobresalgan y acompañamos con la salsa ligeramente espolvoreada con un poco más de cebollino picado. ¡Que aproveche, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
THE MAN WHO KNEW TOO MUCH
("El hombre que sabía demasiado" - Alfred Hitchcock, 1956)


Siempre es un placer volver a mis orígenes gastro-cinéfilos con el maestro que dio sentido a esta chifladura de blog. Para la ocasión lo tenía claro desde el inicio. Al tratarse de una receta británica, callejera, con un enorme poderío visual y siendo un "remake" por mi parte de un clásico, había que dejarse atrapar por ese thriller milimétrico y maravilloso llamado "El hombre que sabía demasiado" 

Una de esas "películas familiares" del genio inglés, donde la calma se transforma en tempestad en cuestión de segundos. Y en donde los mundanos personajes son arrastrados por una marea de hechos extraordinarios, y tendrán que sacar a relucir sus mejores dotes detectivescas y heroicas para escapar. Puro Hitchcock, nada le gustaba más que masacrar a la gente corriente... 

Unos pocos antecedentes... 

A mediados de los años 50, Hitch ya estaba más que consagrado en el panorama mundial. Su virtuosismo técnico y su impronta de suspense eran ya un sello inconfundible. Esa década fue la más prolífica para él y donde podía permitirse lujos al convertirse en su propio productor. Cuando llegó el año 1956 ya había entregado piezas fundamentales de su filmografía "cincuentera" como "La ventana indiscreta", "Yo confieso", "Extraños en un tren" o "Crimen perfecto"

Pero es en ese año cuando decide "auto-revisitarse" a sí mismo (ya lo hizo anteriormente con sus películas de "Sabotaje" de 1936 y 1942), y posa su mirada en su película británica de 1934, "El hombre que sabía demasiado" (protagonizada por Peter Lorre). Ya en Hollywood posee poder total sobre la obra, un abultado presupuesto y un elenco popular y de prestigio (un extraordinario James Stewart y una más que notable Doris Day) para catapultarla al éxito. Y así fue. Con Oscar a la "Mejor Canción" incluido (por la célebre y maxi tarareada Whatever will be, will be - Qué será, será...

El argumento 

Así pues nos encontramos con un Hitchcock cómodo, asentado y dispuesto a divertir al espectador y hacerle sufrir en sus carnes las vicisitudes de un matrimonio común (un médico, su mujer cantante y su hijo pequeño) que se ve inmerso en una trama de espionaje internacional durante unas vacaciones  - aparentemente relajadas - en Marruecos. 

Y es que cuando eres el único poseedor de una información que te susurra un hombre moribundo,  nada bueno puede suceder. A partir de ahí, el secuestro del niño y un plan de atentado irán agitando la trama de esta pareja hasta culminar en un colofón narrativo y dramático como pocas veces se ha rodado. Hablo, naturalmente, de la majestuosa secuencia del Albert Hall. Cine total, ese que funciona con la precisión de un reloj y te mantiene petrificado en el asiento.

Nuestra cine-receta 

Por un lado nos topamos con las similitudes claras con este "English-finger-food": la nacionalidad británica de Alfred Hitchcock, que se trata de un "remake" de una obra inglesa y que la mayor parte de la película transcurre en Londres. Pero vayamos un poco más lejos...

La historia arranca con un placentero viaje por Marrakech, donde un matrimonio disfruta de largos paseos por los zocos y el folclore y la gastronomía marroquí. Esos primeros apuntes que se nos materializan con exóticos aromas como el comino o el curry, perfumando el ambiente y la cocina de una paz que se resquebrajará tarde o temprano.

Empezamos a gestionar el primer nudo de la trama mientras mezclamos en el bol las piezas clave que recubrirán la historia: la harina, la cerveza y la sal equivalen a esa "masa madre" en el que se sumergirán sin querer nuestros protagonistas (el asesinato del espía y su posterior confesión letal al afable doctor) A partir de ahí lo extraordinario se hace con el poder absoluto.

El matrimonio - a nuestros ojos alocados, el pescado - se verán forzados a adentrarse en una espiral de violencia, secuestros, planes criminales y espionaje, y tendrán que mostrar una coraza especial para hacer frente a todos estos hechos. Primero se recubren de la masa para luego pasar por la cólera del aceite caliente. Ya no son dos personas mundanas, ahora deben hacer frente a un dilema crucial: salvar a su hijo o evitar un atentado. 

Una vez que se forma "una costra" en su espíritu es cuando pueden contraatacar, el secuestro del pequeño les empuja a sacar una destreza que creían ausente en sus vidas. La fuerza que les otorga el rebozado, el curry o el perejil les permite "freírse" en acontecimientos de calado criminal. Y la "rubia" de turno - aquí de aparente fragilidad y sumisión - se nos antoja como esas relucientes y crujientes patatas fritas, donde el amarillo predomina, y se erige como un protagonista con un interior amable y maternal pero con una inteligencia y sagacidad propia de un dorado a fuego vivo. A fin de cuentas es ella en realidad la que maneja y descubre los misterios de la trama... 

Al final todo queda postrado en el Albert Hall, donde se cometerá el asesinato del ministro a la espera de una nota concreta. El plato de pizarra se nos asemeja a ese escenario mortal. El cronómetro de Hitchcock gira para sumirnos en un fuego cruzado donde la víctima, la orquesta, el matrimonio y el francotirador se arremolinan en un mismo espacio como el pescado, las patatas y la salsa en un mismo plato de presentación. Ella evita el crimen con su grito (es cantante, buen juego con la personalidad del personaje) y conecta secretamente con su hijo gracias a cantar la célebre canción para culminar en un final feliz, para celebración del espectador y del comensal. 

"El hombre que sabía demasiado" es, ante todo, un divertimento ejemplar por parte de uno de los mejores animadores visuales que ha dado el séptimo arte. Nos convierte en detectives y cómplices de una trama muy bien orquestada y que nos lleva por pistas falsas, personajes siniestros y un mar de dudas hasta dar con la verdad total. Es una película clásica de Hitchcock, posee gran parte de sus pasiones y obsesiones: seres normales en hechos que les sobrepasan, conspiraciones, humor negro, misterio y muerte. Nuestra receta ha tratado de mantener ese "espíritu británico" que impregna esta obra basada en su homóloga de los años 30.

Qué será, será... pues, por de pronto, es una gran receta apoyada en un thriller de enorme altura. Ahora ya sabéis demasiado. No os queda otra que prepararla...  

domingo, 6 de septiembre de 2015

JAMONCITOS DE POLLO ESTILO CAJÚN





Vamos a viajar al sur de Estados Unidos para toparnos con el estilo Cajún. Una mezcla de culturas, nacionalidades y raíces que dieron lugar a todo una explosión de sabores en una gastronomía de lo más potente y variopinta. Prevalecen las especias y el "aspecto rústico", además de alegrar los platos y los paladares con un toque picante. Nosotros cocinamos una cena a cámara rápida basándonos en ese estilo pero adecuándolo a nuestra despensa. Dejaos llevar, como siempre digo, por vuestra imaginación e intuición. El resultado seguro que es espectacular. ¡Mandiles arriba!


Ingredientes (2 personas)

4 jamoncitos de pollo
Panko (pan rallado japonés)
1 cdita de pimentón picante
1 cdita de comino
1 cdita de jengibre en polvo
1 cdita de cebolla en polvo
1 cdita de ajo en polvo
1 cdita de cúrcuma
1 cdita de tomillo
Perejil fresco picado
1 huevo XL
Sal y pimienta
Aceite de Oliva
Agua para cocer

Para las patatas fritas
2 patatas
Ajo en polvo
Perejil
Sal
Aceite para freír 

Tiempo: 30 minutos







Hervir el pollo

Limpiamos los jamoncitos de pollo y les retiramos la piel. 

Ponemos a calentar una olla con agua y sal y cuando hierva añadimos los muslos de pollo y dejamos cocer a fuego moderado unos 15-20 minutos.

NOTA: Esto hará que el pollo quede bien cocinado por dentro y así podamos freírlo a fuego vivo luego para garantizarnos un rebozado crujiente.

El rebozado

Mientras tanto echamos en un bol o en un plato el Panko (se puede sustituir por pan rallado común) y añadimos todas las especias. Mezclamos bien. En otro plato batimos el huevo.


Calentamos una sartén con abundante aceite de oliva y empezamos el proceso. Pasamos los jamoncitos de pollo por el huevo batido y luego los cubrimos bien con el rebozado.

Los freímos por tandas a fuego vivo hasta conseguir una corteza crocante y un bonito color dorado. Sacamos a un plato con papel absorbente y terminamos las tandas.

Por otro lado pelamos y lavamos las patatas. Las cortamos en bastones y luego en cuadraditos. Las freímos en abundante aceite de oliva. NOTA: Primero a fuego suave (para que se hagan por dentro) y luego subimos la potencia para dejarlas doradas por fuera. Salpimentamos y les añadimos ajo en polvo y perejil picado.

Emplatado

Colocamos una "cama" de patatas fritas  y disponemos los jamoncitos de pollo encima. Podemos acompañar de una buena y casera salsa barbacoa (aquí te dejo MI RECETA). Nada más, sólo os queda arremangaros y disfrutar de este sencillo y sabroso plato sureño. ¡Que aproveche, hitchcookianos!


lunes, 10 de agosto de 2015

SMOKED MEAT SANDWICH AL ESTILO DE MONTREAL

Canadá es un lugar que siempre ha estado y estará ligado a mi familia. Allá por los 60 mis padres vivieron en su capital, Montreal, durante varios años, lo que supuso una conexión emocional y vital con el país norteamericano. En sus entrañas culinarias siempre habrá un plato que estará asociado con mi árbol genealógico de una manera especial: el Smoked Meat Sándwich. 

El Smoked Meat (o carne ahumada) es un tipo de comida kosher (judía) cuya técnica consiste en sazonar, especiar y ahumar la carne, para luego terminarla cociendo al vapor hasta alcanzar una textura melosa y tierna. En Nueva York se puede comer algo parecido en su célebre restaurante Kat'z (el famoso Sándwich de Pastrami). Pero los recuerdos familiares me catapultan a Montreal. Al epicentro del Smoked Meat. 

En 1997 tuve la oportunidad de hacer un viaje nostálgico con mis padres y tuve la oportunidad de probar este descomunal bocado en el extinto restaurante Ben's. Cuando hace unos días conseguí hacerme con una bolsa de carne ahumada directamente de las venas de Montreal, sufrí un flash-back de inmediato. Aromas, sabores, texturas se conjugaban y entremezclaban en mi paladar. Tenía que reproducir lo más fielmente posible ese manjar. Tenía que volver a Montreal... aunque fuese montado en una cocina.

Sé que no resultará nada fácil conseguir este ingrediente, pero no podía dejar pasar la ocasión para compartir con el ciber-mundo, este sándwich tan simbólico para mí. Al menos espero haber despertado vuestra curiosidad culinaria y, tal vez, vuestro apetito. ¡Mandiles arriba! 

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INGREDIENTES (4 sándwiches)
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450 grs de Smoked Meat al vacío
Mostaza French's (Amarilla)
8 rebanadas de pan
2-3 patatas grandes (para freír)


Para la ensalada de col1/2 col sin tallo
1 zanahoria
1 apio
1 cebolleta pequeña
1 bote de Creme Fraiche (Nata agria)
1 cda de mayonesa
1/2 cda de azúcar
1 cda de Mostaza Suave
1 cdita de vinagre
Sal y pimienta negra molida


Tiempo: 20 minutos
Película comparada: "YO CONFIESO" (Tras receta)


El Smoked-Meat que utilicé para este mega-sándwich vino directamente de las despensas de Schwart'z Deli (Montreal), perfectamente envasado al vacío. Si os animáis a prepararlo en casa (que lleva su tiempo, su proceso, su paciencia y su trabajo) os dejo un vídeo para que os familiaricéis con la técnica. Yo la haré. Juro que la haré... VIDEO SMOKED MEAT

Pero en esta ocasión la labor que me tocaba no era otra sino cocer la carne, montar el sándwich y presentarlo. Y así fue. Claro que me "compliqué" un poco la vida haciendo unas patatas fritas caseras y una ensalada de col (Coleslaw salad o Ensalada americana)

Para la preparación debemos poner una olla con agua. Cuando hierva  sumergimos la bolsa directamente y dejamos cocer 4 minutos. (Nota: también se puede hacer al vapor con un cestillo)

Sacamos con cuidado y dejamos enfriar unos minutos. Luego abrimos la bolsa y colamos ligeramente la carne para que no esté demasiado mojada de sus propios jugos. 

Untamos las rebanadas de pan con mostaza French's. NOTA: No es necesario untar TODAS, ahí ya al gusto de cada comensal. Incluso se puede prescindir de ella, aunque perderemos la "esencia". 

Colocamos en una rebanada una generosísima capa de lonchas de Smoked Meat. Aquí se trata de hacer "subir" el sándwich, que quede espectacular, que domine el plato. Tapamos y cortamos cada sandwich por la mitad. Que además de quedar más bonito, nos simplificará el bocado. 

La ensalada de col

Con ayuda de una mandolina (o "a cuchillo" y paciencia) vamos cortando en láminas o tiras muy finas la zanahoria, la col, el apio y la cebolleta.  Colocamos todo en un bol.

En otro mezclamos la mayonesa, la mostaza, la Creme Fraiche, el azúcar, el vinagre, la sal y la pimienta. Removemos bien hasta que se integren perfectamente todos los ingredientes.

Ahora toca juntarlo todo y mezclar con cariño. Probamos y corregimos según dicte nuestro sabio paladar. Y listo. 

Las patatas fritas

Pelamos, lavamos bien las patatas y las secamos. Ponemos una sartén con abundante aceite de oliva y calentamos.

Cortamos en bastoncitos las patatas (o al corte que más os plazca) y las ponemos a freír en la sartén.

IMPORTANTE: Para que queden crujientes y jugosas, hay que confitarlas primero. Es decir, las freímos a baja temperatura para que se hagan bien por dentro y en el último momento subimos el fuego para que se doren por fuera y le den esa textura crocante. 

Y ya tenemos todo preparadísimo para hacer este viaje transatlántico a la capital canadiense y degustar una de sus joyas culinarias. ¡Bon appétit, hitchcookian@s! 

Película ideal para degustar este plato
I CONFESS
("Yo confieso" de Alfred Hitchcock, 1952)

Pues sí. Tenía que ser así. El plato de hoy, como decía en la entradilla, contiene un nivel de emotividad y sentimentalismo muy elevado. Y claro, ya puestos a ponernos "tiernos", mi mirada cinematográfica enseguida ha tirado de él, del genio, del único, del grande, del Hitchcock original. 

Mi infancia condensada en una receta y en un director. Todo encaja como un sándwich perfectamente armado. La contundencia de este bocado, su complejidad en el proceso y su potencia de sabores, me han llevado a fijarme en el Maestro de Maestros y en su drama-thriller "Yo confieso". Una de esas obras imponentes, de enorme calado y conflicto de intereses.

Ya en 1952, Hitchcock era una de las personalidades más influyentes e importantes del panorama del celuloide. La década de los 40 habían consagrado a este orondo inglés en la meca del cine y los 50 se presentaban como la confirmación de su inagotable talento tras la cámara. 

Tras firmar un año antes una pieza tan gloriosa como "Extraños en un tren", Hitch consigue llevar a la gran pantalla uno de sus grandes anhelos narrativos: la historia de un sacerdote que recibe la confesión de un asesinato y del que será acusado culpable. Todo un conflicto cargado de dramatismo, frustración y suspense. Esta idea engloba buena parte de los grandes hitos de la filmografía del director: crimen, falso culpable, amor imposible, investigación policial, eventos extraordinarios en un espacio apacible... "Yo confieso" es una de las mejores direcciones de Hitchcock sin lugar a dudas. Tal vez porque la historia le venía rondando la cabeza desde hacía años y ya la tenía dirigida... 

Nuestra receta goza de varios elementos en común con la película. Para empezar el "Sándwich Smoked Meat" proviene de Canadá, que es exactamente donde ubicamos la historia. Concretamente en Québec. Un pueblo tranquilo al que le sobreviene un hecho traumático. La conexión de nacionalidad ya está hecha... 

El personaje central de "Yo confieso" es un joven sacerdote (estupendo Montgomery Clift en un papel retraído y taciturno) que recibe una confesión criminal, la cual no puede desvelar debido al secreto de cofidencialidad. De ahí precisamente sale el suspense: si romperá el pacto o no, asumirá un crimen no cometido o "confesará" la verdad... En nuestra alocada mente el cura se materializa en el Smoked Meat. Una presencia donde cada loncha ejemplifica una capa de moralidad, de duda, de ética religiosa... El padre Logan se ve acorralado por un inspector de policía (Karl Malden) que le "carga el muerto" y por una mujer (Anne Baxter) con la que tuvo relaciones antes de ordenarse. 

Digamos que se ve "atrapado" entre dos rebanadas de pan y manchado por la mostaza o la acusación infame de un asesinato. El elemento criminal también puede reflejarse en el aspecto de la carne ahumada. Ese toque rosado, algo sanguinolento, es un detalle de toda la trama policial que envuelve la cine-receta. 

Un cuerpo tendido, inerte, que supone el inicio del calvario del pobre sacerdote. Un falso culpable que tendrá que luchar contra la sociedad acusatoria (fijaos cómo le señalan esas personas-patatas o en cómo se arremolina la plebe para chismorrear en esa ensalada de col), contra su destino y contra sus propias creencias para salir indemne de un pecado mortal. 

"Yo confieso" es una gran película. Como el sándwich de Smoked Meat es un gran sándwich. Y nosotros le confesamos un crimen al oído: "te voy a comer"... Y él no puede hacer nada por evitarlo. Es lo que tiene el secreto de confesión.

sábado, 21 de febrero de 2015

MEJILLONES ESTILO BRUSELAS (De aperitivo)

Hora del aperitivo. Nos vamos de viaje a Bruselas para preparar sus conocidísimos "Moules et frites" (Mejillones y patatas fritas) Una receta de lo más sencilla pero que satisface a todo el mundo. No engaño a nadie si digo que los mejillones están ricos con cualquier preparación: al vapor, con vinagreta, empanados (tigre)...  Y si sumamos su un alto contenido en hierro y potasio, los convierte en nuestro aperitivo ideal para este sábado soleado. ¡Mandiles arriba!

INGREDIENTES (2 personas)
1 kg de mejillones
 1 ramita de apio
1 cebolleta
1 diente de ajo
100 ml de vino blanco
100-120 grs de Leche Evaporada
1 cda de mantequilla
1 cda de aceite de Oliva
Sal y pimienta
Limón
Patatas para freír

Tiempo: 15 minutos

Primeros coletazos

Limpiamos bien los mejillones de barbas y conchas pegadas. Yo suelo usar un estropajo de aluminio (Nanas) para esta tarea y mucha paciencia. Una vez limpios, los pasamos por agua fría y reservamos.

Picamos la cebolleta y la ramita de apio en brunoise. Y el ajo en trocitos pequeños.

En faena 

En una olla echamos la mantequilla y el aceite (para evitar que se nos queme la mantequilla) y calentamos. Añadimos la cebolleta, el ajo y el apio y lo rehogamos unos minutos.

Incorporamos el vino blanco y dejamos que evapore el alcohol unos 3 minutos. Salpimentamos al gusto, o sea, al tuyo.

Mejillones a escena

Momento de añadir la leche evaporada (si no tienes puedes usar Nata Líquida) y los mejillones. Removemos bien y tapamos la olla. Dejamos cocinar todo a fuego medio unos 4-5 minutos.

Pasado el tiempo retiramos del fuego. Aquí se puede espolvorear perejil picado, que en esta ocasión yo no tenía. Pero me lo guardo para la siguiente acometida a Bélgica...

Acompañamos de unas patatas fritas bien salpimentadas y servimos cada cosa por separado. Y no hay más, sólo recostarse en la Grand Platz y saborear uno de los placeres culinarios europeos por excelencia. ¡Que aproveche, hitchcookianos!